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LA IRREVERENCIA DE EL
CAIMÁN BARBUDO Trescientos Caimanes después, y cuando algún personaje ansioso de publicidad inventa la leyenda de la persecución, el escándalo y la quiebra para justificar de algún modo ciertas grietas personales, los que hoy hacemos El Caimán Barbudo, convocamos este encuentro con aquellos que hace treinta y cuatro años, pese a los errores y gracias a las maravillas, tuvieron y tienen algo que decir. Nuestra intención es, además de homenajearlos, rescatar de sus palabras las esencias de una época que estuvo marcada por el compromiso más fiel y amoroso con la única y verdadera progenitora de una publicación que casi lleva su nombre: la Revolución Cubana
Mesa Redonda efectuada
en la Editora Abril. Año 2000.
Guillermo Rodríguez Rivera: Antes de que apareciera El
Caimán existían entre los jóvenes movimientos culturales, artísticos y literarios. Pero respecto a la concreción de la revista, estaban Miguel y Jesús Díaz, que acababa de ganar el Premio Casa de las Américas. Entonces Jesús era profesor de filosofía en la Universidad de La Habana; fue mi profesor allí. Miguelito era el director del periódico
Juventud Rebelde.
El Caimán iba a aparecer como un suplemento del periódico, por lo tanto, él tenía una responsabilidad mayor sobre El Caimán. Y Jesús me llama a mí porque sabía de mis conexiones con una serie de jóvenes poetas. Yo estaba en la Brigada Hermanos Saíz, que todavía no era Asociación... Yo reunía a la gente. Los dos Félix, Contreras y Guerra, Víctor, Froilán Escobar. Wichy que no lo conocía ninguno de ellos porque Wichy era estudiante de Letras. Como yo acababa de terminar Letras lo conocía; lo incorporo al grupo con sus primeros poemas. Y así surge
El Caimán... El nombre es de José Luis Posada. A él se le ocurre el nombre y el símbolo.
Elsa Claro: Yo recuerdo el día exacto en que se le puso nombre a
El Caimán Barbudo. Estábamos en el local al fondo de este mismo edificio, uno de los sitios donde originalmente nos reuníamos para discutir. Estaba Posada dibujando. Hace primero un caimán partiendo de la idea de la isla de Cuba. Dice: "A este caimán le falta algo para poderlo mover. Yo le puedo poner un fusil al hombro, esto o lo otro, pero le falta algo". Y a mí se me ocurrió, no sé por qué, decir barbudo. Y él dijo: "Eso mismo,
El Caimán Barbudo"... La mayor parte de las ideas iniciales de
El Caimán surgieron así, conversando, discutiendo, hablando, complementándose unos con los otros. Anteriormente, yo había ido con Jesús Díaz, a la UNEAC precisamente, a buscar el nombre en la biblioteca; íbamos porque sabíamos que existía El Lecho de la
Ballena, El Cuerno Emplumado. Buscábamos un nombre similar. Después es que sucede lo que
conté antes. Es una reunión de trabajo. Ahí, tiroteando, uno con una guitarra, el otro por allá. Estaban Froilán, Mariano Rodríguez Herrera y me parece que
Janer.
Juan Ayús: Yo también estaba allí. Y no pongo en duda tu aseveración, pero a mí me gustaría más que el nombre fuera acompañado de la leyenda por el aporte colectivo.
Elsa Claro: Eso es lo que estoy tratando de hacer...
Juan Ayús: Lo que sí está claro es que El Caimán como tal es del gallego Posada.
Guillermo Rodríguez Rivera. Esta es una precisión que da Elsa que yo no conocía. Pero yo siempre he recordado que fue el gallego el que le puso el nombre. Lo cual no significa nada.
Elsa Claro: Aquí lo interesante no es eso, sino lo que dice Ayús. Es un trabajo que salió del colectivo, del grupo.
Guillermo Rodríguez Rivera: Tenía que ser del grupo porque aunque fuera idea de cualquiera tenía que ser una idea promovida y auspiciada por los demás...
Elsa Claro: El Caimán fue de Posada, el diseño y todo eso. Yo me estoy refiriendo a otro factor porque fue un síntoma de trabajo durante mucho tiempo...
