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PUGNAS TRIBALES AMENAZARIAN LA CONQUISTA DE AFGANISTÁN
Lisandro Otero|
México
La guerra en Afganistán ha dado un súbito giro en los últimos días con la caída de la estratégica ciudad de Mazar y Sharif y de Kabul, inmediatamente después. Las fuerzas de la Alianza del Norte, apoyadas por la aviación norteamericana, han derrumbado la línea de defensa talibán y ocupado ambos enclaves urbanos. También se adueñaron, casi simultáneamente, de la ciudad de Herat, al oeste del territorio. La Alianza dominaba el diez por ciento del territorio afgano y en setenta y dos horas ha llegado a controlar la mitad del país.
Los talibanes decidieron abandonar la capital y replegarse hacia el sur. Parece que también están desalojando la capital espiritual, Kandahar. Eso pudiera significar un cambio de táctica: los talibanes abandonan la resistencia formal para iniciar la guerra de guerrillas. El problema es que la constitución de un gobierno de unidad nacional aún no está suficientemente preparada y con la ocupación de Kabul el resto del país podría alzar una vasta ola de resistencia al nuevo régimen. La Alianza está constituida, principalmente, por tayicos y uzbekos y por musulmanes chiítas, pero el sur del país está compuesto de pastunes. En el orbe arábigo hay que tener en cuenta la dinámica tribal y las contradicciones étnicas. En 1992 los tayicos y uzbekos de la Alianza ocuparon Kabul y se desató una ola de crímenes, violaciones, saqueos, masivas ejecuciones revanchistas que ayudaron luego a los talibanes a recuperar la ciudad con la ayuda de una ciudadanía agraviada. El recuerdo de esos actos de venganza aún está fresco y la ocupación de la urbe por la Alianza es vista con temor. Por eso es necesario armar un gobierno que comprenda representaciones de todos los estratos raciales.
De otra parte Estados Unidos se enfrenta a un debilitamiento grave de la coalición de países que lo secunda en la agresión. Si bien Pakistán ha dado muestras de un sólido apoyo, no sucede lo mismo con Arabia Saudita. En Pakistán el general Musharraf se ha lanzado de cabeza del lado de Washington lo cual le ha hecho sufrir un distanciamiento de su pueblo que apoya de corazón a los talibanes. No está descartado un golpe de estado, o un asesinato de Musharraf a manos de un extremista islámico.
Arabia Saudita está en el límite de sus posibilidades y los analistas temen que una rebelión, similar a la ocurrida en Irán, pueda acontecer allí. La Casa de Saud mantiene en aquél territorio una siniestra tiranía, represiva y oscurantista. Puede seguir el mismo curso de la dinastía Pahlavi. Hay un 30% de desempleo y un creciente índice de incremento demográfico. Gran parte del país está compuesto de adolescentes menores de quince años que al arribar a su plena juventud van a reclamar reformas y modernización.
El costo inmenso de sostener la casa real saudita -integrada por siete mil miembros quienes reciben un subsidio del gobierno-, pesa demasiado en la economía que ha visto elevarse su deuda interna de manera estratosférica. A ello se une la caída del precio del petróleo y el descenso del PNB que en veinte años se ha reducido a un tercio de lo que era. Pese a que Arabia Saudita es el mayor productor de petróleo del mundo -un hidrocarburo de alta calidad, fácil de extraer-, el monopolio
arábico se ha visto asediado por las ambiciones de las Siete Hermanas, las grandes compañías petroleras que aspiran a una mayor tajada del pastel.
La corrupción de la casa real es notoria. Los príncipes gastan fortunas en la compra de armamento por lo cual reciben opulentas comisiones. Mantienen un nivel de vida ostentoso y derrochador. Por ello los fieles islámicos, sunitas y chiítas, estiman que ha llegado el momento de proceder a una más justa distribución del producto nacional y frenar los dispendios de la nobleza saudita. Para colmo de trastornos la casa monárquica está dividida y la lucha entre diversas facciones de la realeza han entrado en ásperas discordancias.
El equilibrio en el Oriente Medio está amenazado por la precariedad del apoyo político del régimen de Musharraf, en Pakistán, y por la probable caída de la dinastía saudita. Pese a los avances de la Alianza del Norte faltan por resolver las pugnas tribales en Afganistán y lograr una síntesis positiva de los antagonismos de camarillas y tribus venenosamente enfrentadas.
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