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TIENE LA PALABRA EL BABALAO






Con la gracia y el permiso de los orishas, Enriquito, el célebre santero, palero y abbakuá y singular personalidad de la villa de Guanabacoa, revela predicciones, sentimientos y criterios de este mundo y del otro...



José Alejandro Rodríguez
Calixto Ferral 
Foto: Luis M. Batista 


La rutina del barrio La Hata, en Guanabacoa, conduce a la curiosa casa de columnas rojas, donde un inmenso San Lázaro, rodeado de tabacos, monedas y botellas de ron, y dentro de una urna de cristal, nos recibe impertérrito en medio del portal.
En la puerta, nos saluda con finura de marqués un negro de indefinible edad y mirada penetrante; tiene algo de patriarca e inspira confianza de inmediato. Es Enrique Hernández Armenteros, Enriquito en Guanabacoa y otros sitios, babalao consagrado en la regla yoruba con Elegguá, tata nquisi malongo del Palo de Monte y abbakuá. Fundador y máxima jerarquía de la Asociación Religiosa Afrocubana Hijos de San Lázaro.
Todo amabilidad y aplomo, Enriquito satisface pacientemente nuestra curiosidad, y va mostrando los atributos y secretos de su casa templo. Es como un viaje mágico y tributario por la misteriosa poesía de los ancestros africanos; lo detallan las habitaciones consagradas a los cultos, lo murmura la ceiba del patio, lo gritan los impredecibles ojos de nuestro anfitrión: ora mansos como palomas, ora centelleantes como rayos.
-¿Qué piensa del estado en que se encuentra el planeta?
-Los hombres son los que tienen que reaccionar ahora. No se sabe hasta dónde podrán llegar las cosas si no se detienen...será fatal. Se está desafiando a la naturaleza y eso es peligroso. Oramos todos los días por la paz."
-Hay quienes se deprimen por estos tiempos borrascosos que vive la Tierra, de miserias humanas y traiciones; luego ven las dificultades que sufre el país y terminan perdiendo la fe en todo...
Porque unos hayan perdido la fe, no podemos pensar que ha desaparecido; nunca ha habido tanta fe, se los digo yo, y Cuba es el pueblo que marcha a la cabeza pidiendo paz. Cuando hay fe pura, nunca muere. Fíjense, hasta ustedes que son ateos, tienen que sostenerla, porque hay que creer en algo para vivir.
-Los cultores del panteón yoruba se autoproclaman devocionarios de los orishas, y veneran a los antepasados. En tal sentido, ¿qué representan para usted Martí, Maceo, los héroes y mártires de la Patria?
-Eso es sagrado, lo más grande que hay. Ya no animan carne, pero sus almas están aquí; estoy seguro de que nos guían. Fíjense, que tenemos problemas y nos mantenemos...
Sonríe, hace chistes, pero siempre mantiene una atmósfera de respeto. Es, como dirían nuestros abuelos, una bella persona, una dama en el sentido más respetuoso de la palabra. Como a viejos amigos, nos convida a brindar con ron por la salud y la paz del mundo...
-Enriquito, algunas personas piensan que los que profesan religiones afrocubanas son personas marginales y violentas...
-Esos son prejuicios. En esta asociación religiosa hay que tener principios como ser humano. Investigamos al que quiere iniciarse, y tienen que ser personas honradas, que trabajen, sin antecedentes negativos...Yo mismo he trabajado toda mi vida, aparte de mi oficio religioso, y ahora es que estoy jubilado; mis 11 hijos están vinculados laboralmente. Pero, además, aquí funciona el relevo. Ya estoy preparando a uno de ellos, que también es babalao, como mi sucesor.
Le comentamos lo exageradas y primitivas que resultan ciertas promesas a los santos, que denigran la condición humana con deplorables escenas. Y asegura que esos son compromisos muy personales que hace el creyente, en los que el padrino o sacerdote no tienen ninguna intervención: "Dios me ampare de ese tipo de promesas. Yo creo que la religión tiene que ser civilizada...El fanático no es el verdadero creyente, sino un extremista; y los extremistas siempre dañan la imagen...