Guillermo Rodríguez Rivera: La guerra se gana entre todos, pero siempre hay sus héroes. Hay las dos cosas. El trabajo del grupo y lo que hace cada cual. Bueno, siguiendo el tema. Jesús me conocía y fui su contacto con los poetas porque él no conocía poetas. Él, como profesor de filosofía, tenía el contacto con
Fernando Martínez, Aurelio Alonso, Ricardo Jorge Machado, que es una figura fundamental que debíamos
haber llamado... Entonces, de esta mezcla de cosas que se fueron integrando por distintos lugares, sale
El Caimán que tenía el propósito de no ser solamente una revista literaria, sino ser una revista de cultura y pensamiento en su sentido más amplio. No solamente un espacio de poetas o narradores, sino también de pensadores, de ensayistas, de gente que discurriera sobre lo que pasaba en la cultura cubana, en América Latina, en el mundo. Es la época de las guerrillas. Hay un momento fundamental en la política latinoamericana y
El Caimán recoge muchos trabajos en este sentido, la lucha guerrillera, etc. Es el año '66, el momento de la epopeya del Che. El Che no ha muerto, muere a finales del '67, todavía estábamos nosotros haciendo
El Caimán. Entonces a mí se me ocurre hacer ese manifiesto
"Nos pronunciamos" que fue muy controvertido y muy fresco. En eso fuimos muy atrevidos. Cuatro poetas que no habíamos escrito casi nada empezamos a teorizar sobre qué cosa era la poesía. Esa es un poco la audacia juvenil. Pero lo que me satisface es que la poesía siguió ese camino. Hasta entonces la única editorial que publicaba a los jóvenes era El Puente que tenía en ese momento el apoyo de la UNEAC. Muchos de los que hacíamos
El Caimán discrepábamos de las proyecciones estéticas e incluso políticas, de El
Puente, aunque algunos habíamos colaboradocon él. Yo, incluso, di algunos poemas para la segunda novísima poesía cubana que El Puente iba a publicar. Era muy amigo de Nancy Morejón que publicaba en El Puente, de Miguel Barnet, que no era orgánicamente de ese grupo, ya tenía su primer libro en la UNEAC, pero también había publicado allí...
Bueno, de estas fuerzas sale un poco El Caimán. Por supuesto, genera algún escándalo. Por sus pretensiones, los jóvenes suelen ser pretenciosos. Eso es parte de su encanto, de su fuerza. Y, naturalmente, siempre son un tanto irreverentes. Creo que nunca pretendimos negar a los mayores, aunque no nos deteníamos para criticar lo que se nos ocurriera criticar...
El Caimán no publicaba solamente autores noveles. Claro, la fuerza fundamental eran los jóvenes y no tenía sentido hacer otra cosa. Eran los que no se publicaban en otra parte, los que comenzaban. Siempre teníamos el pretexto de ser un poco peores que los autores maduros, podíamos darnos el lujo de publicar nuestros primeros poemas y cuentos.
Se dijo también que El Caimán era una piña. Siempre me he opuesto a eso; yo reto a cualquiera a que revise la publicación y me diga una persona que tuviera significación entre los jóvenes escritores cubanos que no aparezca en ella.
Están todos. Cada vez que existe un grupo es una piña; si no responde exactamente a lo que dice el director o el jefe, entonces ya eso es piña. Pero es que no hay otra manera de hacer la cultura. Se hace con grupos, con gente reunida por intereses culturales, burocráticamente no se hace cultura. Y cuando no tenían otra cosa que decirnos nos decían piña, pero casi siempre encontraban alguna otra cosa que decirnos.
El Caimán se atrevió a algunas cosas, y lo digo en
un artículo que va a salir en la revista
Temas, que la Juventud Comunista no estaba plenamente preparada para
El Caimán. La Juventud no tenía cuadros suficientes para trabajar con la joven intelectualidad cubana.
Elsa Claro: Yo creo que el premio de Jesús por Los años duros
es el más publicitado de todos los que se han dado en este país. Él era "la estrella".
Guillermo Rodríguez Rivera: Ese es un buen libro. Yo creo que ese libro es importante. Jesús habla mucha tontería. Ahora dijo que es un libro prescindible. Ese es un libro que abre un camino para la cuentística
junto con el chino Heras y Noberto Fuentes.
Elsa Claro: Pero yo me refiero al impacto, especialmente, de este premio...
Guillermo Rodríguez Rivera: Porque era el primer joven que empezaba a actuar en la Revolución que ganaba un Premio Casa de las Américas. Tenía 24 años, creo. Y además, históricamente es importante porque abre un camino a la cuentística que luego va a ser seguida: el tema épico de la Revolución, la lucha contra bandidos. Todo eso empieza ahí. Luego aparecen los libros de Heras y de Norberto. Los tres integran esa cuentística épica. Por eso creo que es importante. De prescindible no tiene nada. Puede ser que no le guste en este momento porque Jesús se pasa la vida ahora pidiendo perdón por todo lo que hizo. Ahora tiene una época de pedir perdón. Quiere arrepentirse de todo y eso es muy difícil. Quiere olvidar su temporada izquierdista que fue muy larga.
