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OSCAREADOS, AMABLES Y DISTINTOS
Joel del Río |
La
Habana
Steven Soderbergh y Benicio del Toro han estado en Cuba a escasos meses de haber sido oscarizados, respectivamente, como el mejor director y el mejor actor (secundario) del cine norteamericano durante el 2001.
Optaron por venir a la Isla como mismo lo hicieran nume-rosos artistas e intelectuales norteamericanos de buena
voluntad, alentados por el deseo de conocer, intercambiar, compartir. Vinieron a enterarse de primera mano quiénes so-mos y qué estamos haciendo en términos de cine. Además, Steven y Benicio también quisieron exhibir aquí su más
reciente película, la ya célebre Traffic, que alcanzara cua-tro de los cinco premios Oscar a que fuera postulada, aun-que por supuesto su trascendencia es intrínseca, y no se apoya en el boato ni en las jerarquías académicas.
A diferencia de otras luminarias que nos han visitado, Steven y Benicio no se negaron a los múltiples contactos con sus colegas cubanos ni con la prensa ni con sus
admiradores. Sosegado y racionalista el director, totalmente
desalmidonado y chispeante el actor, fueron los anfitriones ideales, complementarios, para todo el que quisiera
enterarse sobre las interioridades de una película al menos ho-nesta, crítica, rigurosa y profunda, por sólo hacer mención de algunas virtudes.
OBVIEDAD: TODOS LOS STEVEN NO SON SPIELBERG
Soderbergh rodaba cortos desde que tenía 13 años, después hizo video clips (en 1986 el consagrado al grupo Yes fue reconocido por el Grammy). Con 26 años, en 1989, ganó la Palma de Oro por Sexo, mentiras y video, que lo ubicó en el pináculo del cine independiente y artístico norteamericano. Por aquellos tiempos decía: "Debemos hacer películas más inteligentes que las de la gran industria", después, a lo largo de títulos tan desiguales como Kafka, Un romance pe-ligroso y Erin Brokovich intentó conservar sus posiciones en favor del rigor y la diversidad, mediante un cuidadoso conciliábulo entre arte e industria. Mientras estuvo en
Cuba se le escucharon afirmaciones realmente ilustrativas so-bre tan polémicas aleaciones:
"He podido realizar películas independientes y también vinculado a los grandes estudios. Muchas veces es un
problema de magnitudes y de dinero, hay filmes, como Traffic, cuyas dimensiones son imposibles para una producción inde-pendiente y entonces hay que vincularse a un estudio
poderoso.
Aparte de los resultados que pueda tener en cuanto a la dirección de actores, prefiero no molestarlos, a menos que estén mal encaminados. Me concentro en el aspecto visual de la historia, una inclinación que se debe a mi formación
como fotógrafo. Por ejemplo, en Traffic, me pareció necesario que cada una de las tres historias (la de Washington, la de Tijuana y la de San Diego) tuviera un estilo visual y una gama de colores diferente.
"Me aventuré a hacer Traffic, como versión muy libre de una serie de televisión británica, porque me pareció audaz la idea de mostrar la problemática de la droga desde varios puntos de vista (traficantes, autoridades y víctimas de va-rios niveles sociales), pero el contenido podía ser dema-siado melodramático, por eso opté por la objetividad y por el estilo de la cámara en mano que persigue a los actores, a la historia, en un estilo casi documental. Por esa
intención realista, esta resultó ser también una película
bilingüe, porque respetó incluso --a despecho de las reservas del estudio encargado de producirla-- los parlamentos en español de los actores que interpretan personajes
mexicanos".
EL RELAJADO BENICIO
A Benicio del Toro probablemente le encantaría el estri-billo que repiten nuestros conductores de guagua para
despejar los pasillos, aquello de "relájate y coopera" parece ser un principio inalienable que el formidable actor
proyecta y aplica en su actitud desinhibida, franca, apoyado en la más cordial irreverencia. Fue una agradable sorpresa el paso por Cuba de este formidable actor, devenido
estrella de primera magnitud y parece que, en su caso, no será para mal.
"Los buenos papeles, como el de Traffic, yo los hago como quien se cocinara una pizza surtida: un poco de de esto y otro poco de lo otro. Primero hace falta un buen cuento, después voy depurándolo, investigando por mi cuenta, bus-cando información. Todo el mundo debe aportar en un trabajo colectivo como es el del cine, yo me lo creo, por eso en el rodaje tengo costumbre de preguntar mucho, agitar, incluso molestar un poco.
"Soderbergh es adorado por los actores porque, como suele ser también el fotógrafo, está muy conectado con los
actores y con la escena sin necesidad de gritos ni de
monitores. Me permitió desenvolverme a mi modo, y habíamos habla-do tanto antes de empezar a filmar que luego no hacía falta palabras. Teníamos claro y alineadas las tres preguntas fundamentales que debe hacerse todo actor: de dónde viene el personaje, qué quiere y adónde va.
"Puede que influya la compañía, a uno le gusta actuar con gente como Michael Douglas, Robert de Niro o Johnny Depp, pero para mí lo principal es el guión, el cuento, después hay que interpretarlo, porque no es lo mismo hacerlo que interpretarlo. El boom latino en Hollywood ha existido
desde el cine mudo, ahora hay muchos actores pero pocos
escritores y directores latinos. Ahora hay un interés creciente en la latinidad y eso se debe aprovechar, tenemos que asu-mirlo nosotros mismos, y no esperar sentados a que otros lo hagan. Después del Oscar ¿qué cambios voy a hacer? Ninguno. Con la estatuilla en la mano soy el mismo que hace unos me-ses, eso no cambia nada importante en mí. Claro, tengo que ser más oportuno y cauteloso, pero seguiré alternando pelí-culas industriales e independientes, como hacía antes del premio".
Aunque fuera exhibida durante varios días en el Chaplin, presumiblemente Traffic será mostrada en otras ocasiones. Entonces será el momento para reflexionar respecto a una película que, amén de algunas generalizaciones que la
empañan, resulta altamente digna, cuestionadora e impactante, con actuaciones de muy alto calibre (aparecen 135
personajes con diálogo), impecables fotografía y edición... en fin, un producto muy por encima de la media industrial, gracias sobre todo a una estructura equilibrada,
abarcadora, a la sombría fluidez con que transcurre y a la
capacidad de matizar las tinieblas inherentes a realidades
sumamente complejas.
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