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LENNON Y GUEVARA
Es difícil imaginar un tiempo, entre los tiempos, más heroico y más romántico, una época humana más desesperadamente amante de la belleza y la libertad.
Félix Guerra
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La Habana
Durante el último tercio del siglo XX, no hubo figura más universal y célebre que la del Che Guevara. Además de historia real, fue leyenda y mito. Es que hizo lo que pocos: en busca de redención humana, derramó consciente su propia sangre. No fue otro por él a ocupar sitio en la trinchera, él mismo la llenó, unas veces con el fusil y otras con la pluma. Y de su coraje y destreza literaria salió sobre todo amor: un amor que fue desde sus hijos y de quienes parieron a sus hijos, pasando por los poetas y sus textos, hasta la libertad del hombre más humilde, de cualquier raza y locación. Es el modelo de un hombre de excepción, comparable a Cristo.
Durante el último tercio del pasado siglo, también Los Beatles fueron historia, leyenda y mito. El beatle John Lennon fue baleado inopinadamente, antes de dejar al mundo una herencia musical revolucionaria e inolvidable. Ellos, aquellos Beatles de Imagine y Yesterday, trabajando quizás inconsciente pero mancomunadamente con el comandante Che, legaron al mundo una melena rebelde y poética. También una ética de conquistar el sueño con el propio fusil o la propia guitarra. Es difícil imaginar un tiempo, entre los tiempos, más heroico y más romántico, una época humana más desesperadamente amante de la belleza y la libertad.
Vivimos en el futuro que ellos amasaron. Las criaturas de hoy somos más independientes y líricas, intransigentes y optimistas, tolerantes y enamoradas de la vida, porque llevamos encima una gran carga de rebelión y poesía. Ahora que suenan tambores de guerra de exterminio y venganza, para cobrar afrentas sangrientas e injustificadas, podemos invocar al Che y a Lennon: la humanidad precisa de poetas, de carne y hueso y vulnerables de sangre, y no de espectaculares aviones repletos de odios o colosales e intimidatorias maquinarias bélicas en marcha hacia la destrucción masiva.
Ni odio ni rencor ni prejuicios ni represalias ni venganza debieran ser consignas del siglo XXI. Milenios de guerras fratricidas, pues todos los hombres somos hermanos muy íntimos, debieran bastar. Algo es cierto en este instante: la tecnología irracional y el gigantismo arrogante deshumanizan hasta límites intolerables cualquier violencia que proceda de ellos.
Che continúa vivo en el espíritu. Deseaba un mundo de justicia y paz, como otros, y lo fue a buscar, quijote deambulando por selvas y montañas, con su propia sangre.
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