Por esa época se cometieron muchos errores, pero muchas posiciones erróneas eran un reflejo de la sociedad. Cuando Sartre vino a Cuba, señaló una de las características de la Revolución cubana que para él era buena (Sartre era muy prejuiciado con los soviéticos, parece que a la larga tenía razón); él decía que la Revolución cubana surgió sin ideología. En parte es cierto. La tendría Fidel, la tendría el Che, pero la Revolución cubana fue un movimiento sobre todo libertario en el sentido más elemental. ¿Cuál era el propósito primero de la Revolución? Derrocar a Batista y restablecer la Constitución del 40. Batista dio un golpe de estado, estableció una dictadura militar y había que liberarse de esa dictadura. Y participó hasta Carlos Prío Socarrás que de revolucionario no tenía
nada (lo fue tal vez un poquito en los años treinta). Participó Aureliano Sánchez Arango. Una serie de fuerzas. Claro, la fundamental es Fidel y luego, como segunda fuerza, pero muy cerca de Fidel, la relacionada con José Antonio Echeverría y el Directorio Revolucionario y el Partido
Socialista que al principio no estaba por la lucha armada, pero que se da cuenta de la importancia que va adquiriendo Fidel como líder del movimiento que desplaza a todo el mundo. Yo tengo una teoría. Estoy escribiendo un libro que se llama
Por el camino de la mar que es sobre los cubanos. El subtítulo es
Los Cubanos, cómo somos los cubanos. Es una especie de desvarío. Tiene como doscientas páginas ya. Aquí no ha habido líder que no haya tenido que arriesgar la vida si quiere que la gente pelee. El cubano es muy vivo. El que "los puso" arriba de la mesa fue Fidel Castro. Asaltó el Moncada. Y así, desde Carlos Manuel de Céspedes hasta Fidel Castro. Guillermo Cabrera Infante dice que en Cuba hay que ser suicida. Bueno, yo no creo que es tan así como él lo ve, tan radicalmente, pero para ser líder del pueblo cubano hay que arriesgar la vida
para mantener el liderazgo. No se concibe eso de que yo estoy en mi casa echándome fresco y tú te vas a morir. Por eso en Miami hay ese fracaso absoluto. Ninguno se la juega, todos están esperando que yo me muera para ellos venir a gobernar. Quién le dijo a ellos que eso es así. No conocen qué es Cuba. O sencillamente están viviendo de eso. Por qué Fidel se convierte en líder; porque es el que se la juega y la juventud cubana se nuclea en torno a él. Cuando Fidel Castro asaltó el Moncada en el '53 yo vivía en Santiago de Cuba. Y nadie sabía quién era Fidel Castro. En Santiago de Cuba no lo conocía nadie. Él aspiraba a representante por La Habana, lo conocen en el Partido Ortodoxo. Pero en tres años se convierte en el líder de la oposición cubana y toda la gente que tenía coraje para pelear contra Batista, Frank País, en Santiago, dice "con Fidel, que este fue el que asaltó al Moncada". Vamos a la parte de la ideología. La Revolución cubana cuando se hizo no era marxista, el marxismo se va incorporando. Y Fidel que tiene las ideas marxistas las va incorporando paulatinamente convenciendo al pueblo... ¿Qué es lo que pasa? La Revolución cubana se nutre de campesinos que eran machistas. ¿O qué tú crees que eran los barbudos, gente formada en Harvard? Eso era una mezcla de machismo con
cristianismo y abakuá. Y ha sido complicado, por
ejemplo, entender el problema del homosexualismo, ha tenido que ser con el paso del tiempo. Que hubo gran discriminación contra los homosexuales,
si la hubo y la única manera de que la historia no se repita es
conocerla. Dicen que los pueblos que no conocen su historia están condenados a vivirla otra vez. Entonces más vale saber bien lo que pasó para no volver a hacerlo...
