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LOS PRIMEROS CEMENTERIOS PROTESTANTES
EN LA ISLA*
La existencia de diferentes planos referidos a los cementerios protestantes, así como los diversos proyectos, permite validar la autenticidad de tales construcciones y, a su vez, son una fuente que aporta nuevos e interesantes elementos para abordar la historia del protestantismo en Cuba
Yoana Hernández Suárez
| La Habana
El estudio del universo religioso cubano constituye hasta nuestros días una necesidad no solo histórica sino también sociocultural.
Este horizonte de magia, misticismo, cristianismo, sincretismo, entre otros aspectos, ha sido periodizado y clasificado de diversas formas por los diferentes estudiosos de la materia religiosa. Particularmente me uno a la línea de quienes se refieren a dos grandes grupos de religiosos, uno de creyentes cristianos y otro de creyentes no cristianos. Los primeros identificados fundamentalmente con la figura mesiánica de Jesucristo y los segundos con otras figuras claves o con todo un conjunto de dioses y semidioses, o fuerzas naturales y cósmicas.
El presente trabajo aborda dentro de los creyentes cristianos (católicos, evangélicos, fundamentalistas, pentecostales, protestantes históricos) a las llamadas iglesias históricas dentro del protestantismo.
La reforma protestante del siglo XVI en Europa propició en el mundo entero, principalmente en el hemisferio occidental, una apertura a las nuevas ideas teológicas surgidas en el seno de la propia iglesia católica. Sería a través de los Estados Unidos que llegarían a Cuba los primeros grupos de protestantes en el siglo XIX, fundamentalmente en su segunda mitad.
A raíz de la intervención norteamericana en la Isla, las juntas de misiones protestantes tuvieron el camino abierto y no rechazaron tal oportunidad, penetrando en casi todo nuestro territorio nacional.
Al llegar a Cuba, estas juntas encontraron una iglesia con varios siglos de existencia: la católica. La lucha fue entonces en contra de lo que dieron en llamar "oscurantismo romanista" por lograr calar en el pensamiento religioso de una población que hasta el momento no había conocido otra práctica oficial que no fuese la católica, fuera de las llamadas creencias afrocubanas.
Entre las principales labores que llevaron a cabo las primeras iglesias protestantes llegadas a Cuba estuvo la construcción de sus cementerios.
Se hace necesario explicar los grupos que integran el llamado protestantismo en Cuba.
Primeramente, y este es un criterio personal, existen las iglesias del protestantismo histórico, término que utilizo por ser éstas no un resultado directo de la reforma del siglo XVI, sino las más cercanas en el tiempo a esa revolución teológico-social (bautistas, episcopales, metodistas, presbiterianos, cuáqueros).
También se encuentran las iglesias evangélicas, o sea, aquellas que fueron surgiendo después de las históricas y en cierta forma como una respuesta a la estructura conservadora de las mismas (pentecostales, Asociación Cristiana de Jóvenes, Iglesias de Cristo, Misión Mundial Unida, menonitas). Debe señalarse que el término "evangélico" es esencialmente bíblico y las iglesias históricas lo asumen por estar en armonía con sus principios.
Y por último, un grupo que tiene líneas más fundamentalistas y que no aceptan esa caracterización aún cuando sus prácticas responden a las mismas. Ellos hacen énfasis en una lectura literal de la Biblia y acentúan el estudio de las cuestiones relativas al final de los tiempos, el Apocalipsis o Armagedón (Testigos de Jehová, Adventistas del Séptimo Día, Bando Evangélico de Gedeón).
A través de diferentes documentos del Archivo Nacional de Cuba, consultas realizadas a distintos ministros religiosos y a una serie de órganos oficiales de diversas iglesias protestantes, se pudo conocer que solo algunas iglesias históricas emprendieron la tarea de tramitar todo lo concerniente a la construcción de sus propios cementerios. Esto responde a una realidad lógica: fueron las primeras en asentarse en nuestro territorio y la propia Iglesia Católica se negaba a enterrar en su campo santo a los llamados no católicos.
