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SILVIO NO REGRESÓ: LOS YANQUIS NO LE DAN VISA

José Pertierra en La JiribillaEsa noche del concierto fue muy especial, porque se forjó una dinámica especial con la cual descubrimos que, a pesar de vivir en las entrañas del monstruo, podíamos respirar oxígeno cubano muy a menudo.

José Pertierra |Washington

Yo era un estudiante de Filosofía en la universidad de Georgetown en Washington, DC en el año 1978, cuando me enteré de que llegaban dos trovadores cubanos a New York. Pablito y Silvio. Junto con unos amigos cubanos residentes de Washington (Luis Rumbaut, Sylvia Correa, Rafael Betancourt, Josefina Hernández) organizamos un pequeño concierto en la universidad de Georgetown y los invitamos a la capital para que cantaran en la universidad. 

Había escuchado sus canciones en discos, pero eso no me preparó para la experiencia de los próximos días. Dos poetas cantautores cubanos que llegaron a estremecer la capital del imperio. Cantaron con humildad, cariño y orgullo nacional. 

En esta ciudad habían asesinado a Orlando Letelier solamente dos años antes (1976) de ese concierto. En Georgetown estudiaba también ese año el hijo de Letelier. Pablito y Silvio le dedicaron al muchacho (quien estaba presente) la canción "Yo pisaré las calles nuevamente de un Santiago ensangrentado..." Él lloraba con todos los que estábamos presentes. Los desaparecidos y asesinados chilenos estaban presentes en ese pequeño auditorio de la universidad. 

Escuché esa noche "El Mayor", de Silvio con escalofríos en mi piel. A través de esa gran canción, los próceres de nuestra guerra de independencia como Ignacio Agramonte y Loynaz se realizaron en la gloria de la gran hazaña que se está realizando en la Cuba revolucionaria. 

Llegaron también unos manifestantes al concierto. Cubano-americanos jovencitos que estudiaban en la universidad. Al inicio del concierto, Silvio y Pablo los desarmaron cantando nuestro Himno Nacional. Después del Himno, los manifestantes se callaron y escucharon el concierto en silencio y con respeto. (En el 1978 cuando llegaron Pablo y Silvio a Washington, la embajada -Sección de Intereses- cubana acababa de abrir hacía solamente uno o dos años.)

Después del concierto, fuimos a la casa del embajador (Ramón Sánchez Parodi) con Silvio y Pablo. Ahí conversamos, cantamos, nos reímos. Nos relacionamos con los cubanos que trabajan en la embajada. Ellos nos llegaron a conocer mejor a nosotros, y nosotros a ellos. La noche era fría y se veía el aliento en el aire. Pero en la casa de Parodi había un calor cubano que nos hizo olvidar temporalmente al frío y al hecho de que vivimos geográficamente tan lejos de Cuba. 
Esa noche del concierto fue muy especial, porque se forjó una dinámica especial con la cual descubrimos que, a pesar de vivir en las entrañas del monstruo, podíamos respirar oxígeno cubano muy a menudo. 

Silvio nunca regresó. Los yankis no le dan visa. Pablito solamente ha regresado en otras dos  ocasiones. Pero la relación con los artistas, escritores, funcionarios y otros ciudadanos cubanos es parte de nuestras vidas cotidianas en Washington. La embajada es ahora un oasis en medio del desierto cultural y político de Washington. Las regulares visitas de los cubanos a EE. UU. nos dan una transfusión de sangre cubana cada vez que pasan por acá. 
Para mí, todo eso comenzó esa noche fría de 1978 aquí en Washington. Gracias a Silvio y a Pablito.

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