Félix Guerra: Más que referirme al folklor de la época, me gustaría hacer una síntesis de las cosas que podemos sacar en consecuencia de aquel tiempo tan rico en todos los terrenos. En cuanto a realizaciones y errores cometidos. Ese es el sedimento que le queda a uno para después trabajar el futuro. Es el verdadero tesoro, pero bueno eso va a llevar un tiempo bastante largo, primero tenemos que salir de la etapa anecdótica
folklórica, que si fulanito dijo, que si aquel era... Lamentablemente, tengo que marcharme. Si hubiera otra mesa redonda yo vendría con gusto y diría mi parte porque creo que tengo cosas que decir. No en detalle, porque yo no fui de los que más viví en los primeros tiempos, pero no dudo de que hay lecciones en todos los sentidos, buenas y malas, y me hubiese gustado hablar sobre lo de Wichy. El manido tema de Wichy que sin querer lo hemos convertido en un fetiche generacional, un tabú. Y yo pienso que no es ninguna gloria ni ningún mérito morirse. Desgraciadamente, creo que lo peor que pasó fue que se murió, porque si no se hubiese muerto hubiera dejado una obra mejor. Y hay que hacer un culto a lo que tenía Wichy y que tienen muchos otros que aún siguen vivos, afortunada o desgraciadamente, el talento.
Y antes de irme quiero decir qué pienso del "Nos pronunciamos" -lo volví a leer ahora- me parece de una transparencia muy grande. Es increíble que eso haya surgido de ese grupo. No hay dudas de que salió del espíritu de una época. Eso necesita un estudio. Porque es el primer grupo dentro de la Revolución y además, durante mucho tiempo en la historia del país, que se pronuncia. Eso tiene una significación: política, estética, cultural...
Por otra parte el "Nos
pronuciamos" no es una respuesta a ninguna tendencia del momento. Cada cual seguramente tiene su opinión. Está la gente de El Puente, pero yo creo que surge como la concreción en esos primeros años de un pensamiento realmente revolucionario que a nosotros nos parecía infalible en aquel momento. Aquello de no cantarle
a la Revolución que hoy parece tan actual, sino
desde, para, etc, me parece que es la mayor conquista estético-ideológica de la época. Habría que hacer un buen análisis. Hoy, treinta y cinco años después, estamos en condiciones de hacerlo. Ya no hay los prejuicios ni están las personas que impidieron medir con justeza aquel gesto que no es generacional y que no es ni siquiera grupal. Aunque
El Caimán fue un grupo, no fue grupal. Todo el mundo en aquel momento estuvo de acuerdo, entre los más jóvenes e incluso los más viejos. Recuerdo conversaciones que tuve con Lezama, con Cintio y con algunos otros que no vieron en eso un problema. Eso es un problema ideológico adicional que se le pone encima por parte de algunos personajes que han desaparecido de la vida de la cultura nacional y que no significan nada en lo absoluto. Eso hay que analizarlo, es un fenómeno importante. Y si se puede discutir, o no, que somos la primera generación, cosa que a mí no me interesa si somos primeros o segundos, pero sí, son los primeros que se pronuncian, que tienen una coherencia, una fuerza como para hacer que dentro de una organización como es la
Unión de Jóvenes Comunistas surja esta publicación con sus contradicciones, pero que es uno de los grandes sucesos culturales de esa década. Y ese grupo esencialmente está ahí, trabajando. Y salvo los que se han muerto y los que se han ido, y se han ido de todo, hay una razón esencial de esa creación y de la obra que está ahí como una piedra que no podemos tirar por la ventana, sino una piedra que nos pertenece, que es de nosotros...
Guillermo Rodríguez Rivera: Nosotros explicamos, ¿por qué Pablo, por qué Rubén, por qué Julio Antonio? Saltamos un poco en busca del primer pensamiento revolucionario cubano en el sigo XX. Primero está Martí, pero nosotros nos vamos a la concepción más moderna o más actual de la Revolución: Julio Antonio Mella, Pablo de la Torriente Brau y Rubén Martínez Villena. Fue una especie de declaración, no un manifiesto.
Félix Guerra: Hay dos cosas que yo observo: nuestra política cultural actual tiene una semejanza con ese manifiesto increíble. Hemos evolucionado hacia ese manifiesto. Desde duras y grises etapas hemos evolucionado, afortunadamente. De todo lo que ha ocurrido, uno de los sucesos que hace más felices a los cubanos y a los revolucionarios, gente de avanzada, progresista, es que hemos avanzado en esa dirección culturalmente. Hacia un sentido unitivo, cohesionante, de asumir nuestros valores históricos desde el siglo pasado. Y de que la futuridad no es una escasez de pasado, sino un rehacer...
Guillermo Rodríguez Rivera: Sobre los hombros de los gigantes...