PRIMEROS CEMENTERIOS PROTESTANTES
CEMENTERIO PARA LOS INGLESES
La Habana del siglo XIX, con su bolseática bahía, fue puerto obligado para muchos navegantes y comerciantes extranjeros, fenómeno que propició la existencia en la villa de una importante población flotante que también tuvo su vida activa en tierra firme. En muchos casos estos individuos encontraban la muerte en nuestra Isla y su enterramiento llegó a convertirse en un serio problema para las autoridades eclesiásticas y civiles de Cuba.
Muchos de los extranjeros que fallecían en la Isla practicaban credos diferentes a los de la Iglesia Católica. En Cuba existían los llamados cementerios generales para católicos, y algunos civiles destinados al resto de la población. Los extranjeros procedentes de Estados Unidos y del Caribe eran en su mayoría protestantes y para los mismos se destinaba una porción dentro de los cementerios generales. En la mayoría de los casos el lugar era mal atendido, pequeño e insuficiente.
La reducida comunidad de evangélicos que iba llegando comenzó a trabajar en aras de crear una incipiente superestructura capaz de proporcionar, al menos, la solución de sus principales problemas.
Localizar las fuentes que develan la existencia de tales construcciones dio inicio a esta investigación. En los fondos procesados del Archivo Nacional de Cuba, se hallan varios documentos que, además de la información textual, contienen planos y mapas originales que contribuyen a rescatar una historia casi perdida por la inexistencia en la actualidad de tales lugares.
La referencia más antigua sobre la presencia de este tipo de cementerios se remonta alrededor del año 1841.
En una comunicación sobre el Cabildo celebrado en La Habana el 28 de junio de 1816 se cita*:
Acompaño a V.E. la representación que me ha hecho D. Antonio de Frías dueño que dice ser del terreno donde se halla el sepulturario de protestantes, en solicitud de que los negros bozales se entierren en dicho
paraje, por razón de que lo verifiquen en otros destinos a la siembra de donde los
extraen los perros a fin de que en revista pueda V.E. informarse lo que se le
ofrezca en el asunto al devolver la expresada representación.
Un año después, en 1817, se emite otra comunicación en el Cabildo del 22 de agosto:
Se leyó una representación de varios comerciantes de esta ciudad consignatarios del
extranjero en que se solicitan que este Excmo. cuerpo mande construir un cementerio de negros bozales en otro lugar diferente al que se entierran los no-católicos para que no se confundan estos con aquellos y se les guarde algún decoro a los de la profesión mercantil, pues con el dinero que paga cada negro muerto que son seis pesos y sabiendo que este llega hasta ocho mil pesos al año se puede levantar otro cementerio capas al efecto, suplicando en conclusión se digne este cuerpo a disponer o lo que se le
parezca de justicia.
Ambas comunicaciones se refieren a un lugar dentro del Cementerio General donde se enterraban a los no-católicos o extranjeros cristianos de profesión mercantil, es decir, los protestantes. Es evidente que los negros bozales estaban en una situación muy crítica en lo referente a sus enterramientos pues tanto católicos como protestantes abogaron en ese entonces por no enterrarlos en sus parajes
Sería entonces hacia el año 1841 que el proyecto de construcción de un cementerio para la comunidad de extranjeros protestantes se convierte en una necesidad.
Con fecha septiembre de 1841, aparece en el expediente citado una carta del Cónsul de Su Majestad británica al Gobernador Civil de La Habana planteando que:
Es repugnante el lugar señalado para dar sepultura a los individuos que no corresponden al gremio de la iglesia católica el cual denominaron cementerio de los americanos. Con el fin de remediar esta falta, recuerde la sección 35 del tratado entre España y Gran Bretaña firmado en Madrid 13-23 de mayo de 1667 por el cual se dispone "Que concederá y señalará un cementerio cómodo y conveniente para enterrar a los súbditos del rey de Gran Bretaña que fallezcan dentro de los dominios del rey de España".
El Ayuntamiento contempló que no había expediente del asunto sino solo constancia en las actas desde el año 1816, las cuales ya han sido comentadas.
