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PABLO MILANÉS:
SIMPLEMENTE ENTRE AMIGOS

Sin notarlo apenas, transcurrió la hora y media más memorable del viernes pasado habanero. El breve espacio en que no estás, en multitudinario coro cerró la tarde casi anochecida ya, y se despidió de momento uno de los más completos cantautores nacidos en Cuba... 


Joel del Río |
La Habana


Una hora y media en la tarde del viernes bastaron para que se verificara otra vez esa extraña, excepcional magia que une a los más grandes artistas con su público. Pablo Milanés, después de "breve tiempo de ausencia" -como él mismo apuntó al principio- (un intervalo durante el cual no intercambiaba en vivo con el público nacional), regresaba para confirmarnos cómo puede bordarse un recital impecable, sin un solo resquicio para el aburrimiento ni para el cansón estribillo y mucho menos para el gesto gratuito ni la pose vedetística. El escenario: una de esas tardes mandadas a hacer por un meteorólogo cómplice, y los jardines de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC); la entrada: absolutamente libre, tanto que algunos se abstuvieron de traspasar la verja y asistieron a la ceremonia musical desde balcones, azoteas, la acera de enfrente, la calle 17 inundada.
Desde el inicio, extrañamente puntual para nuestro medio (ya se sabe nuestra cara manía de comenzar todo media hora después de lo anunciado), Pablo advirtió su voluntad de cantar un resumen de sus últimos discos, pero ocurre que su muy esperado volumen Pablo querido tiene carácter recopilatorio y voluntad antológica, así que se alternaron obras recientes, provenientes del disco Días de gloria, con clásicos como Yolanda, Años, Para vivir, por supuesto coreadas a petición del artista por los centenares que inundaban, mayormente de pie, los sufrientes jardines.
El único invitado, no hacía falta más, fue Harold Gramatges, presidente de la Asociación de Música de la UNEAC, quien presentó al artista advirtiendo que muy poco había de decir: "todos estamos aquí por y para escuchar a Pablo... siempre dije, y no ahora que es evidente, si no desde los años sesenta, cuando lo escuché cantar en un evento de la canción protesta en Casa de las Américas, que había nacido un Franz Schubert en Cuba... Pablo es lo supremo en la canción cubana y estos jardines son su casa, a pesar de sus muchas vueltas por el mundo".
Inmediatamente resonaron canciones, la mayoría con nuevos arreglos, más soneados, ora jazzísticos, danzoneros o pop, siempre atentas a comprometer el pensamiento de quien escuche, emocionadas canciones dedicadas mayormente al amor sin ningún límite, sin complejos, prejuicios ni altosonancias. Pablo recobra la estatura descomunal que casi todos le reconocen como cantante, extraordinario intérprete -un tamaño que a veces olvidamos-sólo cuando se le escucha en vivo, cuando atestiguamos que canta cada día mejor, más limpio, más alto y más sinceramente emocionado, lejos de todo alarde o exhibicionismo emocional. Cuando más, el artista eleva un brazo, o los dos, en ademán quién sabe si de inspirado desaliento, pero Pablo estaba rebosante por el reencuentro, inequívocamente alegre, como lo reconoció más de una vez, ocurre que canciones como La soledad, Nostalgias, Si ella me faltara alguna vez, o El breve espacio en que no estás, llevan, les corresponde esa tristeza en sordina por lo ilogrado, lo imperfecto, lo sombrío; está demostrado que la mejor manera de hacer textos y músicas como estos viene a ser esa impenitente sobriedad que ha sido durante años el sello escénico del artista.
Emotivo momento, entre muchos otros, tuvo lugar cuando entonó Éxodo, un tema perteneciente también a Días de gloria, en el cual se pregunta el autor dónde estarán los amigos de ayer, esos desperdigados por el mundo por una u otra razón, pero que todavía son razón por la que el creador afirma vivir, querer y sentir.
La mayoría del público no lo sabía con certeza, por eso, a la hora de presentar canciones antológicas de su nuevo disco Pablo Querido como Comienzo y final de una verde mañana, Para vivir y Ámame como soy, hizo respetuosa mención de los artistas que hacen dúo con él en esa recopilación: Caetano Veloso, Armando Manzanero y Gal Costa, respectivamente. Y así, sin notarlo apenas, transcurrió la hora y media más memorable del viernes pasado habanero. El breve espacio en que no estás, en multitudinario coro cerró la tarde casi anochecida ya, y se despidió de pronto uno de los más completos cantautores nacidos en Cuba reiterando que se había sentido tan contento como siempre ocurre cuando uno retorna a su casa, entre su familia, a su país. 

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