Félix Guerra: Sobre los hombros de los gigantes, rehacer una obra hacia el futuro. No es falta de antecedentes. Lo que está en "Nos pronunciamos" va a nuestras raíces, representa lo mejor. Y pasaron muchas cosas pero hay otras que cuando no las había las inventaban. Desgraciadamente, los procesos son muy contradictorios y viviendo la etapa más romántica, en que se pretendía redimir el país y el mundo de cuatro brochazos, nos volvimos en algún sentido inquisidores. Y no es culpa de nadie en particular. El espíritu católico se apoderó de todos nosotros y yo, que era un liberal hasta ese momento, me volví un cuadro de la Juventud. Todos cooperamos en la gloria y todos nos cagamos con la mierda. Y lo bueno que podemos hacer es sentarnos hoy, los de ahora y los de antes, para hacer un
resumen, para extraer de ahí la savia que va a seguirnos nutriendo...
Víctor Casaus: Yo quería, más bien como Félix, referirme a algunos puntos generales y no caer en lo anecdótico. Y quizás tratar de decir o caracterizar algunos puntos esenciales si vamos a definir la posición de
El Caimán...Se ha dicho que fue una publicación de poetas por el hecho de que en el primer número apareció el "Nos pronunciamos", en el segundo los poemas nuestros y se caracterizó, se marcó esa imagen. El
"Nos pronunciamos" fue un acto herético y eso generó mucha crítica de pasillo en la UNEAC y otras instituciones. Crítica no valiosa
que llamó mucho la atención. Pero fue una publicación con una virtud inmensa que, vista desde hoy también, sin las anécdotas alrededor del "Nos pronunciamos", pienso que salta a la vista rápidamente y fue su capacidad integradora de oficios, de maneras de hacer, de artes. Allí estuvo la gráfica, la plástica, la crítica literaria y la cinematográfica.
Guillermo Rodríguez Rivera: Ahí están muchos de los jóvenes pintores de la Escuela Nacional de Arte. Queríamos integrar a todo el mundo, como hicimos en el primer recital con Silvio.
Víctor Casaus: Ahora, tú mencionabas una cosa interesante que es la integración de edades. Después viene lo que fue un fantasma de la época: el tema de la piña. Entonces se invitaba a muchos de los maestros de la gráfica a estar y luego, como tú dices, encontrábamos a Ever
Fonseca que era un muchacho campesino recién nacido a las artes. Estaba el descubrimiento de los nuevos valores y el afianzamiento de artistas ya reconocidos. En la integración, además de la poesía, para poner el otro extremo--- que siempre bromeábamos con eso---, estaba la filosofía. Era una publicación que podía detenerse en la poesía más coloquial y podía, por otro lado, tener la búsqueda en el ejercicio de pensar. Nosotros en aquella época citábamos mucho, Guillermo se acordará mejor que yo, aquella frase que decía:
Guillermo Rodríguez Rivera: "Nosotros los filósofos obcecados catalogadores del pensamiento crítico y enemigos de la poesía".
Víctor Casaus: Con eso bromeábamos mucho. Algunos llegamos a ser un poco enemigos con el tiempo, pero no se debió ni a la filosofía ni a la poesía, sino a otras cosas más coyunturales. Esos dos elementos yo quería resaltarlos en principio. Lo de la modernidad y lo de la integración de temas y lenguajes, de edades, de generaciones, siendo una publicación decididamente joven. Y lo tercero, voy a sumarme a muchas cosas que dijo Félix Guerra; a muchas, a las sobre Wichy no, porque no lo veo exactamente así. No hay un culto a la muerte alrededor de Wichy sino todo lo contrario. Y pienso que lo que hemos hecho muchos en este tiempo, y vamos a seguir haciendo, son acciones en aras de rescatar la vida que hay en la obra de Wichy. Pocos de esos homenajes han tenido un sentido luctuoso. Ni el primer
Caimán que se hizo en homenaje a Wichy, ni en Cine
Cubano, ni las actividades del Centro Pablo, tienen ese carácter, porque sería precisamente negar lo que Wichy es. Una anécdota: una vez hicieron una selección, como suele suceder en el mundillo, donde se seleccionaron los poemas de un autor de nuestra edad para ser publicados. Y entonces Wichy decía: "Chico hay tres cosas por las que a veces le publican a la gente -estamos hablando de un
período posterior-, o porque es negro o porque es mujer o porque es homosexual". Ya no estamos hablando de aquella etapa primera de machismo, sino después. Un poco como pagando deudas. Deudas existentes y no existentes. Y
él decía: "Yo no voy a cumplir con ninguno de los tres requisitos, me van a tener que publicar porque soy bueno". Hay ahora una tendencia al olvido. Y en un artículo reciente de Jesús
Díaz (a propósito de LASA 2000)
está claramente el olvido y el flagelarse. Y está, por otro lado, la tendencia de pagar falsas deudas. No hay que pagar falsas deudas. Yo pienso que lo más importante de la actitud del intelectual, y
El Caimán fue ejemplo de eso en su aparición, es la eticidad. Y ese es otro elemento que yo quería mencionar. El sentido ético que tuvo la proyección de
El Caimán, en general, y de la propuesta poética nuestra. Félix me asombró -hace muchos años que no hablo con él-, rescató algunas cosas del "Nos pronunciamos" y me alegra que alguien lo haga. Y comparto con él la idea de auspiciar estudios críticos alrededor de ese texto donde se señalen también sus debilidades a estas alturas. Pero las cosas intrínsecas que hay ahí; el ir la las raíces (¿por qué Mella, por qué Pablo?), ir a las raíces del pensamiento revolucionario. Y la otra es la apertura generacional.