Instruido el Gobierno Civil de que los terrenos inmediatos al Cementerio General pertenecían al hospital de San Lázaro y necesitando proceder a la construcción de otro cementerio para protestantes, se ofició al administrador de San Lázaro para que informase sobre el particular y propusiera el proyecto de ejecución, para lo cual el dinero de enterramientos no debía exceder la mitad del abono acostumbrado en el Cementerio General.
La contestación al Gobernador Civil afirma:
El terreno es efectivamente de la propiedad de San Lázaro por la línea que marca y en que comprende una estancia que se halla en arrendamiento y en cuyo punto conceptúa que es de situarse el nuevo cementerio. Acompaño tres planos con inclusión del martillo que forma el cuarto destinado a operarios.
Manifiesta que quedando el nuevo establecimiento como una propiedad del hospital de San Lázaro debe serle al principio oneroso por los pocos entierros de protestantes que ocurrían y que apenas cubrían los gastos de sus empleados.
A diferencia de otras iglesias, los protestantes no practican el culto a sus muertos, por lo que no visitan el campo santo excepto cuando se realiza algún enterramiento.
Los primeros enterramientos debieron haber sido escasos, situación que pudo responder al pequeño número de estos creyentes, realidad que fue superada alrededor de 1898 con la entrada de las juntas de misiones norteamericanas en Cuba.
Se ha podido conocer a través de los documentos que el primer cementerio cayó en un estado lastimoso. En el año 1845, el Capitán del barrio de San Lázaro manifestaba que el puesto destinado para sepultar a los extranjeros y "personas que se suicidan" se encontraba en total abandono, sin puertas y parte de sus murallas caídas, por donde se introducían los animales a extraer los restos humanos, siendo por ello necesaria una reparación general.
Se hace alusión a que el cementerio estuvo en manos de particulares que habían fallecido hacia 1845; que se cobraba por cada sepultura de diez a 50 pesos y que el último encargado fue Andrés Esquerra, que al recibir pocos dividendos lo abandonó pues hasta los extranjeros protestantes se conducían al Cementerio General bajo la falsa seguridad de católicos.
Sobre el estado del cementerio aparece una interesante anécdota del Secretario de Sanidad:
Dice que estando herborizando con sus hijos, uno de ellos le hizo llegar hasta el cementerio de protestantes en donde vio parte de un cadáver cuyo resto se hallaba someramente cubierto por la arena que allí abunda; que estaban descubiertos y en estado de corrupción el muslo y pierna izquierdos, faltándole a esta un pie que tal vez habría sido devorado por los buitres o cerdos que había en sus inmediaciones.
En respuesta a la escena, el Capitán de San Lázaro informó que no se estaba enterrando en el cementerio de protestantes, antes se verificaba con una papeleta de la Capitanía exhibiendo un peso y que al enterrador se le otorgaban los demás derechos establecidos. De esta forma, se buscaba salvar al administrador de cualquier acusación sobre la desatención de la higiene del lugar destinado a los
protestantes.
Toda esta situación propició la clausura del primer cementerio construido para la pequeña comunidad de protestantes que había en Cuba en la primera mitad del siglo XIX.
Sin dudas esta información documental es un testimonio de incalculable valor para conocer la historia del protestantismo cubano, si se sabe que esta construcción desapareció con el tiempo y en su lugar se levantaron otras.
CEMENTERIO BAUTISTA DE LA HABANA
Conocidos hoy en día como un importante grupo religioso en Cuba, con varias divisiones y con una amplia labor social, los bautistas forman parte de los pioneros en la obra protestante cubana.
Algunos creyentes provenientes de esta denominación del sur de los Estados Unidos habían entrado al territorio cubano alrededor de 1886 mediante su Home Mission Board. La obra de estos creyentes comenzó a florecer bajo la dirección de Alberto de J. Díaz, pastor que, junto a su hermana, había sido empleado como obrero de los bautistas de Florida. Esta figura sería la que tuviera a su cargo la construcción del Cementerio Bautista de La Habana.
Situado en las inmediaciones del Cementerio General (Colón), tuvo la suerte de convivir con situaciones difíciles que se iban originando con la Iglesia Católica.
