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UN PREMIO PARA CUBA

"Estamos muy felices. Esto no quiere decir que pensemos que un premio es la meca, pero sí es un espacio, una ventana importante para que el disco se dé a conocer. Lo más importante es que la gente lo escuche, que lo compre". Entrevista exclusiva para La Jiribilla con Cary Diez y Joaquín Betancourt productores de La rumba soy yo.

Manuel Henríquez Lagarde
| La Habana

 Cary Diez y Joaquín Betancourt productores de La rumba soy yo

La premiación de La rumba soy yo, un disco totalmente cubano, puede significar un vuelco en la proyección de la más reciente música cubana actual, una música llena de talentos y valores que, por diversas razones, aún no son todo lo conocido que merecen. Una fuente inagotable de músicos, de los cuales, los que participan en el disco galardonado en la última edición de los premios Grammy, son solo una pequeña muestra. Así lo dejaron entrever durante la conversación con los artífices de La rumba soy yo, Cary Diez y Joaquín Betancourt, durante una entrevista exclusiva con La Jiribilla que tuvo como escenario uno de los salones de la casa disquera cubana Bis Music.

¿Cómo surgió la idea de hacer el disco? Cuéntenme un poco la historia.
JB: La idea original del disco fue de Cary por el vínculo muy estrecho que tiene con el género ya que ella, además de musicóloga, trabaja con Los Muñequitos de Matanzas desde hace mucho tiempo. Tuve la suerte de que contara conmigo para este  proyecto del cual me enamoré desde el principio, algo que creo le pasó a todos los que participaron. Al inicio no sabíamos qué iba a ocurrir. Fuimos grabando las distintas propuestas para tener un material con qué trabajar. Ese fue el comienzo.

— Existía, por supuesto, un concepto...

CD:  Sí, el de hacer un disco que pudiera recoger las diferentes formas de tocar la rumba en aras de que el gran público reconociera algo que en la década del 50 era parte de un género que se consumía. Por ejemplo, en sitios populares como La Tropical o Los Jardines de La Polar se realizaron eventos que se llamaban Matanzas en La Habana y era asiduo que allí se presentasen grupos de rumba. De ahí parte la popularidad de los Muñequitos de Matanzas. Los Muñequitos en un inicio se llamaron Guaguancó Matancero, ese fue su primer nombre. Pero, justamente por la popularidad que alcanzó uno de los temas que aparece en su primer disco, grabado en 1953, (por una cara tenía “Los beodos” y, por la otra, “Los Muñequitos”un tema que trataba sobre las tiras cómicas de la época) la gente empezó a identificarlos como Los Muñequitos. 
A partir de entonces comenzó el interés de las compañías discográficas, al punto que Los Muñequitos grabaron con Los Papines una versión que poca gente conoce, pero que es un testimonio de gran importancia para nuestra discografía e historia musical. Grabaron además con Celina González, Celeste Mendoza. Eran discos muy populares en aquella época. 
Matanzas, además, es una ciudad de donde han salido lo mismo géneros como el danzón, que la Sonora Matancera, muchas vertientes del son, de la música folklórica, tanto campesina como afrocubana. Es decir, el hecho de estar trabajando con Los Muñequitos me acercó tremendamente a todo lo que pasaba en Matanzas, como centro cultural y como una de esas ciudades que, como dice nuestro amigo Net Sublette, es una de las ciudades más africanas del continente americano. Y me impresionó tanto esa reserva, el hecho de que en Matanzas Los Muñequitos sea el grupo más popular y conocido; pero además hay otros grupos como Afrocuba de Matanzas, muchos de gente joven. En Matanzas, la rumba la consumen y la practican gente muy joven. Es una tradición que se transmite por vía de las familias. Casi todos los grupos de rumba están integrados por ramas de familias o personas que tienen vínculos religiosos. Constituyen naciones, es una suerte de rememoración de los antiguos Cabildos. De esa manera ellos conservan sus tradiciones. 
Otra cosa que me impresionó mucho fue durante nuestra primera gira por los Estados Unidos,  en 1992. Allí vi a una gran cantidad de personas interesadas por un género que aquí prácticamente había sido olvidado. Mucha gente quería aprender a bailar, a tocar, a cantar rumba, admirando, como el que más, a nuestros maestros rumberos. Al regreso, lo que me interesó fue que las personas de mayor reconocimiento popular, que yo sabía que admiraban la rumba, organizamos un viaje a Matanzas con Juan Formell, José Luis Cortés, algunos de los músicos de esas bandas y allá rumbearon. Me di cuenta de que había una cantidad de hechos importantes que iban mucho más allá de la música y que era importante recoger.

