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CREYENTES CUBANOS EN MIAMI

La vitalidad que tiene la religiosidad popular en la emigración es muestra de la interrelación que siempre ha existido en Cuba entre esta religiosidad y los problemas, insatisfacciones y sueños de la vida cotidiana. Lo religioso constituye en Miami un elemento más para afirmar que los emigrados siguen teniendo un sentido de pertenencia a la cultura cubana. 

Ana Celia Perera Pintado. Departamento de Estudios Sociorreligiosos. Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas.
Cuba

Ermita de la Caridad en Miami, Florida

Al analizar la problemática de la emigración cubana y la construcción de sus identidades no podemos dejar de mencionar la que radica en Estados Unidos, uno de sus principales destinos, y, en especial, la de Miami, lugar donde se concentra en mayor número y tiene una fuerte influencia política y económica que le permite ubicarse en posición ventajosa con respecto a otros grupos de emigrados. 

Diferentes factores han confluido para que Miami sea un espacio relevante en la lucha por la conservación de la identidad cultural cubana más allá de las fronteras de la Isla. Tradiciones, costumbres y aspectos de la cultura cubana en general han sido reconstruidos en este contexto como modo de preservación, continuidad y sentido de pertenencia a una comunidad que se ha propuesto no perder sus vínculos con el pasado. 

Los cubanos, al igual que otros grupos de emigrados, luchan por sus identidades en una dinámica de ruptura, conservación, modificación, incorporación y abandono. Este es un proceso en el que se confrontan valores, creencias, representaciones y tradiciones con los nuevos modos socioculturales, que implica cambios y reacomodos tanto para los que se incorporan a la gran masa de emigrados como para el medio social en que se insertan y para el país de procedencia con el que no se rompen relaciones. 

En esta búsqueda, conservación y construcción de identidades interactúan tanto el pasado, el presente como el futuro de estos emigrados y determinantes que imponen las sociedades receptoras y emisoras. Es importante mirar no solo la inserción y relaciones en la nueva sociedad, sino también las vivencias anteriores y los proyectos que plantean alcanzar, los cuales le imponen al presente características peculiares. 

De este modo la identidad de los cubanos en Miami se va construyendo día a día en función de una historia tanto en Cuba como en Estados Unidos. Historia que incluye, entre otros elementos, tradiciones, costumbres, relaciones de poder de las en las que se han visto inmersos, modificaciones en el modo de pensar y vivir dado el nuevo entorno, la significación de la Revolución Cubana desde 1959 para los diferentes contextos, las relaciones de Estados Unidos con Cuba y sus emigrados, la fortaleza y dirección que fue tomando la comunidad cubana en suelo norteamericano y el intercambio que se mantiene entre emigrados y personas que residen en Cuba.

En su interrelación con las distintas determinantes históricas la reconstrucción del pequeño mundo de lo cubano en Miami muestra una gran heterogeneidad. La necesidad de continuidad y conservación acentuadas en las condiciones de la emigración adquiere matices en dependencia de aspiraciones, motivaciones, proyectos presentes y futuros, frustraciones y sueños por realizar, creencias, tradiciones y costumbres de las distintas oleadas migratorias cubanas que han arribado en un período de poco más de cuarenta años a Estados Unidos. 

La mayoría de los cubanos en Miami se sienten orgullosos de su origen y no vacilan en demostrar sus vínculos con la cultura cubana. Sin embargo, identificarse con lo cubano no comporta para todos un mismo significado ni produce el mismo sentido. De igual modo son variados los elementos que permiten a las personas categorizarse o no como cubanas. No solo se requiere compartir representaciones sociales sino además que esas representaciones produzcan sentimientos de pertenencia y que se de una actitud en consecuencia con estos sentimientos. Estos elementos nos remiten a vivencias específicas, a rupturas y continuidades que no han sido nada homogéneas. 

Evidentemente experiencias distintas llevan a conocimientos diversos y a maneras disímiles y hasta contrapuestas de entender una realidad aparentemente similar. En estos momentos es imposible intentar encontrar una sola respuesta a preguntas como: ¿qué significa ser cubano para los que residen en Miami? o ¿qué es lo verdaderamente cubano en ese territorio?. Poco a poco ha ido imponiéndose la diversidad, lo cuál refleja de cierto modo la diversidad que existe en la sociedad cubana actual. 