Guillermo Rodríguez Rivera: Recuerdo cuando le dieron el doctorado Honoris Causa a Tallet que él dijo que su vida volvió a comenzar cuando unos jóvenes cubanos de
El Caimán Barbudo, Félix Contreras y Helio Orovio, fueron a su casa. Él se dio cuenta de que servía, de que valía la pena que escribiera. Y eso me parece maravilloso, que pudiéramos hacer eso con una figura de la altura de
José Zacarías Tallet.
Félix Contreras: Lo encontré en la calle Virtudes y se me escondió. Se puso un tomo de diarios viejos delante. Yo me acerqué y le dije: "Tallet".
Guillermo Rodríguez Rivera: Nunca tuvimos el afán de atacar a las grandes figuras. Puede ser que nos hayamos fajado con alguien mayor. Pero no era cuestión de incinerar a los dioses. Nosotros, ni con Lezama, ni con Eliseo, ni con Guillén, ni con Tallet, nunca tuvimos problemas, ni intentamos desacreditar a nadie. Discrepábamos a veces de un criterio, de una posición y en ese sentido, a veces, se entendía como criterio generacional. Pero escarceos generacionales no
tuvimos. Hay cosas muy simpáticas. Yo recuerdo aquellos almuerzos que hacíamos para los poetas mayores. Una vez Helio Orovio llamó por teléfono a Lezama y le dijo: "Maestro, tenemos un almuerzo con poetas de otras épocas". Y Lezama le dijo: "Joven, usted me ha confundido con Silvestre de Balboa: yo soy un escritor contemporáneo", y le colgó el teléfono. Y yo le dije a Helio: "Oye, la jodiste. Vete a su casa y explícale bien". Fue allá y Lezama asistió al almuerzo.
Víctor Casaus: Sobre el "Nos pronunciamos", abundando en lo de Félix, quería decir algo más sobre los valores que le veo a través del paso del tiempo. Hice unas conferencias sobre Wichy el año pasado y fui otra vez sobre ese texto y siento mucho que no se haya vuelto a publicar... Es la expresión de un grupo de jóvenes poetas con un nivel de compromiso con su tiempo que no es habitual... Porque esa eticidad está ahí en el "Nos pronunciamos"... La propuesta de participación es diferente después a la de generaciones posteriores, como debe ser; pero, básicamente, lo que se dice ahí de la participación del intelectual, del poeta y demás, yo lo suscribiría hoy. No suscribiría polémicas mías de aquel momento, que pueden haber sido ingenuas por ignorantes, por la edad y la formación. La participación que propone es consciente, crítica, y por tanto autocrítica, porque nos sentíamos parte de un proyecto. Esa es una idea que llega hasta hoy. Hay un hilo en nuestras vidas hasta hoy y para mí es un gran orgullo que haya sido así... Esas ideas de participación, de compromiso, de transparencia, de eticidad, están hoy sobre la mesa. Precisamente estamos viendo textos sobre el tema que niegan todo eso y es bueno que haya textos que lo valoren y le den la dimensión que tiene.
Guillermo Rodríguez Rivera: Fernando te han ido cogiendo el turno.