— Se puede hablar entonces de una intención de rescate...
CD: Exacto. Rescatar una vivencia que incluso había sido tergiversada por algunos medios. Cuando ves las rumbas en las películas mexicanas o norteamericanas de los años 40 y 50 te das cuenta de que es una rumba sofisticada, de cine. Una rumba que no llega ni a ser de salón, es una caricatura. Sin embargo, a pesar de ello tendríamos que agradecerle la popularidad que por aquel entonces tuvo. Son cosas que ahora, ni siquiera de ese modo, aparece en nuestras propias producciones.

— El disco va más allá de Los Muñequitos, hay en él una gran participación de artistas...
CD: Por otra parte, la visión del gran público estaba circunscrita a la visión de la rumba que se hace en el solar. Y si bien esa es muy importante conservarla, y nosotros, creo, logramos en el disco recuperar ese ambiente de rumba callejera, también hay que pensar que la rumba, como todo, es parte de un proceso de desarrollo. La cultura popular y folklórica no es algo que se queda estático. A veces la gente dice: “No, porque Los Muñequitos no son los de antes”. No pueden ser los de antes. Todo en la vida evoluciona y la rumba es parte de ese proceso. Sin embargo, ha conservado de una manera excepcional algunos valores patrimoniales y ancestrales de nuestra música que bien vale la pena que la gente conozca. Ellos han sido muy consecuentes y muy responsables al lograr que ese género nos siga perteneciendo con la legitimidad con que nació. Este es un poco el ambiente inicial. Después de eso, me relacioné mucho más, tanto con los festivales de rumba de la Habana como de Matanzas, con el Wemilere de Guanabacoa, todo lo que está haciendo Clave y Guaguancó, Yoruba Andabo. Logramos que un Cubadisco se dedicara a la Rumba.

— Tengo entendido que este disco obtuvo premios en una edición del Cubadisco...
CD: No en el 2000, que fue el que estuvo dedicado a la rumba, pero sí en el del 2001. Tuvo cuatro nominaciones: por producción, notas discográficas, antologías de versiones y diseño. Y dicho sea de paso, tratamos de que la presentación del disco fuera competitiva y reflejara la solemnidad y la esencia de un género como es la rumba.

¿Cuánto tiempo demoró hacer el disco?. Me imagino que no haya sido fácil poner de acuerdo a tantos artistas al mismo tiempo...
JB: Comenzamos a grabar a finales del año 99. Lo hicimos en distintos estudios. Comenzamos por el estudio de Prado que es del ICAIC y continuamos en los estudios PM Record. Se hizo, prácticamente, una convocatoria de los rumberos y me acuerdo que ese primer día de grabación estaban presentes Los Muñequitos, Yoruba Andabo, Clave y Guaguancó, Los Papines, Changuito y Tata Güines. No sabíamos lo que iba a suceder. Nuestra primera intención era grabar, provocar. Ese primer día fue muy fructífero, se recogieron muchas cosas que quedaron después plasmadas en la placa. Ya había propuestas muy directas de intérpretes. Se pretendía que grabara Mayito, Issac, Hayla, Aramis Galindo, no sé si se me queda alguien, gente que, un poco por su timbre y por su experiencia artística, tienen una actitud rumbera que no existe en otros artistas, a pesar de que son muy buenos en otras especialidades. Y hay cosas que se hicieron precisamente para el disco como el tema “Un violín para Chano” que es una obra de Germán Velasco y “Río mestizo”de Alejandro Valdés. Y hay un tema, el que abre el disco, que aunque no es un tema nuevo —estuvo en el repertorio de Adalberto Álvarez—, me impresionó mucho. Es decir, nos fuimos nutriendo de muchos elementos, algunos, desgraciadamente, se quedaron fuera por un problema de espacio y tiempo.

