DE MEMORIA (Y PARADOJAS)
Guillermo Rodríguez Rivera |
La Habana
No pude estar en el encuentro de LASA que en abril de este año se efectuó en Miami. Supe, sólo por referencias de amigos participantes- hasta ahora que acabo de leerla- de la ponencia presentada por Jesús Díaz en torno a
El Caimán Barbudo y Pensamiento Crítico, y de la respuesta que improvisó allí Aurelio Alonso.
Pero claro, el repentino comentario de Aurelio sólo podía referirse a
Pensamiento...de la que, como Jesús, fue coeditor. Por ello, creo que ahora, desde mi mesa de trabajo y con mucho más reposo que Aurelio puedo comentar las referencias que atañen a
El Caimán... porque fui yo su primer Jefe de Redacción, a propuesta del propio Jesús.
La publicación surgió como fruto de varias preocupaciones y voluntades. La de Miguel Martín, entonces primer secretario de la
UJC (no sé por qué Jesús no lo menciona); la de Miguel Rodríguez Varela, entonces director del vespertino
Juventud Rebelde, órgano de la UJC, porque El Caimán Barbudo iba a ser su suplemento cultural; y la del propio Jesús, recién estrenado premio Casa de las Américas por
Los años duros, libro que ciertamente era juvenil pero que a mí no me parece
prescindible (como él dice en su ponencia) porque, en más de una dimensión, allí se estaba iniciando un nuevo momento de la cuentística cubana, que posibilitaría los relatos posteriores de Norberto Fuentes y Eduardo Heras León, e incluso la novela
Las iniciales de la tierra, del propio Jesús. Jesús, Norberto y Heras constituyen la cuentística de la época heroica de la Revolución Cubana, que yo creo estética y sociológicamente imprescindible.
Puede ser que Jesús prefiera ahora olvidar aquella (larga) temporada de militancia izquierdista que recientemente abandonó pero, como decían mis clásicos latinos, quod scripsi, scripsi.
Son bastante veraces- siempre se añaden los lógicos matices de la apreciación- los comentarios de Jesús sobre los diversos funcionarios que "controlaron" el
Caimán...aunque, al menos yo, nunca fui citado para aquella planeada y frustrada reunión con Ángel Ribot, de la que escribe Jesús. Sí estuve en la que cesó la dirección que integrábamos, y en
ella ( hasta donde recuerdo), estuvieron Alberto Rodríguez Arufe, Eduardo López Morales, Alejandro Álvarez Jané y Félix Sautié, entre otros.
La razón esgrimida para el cese del Consejo de Redacción actuante, fue la de ampliar el número de colaboradores de la publicación, aunque el
Caimán...había publicado toda firma de alguna importancia entre los jóvenes creadores del momento. De todos modos, como a casi todo grupo literario, se nos confería la invariable calificación de "piña".
La otra razón, nunca expuesta frontalmente aunque conocida, era que habíamos dado tribuna a Heberto Padilla para formular sus ataques contra la Revolución, cuando le solicitamos que escribiera una opinión sobre
Pasión de Urbino, la novela de Lisandro Otero. Padilla usó esa petición desbordándola y convirtiendo su respuesta en otra cosa. Pero ya estaba decidida la suerte del
Caimán... porque, además, creo que la propia UJC no estaba entonces preparada para él. Se habló- en la reunión que cesaba a la dirección y al Consejo de Redacción- de que quienes los integraban serían siempre colaboradores de la revista, pero no fue así, e incluso se le añadió al machón la aclaración "segunda época", como para desvincular totalmente al nuevo
Caimán... del original.
No creo que, casi dos años después, tuviera algún peso en esa decisión de cambio, la autocaricatura de José
Luis
Posada (quien, además, diera nombre a la publicación) aparecida en el número inicial, en la que se mostraba, sanamente, como vino al mundo.