Fernando Martínez Heredia: Tengo costumbre de permanecer callado durante largo tiempo. He permanecido callado durante veinte años. Negado a hablar de nada de esto, ni a dar entrevistas ni escribir sobre el tema, ni siquiera a complacer las iniciativas de compañeros de izquierda de otros lugares, de América Latina, fundamentalmente, amantes de la Revolución Cubana. Es en los noventa donde converso y no lo hago por gusto tampoco. Ahora converso dondequiera que es posible porque creo que hace una gran falta. Pero bueno, lo cierto es que Félix y Víctor han planteado las cosas yendo más a lo sintético, Guillermo hizo lo suyo y a mí me parece que las dos cosas hacen falta. El problema es que hay que luchar contra las anécdotas que no van a ninguna parte. Pero también hay que luchar contra la síntesis que no es más que el pretexto para quedar bien... Voy a hablar de dos o tres cosas. Una, yo recuerdo esto igual que ustedes, pero desde otro ángulo que, sin embargo, era el mismo ángulo. Y me interesa mucho por lo último que decía Víctor. Jesús Díaz y yo estábamos juntos en la universidad como profesores. Entonces había una Revolución empezando y los profesores podían tener cualquier edad. Los alumnos míos todos eran mayores que yo. Ellos me trataban de tú y yo los trataba de usted. Eran contadores privados que hacían la carrera de contadores públicos. Había una disciplina maravillosa. Después fundaron Coppelia y nos íbamos para Coppelia, porque las clases eran nocturnas. Guillermo se hizo especialista en Coppelia con Wichy y otros
"próceres caídos". Pero bueno, éramos profesores de filosofía. Para nosotros la filosofía tenía que ver con la rehabilitación de las prostitutas, la utilización de la maquinaria agrícola, con Isacc Babel, Maiakovsky, Stalin, Trotski y muchísimas cosas. Con la UMAP, con la disciplina en las Fuerzas Armadas. Todo eso era la filosofía. Pero sucede que cuando suceden las revoluciones es que se desata la fuerza libertaria de la gente. De manera que nos sentíamos en el poder y a la vez libertarios. Libertarios y a la vez en el poder. Ahora, como todo está bastante fragmentado, puede ser asombroso que sí, filosofía y sí, poesía... Entonces la poesía, la política, el pensamiento político y la ética, podían estar juntos... Entonces había un grupo, entre otros, al que yo pertenecía, que era el de la calle K #507. Nosotros estudiamos a Carlos Loveira y
Albert Einstein porque el Marxismo Leninismo lo abarcaba todo. Hicimos un seminario sobre la obra de Carlos Loveira en el primer año que trabajamos allí en filosofía. También leíamos a Kafka , Joyce y Proust, que, según el manual soviético, eran tres ejemplos básicos de la decadencia del capitalismo en el arte... Y también nos conseguimos el libro de Isaac Babel,
quien fue fusilado en los años cuarenta en un campo de concentración, y nos leímos una de las obras más maravillosas de la cuentística de la Revolución bolchevique que es
Caballería roja... En medio de todo esto, el grupo al que yo me refiero, se da cuenta de que tiene que hacer todo lo posible por cambiar las condiciones de reproducción, e incluso de creación de pensamiento que tenga que ver con el marxismo, o no puede ser... Ahí viene la cuestión de la página cultural de
Juventud Rebelde. Y Jesús Díaz, desde el ángulo del grupo nuestro, fue responsabilizado con esa plana. Lo entendíamos como una tarea y varios de nosotros colaboramos con
Juventud Rebelde... Aparece la idea de un suplemento cultural de
Juventud Rebelde y quisimos controlarlo. Yo estuve en esa fase y vine aquí a la
azotea (Prado# 553). Ahí nos reuníamos a veces. En una ocasión vino Onelio Jorge Cardoso, que para nosotros era un anciano. Es la idea que uno tiene cuando se es jovencito.
Entonces aparece la revista. ¿Quién le puso el nombre? No lo sé, pero bueno ya aquí se va avanzando. Ese mismo año hicimos la revista
Pensamiento Crítico y me tocó a mí ser el director. Y yo no sé a quién fue el que se le ocurrió el nombre. Por suerte, nadie se lo ha atribuido, ni Jesús, que se está atribuyendo ahora tantas cosas. Lo cierto es que nos pusimos a ver nombres de diferentes revistas que habían existido en Cuba y ninguna nos pareció bien... Cómo se ensambló
El Caimán quizás llegue a estar del todo claro, cómo se ensambló
Juventud Rebelde. Porque siempre oí decir que un grupo de compañeros quería que se llamara Rebelde. Como el Ejército Rebelde o como
Rebelde 6, la primera revista de la Revolución que sacó la Columna 6 de Efigenio Amejeiras aquí en La Habana
en el año '59. Pero había otra consigna que era que el diario se debía llamar Juventud y que se llevó hasta
un acto masivo. Y cuando Fidel preguntó: ¿Cómo se debe llamar el periódico?, la gente gritaba: "¡Rebelde, Rebelde!". Y Fidel, dicen, yo no si será verdad, que los oía más. Y otros gritaban acompasadamente: "¡Juventud, Juventud!". Y Fidel dijo: "Unos dicen Rebelde y otros Juventud. Entonces
Juventud Rebelde". Con
El Caimán y Pensamiento Crítico no fue así... Pero me gustó mucho que se hablara contra la idea de la piña, es muy justo que se diga. Recuerdo una vez en K #507 que discutimos seriamente si era una piña o no. Y Jesús tenía toda la demostración de que no lo era... Pero bueno, yo no trabajé propiamente en
El Caimán, solamente fui colaborador...