Las oleadas migratorias cubanas que desde 1959 han llegado a Estados Unidos han tenido una procedencia común, pero no tanto así intereses, motivaciones y experiencias desde lo cubano que está condicionado social e históricamente y cambia con las transformaciones que sufre la misma sociedad. Cada una de estas oleadas se propuso mantener la identidad cubana a partir de conservar tradiciones, costumbres, creencias, la historia del país y la cultura cubana en general; pero, en este sentido, cada una era portadora de rasgos diferentes. 

No obstante sus rasgos diferentes, a los distintos grupos de emigrados cubanos los une el tenerse que enfrentar a un nuevo contexto, en el que se ven inmersos en condiciones de cambios sociales rápidos (no siempre todos deseados) y a situaciones desconocidas desestructurantes que alteran sus esquemas de referencia habituales. Estas condiciones pueden generar una sensación de pérdida de la identidad o de algunos de los elementos que le daban sentido. Se genera así una búsqueda de valores y modos de orientación que permitan la inclusión en el nuevo espacio.

En estas situaciones las identidades se debaten entre la necesidad de continuidad en función de una mismidad construida y la necesidad de armonizar con la dinámica de la vida personal y social y con los cambios de viejos y nuevos intereses que se presentan. Esta realidad impone una búsqueda de alternativas y de referenciales que produzcan sentido en las nuevas condiciones. En esa búsqueda se incorporan elementos a las identidades ya existentes, se pierden algunos, se afianzan otros, se asumen nuevas identidades o se reafirman componentes de la identidad que se tenía. 

En toda esta dinámica las creencias y prácticas religiosas han tenido una connotación especial en el contexto de Miami. Lo religioso ha ofrecido soporte espiritual y una alternativa en la búsqueda de sentidos y continuidad ante las desafiantes condiciones de la emigración. Como elemento de la cultura ha sido de los menos susceptibles al cambio y como espacio de relaciones se ha adaptado a las variadas interpretaciones y lecturas de la cubanía. 

En la defensa de lo que consideran autóctono los cubanos han ido transformado poco a poco la realidad religiosa de Miami. En la misma medida en que se reproducían aspectos de la vida social y cultural se trasladaban los de la vida religiosa. Basta remontarnos al cuadro religioso de esta ciudad en 1959, año que marcó el inicio de una nueva etapa en la historia de la migración cubana hacia Estados Unidos y en especial en La Florida. En ese año existía un predominio de Iglesias Protestantes, sobre todo Bautistas y Metodistas, muy similar a lo que sucedía en el resto del Sur de los Estados Unidos. La Iglesia Católica había logrado expandirse y contaba con una Arquidiócesis en esta ciudad desde 1958, pero no tenía la fuerza que después alcanzó con el flujo de cubanos y latinos. 

Hoy, después de más de cuatro décadas, la realidad religiosa no es ni parecida. Se han incorporado nuevas religiones, algunas han adquirido mayor fuerza y otras han perdido significación. Con la llegada de los distintos grupos de emigrados se fueron desarrollando expresiones y prácticas religiosas que hoy acercan el comportamiento religioso de Cuba y Miami. Ha sido un proceso de grandes cambios en el que las creencias y prácticas religiosas han actuado como escudos protectores ante la cultura norteamericana que constantemente retaba a sumársele, a la vez que han permitido la integración a la sociedad civil miamense.

Entre 1959 y 1970 emigraron alrededor de 536, 965 cubanos, muchos de los cuales tenían una pertenencia cristiana y especialmente católica. Se caracterizaban además por tener un alto nivel educacional, solvencia económica y por posiciones políticas contrarias a la Revolución. Todas estas características en su conjunto marcaron la conformación de la comunidad cubana en Miami y su comportamiento religioso durante muchos años.