Sin embargo, me parecen muy exageradas o arbitrarias otras apreciaciones de Jesús sobre diversos momentos del proceso cultural cubano.
Mi amistad con Jesús se remonta a esos años, incluso un poco más atrás de ellos, y se ha mantenido contra viento y marea. Pero, como a veces discrepamos, podemos ir ensayando ese estado de democracia que queremos y decirnos algunas verdades. Por supuesto, las de cada cual. Sobre todo, porque Jesús nunca vacila para escribir las suyas.
Yo entré a El Caimán... con mucho menos radicalismo que Jesús. La mía era una idea generacional de lo que debía ser nuestro trabajo literario, pero jamás "me picó" el impulso parricida de acabar con nuestros mayores que él menciona en su ponencia. Tenía 22 años y era poeta o quería serlo: nunca tuve ni he tenido la vocación de político. Fayad Jamís fue mi primer editor, como lo fue de Víctor Casaus, también fundador de
El Caimán...; tanto Luís Rogelio Nogueras, como Orlando Alomá y yo, admirábamos a Roberto Fernández Retamar y a Heberto Padilla, para no hablar ( entre los poetas) de Tallet, Guillén, Lezama, Eliseo Diego y Cintio Vitier.
Acaso Jesús no lo sepa, pero yo estuve vinculado a El
Puente, y entregué unos poemas para la segunda Novísima poesía
cubana, que esa editorial iba a publicar y que no llegó a aparecer.
El Puente era, entonces, la única editorial para jóvenes escritores, aunque yo tenía claras discrepancias con la estética dominante en ella, como se manifestó en una polémica que sostuve, en las páginas de la revista
Unión, con Gerardo Fulleda León, a propósito de un poemario de Domingo Alfonso.
Pero, también, esas discrepancias eran ideológicas, especialmente con José Mario, su director, que fue (si los hubo)el autor emblemático de
El Puente. Miguel Barnet había editado su primer libro,
La piedrafina y el pavorreal, en Ediciones Unión. En
El Puente sólo editó un mínimo ( en tamaño y en importancia) cuaderno. Nunca fue un "puentista" orgánico.
Me sorprende muchísimo que Jesús escriba ahora, lamentándolo, que en su polémica con Ana María Simo mezcló literatura y política, porque su discrepancia con ella y con la editorial era esencialmente política, aunque fuera también literaria.
No sé cómo lo habría tomado Jesús si hubiera sabido entonces de mis contactos con
El Puente, pero Wichy Nogueras había inventado la existencia de una fantasmagórica organización represiva que se llamaba la DIGEFLAC (parodia de la DIGEPOL), destinada a represaliar las "debilidades" ideológicas de los integrantes del consejo de redacción de
El Caimán...Era, claro, la Dirección General del Flaco, como llamábamos a Jesús. A la DIGEFLAC la acompañaba el BRAR( Buró de Represión de Actividades Robertianas), cuyo objetivo era perseguir a los que se excedían en elogios a Roberto Fernández Retamar: sus más obvios objetos de ataque éramos Alomá, el propio Wichy y yo. El jefe de todo el supuesto aparato, según el permanente humor de Wichy, era Jesús.
Aunque no me interesaba la poesía de José Mario ni de otros "puentistas", sí les propuse a mis amigos- y excelentes poetas- Nancy Morejón y Miguel Barnet, suscribir el manifiesto que
El Caimán...editó en su primer número. Si no figuraron allí, fue porque no quisieron, seguramente con buenas razones. Entre otras, que ambos tenían mucho más trabajo poético que los casi desconocidos que suscribimos aquel "Nos pronunciamos", y que no nos lanzábamos a pontificar sobre un arte que apenas habíamos ejercido.
Jesús califica tanto a El Caimán...como a Pensamiento Crítico de "autónomos", y lo atribuye a que "el mecanismo de control de la prensa por parte de las instituciones políticas recién creadas -UJC y PCC- no estuviera aceitado del todo, lo que daba un margen, estrechísimo, es cierto, para que se produjeran disensiones y sorpresas".
