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GRANMA
La muerte de un solo día,
la muerte que es muerte y vida,
la muerte que con su forma
se proyecta en espiral,
la muerte que me hace andar.
La muerte que es bienvenida,
la muerte de un gran momento
la muerte que llevo dentro,
la muerte que llega solo
como un punto de partida.
La muerte entre ochenta y dos,
la muerte de veinte mil,
la muerte vive entre doce
nunca temiendo morir,
la muerte para vivir.
Qué sabrá mi niño de doce olas,
que no se posaron junto a la arena,
qué sabrá mi niño de doce olas,
que cogían camino al coger vereda,
qué sabrá mi niño de doce olas,
que no se rompieron en el peñasco,
qué sabrá mi niño de doce olas,
que volaron tras empujar su barco.
Los niños conocen la edad del cielo,
y lo que a los viejos se nos esconde,
y querrán tener más calor de fuego
porque es una bala por cada hombre.
Creo que no bastan doce retratos,
creo que no basta el manual de historia,
creo que no basta cantar a ratos,
creo que no basta con la memoria.
Creo que no bastan las cicatrices,
creo que no bastan los juramentos,
creo que no basta con ser felices,
hasta el continente de monumentos,
sólo el continente de monumentos.
Granma.
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