Como el resto de las migraciones de cubanos, esta primera oleada se propuso mantener la cubanía, pero como ya referimos, lo cubano tenía una lectura desde la cultura y modo de vida a las que habían tenido acceso en la Isla. Fueron selectivos en lo que entendían por valores y tradiciones genuinas y hasta en las interpretaciones del pasado. El interés por preservar esa cubanidad de la que se sentían portadores se intensificó después de la derrota de Playa Girón al verse frustrados los sueños de un rápido regreso. Al mismo tiempo se producen manifestaciones de rechazo al mundo anglo que los rodeaba y una gran resistencia a todo lo que no consideraban auténticamente cubano.

Las características de estos emigrados determinaron que las tradiciones y creencias religiosas, especialmente las católicas entraran a jugar un rol importante en la preservación de la identidad y se cargaran de un simbolismo político porque precisamente esa emigración utilizaba y sigue utilizando la oposición política como un factor aglutinador. 

Hay que pensar que ese primer grupo de emigrados era heredero de la tradicional relación entre el catolicismo, la burguesía cubana y el poder político. Con este prisma se comenzó a intentar reproducir en Miami la dinámica social y religiosa prerrevolucionaria. 

Junto a los creyentes católicos que emigraron y se asentaron en Miami, también lo hicieron gran número de líderes y jerarquías católicas, lo cuál facilitaba la continuidad del catolicismo cubano en la Florida. Mientras en Cuba se redujo el número de sacerdotes de 723 en 1960 a 220 en 1965 debido a las sucesivas migraciones, en Estados Unidos aumentaban. Quiere esto decir que cuando los cubanos arribaron a Miami ya tenían sus propios sacerdotes y líderes religiosos, lo cuál contribuyó con el desarrollo de lo que denominan "Iglesia cubana de la emigración". 

En la década de los 60 en Cuba se detiene el proceso de reavivamiento religioso que experimentó la sociedad a fines de los años 50 y se inicia un proceso contrario. Conflictos entre la Iglesia y el estado y entre creyentes y sus Instituciones provocaron la masiva retirada de las Instituciones religiosas. Todo lo contrario ocurrió en Miami donde la religión adquiría nuevos sentidos tanto en la lucha contra la Revolución cubana como en la defensa de lo que consideraban cubanía. 

En fecha tan temprana como 1962 se funda la Iglesia de San Juan Bosco, primera de los cubanos en Miami. En 1967 en esta misma Institución se crea la primera escuela cívico-religiosa para fomentar el conocimiento de la historia y cultura cubanas. Así surgieron Iglesias, distintas instituciones y organizaciones con fines políticos, religiosos y sociales que pretendían reproducir la vida religiosa y la superestructura prerrevolucionaria. 

La presencia de los cubanos impactó la Arquidiócesis de Miami. Antes de los 60 esta Arquidiósecis solo contaba con menos del 50% de sus Iglesias. Después de esa fecha las Iglesias vieron incrementadas sus membresías considerablemente y se les impuso un dinamismo distinto al del catolicismo norteamericano. El idioma español se oficializó en las ceremonias, las Iglesias se vieron frente a un creyente católico que le otorgaba un lugar crucial a las distintas advocaciones de la Virgen María y que no alardeaba de sus vínculos muy estrechos con la institución porque la mayoría no los tenía. El tema Cuba se priorizó y abiertamente la Iglesia adoptó una posición política respecto a la situación del país 

Los cubanos se fueron incorporando a iglesias que ya existían en Miami antes de los 60. Algunas de ellas como St. Timothy, Corpus Cristi, St Kevin de influencia americana e irlandesa fueron poco a poco cambiando y sufrieron procesos de cubanización con la mayoritaria presencia de los cubanos. En la década del 80 los cubanos representaban la población predominante en gran número de iglesias y el idioma español había adquirido especial relevancia. Actualmente de las 108 Iglesias con que cuenta la Arquidiócesis son minoritarias las que solo ofrecen servicios en inglés.

El espacio católico en Miami se sobredimensionó y se sobrevaloró su significación en la vida social. La Iglesia se hizo centro de la reconstrucción de la vida de los emigrados y se adjudicó un papel en la sociedad civil y en las relaciones políticas mucho más significativo que el que había ostentado en la Cuba que añoraban. Este papel de la iglesia, unido al apoyo económico que desde los inicios de los 60 recibió la ubicaron en una situación ventajosa con respecto a otras religiones que profesaban los cubanos. 