Dejamos atrás la sala, adornada con buen gusto y confort, y pasamos a la habitación que oficia de templo yoruba. Allí están sus santos, en los otanes o piedras sagradas, resguardadas en la sopera, con los collares y otros atributos. Y están también en los altares. Tienen a sus pies ofrendas de frutos y dulces. Son las deidades que cruzaron los océanos en aquellos galeones cargados de tristezas, consolando a hombres encadenados como bestias.
Y como sus orishas tienen todas las pasiones y defectos de los mortales, Enriquito los describe con una familiaridad terrenal: "Ochún, la diosa del amor, es una mulata muy hermosa y sensual; su marido Changó , el del trueno y el rayo, violento e instintivo, un negro fuerte y apuesto; Obatalá es armonía, paz y bondad. A su lado está Yemayá, blanquiazul, la diosa de las aguas."
-En el canastillero hay un nacimiento del niño Jesús; ¿por qué?
-Somos muy sinceros y abiertos, tan santo es el de los cristianos como el nuestro; es nuestro Olofi.
-¿Y por qué los angelitos negros?
-¿No van al cielo también? Yo quiero que me digan: ¿adónde van a ir?
-¿Cómo usted ve la lucha eterna entre el bien y el mal?
-Los dioses nos dictan un camino a seguir. Si las cosas no salen bien es porque los humanos somos imperfectos. Pero si el mal no existiera, la vida no tendría un porqué y las mentes estarían dormidas, pues el bien no tendría frente a qué imponerse y crecerse. Creo en el diablo como representación negativa, aunque el Infierno lo hemos creado los hombres aquí en la Tierra, y Dios no puede venir a arreglar esos problemas.
En el comedor, un mural a toda pared refleja el drama de la esclavitud y cede un espacio a otra imagen: un toque de blancos y negros, en el que una rubia de ojos verdes se contorsiona gozosamente. Nuestra religión no puede ser racista, porque las almas no tienen color. No tenemos el confort y la pompa de otras religiones poderosas...
Una creyente entra de improviso, solicitando una consulta, y Enrique la cita para la tarde...
Pasamos al cuarto dedicado a las deidades del Palo Monte; allí está la nganga que invoca todos los poderes y caprichos de la naturaleza; y los altares de Sarabanda, Siete Rayos, Baluande...A un lado, fotos de los antecesores, la imagen lejana y amarillenta de su abuela, la negra conga esclava que le trasmitió los secretos y nos sigue mirando con ojos tristes y enigmáticos...recortes de entrevistas que le han hecho en revistas y periódicos extranjeros...gruesos álbumes donde los visitantes, creyentes o no, han estampado palabras tan hermosas como las de una periodista italiana: 
"Me gusta pensar que hay quien tiene espíritu de paz y amor. Estamos en un mundo difícil y solo teniendo fe, el mal se puede vencer".
-¿Y cómo son sus relaciones con el Gobierno?
-Son muy buenas. Con los compañeros del Poder Popular y del Partido del municipio hay amistad y fraternidad. Me siento muy honrado conque se me haya otorgado la Medalla de la Villa, y algo tan hermoso como la réplica de la tribuna desde donde habló Martí en el Liceo de Guanabacoa. Además, aquí recibo a muchos visitantes extranjeros: personalidades, artistas, científicos, políticos; y los atiendo. Las relaciones y el prestigio que ha adquirido esta casa se los debo a la Revolución. Y Fidel es un privilegio de la naturaleza, los orishas lo protegen...
-¿Qué representa para usted África?
-Una añoranza...cuando la guerra de Angola, muchos ahijados míos que iban a cumplir misión internacionalista, venían aquí a depositar su fe en mi, a que los protegiera. Y yo mucho que rogué a los santos para que los ampararan. Era una manera de estar allí con ellos, de acompañarlos...
Al final, nos conduce al patio donde se celebran las ceremonias religiosas y festividades. Nos considera ya sus amigos. Y con la misma elegancia que nos recibió, agradece la visita: Ustedes han hecho resplandecer esta casa.
Nos muestra la siguaraya de Changó, y la ceiba majestuosa que se bifurca en dos troncos jimaguas: "Cuando ya mi alma se aparte de este cuerpo, ella seguirá ahí...mientras tanto, quiero seguir disfrutando de esta, mi vida acá en la Tierra."

(Tomado de una entrevista publicada en Juventud Rebelde)

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