Para esta época el ataque entre ambos grupos se había hecho evidente. Varias son las denuncias de "violaciones" en la cuestión de los enterramientos. En una realizada por el Obispo de La Habana al Gobernador Civil en el año 1888, puede leerse:
No permita, Excmo. Sr. que lleven los protestantes el cadáver de ningún individuo que no verifique hallarse fuera del seno de la Iglesia Católica. Esta no tiene interés alguno en defender como suyo lo que no le pertenece y tenga V. E. la seguridad de que no reclamará el cadáver de ningún anabaptista ni bautista, ni episcopal, ni cuáquero, ni mormón.
Por esta nota se puede apreciar que ya existían otros grupos de protestantes con los cuales tendría que convivir la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Sobre el Cementerio Bautista, el Obispo de La Habana señalaba:
Además Excmo. Sr, el cementerio protestante baptista ya que en mal hora fue permitida su apertura no debe convertirse en sepelio de los disidentes que no pertenecen a la secta ahora nombrada sino tan solo el de los que fallezcan afiliados a la misma porque de dicha secta se titula el cementerio y para sus
secuaces lo solicitó el pastor D. Alberto de Jesús Díaz. Y esto lo digo no porque tenga interés en que no se mezclen los cadáveres de unos con los de los otros disidentes, sino porque así se vería cuán exiguo es el número de Baptistas y no se daría el escándalo de hacer figurar entre estos los que no deben figurar dando pretexto para que los sencillos e ignorantes crean que es crecido el número de los que apostan de la religión católica.
Luego de esta cita se hace necesario hacer las siguientes reflexiones.
La Iglesia Católica no reconocía como legítimos a los demás grupos de cristianos que no pertenecían a su gremio. El lenguaje empleado denota el grado de disidencia con estos
individuos. Era muy común que les llamaran "sectas", "disidentes", "no-católicos". Pero lo que resulta más interesante es que detrás de toda esta disputa moral-religiosa-teológica se escondía un trasfondo económico. Los encargados del Registro Civil debían dar papeletas para los enterramientos, lo cual exigía el pago de todos los servicios que se realizaban. Cabría entonces la siguiente interrogante: ¿Hacia dónde pesaba más la balanza, hacia lo verdaderamente cristiano o hacia el aspecto de las finanzas?
La propuesta para la clausura de este cementerio fue realizada alrededor del año 1888 por el Obispo de la Habana. Sobre la respuesta a esta solicitud no aparece información en el Archivo Nacional de Cuba. Lo cierto es que este cementerio sobrevivió, en la actualidad sigue abierto y es utilizado para los enterramientos de los bautistas. (Véase Anexo 1)
CEMENTERIO BAUTISTA DE CIENFUEGOS
Los bautistas desde muy temprano extendieron su obra por toda la Isla y en Cienfuegos también realizaron una importante labor.
El señor Williams Mornam, norteamericano y ministro bautista, fue quien solicitó la construcción de un cementerio para la congregación de Cienfuegos.
Con fecha agosto de 1889, aparece una solicitud en la que Mr. Williams J. Mornam ministro bautista señala que abriga el propósito de crear un cementerio en las afueras de esta ciudad (Cienfuegos).
Sobre este asunto se le informa al Gobernador General por parte de la Sección de Hacienda:
En este concepto el ayuntamiento alega para fundar su oposición que él tiene solicitada la secularización del cementerio de Cienfuegos a cuyo lado construirá, si la obtiene, otro para los no-católicos y en caso contrario para estos últimos el cementerio civil. (...) Para esta iglesia ha de ser indiferente cual es la secta o comunidad religiosa a que pertenezcan los que no viven en su gremio y puesto que la católica es la única religión del Estado, que no reconoce sino solo tolera las demás y dado que no será fácil a los individuos en muy escaso número que no participan en nuestras creencias fundar un cementerio para los de su comunión respectiva y el consejo entiende que ha solicitado Mr. Williams Mornam para un cementerio bautista sin excluir a los demás no católicos cualquiera que sea la secta a la que pertenezcan o la creencia que profesan.
