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WIM DIERCKXSENS
¿A FAVOR DE QUÉ ESTAMOS?
El neoliberalismo se agotará a ultranza. "Desestatizar" no fomenta el "crecimiento del pastel", sino el "acaparamiento del pastel ya existente". En estos momentos el gobierno norteamericano se siente "elegido". Como nunca antes, la guerra nos ha obligado a definirnos.
Hilario Rosete |
La
Habana
Nacido en Hulst (marzo de 1946), Holanda, en la frontera con Bélgica, cerca del Mar del Norte, y residente actual de San José de Costa Rica cual estudioso de su Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI), a Wim Dierckxsens le disgusta que lo consideren "uno de los tanques pensantes" sobre opciones al neoliberalismo del Foro Mundial de Alternativas. Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Nijmegen, y postgraduado en Demografía de La Sorbonne en el curso 1968-1969, no ha renegado "del espíritu de mayo del 68 en París", y luego de asistir al "Otro Davos", en enero de 1999, y a los encuentros de economistas "Globalización y Problemas del Desarrollo" de La Habana de los años 2000 y 2001, así como al Foro Social Mundial de Porto Alegre, en Brasil, fue abordado por
La Jiribilla en el Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA, en el habanero Palacio de las Convenciones, donde trató el tema de los movimientos sociales contra la guerra y el neoliberalismo.
-Su investigación tradicional versa sobre Globalización y
Alternativas. Tal vez pocos esperaban oírlo hablar aquí sobre la guerra. ¿Cómo explicarlo?
-No se puede luchar solo por una alternativa. También hay que entender cómo probablemente se agotará el neoliberalismo: a ultranza. Si no puede lograr un acuerdo por las buenas, lo alcanzará por las malas, y para eso necesita doblar el brazo del contrincante, requiere un ambiente bélico para obligar al otro, para presionar al "enemigo económico" y doblegarlo, bien en las conversaciones o bien por sobre ellas.
-Usted dijo que la real alternativa pasa por el agotamiento del modelo. ¿Es así?
-Así es. A partir de los años 70, cuando se introduce el neoliberalismo, el capital comenzó a abandonar el ámbito productivo, y cada vez más, porcentualmente hablando, las inversiones se dirigieron al campo monetario financiero, especulativo, procurando acaparar mercados. Porque debemos dejar claro, primero, que privatizar, "desestatizar", es recaudar mercados y clientelas ya existentes, no es una inversión, al nivel privado puede que lo sea, pero al nivel de la totalidad no fomenta el "crecimiento del pastel", sino el "acaparamiento del pastel ya existente"; segundo, que las fusiones de las empresas transnacionales solo aumentan la capacidad para acaparar, entre dos socios, un mayor segmento del mercado; tercero, que la adquisición, compra o quiebra, como resultado de la competencia, de pequeñas y medianas empresas locales por parte de las transnacionales, es también un acaparamiento de mercados ya existentes; cuarto, que levantar barreras arancelarias igual implica sustituir industrias y mercados locales por transnacionales, y quinto, que al final nada de esto fomenta el crecimiento, antes dirige las inversiones hacia la repartición del mercado mundial ya existente. Es lógico entonces que cuando dicho mercado mundial resulte prácticamente repartido, comience una nueva repartición, una "re-repartición": ahí estamos.
El tema de la real alternativa pasa así por el agotamiento del modelo. Para mí, el neofascismo es la consecuencia última de un neoliberalismo a ultranza. Por eso digo que comenzó la lucha
the west against the rest, "de occidente contra el resto del mundo" [léase de los Estados Unidos y sus aliados supuestamente contra Afganistán y el Talibán], en clara referencia a Samuel Huntington y su obra
The clash of civilizations (El choque de las
civilizaciones), publicada en 1996; y digo que comenzó la lucha del capital transnacional por sobrevivir en un mundo excluyente, por precisar cuál es el pueblo elegido. De nuevo estamos ante esos términos, y no hay duda de que el gobierno norteamericano se siente el elegido de este momento, aunque aún sostenga una alianza con Europa para "eliminar", primero, a Oriente. Ese es el choque de civilizaciones sobre el cual nos advertía Huntington. Él dijo: "En este mundo de bloques económicos, no hay lugar para todos". Y Occidente deberá mostrar su supremacía en todos los campos: económico, político, militar, religioso... Así vislumbramos "la lucha de los dioses": el Dios cristiano contra el Dios del Islam, la Cruzada contra la Guerra Santa.