En general las Iglesias Católicas de presencia cubana en Miami contribuyeron a moldear una identidad peculiar entre los cubanos emigrados. Se empeñaron en garantizar un mimetismo cultural que detenía la historia de Cuba en el tiempo. Idealizaron y trataron de transmitir un glorioso pasado económico, político, cultural y religioso con énfasis en lo católico sin percatarse que la vida transcurría y que se estaban distanciando de sus raíces. 

La idea de una historia y cultura cubana centradas en el catolicismo alcanzaron especial simbolismo con la construcción de la Ermita de la Caridad en 1973. La historia de la Ermita comenzó el 8 de Septiembre de 1961 cuando desde el Aeropuerto de la Habana fue trasladada hasta Miami la imagen de la virgen de La Caridad que había sido extraída de una Iglesia ubicada al este de Ciudad de La Habana. La virgen fue presentada ante 25000 cubanos que se habían reunido en un estadio de baseboll para celebrar la festividad anual que se le dedicada. Este hecho es considerado por estudiosos como el que marcó el protagonismo católico en la emigración cubana.

La arquitectura y los componentes de la Ermita son un reclamo a la conservación de la identidad cubana tal y como se la representaban los primeros grupos de emigrados. La Ermita se encuentra ubicada en posición frente a Cuba para enfatizar en la idea de que los creyentes estaban orando de cara a la patria. Las seis columnas que sostienen el manto representan las seis provincias que existían en Cuba al triunfo de la Revolución. Sus asientos intentan ser los típicos taburetes que usaba el campesinado cubano. La madera de la silla donde se sienta el sacerdote dicen proviene de una palma cubana. Debajo del altar, de manera visible se encuentra la primera piedra bendecida el 8 de septiembre de 1971 al comenzarse la construcción del santuario. 

El mural que adorna la Ermita recuerda la aparición por primera vez de la virgen en la Bahía de Nipe. Alrededor de la virgen pretendieron situar las diferentes etapas de la historia de Cuba hasta 1959. Aparecen paisajes cubanos e Iglesias en Cuba junto a la catedral de San Agustín en la Florida, al igual que 44 figuras de nuestra historia. Entre ellos algunas muy relacionadas con la nacionalidad cubana. 

La Ermita y todo el ambiente que la rodea constituyen la viva representación de una historia que llega solo hasta 1959 y que reconoce lo cubano a partir de las tradiciones religiosas. Es el vivo ejemplo de los esfuerzos porque tradiciones culturales y religiosas pasaran intactas de generación a generación, lo cuál es imposible ya que en el mismo acto de la reinterpretación del pasado se cambia la realidad y construyen nuevos sentidos.

Para los emigrados que arribaron a Miami en fechas posteriores, sobre todo después de los 80, los elementos que componen la Ermita no tienen el mismo sentido que para los que impulsaron su construcción. Posiblemente si ellos tuvieran que seleccionar los símbolos de cubanía hubiesen escogidos otros. 

En mi opinión el poder movilizativo de la Ermita y su carácter aglutinador no están dados por la recreación de lo simbólico sino porque, independientemente de unas u otras visiones de la historia, la devoción a La Caridad es una expresión de la religiosidad del pueblo cubano. Aunque es cierto que esta identificación del pueblo con la virgen y el escenario que brinda la Ermita han sido aprovechados por la Iglesia para convertirla en tribuna de su posiciones.

El protagonismo que se adjudicó la Iglesia se vió afectado por la migración de los 122, 061 cubanos que arribaron en 1980 después de os sucesos de la Embajada del Perú. Si hasta esa fecha el catolicismo había sido central en la integración de la comunidad cubana a partir de ese momento se vieron obligados a reconocer que no eran los de mayor convocatoria en el plano religioso y que otras expresiones religiosas podían ofrecer sentido de identidad. 