Acaso las historias de los "controladores" de El Caimán... desdiga la idea de "autonomía" que Jesús le atribuye a la publicación, aunque quizás el escaso éxito de la gestión que emprendieron, pudiera referir a lo "poco aceitado" del mecanismo de control. Es difícil asegurarlo, treinta y cuatro años después.
Pero aquí habría que aclarar algunas cosas, me parece.
En primer lugar, vale la pena precisar que en Cuba nunca ha existido una "censura" como la que hubo, por ejemplo, en la España franquista. En ese sentido, casi todas las publicaciones cubanas, sobre todo las culturales, eran (son) más o menos autónomas, y dependían, en una altísima medida, del punto de vista y de la voluntad de sus editores.
En cierto sentido, El Caimán... era menos "autónomo" que otras revistas, porque era editado por la UJC y dependía directamente de esa organización política.
Como botón de muestra, hay que decir que en la publicación no se podía editar la obra de ningún joven homosexual: estuvimos meses, sin éxito, tratando de incluir en la revista un relato de
Miel sobre hojuelas, de Reynaldo González. Ello no ocurría entonces, por ejemplo, en las revistas literarias de la UNEAC.
Pero Jesús ve la represión como un ineluctable destino que se va "cerrando" sobre la creación en Cuba, y que cada día se "aceita" más. Ese mecanismo se "aceitó" en efecto hacia 1971, con el Primer Congreso de Educación y Cultura (que llevó al poder cultural a los hombres adecuados para ello, los que tenían la "aceitera" en la mano), pero hoy nuestra literatura es no sólo más libre que en esa década de los 70, sino que se editan textos que la "autonomía" de
El Caimán...nunca hubiera conseguido publicar en 1966.
Los epitafios a los que Jesús refiere y que considera como obra del grupo fueron, en su inmensa mayoría, escritos por Luís Rogelio Nogueras y por mí, en los tiempos en que nos dedicábamos a pasar nuestro forzado tiempo libre- nadie nos publicaba nada- escribiendo una novela policial. Hay muchos, pero entre los que Jesús publica no reconozco los de Lisandro Otero y Manuel Cofiño. Yo no los hice ni se los escuché nunca a Nogueras. Por otra parte, estoy seguro de que Wichy nunca hubiera escrito unos versos( como en el epitafio de Cofiño) donde cojea un octosílabo entre endecasílabos; o ( como en el de Lisandro) en el que un primer dodecasílabo disuena entre tres versos de once sílabas.
Eso ocurre en el primer lustro de la década del 70, inmediatamente después del Primer Congreso de Educación y Cultura. Quiero decir: al menos tres años después de salir Wichy y yo de
El Caimán...Raúl Rivero, también mi amigo personal, es un hombre de un rebosante sentido del humor, pero no escribió ninguno de los epitafios, como tampoco Jesús. Los epitafios eran la riente catarsis y la diversión de dos escritores en interdicto, como no lo estaban entonces Raúl ni Jesús. Y no aspiraban a "matar" a nadie, sino apenas a alegrarnos un poco satirizando a los vivos.
A partir de ese Primer Congreso ( afortunadamente, fue uno solo), Wichy y yo sufrimos la tácita pero inflexible prohibición de varios años sin publicar. Yo estuve a punto de perder mi plaza como profesor en la Universidad de la Habana, y Nogueras fue impugnado por su organismo, el Instituto Cubano del
Libro ( cuyo vicepresidente era Miguel Rodríguez Varela, quien dirigió el ataque contra él) y condenado a trabajar como operario, por dos años, en un taller gráfico.
Después de 1971, en lo que se ha llamado "el quinquenio gris" o "la década oscura", el único poeta de
El Caimán...plenamente aceptado, editado y promovido por las esferas del poder cultural cubano fue Raúl Rivero, quien devino casi en el joven poeta oficial del país. Paradojas de la historia, ¿no?