Aún con estas objeciones el proyecto fue aprobado luego de que se corrigiera el reglamento y los planos. (Véase Anexo 2)
El Consejo Municipal examinó el expediente y cuaderno de notas, señaló que se habían cumplido las formalidades prevenidas para estos casos y oyó a la Inspección de Obras Públicas, a la Junta de Sanidad y al Ayuntamiento de Cienfuegos.
Según todos los informes nada se oponía a la concesión, si se limitaban solo al enterramiento de los individuos pertenecientes a la denominación bautista, pues el Ayuntamiento de Cienfuegos señaló que no debía otorgarse el permiso para admitir en el cementerio a los individuos de otras religiones, ni a
libre-pensadores y ateos, porque sería darle carácter civil y los de esa clase correspondía construirlos a los ayuntamientos, según la Real Orden de abril de 1866.
No constan referencias sobre cementerios bautistas en otras provincias aunque es evidente que fuesen La Habana y Cienfuegos donde se planificaran obras de este tipo por el mayor número de bautistas residentes en ellas.
CEMENTERIO EPISCOPAL DE MATANZAS
Junto a las primeras iglesias protestantes que llegan a Cuba estuvieron los episcopales, quienes en la década del ochenta del siglo XIX arribaron a nuestro territorio a través de la American Church Missionary Society.
Los episcopales también tuvieron a su cargo el aseguramiento de un lugar en donde pudiesen sepultar a los cadáveres de sus fieles.
Precisamente un prestigioso ministro, el Reverendo Pedro Duarte, considerado uno de los misioneros patriotas junto al bautista Alberto J. Díaz, fue quien elevó al Ayuntamiento de Matanzas la solicitud para construir un cementerio protestante.
La siguiente comunicación al Vicepresidente de la Junta Superior de Sanidad revela lo planteado.
De orden de S.E. tengo el honor de acompañar a V.E. el expediente instruido con motivo de haber solicitado D. Pedro Duarte autorización para construir un cementerio en Matanzas donde deberán enterrarse los que fallezcan fuera de la comunión católica.
En otro documento también se dice:
El Sr. Obispo anglicano en la comunicación manifiesta, que habiendo acudido varios miembros de la misión episcopal y otras personas residentes en Matanzas para que influyan para lograr de este gobierno el establecimiento de un cementerio, que sujeto a todos los requisitos de la ley civil, sea custodiado y administrado por la misión episcopal.
La comunidad episcopal contaba con un crecido número de miembros que exigía se habilitase un lugar para enterramientos. Es conocida la actitud de la Iglesia Católica en cuanto a negar el enterramiento de estos creyentes en sus campos santos. La ley sobre cementerios no objetaba sobre este particular siempre que los gastos los asumieran los particulares y el proyecto respondiera a las exigencias establecidas.
La solicitud de los episcopales estuvo dada en cierta forma por las características del lugar que había sido indicado para enterrar a estos creyentes. El espacio del departamento era muy reducido y estrecho para las necesidades de esa comunidad. Además planteaban que:
Habiéndose establecido ya en La Habana un cementerio particular para el uso de los bautistas y deseando también nosotros construir el nuestro, llenando todos los requisitos y condiciones que las ordenanzas municipales prescriben para estos casos hemos levantado fondos bastantes para la consecución de nuestro propósito y escogido un terreno a continuación del que ocupa el cementerio general, y por consiguiente en idénticas condiciones que aquel y que responde a nuestro juicio, a todas las exigencias de la higiene y demás circunstancias atendibles en este género. (Véase Anexo 3)
El proyecto se aprobó puesto que la construcción fue considerada beneficiosa y porque reúne las condiciones higiénicas que las leyes sanitarias prescriben por lo que se tiene a bien otorgar a D. Pedro Duarte la autorización solicitada a quien se debe advertir que queda obligado a cometer a la aprobación de V.E. las tarifas de
enterramiento y el reglamento para el régimen interior de cementerio.
El Cementerio Episcopal de Matanzas fue otra de las construcciones que contribuyó a la formación de una superestructura a tener presente en el momento de historiar la vida de estas congregaciones religiosas.