Pero la saga de El Caimán Barbudo de la primera época no puede incluir que era contra el poder porque eso es mentira. Ni tampoco que era a favor del poder. Entonces, repito, lo libertario y el poder revolucionario andaban juntos y por eso en el primer número aparece "Nos pronunciamos" donde hablan los jóvenes revolucionarios...
Juan Ayús: Me gustaría hacer una mezcla de anécdotas y vivencias desde el primer número hasta el catorce, hasta mayo del '67. Yo estaba en la dirección gráfica de la Juventud, y de pronto, me sueltan la responsabilidad esta,
de hacer El Caimán. Lo asumí como una tarea más, pero sin la conciencia de lo que podía significar para la cultura del país. Y estoy de acuerdo en cómo se dijo aquí que la Juventud no tenía en su dirección política los cuadros que pudieran asimilar esto con todo el contenido y la fuerza que requería una publicación de este carácter, un paradigma de la cultura... Y aunque tenía los antecedentes porque hay que decir también que el periódico
Revolución nucleó un grupo importante de intelectuales y seudointelectuales que propiciaron un clima que ideológicamente puede ser cuestionable a años vista, pero que tuvo tremenda fuerza a partir del órgano que representaba. Considero que no existían los cuadros suficientes, pero era una necesidad. A mi modo de ver la aparición de
El Caimán pretendía llenar el vacío que dejó
Lunes de Revolución, salvando las diferencias. Y la prueba es que cuando salen los primeros números fue un acontecimiento cultural en el país. Eso es una experiencia innegable y marcó determinadas pautas porque es que no había nada de referencia inmediata para poder comparar.
El Caimán también, dentro del ámbito juvenil y con los propósitos que surgió, debía ser, no fue totalmente, una tribuna polémica, de tesis, de confrontación de ideas. Se hicieron los primeros intentos pero no llegaron a cuajar totalmente. Pero bueno, eso son los hechos. La Revolución necesitaba en el campo de la cultura determinado grado de teorización, de pensamiento profundo. Un medio, hasta cierto punto, masivo, no de élite. Todo esto se imbrica en un mundo complicado donde el máximo director de esta publicación era el director del periódico. Jesús era director, director intelectual o técnico, pero todo tenía que pasar por otro tamiz... Yo aprendí de Wichy y él aprendió de mí la parte técnica, pero lo más sobresaliente era su espíritu de creatividad constante y su inconformidad con los caimanes.
Guillermo Rodríguez Rivera: Creo que Silvia, que no ha hablado, debe decir algo. Ella, la secretaria, era testigo de todos los desvaríos que ocurrían ahí.
Silvia Freyre: Es que mi punto de vista varía un poco del de ustedes, quizás sea importante por ser la mirada femenina. Yo estoy muy de acuerdo con lo que dijo Félix Guerra. Lo que hemos vivido en el tiempo nos ha dado la razón de que este movimiento que empezó con cuatro o cinco muchachos intelectuales de la época se ha ganado ya un espacio en el mundo cultural. No por gusto, sino porque ahí está plasmada toda una ética, la verticalidad de todo un pensamiento siempre en adhesión a los principios revolucionarios...
Juan Ayús: Algo muy importante es que los catorce números en los que participé se fraguaron, en diseño conceptual y hasta cierto punto en diseño formal, en el Bar Cuba. Esa era la redacción de
El Caimán Barbudo. A golpe de cerveza, porque era lo que se tomaba, y ostiones... La primera conversación que yo sostuve sobre cómo se iba a planear
El Caimán creo que fue en la calle K o en un lugar cercano a la universidad. Yo los escuchaba hablar y me decía: esta gente están locos. Van a sacar una publicación sin investigar si esto realmente hace falta.. Por eso, al principio, tenía cierta reticencia a involucrarme en este proyecto. Ellos solo pensaban en sacar el primer número. Después la vida les ha dado la razón. El problema era que había que salir, y
ya estamos en el número 300.
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