Los llamados marielitos (nombre que se les da por el lugar de Cuba del que partieron masivamente) se diferenciaban de los cubanos que residían en Miami. Eran en su mayoría de clases trabajadoras y no precisamente católicos. Vivenciaron la pérdida de validez de las Instituciones religiosas en los primeros años de la Revolución y fueron parte de prejuicios que en torno a la religión se fueron conformado en la sociedad cubana. Influenciados por las transformaciones sociales de la etapa revolucionaria, aún cuando podían estar a favor o en contra de este proceso, eran portadores de nuevos valores y de una cosmovisión diferente. Sus motivaciones al emigrar fueron distintas a las que impulsaron las oleadas del 60 y 70 y por tanto la representación de la cubanía de este grupo migratorio no era la misma que la que prevalecía en Miami porque la realidad social en ambos contextos había estado cambiando.

Por sus características este grupo encontró el rechazo y la incomprensión de los que ya residían en el Sur de la Florida. Con su llegada se demarcaron espacios en función de lo que calificaron como "nuevos y viejos emigrados". Ya no se hablaba de cubanos en general sino de tipos de cubanos y uno de los elementos que se utilizó para establecer la división fue el religioso. Testimonios del clero católico radicado en Miami refieren que la mayoría de los emigrados de los 80 que tenían menos de 30 años no sabían lo que era ni la Iglesia ni la religión. Para ellos eso significaba no ser religiosos y en consecuencia que en Cuba había existido una etapa religiosa antes de la Revolución y otra no religiosa después de su triunfo.

Estos emigrados eran portadores de creencias populares, practicantes de religiones de origen africano y del espiritismo. Tal como sucedía en Cuba no predominaba entre ellos una identificación con la ortodoxia cristiana, pero éste no era un motivo para considerarlos no creyentes. Tampoco es real que en Cuba no existieran religiosos. En una investigación nacional realizada en esa década se pudo constatar que más del 80 % de la población tenía creencias religiosas, pero que solo una minoría tenía un sentido de pertenencia a la Iglesia.

La composición racial, socioclasista y religiosa de estos emigrados incidió en la variación del panorama de Miami. A raíz de esta oleada migratoria se experimentaron grandes crecimientos poblacionales en los lugares donde se concentraron. La población latina en Miami creció del 56 al 59 %. Específicamente en Hialeah el crecimiento fue del 74 al 78% y en Miami Beach del 22 al 27%. Evidentemente este crecimiento se acompañó del crecimiento de la diversidad y de la complejización del panorama religioso.

El catolicismo comenzó a compartir su espacio con la rápida expansión de las religiones de origen africano y con devociones populares como la de San Lázaro. A partir de los 80, se hicieron visibles los símbolos religiosos vinculados a la santería y surgieron un número nada despreciable de casas templo. Proliferaron además estructuras como las llamadas "Botánicas" que, aunque son un producto de estas prácticas religiosas en territorio norteamericano, constituyen indicadores de la fuerza que fueron adquiriendo creencias no cristianas extendidas en Cuba. Desde estos espacios se comenzó a defender una identidad cubana. 

Por esa época surge "El Rincón de Hialeah", el cuál intenta ser la versión en Miami de El Rincón habanero, lugar de peregrinación popular que ha llegado a reunir durante la Festividad de San Lázaro a más de 90 000 personas. El surgimiento de El Rincón de Hialeach en uno de los lugares de mayor concentración de cubanos responde a la necesidad de conservación de la que hemos venido hablando y en, este caso, a la necesidad de continuidad de tradiciones populares con las que la mayoría del pueblo cubano se identifica . Al preguntar sobre San Lázaro durante La festividad del santo en Miami el pasado año todas las respuestas me remitieron a su relación con lo cubano y en algunos casos encontré una única respuesta "San Lázaro es Cuba". 

El Rincón de Hialeach es además de un símbolo de cubanía un puente de unión entre Miami y Cuba. No son pocos los emigrados que dicen haber realizado pedidos al santo asociados a la salida del país, tampoco son pocos los que realizan promesas a este santo en Cuba que continúan cumpliendo en suelo norteamericano. Desde Miami se le pide al santo por cuestiones asociadas a Cuba y a los cubanos que residen dentro y fuera del país. Son muchos los que llegan a Miami y acuden a este lugar en busca de una imagen de este santo que los mantenga cerca de Cuba. Los hay que regresan a la Isla para celebrar el día de San Lázaro el 17 de Diciembre o simplemente para cumplir promesas en el lugar que consideran más genuino. 