CEMENTERIO PRESBITERIANO DE SANTA CLARA
Provenientes del sur de los Estados Unidos llegan a Cuba alrededor de 1890 y mediante su Board of Foreing Mission, los presbiterianos reformados. Estos creyentes siguen las enseñanzas de los reformadores suizos, especialmente de Calvino. Los presbiterianos sostienen que la iglesia ha de ser regida y gobernada por juntas o asambleas representativas, constituidas por presbíteros y otras personas laicas de la parroquia designadas por elección popular. En Cuba comenzaron a asentarse y a extender su obra desde el siglo XIX.
Considerado uno de los misioneros patriotas, el pastor Evaristo Collazo se destaca dentro de estos cristianos por su entrega y labor ininterrumpida al servicio de la fe cristiana.
Alrededor del año 1893 comienza sus gestiones con el Ayuntamiento de Santa Clara para solicitar el permiso de construir un cementerio presbiteriano. (Véase Anexo 4)
En un expediente instruido por la Junta Superior de Sanidad de Santa Clara se registró lo siguiente:
Estudiado el expediente promovido por D. Evaristo Collazo, superior de la Iglesia Presbiteriana en esta isla, solicitando autorización para establecer en la ciudad de Santa Clara un cementerio para exhumar los cadáveres de las personas que mueran fuera de la comunión de la Iglesia Romana, resultando que se han llenado todos los requisitos que exige la ley vigente sobre la materia, resultando que los informes emitidos incluso el de la junta local de sanidad son favorables en todos los conceptos y particularmente por lo que atañe a las condiciones del suelo, subsuelo y del terreno que debe ocupar, con relación a la ciudad.
El dictamen exigido por los médicos cirujanos también fue favorable.
Certificamos que hemos reconocido una parcela de terreno de a 100 varas por cada lado o sea una capacidad de 10000 varas en cuadro, situada contiguo a la pared exterior del cementerio general de esta capital y que se dedica a la construcción de un cementerio presbiteriano, y lo hallamos en condiciones higiénicas sin ofrecer peligro para la salud pública para el objeto a que se destina. Y a petición de D. Evaristo Collazo libramos esta en Santa Clara a Primero de marzo de 1893 Dr. Rafael Trista y Antonio León.
Las autoridades sanitarias, sin dudas, exigían el cumplimiento riguroso de los requisitos que conllevaba la construcción de un cementerio.
CEMENTERIO DE LOS AMERICANOS EN LA ISLA DE PINOS
Sobre este cementerio la autora no ha localizado aún información documental, pero se conocen sus ruinas en las cercanías del poblado de La Fe.
La historia de Cuba ha sido testigo de las constantes luchas de una nación por su soberanía. La Isla de la Juventud, antes Isla de Pinos, ha sido un eslabón importante dentro del proceso de lucha por la integridad de la nación.
Es conocido que luego de la Enmienda Platt se desarrolló en los Estados Unidos una campaña para promover la emigración y asentamiento en la Isla de miles de norteamericanos, con el claro propósito de convertirla en una colonia yanqui.
En el artículo VI de la enmienda se planteaba que la Isla de Pinos sería omitida de los límites de Cuba, dejándose para futuro arreglo la propiedad de la misma.
Las protestas y exigencias de los patriotas cubanos obligaron a la firma del tratado Hay-Quesada, el 2 de marzo de 1904, el cual planteaba la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos. Aún siendo denegada la ratificación del mismo en varias ocasiones, terminó por aprobarse el 13 de marzo de 1925.
El número de emigrantes norteamericanos que se asentaron allí no ha sido precisado con exactitud, pero resulta interesante que deben haber sido lo suficientemente populosos como para destinar un extenso terreno para la construcción del campo santo.
Las lápidas que sobrevivieron a los embates del tiempo muestran nombres de importantes figuras de la obra protestante norteamericana en esa región de Cuba. Las fotografías reflejan el estilo característico en que los protestantes norteamericanos enterraban a sus muertos, a ras del suelo, sin demasiada ornamentación.