-Su discurso es convincente. Sin embargo, ¿acaso no infunde pesimismo?
-Le voy a explicar por qué no. La recesión mundial viene con ALCA o sin ALCA, con OMC o sin OMC. La recesión ya viene, porque el pastel está contrayéndose, y más o menos ALCA, o más o menos OMC, no hacen más que seguirlo contrayendo. Está claro que esa no puede ser una salida duradera, y que ni siquiera el triunfante va a triunfar. Podrá triunfar en la guerra, pero al final de cuentas su economía lo llevará al fracaso. Nadie triunfará en este mundo de exclusión progresiva. Y esa es la carta que juega Bin Laden: "¡En un mundo donde no quepamos todos, tampoco tendrán cabida ustedes, los intocables. Ni ustedes van a sentirse seguros en este mundo!"
Aunque no de modo inmediato, porque la respuesta de la guerra genera una exclusión cada vez más radical, esto alimentará la conciencia de que nadie va a estar a salvo en este mundo, y de que la lucha por la inclusión debe cambiar de rumbo. Así la lucha por dicha inclusión dejará de ser a costa de "no me importa nadie", para convertirse en una justa donde si yo quiero estar incluido como persona, como nación, como cultura o como civilización, debo crear las condiciones para que también haya lugar para otras personas, naciones, culturas y civilizaciones. Esta idea no es nueva. Algo parecido sucedió al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue preciso crear un mundo donde cupiéramos todos. Es entonces, a partir de ahí, que surgen las alternativas.
Una alternativa sería que la inversión se vinculara de nuevo con el ámbito productivo, más dentro del capitalismo hemos llegado a los límites de poder hacerlo con beneficio, y explico por qué. La vida media de la tecnología ha llegado a una "vida media cero". La computadora que compras hoy mañana es obsoleta. En tal caso ya no es rentable introducir computadoras en la economía, pues no incrementan la productividad general del trabajo: el costo de innovación aumenta mucho más rápido que el beneficio, el ahorro o la ganancia en productividad. Entonces empieza a regularse la vida media de la tecnología duplicándola paulatinamente, y las posibilidades de competir por intermedio de ella se reducen. Así comienza a competirse a través de sueldos más bajos en el Sur, y masivamente las inversiones se desplazan hacia allí, mientras en el Norte, como los productos duran el doble del tiempo, pueden reducirse los ingresos, e incluso el tiempo de trabajo, sin pérdida de bienestar. De este modo puede haber, hipotéticamente, keynesianismo en el Sur y postkeynesianismo en el Norte, es decir, el progreso del Norte no podrá seguir basándose en el crecimiento. Tarde o temprano -estamos hablando de décadas- ni siquiera existirán diferencias salariales. A partir de entonces el único patrón de competencia será la calidad: se habrá acabado el capitalismo… Parecería incierto, pero en verdad la racionalidad capitalista se ha agotado.
-Con todo, volviendo al presente inmediato, ¿usted se pronuncia por un No radical al ALCA?
-Sí, estoy por el No radical. Este encuentro, como el Foro Social Mundial de Porto Alegre, en Brasil, favorece una toma de conciencia. Sin ánimo de comparar un evento con otro, Porto Alegre contribuyó a que movimientos de diferentes regiones del mundo se identificaran, comprobaran que luchaban por las mismas causas, y comenzaran a realizar agendas comunes, agendas entre organizaciones con diferentes particularidades, y, por consiguiente, agendas con metas más generales, con pautas más abstractas que las inmediatas. El hecho propicia la articulación de un movimiento no solo de proyecciones, sino también cada vez más político.
En ese sentido, estos eventos echan a rodar "bolas de nieve": regresamos a los países y logramos intensificar los efectos de los movimientos sociales, aunque de repente sintamos un freno con exclamaciones como las del presidente Bush: "Los que no están conmigo están con los otros." Es como para decidir callarnos la boca por temor a ser tildados de terroristas. No obstante, conforme se desgasta la guerra, de nuevo se abre un espacio para proclamar que "estamos contra la guerra y contra el terrorismo". Y dicha postura nos hace replantearnos seriamente, como movimiento, qué es entonces lo que queremos de verdad. Esta situación de guerra nos obliga, como nunca antes, a definir a favor de qué estamos.
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