Tal como sucede en Cuba desde la víspera del 17 de diciembre los cubanos asisten al santuario que tiene la imagen de San Lázaro para devocionarlo en su día. En ambos contextos lo importante no es la historia del santo, sobre la que no existe coincidencia. Lo significativo está en que ese viejito de muletas, llagado y rodeado de perros simboliza al padre, hermano, protector, al poder y la ayuda. Por estas características la relación con este santo se refuerza otorgándosele un lugar en la reconstrucción de la vida de los emigrados. 

Tanto la devoción a San Lázaro como otras creencias populares y de origen africano siguieron cobrando fuerzas con los miles de cubanos que arribaron a las costas de la Florida en la década del 90 debido a la coyuntura de los denominados "balseros" y con otros miles que posteriormente han seguido llegando por distintas vías. 

Esta última oleada migratoria complejizó y diversificó aún más la realidad social y religiosa de Miami. La mayoría de los que la componían eran jóvenes que habían nacido y crecido dentro del proceso revolucionario y sus valores y representaciones sociales estaban relacionados de algún modo con la educación socialista. No eran un grupo homogéneo porque tampoco en Cuba existía una homogeneidad de pensamientos. Ellos representan la misma heterogeneidad de la sociedad cubana actual.

En el plano religioso la mayoría de los jóvenes se había mantenido alejada de la vida religiosa Institucional. Con el reavivamiento religioso de los 90 en Cuba muchos se habían incorporado a Instituciones y organizaciones religiosas y se sentían identificados con la religión en los momentos de emigrar, pero el sentido de identidad religiosa en ellos no podía ser el mismo que el de personas que habían vivido procesos sociales distintos. Sus ideas acerca de la religión habían estado influenciadas por el rechazo al dogmatismo con el que se había relacionado lo religioso. 

Es imposible pretender que después de haber vivido experiencias distintas, estos emigrados se asemejaran religiosamente, culturalmente o políticamente a la imagen del tipo cubano construida en Miami. 

El entorno religioso de Miami es hoy bien diferente al de 1959, 1960 , 1970 o 1980. Ya no se puede hablar más de una necesaria identidad católica- cubana. Llama la atención que Miami se encuentra entre las 13 diósecis con mayor número de católicos en lo Estados Unidos, pero sin embargo en comparación con su población, solo el 22% es considerado católico. Estos datos son indicadores de la diversidad religiosa y de la influencia que está alcanzando el protestantismo y otras expresiones religiosas no cristianas.

Las variaciones producidas en el escenario católico de Miami se acercan al comportamiento de la religión en Cuba y al del catolicismo entre los latinos e hispanos en los Estados Unidos. Tal como ha ocurrido en general en los Estados Unidos, el % de latinos entre los católicos ha ido creciendo, más , sin embargo, el % de católicos entre los Latinos e Hispanos ha ido descendiendo. Con el crecimiento poblacional de Miami ha ido creciendo también el número de católicos, pero ha ido descendiendo su representación en comparación con otras expresiones religiosas.

A la vez que ha ido transformándose el entorno social y religioso de Miami han ido variando los símbolos significantes de identificación y diferenciación. Cambios aparentemente imperceptibles han devenido de la influencia de los últimos grupos migratorios. Es de destacar cómo desde el espacio religioso y llamativamente desde la Iglesia católica, la más reacia durante mucho tiempo a un acercamiento con la Isla, se va abriendo paso una identidad con lo cubano que incluye emigrados y no emigrados.

Desde los inicios de pontificado de Juan Pablo II se promovió el intercambio intereclesial. Como parte de este intercambio se fortalecieron las relaciones entre la iglesia Católica norteamericana y la cubana. La pasada década fue testigo de numerosas vistas, reuniones y actividades compartidas por obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de Cuba y Estados Unidos, concentrados fundamentalmente en las Arquidiócesis de Nueva York y Boston. 