Por lo interesante de la arquitectura del lugar y por lo que para la historia del protestantismo en Cuba representa, sobre el Cementerio de los americanos de la Isla de Pinos se continuará la búsqueda de otras fuentes que contribuyan a ampliar lo que se conoce hasta el momento. Ello significa colocar otra piedra necesaria para la sólida elaboración de estudios posteriores referidos a las diferentes denominaciones protestantes llegadas a Cuba desde los Estados Unidos.
CONSIDERACIONES FINALES
Todo parece indicar que los protestantes comenzaron con fuertes bríos una faena encaminada a ganarse un lugar respetable dentro del universo religioso cubano.
La construcción de diferentes cementerios protestantes, fundamentalmente en el occidente cubano, denota que antes de la entrada masiva en 1898 de las juntas de misiones norteamericanas, en la Isla se iba despertando un interesante núcleo de ideas reformadoras en el campo eclesiológico.
Si bien existía un reglamento que permitía a estos grupos de "protestari" erigir cementerios, los criterios de las autoridades católicas entorpecían las autorizaciones de construcción
Los enterramientos resultaban una forma de obtener ingresos para las comunidades religiosas. Los negros bozales sufrían mayormente la negativa a obtener un lugar digno para sus sepulturas, lo que manifiesta una fuerte tendencia racista dentro de los propios grupos de cristianos en Cuba.
El orden de formación de las iglesias históricas dentro del protestantismo en los Estados Unidos coincide con las instituciones protestantes más antiguas fundadas en Cuba: la Iglesia Presbiteriana Reformada, la Iglesia Episcopal o Anglicana, la Iglesia Metodista, las iglesias bautistas occidentales y orientales y la de los Amigos (Cuáqueros).
Para un correcto estudio del protestantismo cubano se hace necesario abordar sus relaciones con el catolicismo, uno de los aspectos más controvertidos dentro de la historia de ambos grupos en Cuba.
Si bien es cierto que en la Cuba actual se habla de un significativo movimiento ecuménico destinado a la unidad de todos estos grupos religiosos, no es menos real que los puntos de discrepancia continúan existiendo. En la etapa republicana fueron extremadamente acentuadas estas diferencias; en el período revolucionario no alcanzan este punto pero son un factor a tener en cuenta.
Es esencial husmear en las raíces del protestantismo en Cuba a través de diversas líneas. La construcción de sus primeras obras, como fueron los cementerios, puede contribuir al conocimiento de varios elementos, entre ellos, los lugares fundamentales en donde de asentaron de forma más numerosa los primeros creyentes de estas denominaciones, las iglesias pioneras de este movimiento y la labor desempeñada con el fin no solo de ir siendo reconocidos paulatinamente, sino de escalar un lugar en una sociedad con una indiscutible afiliación católica.
La existencia de diferentes planos referidos a los cementerios protestantes, así como los diversos proyectos, permite validar la autenticidad de tales construcciones y, a su vez, son una fuente que aporta nuevos e interesantes elementos para abordar la historia del protestantismo en Cuba.
BIBLIOGRAFÍA
FUENTES DOCUMENTALES
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Gobierno Superior Civil. Leg.108, exp. 5019; Leg. 744, epx. 25 546; Leg.745, epxs. 25 568 y 25 590.
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Gobierno General. Leg.106, exps. 4 925, 4 928 y 4935; Leg.107, exps. 4 933, 4 953, 5 003, 5 008, 5 011,5 016 y 5 017; Leg.108, exps. 5 019 y 5 032; Leg.118, exp. 5 339.
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Junta Superior de Sanidad. Leg. 29, exps. 29 y 48; Leg.33, exps. 81 y 93.
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Consejo de Administración. Leg. 67, exp. 6 683; Leg.103, exp. 9 242.
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Obras Públicas. Leg.50, exp. 687.
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
Cepeda, Rafael. Apuntes para una historia del presbiterianismo en Cuba. La Habana: Ediciones Su Voz, 1986.
Ramos, Marcos Antonio. Panorama del protestantismo en Cuba. Costa Rica: Editorial Caribe, 1986.
Valle, D. A. del. Legislación sobre cementerios, La Habana: Imprenta La Especial, 1893.
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