— ¿Cuánto tiempo demoró la realización de la Rumba...?
CD: Nos tomó el fin de año...no teníamos todas las condiciones técnicas. Desde un principio, hubiésemos querido un estudio con otras características. Pero era importante grabarlo, habían músicos que tenían giras internacionales y era muy difícil comenzarlo. Existieron una serie de situaciones extramusicales y extrartísticas que no nos  permitían comenzar. Sin embargo, hubo un momento en el que las otras dos musicólogas de Bis Music: Marta Bonet y Gloria Ochoa no quisieron de ninguna manera que este proyecto, por su valor, se quedara para el próximo año. Rebeca que era entonces la gerente general nos dijo: “ Vamos a empezar con lo que halla” y empezamos en el ICAIC. Trabajamos allí como una semana. Después reiniciamos y tuvimos como diez días más de grabación en el otro estudio. Luego hicimos las mezclas y demás. Fuimos a Cienfuegos a hacer la masterización y, más o menos, sobre el mes de marzo terminamos. No nos daba tiempo para presentarlo en Cubadisco. Tampoco quisimos atropellar el trabajo de arte. Entre una cosa y otra, estuvimos como cuatro meses trabajando. 
En este resultado es importante destacar la responsabilidad del ingeniero de grabación Jerónimo Labrada, alguien que aportó mucho. Él casi formaba parte ya del staff de Bis Music, porque había estado en muchas producciones que nosotros hemos realizado. Conocíamos de su talento y de su frescura, algo bastante importante en esto. Generalmente, los grupos de rumba no tienen el mismo oficio en los estudios de grabación que tienen otros artistas que suelen visitarlos asiduamente y eso fue parte de un trabajo muy meticuloso, tanto de Jerónimo, que tiene mucha experiencia, como de Joaquín.
Joaquín es una de las persona que más ha determinado en el sonar de la última década de nuestra música. Si te pones a revisar, la mayoría de los discos de música popular que se han editado en los últimos tiempos, cuenta de alguna manera con Joaquín. Ya sea como arreglista, productor, como músico o intérprete. En este caso, es el arreglista que más temas tiene, aunque también hay temas de Germán Velasco y de Juan Manuel Ceruto, y ambos compartimos la producción musical del disco.
En lo particular, estoy muy feliz con este premio. Sin dudas, es un periodo importante en mi vida personal y profesional, más como promotora que como productora. Se consolida mi interés por géneros que a veces no se mencionan como se debiera y que llevo muchos años trabajando en ellos. Y conmigo toda la gente que profesa esto y de la cual yo me siento un poco portadora. Pero en el caso de Joaquín —para completarte la idea anterior—, Joaquín ha trabajado, para la música cubana, desde los años en que fundó y dirigió el grupo Opus 13, un grupo y un sonido altamente determinante para la cultura musical, bailable y popular en nuestros tiempos. Creo que nunca había tenido el reconocimiento que merece. Socialmente, muchas veces ha pasado anónimo a pesar de esos éxitos. Muchos discos exitosos han tenido detrás a Joaquín Betancourt.


— La crítica nacional e internacional un poco que valoró más otras propuestas cubanas. ¿Cuáles eran las expectativas de ustedes?

JB: Este género siempre ha sido bastante marginado, no es un secreto para nadie. Por problemas conceptuales, prejuicios de todo tipo. Creo que la crítica nacional se ha dejado llevar un poco por estos mismos prejuicios. Pienso que este Grammy, por encima de los méritos personales que tengamos los dos, es un premio al pueblo cubano, a la nación cubana que es, por encima de esos prejuicios y conceptos erróneos, la que ha sabido mantener esa música. Porque la música cubana, quien la ha mantenido por encima de todo, es el pueblo. Y efectivamente, creo que este puede ser un punto de despegue o de rompimiento con el marginalismo que ha tenido la rumba.

CD: Estamos muy felices. Esto no quiere decir que pensemos que un premio es la meca, pero sí es un espacio, una ventana importante para que el disco se de a conocer. Lo más importante es que la gente lo escuche, que lo compre. Estamos haciendo esfuerzos por editar en moneda nacional casettes para que la gente tenga acceso al disco. Si bien es importante la cobertura que le ha dado todos los medios lo más importante es que la gente sepa de qué se trata, que lo escuche y sepa discernir, que incluso difiera de algunas ideas que hemos tenido. 

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