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GRANDEZAS Y MISERIAS
José León Díaz |
Revista
Revolución
y Cultura
La madrugada del 16 de abril fue algo fría en
Miami. Acababa de llegar al aeropuerto de esa
ciudad un nutrido grupo de académicos cubanos
procedentes de La Habana. A la espera que
padecieron en la Isla para poder salir, ahora se
sumaba la que dispuso para ellos un amplio
operativo de seguridad. Las medidas incluyeron,
finalmente, abandonar el aeropuerto miamense por
una de las puertas de servicio en una custodiada
caravana de ómnibus. En uno de ellos iba
Aurelio Alonso, miembro del Centro de
Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de
Cuba, especialista en temas religiosos. Como si
estuviera a su lado, me comenta:
–Hay que agradecerles a los organizadores que
nos hayan garantizado esta seguridad y evitar
así cualquier provocación. Sobre todo si uno
sabe cuánto cuestan estas cosas en los Estados
Unidos. Es que la gente de LASA ya tiene
experiencia con esta ciudad.
–Precisamente, cuénteme de LASA, de sus
congresos, la participación cubana en ellos...
(Esta pregunta, que era más larga, no se la
hice en el ómnibus que recorría silencioso la
madrugada de Miami, sino que la reservé para
cuando llegué, algún tiempo después, a su
apartamento en el Vedado. Por cierto, la luz se
fue en ese instante, y en la pantalla de la
computadora de Aurelio quedaba un texto sin
cerrar.)
–LASA es la asociación norteamericana de
estudios latinoamericanos, fue creada en los
años sesenta a partir de iniciativas de
académicos norteamericanos y cuenta con el
financiamiento de varias fundaciones. Integra a
latinoamericanistas de ese país y a estudiosos
latinoamericanos, y ha ido creciendo hasta
convertirse en la más importante no sólo de
los Estados Unidos, sino de toda América y
quizás del mundo. Es una asociación abierta en
cuanto a proyecciones, no expresa líneas
políticas, no es oficialista.
El auge de estos estudios en los Estados Unidos
comenzó precisamente con el triunfo de la
Revolución cubana. Nuestra Revolución, sin
duda, enseñó a los académicos norteamericanos
que debían poner sus ojos en América Latina.
Antes lo hacían sólo individualmente, después
es que lo hacen de forma institucional. Así
surgen LASA, con sede en Pittsburgh, donde
mantiene una secretaría permanente, y otras,
como la Asociación de Estudios del Caribe, con
sede en Puerto Rico.
La participación de académicos cubanos
comenzó de manera individual, personalidades
como Miguel Barnet y Pablo Armando Fernández
estuvieron entre los pioneros. Pero de forma
más nutrida, comenzó en 1989, en un congreso
que tuvo que celebrarse en Miami y no en Puerto
Rico como estaba previsto, a causa del paso de
un ciclón. A diferencia de este último, me
refiero al que acaba de celebrarse, aquel fue
muy turbulento pues la reacción anticubana
logró penetrar y hasta se produjeron hechos de
violencia.
Los congresos para LASA son muy importantes, no
se elige un presidente en ellos, sino un vice,
que queda en esas funciones hasta el próximo
encuentro, que es cuando asume. Esas citas son
como una gran feria cultural, y resultan de gran
importancia las presentaciones y exhibiciones de
libros. En ellas te encuentras gente muy
positiva, hasta de izquierda, y también gente
que es muy crítica hacia la Revolución cubana.
El espectro es muy variado. Yo he estado en
cuatro congresos de LASA y siempre he notado un
progresismo dominante, con posturas muy
favorables a Cuba, contra el bloqueo, sin que
esto quiera decir una coincidencia con las
posiciones de nuestro país. En ocasiones se han
tratado de pasar resoluciones condenatorias
contra Cuba, pero nunca han triunfado. Al
contrario, las que favorecen a Cuba son las que
han sido aprobadas. El primer congreso de LASA
en que tomé parte fue en Washington, en 1991.