Sin embargo este intercambio no se había dado y no se ha dado entre la Iglesia Católica en Cuba y la de la comunidad católica de Miami. Por muchos años las visitas de Obispos, sacerdotes y religiosos de Cuba a Estados Unidos y, en especial a Miami, fueron de índole personal y no respondían a una política de acercamiento. Aunque siempre se reunían con grupos de cubanos católicos no tenían el apoyo oficial de la Iglesia.

En la década de los 90 se impuso un clima de entendimiento entre ambas Iglesias. Documentos episcopales en la Isla y en Miami hacen referencia al propósito común de la reconciliación y al nivel de la comunidad de creyentes de Miami van surgiendo intereses de colaboración con los católicos que viven en Cuba.

Por otra parte, en la conformación de la identidad de los cubanos emigrados tiene hoy en día un mayor papel categorías más amplias como la condición de latinos o hispanos. El crecimiento en Miami de grupos de emigrados procedentes de otros países ha implicado un intercambio intercultural. Con este intercambio han surgido nuevos componentes identitarios y la identidad que se construye desde el espacio religioso ha variado.

En el medio cristiano y más específicamente en el católico se produjeron cambios en el contenido de las prédicas y mensajes religiosos. El contenido habitual que enfatizaba en la situación de Cuba y sus emigrados tuvo que ceder ante los intereses y problemas que afectaban a otros grupos y la Iglesia tuvo que negociar así los espacios donde trataba el tema cubano. 

Las Iglesias y lugares de devoción popular que comparten cubanos y otros latinos 
se enriquecieron con la diversidad de símbolos religiosos. Nuevos santos y advocaciones de la virgen María se mezclaron con los considerados cubanos y dieron nuevo sentido a la lucha contra las influencias foráneas. 

No podemos afirmar que el sentido de identidad que produce la condición de latinos sea fuerte en este contexto. Era impensable antes de los 80, pero no tiene un peso relevante aún por más que se abre camino. Hay que tener en cuenta que para que exista una identidad más que símbolos significantes, es decir elementos que permitan hablar de una mismidad latina, es necesario compartir intereses que surgen de participar en situaciones similares y de la colaboración en torno a proyectos comunes.

Ni todos los grupos minoritarios negocian en iguales condiciones esta identidad ni todos los cubanos necesitan de igual modo la identidad entre latinos para enfrentarse como grupo minoritario a las condiciones de la emigración. El poder económico y político alcanzado por algunos cubanos ha incidido en que prevalezca el orgullo y sentido de pertenencia por lo nacional más que por lo latino.

No obstante, está claro que las identidades se reciben, se transforman, se enriquecen, se pueden abandonar o se pierden y no se pueden obviar los cambios que ocurrirán con este intercambio entre latinos. El proceso de búsqueda de mismidad, integridad y unidad es ininterrumpido y tiene que verse en su movilidad y cierta relatividad.

La religión tal como se presenta en la actualidad de Miami, es el resultado de la influencia de el intercambio intercultural en las condiciones de la emigración, pero más que nada es expresión de la resistencia cultural en defensa de la conservación de lo cubano. Es indudable que tanto las condiciones de la emigración, las características de los distintos grupos de emigrados como el conjunto de factores políticos, económicos y sociales que intervienen en la relaciones entre Estados Unidos, la comunidad residente allí y Cuba han generado particularidades distintivas en la vida cultural y religiosa de los emigrados, pero ante todo se ha impuesto el deseo de la continuidad. 

Las expresiones religiosas que poco a poco se fueron abriendo paso en el paisaje de Miami en los diferentes momentos históricos constituyen un reflejo de la forma peculiar de creer y vivir el pueblo cubano. La actitud de la Iglesia católica fue consecuente con su tradicional posición en la historia de Cuba. La vitalidad que tiene la religiosidad popular en la emigración es muestra de la interrelación que siempre ha existido en Cuba entre esta religiosidad y los problemas, insatisfacciones y sueños de la vida cotidiana. La expansión de la santería y otras religiones de origen africano armoniza con su alta presencia en el cuadro religioso cubano. En sentido general lo religioso constituye en Miami un elemento más para afirmar que los emigrados siguen teniendo un sentido de pertenencia a la cultura cubana.

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