Después de trasladarse de la Universidad de la Habana, Jesús se convirtió en realizador cinematográfico en el ICAIC y llegó a ser el Secretario General del PCC en ese organismo. No creo que le dañara para nada ser el autónomo editor que hiciera publicar "Vuelo 134 y Asalto al tren central: fracaso de los
transportes ICAIC", a pesar de ser considerada esa crítica cinematográfica como "atentatoria contra una institución estatal".
Jesús dice que el poder que cerró Pensamiento Crítico
(cabría añadir, y que también cesó nuestra dirección de
El Caimán...) se ha mantenido en el mando desde entonces, pero también es cierto que es el mismo poder que permitió y aún patrocinó la aparición de ambas publicaciones. Porque aunque es el mismo poder, no son iguales sus desempeños culturales en 1966, en 1971 o en el 2000.
Hasta donde yo sé, Las palabras perdidas- excelente novela, por demás- estaba en el plan editorial de Letras Cubanas cuando Jesús abandonó el país y eligió el exilio.
Cuando Jesús fue destituido como director de El Caimán..., fue nombrado director de literatura del Consejo nacional de Cultura, mientras yo me fui a trabajar a la revista RC, con Lisandro Otero como director, quien al poco tiempo me dejó cesante. Estuve varios meses sin empleo, hasta que Fayad Jamís me acogió ( y casi recogió) en la revista
Unión. Fue a fines de 1968 cuando inicié mi trabajo como profesor universitario, en Oriente.
Jesús dramatiza las historias de Eduardo Castañeda (quien llamó por teléfono a la mujer que lo había dejado, para hacerle oír el balazo que se iba a disparar) y la de Miguelito Rodríguez, evidentemente enloquecido al final de su vida hasta ahorcarse. Jesús, novelista y guionista de cine, conoce la efectividad de la secuencia de los "motivos" en una trama, pero la disposición que hace de ellos, no le concede carta de "suicidios políticos" a
ambas muertes. Como he dicho, Miguelito se desempeñó buen tiempo como vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, y mantuvo allí sus posiciones bien oficiales, muy alejadas de lo que pudiera parecer cualquier clase de rebeldía.
Hay que ver la historia de El Caimán...desde una dimensión pluralista, que más de uno haga memoria y que, pese a lo que de allí salga, Raúl, Jesús y yo no dejemos de ser amigos.
He colaborado con Encuentro...desde su aparición y sigo haciéndolo, a pesar de que la revista es cada vez más, otra publicación del exilio cubano- mucho mejor que la mayoría, es verdad -, pero no el proyecto que quiso ser en sus orígenes. Jesús Díaz ha sido mi amigo por muchos años, y eso no se rompe fácilmente, ni tiene por qué romperse. Como se ve, yo también, como la historia, tengo mis paradojas. Pero me apena ver a Jesús renegar de un pasado que fue el de la esperanza de unos cuantos muchachos ("adolescentes con guitarras", nos llamaba él cuando nos reuníamos con Silvio) que querían el imperio de la belleza y de la justicia en su patria y en el mundo.
Aun cuando la realización de esa esperanza se haya alejado, incluso aunque fuera totalmente inalcanzable, ello no le resta un ápice a su grandeza. Ahí, prefiero seguir al viejo poeta Enrique Hernández Miyares quien, ante el triunfo del caballero de la Blanca Luna, le sugería a don Alonso Quijano la respuesta que el hidalgo iba a dar de todos modos: "dí que siempre será la más fermosa".
Creo que podemos y aún debemos decir todas las verdades, contar todos los hechos. Entre otras cosas, para que no se repitan: para no quedar condenados, como dijo Santayana, a volver a vivirlos. Pero sin renunciar a una auténtica, fiel memoria que incluya, por qué no, todas las paradojas. Si no es así, casi no vale la pena recordar.
La Habana, julio del 2000
|