En todos siempre he visto paneles polémicos
sobre Cuba, con participación en ellos o no de
académicos cubanos.
De este congreso del año 2000, puedo asegurarte
que ha sido el más grande de los veintidós que
ha celebrado esta asociación. En él estuvieron
presentes más de cuatro mil estudiosos de EE.
UU., América Latina y Europa. Fue
verdaderamente masivo, en total hubo seiscientos
noventa y un paneles. En ellos, los temas
relacionados con México fueron los más
representados; y en segundo lugar, los relativos
a Cuba. Temas cubanos fueron debatidos en
treinta y seis de esos paneles, algunos
inscritos desde la Isla con participación
mixta, y otros desde los EE. UU.
Incluso en temas puntuales, como la ecología
–que ha ganado mucho espacio es estos eventos–,
la posición de Cuba es relevante, siempre hay
un interés por conocer qué opinan los
académicos cubanos. De hecho, a medida que la
participación cubana ha ido consolidándose, se
ha logrado para nuestra academia un gran
prestigio. Y los cubanos, por nuestra parte,
también nos hemos enriquecido con estas
participaciones. Porque así se desataniza la
relación con la academia norteamericana, tanto
en lo teórico como en lo práctico. Nos ayuda a
entender que no siempre se está ante el
enemigo. El enemigo está en el plano político,
pero en lo académico no siempre, ni
principalmente, se está frente al enemigo. Eso
ha sido clave, es un tema del momento, pues una
gran parte de esa intelectualidad norteamericana
rechaza el track 2, y no quiere que se le
identifique con eso. Advierten que la relación
de ellos es honesta, y es anterior a ese
engendro de ley Torricelli. Y esto es algo que a
veces no se conoce aquí. LASA, en ese sentido,
ayuda a diferenciar lo que unos hacen, sus
manipulaciones; y lo que hacen otros, que no
quieren ser manipulados ni identificados con el
track 2 ni con cualquier otra forma de
implementación de la política anticubana del
gobierno de los Estados Unidos.
–¿Qué distinguió específicamente a este
congreso celebrado en Miami?
–Yo me concentré en los paneles que tenían
que ver con Cuba, aunque, por supuesto, no pude
estar en todos. Por ejemplo, los paneles sobre
economía cubana, tanto los organizados desde
aquí como los organizados desde allá, según
me cuentan, resultaron muy interesantes, se
debatió desde posiciones distintas pero con
rigor, respeto. Y esto es algo que en general
debe aplicarse a este congreso de LASA. El nivel
de rigor, reconocido por los participantes, de
la cultura cubana fue muy alto. El anterior
congreso en que participé fue en 1995,
siguieron dos a los que no asistí, y el salto
me permitió apreciar la creciente fuerza de la
presencia cubana. Y también aprecié una
evolución en la moderación de la cubanología
norteamericana, sobre todo de la más asentada.
Esto responde, en parte, a la maduración de la
ciencia social cubana, que contribuye a su vez a
una moderación no forzada de los estudiosos de
allá. Así, la agresividad se va
circunscribiendo a algunos de esos cubanólogos,
y sobre todo a los emigrados recién llegados,
no importa la edad. Pues está el caso de Jesús
Díaz, que tiene la mía, pero que rompió con
la revolución en el noventa y tres, o el del
joven Rafael Rojas. Son recién llegados que
están tratando de ganar posiciones en ese
medio. Es una percepción personal, pero con la
que coinciden algunos de los que estuvieron por
allá.
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NOTAS AL
FASCISMO CORRIENTE
Neutralidad
Culposa
El
escritor cubano Amir Valle ha defendido desde el boletín Letras en Cuba,
una posición de respeto a los cubanos “de dentro” y a los
“de afuera” y se ha ganado furibundos ataques de Belkis
Cuza Malé y de otros emigrados más o menos vinculados a la
literatura. Ahora, el cada vez más radical Encuentro
en la red la emprende contra Amir acusándolo de
complicidad, porque... “esa neutralidad siempre va a ser
culposa”. |
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