La Jiribilla | DOSSIER                                                           
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER   

EL GRAN ZOO   

PUEBLO MOCHO   

CARTELERA   

POR AUTORES   

LIBRO DIGITAL    

Otros Enlaces    

Mapa del Sitio    

•  GALERIA    
•  LA CARICATURA     


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRONICO
Click AQUI

La Diáspora
como tema

Ambrosio Fornet
El tema de la emigración o el exilio en el arte y la literatura cubanos

   

POLVO ROJO (PRIMERA ENTREGA)
EL HOMBRE DE LA CULTURA MILITANTE

La verdadera "novela" de Jesús Díaz en el campo de las ideas.

Edición: Pedro de la Hoz

En 1966, Jesús Díaz se hizo notar por primera vez en grande en la escena intelectual cubana. Un libro suyo, Los años duros, sorprendió al jurado del Premio Casa de las Américas, al punto de obtener el galardón en el género de Cuento. Era una legitima sorpresa. Un autor de apenas 25 años de edad narraba episodios de la lucha clandestina contra la tiranía batistiana y concebía páginas acerca de la épica cotidiana por transformar la realidad en los años posteriores al triunfo de Enero del 59, con un manejo preciso del arte de narrar. Vale la pena dedicar más adelante una entrega de este recorrido por la biografía ideológica de J.D. Los años duros

Ese año también, el entonces joven profesor de Filosofía participaría de manera decisiva en la fundación de El Caimán Barbudo, publicación de cultural que en esa primera etapa salió como suplemento del diario Juventud Rebelde.

El aval de Los años duros convirtió a J.D. en una presencia decisiva en la vida cultural cubana. La voz de J.D. se involucró en el debate acerca de cómo enfocar la misión del escritor y el artista en el proceso de transformaciones revolucionarias. Fue así cómo en el número de la revista de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, La Gaceta de Cuba, se lanzó a "desenmascarar" la actividad de la Editorial El Puente, que por esa época reunía a un grupo de poetas coetáneos de J.D. También vale la pena consagrar una entrega al ataque al grupo de El Puente y a sus consecuencias.

Al mismo tiempo, J.D., que se consideraba comprometido con la difusión de la verdadera ideología revolucionaria en el terreno de la cultura, arremetió contra Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), a quien tildó de populista.

En medio de esa campaña por la pureza de la literatura revolucionaria, J.D. publicó en la revista Bohemia, un artículo titulado "Para una cultura militante".

Son elocuentes los epígrafes que utiliza: "El capitalismo es hostil a algunas ramas de la producción como el arte y la poesía". (Carlos Marx). "Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes en España, Shakespeare en Inglaterra, Tolstoi en Rusia..."(Antonio Machado) "La calidad es el respeto al pueblo" (Che Guevara). Esas eran sus brújulas.

Veamos, pues, cuáles ideas profesaba J.D. en 1966.

Arte y capitalismo

Esta hostilidad tiene su raíz en la base misma del sistema capitalista: la producción de mercancías. Las obras de arte son sólo una forma particular de producción y, en cuanto tales, tiende a convertirlas en mercancías, apreciándolas exclusivamente por su valor comercial. Pero el valor de toda mercancía se encuentra determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario invertido para producirla, y el valor de las obras de arte no puede ser regido por esta ley general. El arte es siempre un trabajo concreto; sería imposible determinar previamente el tiempo de trabajo social que sería necesario invertir para producir una novela o un poema. [...] La historia de las relaciones entre capitalismo y arte está marcada por esa contradicción insoslayable: objetiva.

Por otra parte, el capitalismo, la industria y la administración de la industria, necesitan y desarrollan una clase obrera y una burocracia de un relativo nivel de instrucción. El analfabetismo es un obstáculo insalvable para trabajar en una buena cantidad de operaciones industriales o en la administración de empresas.

Surgen, también como una necesidad, los técnicos y los profesionales. La clase obrera arranca, penosamente, derechos a la clase dominante, trabaja ocho horas. Tiene tiempo para otras actividades, se ha convertido en una consumidora potencial de cultura.

la burguesía descubre un nuevo negocio: la cultura de masas. Y, como una buena parte del pueblo se ha alfabetizado y ha obtenido tiempo libre, matará dos pájaros de un tiro: los convertirá en analfabetos políticos y ganará dinero. Comienza la producción de la cultura en serie. El burgués, dueño de la industria y de los medios de publicidad, obliga al creador a dejar de serlo y someterse a las leyes del mercado, obliga al pueblo a consumir su engendro: los comics, los halcones negros, superman, los peores folletines radiales y televisados, las novelas en revistas femeninas, los libros pornográficos, etc.

[...]

El capitalismo intentó deformar el gusto de los obreros como deformó sus manos. Le robaba, con el derecho al pan, el derecho a la belleza.

Poesía popular y poesía populista

La poesía popular, producto de condiciones primitivas de existencia, irá variando en la medida en que esas condiciones se transformen. Tanto los trovadores cortesanos como los juglares son la consecuencia directa de un mundo feudal. ¿Qué lugar ocupan en un mundo donde existe la radio, la televisión, la imprenta y los Mig 21? Si en nuestros campos persisten todavía condiciones poco tecnificadas, no hay que olvidar que persisten, que son el pasado, que deben liquidarse. El técnico agrícola, aunque viva en el campo, es eso, un técnico. ¿Quiere decir esto que proponemos desterrar el arte popular con escrúpulos de intelectual aristocratizante? Insinuar eso es una calumnia. la verdaderas formas populares desarrolladas por la tradición, deben preservarse, deben continuarse desarrollando. En el futuro se irán fundiendo cada vez más en el gusto y la obra de esos hombres de un mañana que es presente con la cultura, que gracias a la Revolución, están adquiriendo: la poesía popular del futuro es la poesía culta. El pueblo del futuro comunista es un pueblo culto.

Para cuna cultura militante

El arte del futuro en Cuba, el arte con perspectivas reales en Cuba, es, será, el arte de la Revolución. De esta gran Revolución que todos, los artistas revolucionarios, como parte integral del pueblo, estamos realizando. Si un artista renuncia a tratar ese tema, a inscribir su obra dentro de ese gran marco, allá él, sólo él se lo pierde, sólo él es menos libre. Tendrá que pagar esa autolimitación, esa falta de sensibilidad ante ese magnífico fenómeno humano. Si no hace contrarrevolución con su obra, no debe preocuparnos, podemos incluso admirar lo que haga en cuanto valga y compadecerlo.

[...]

El artista puede y debe y tiene que asistir con todo su saber y todo su oficio a esta tarea, realizar y desarrollar el trabajo artístico y llevarlo también al pueblo y leerlo y discutirlo y aprender y enseñar. No se ha ido lo suficiente a fábricas y talleres, a granjas y cooperativas y comités de defensa. No se ha discutido lo suficiente con el pueblo. No se ha llevado suficientemente el buen teatro al pueblo. El trabajo que realizaron los atletas de la delegación cubana a Puerto Rico, con el magnífico aporte del compañero Caiñas Sierra en la obra Nos vemos en Puerto Rico, actuada por atletas, vista por más de mil personas que no van habitualmente al teatro, es, desde muchos puntos de vista, un magnífico ejemplo de arte inmediato, politizado, directo, y a la vez trascendente en cierta medida. Es una tarea de todos, del pueblo, del creador, del Partido: juntos, tenemos que arrancar a la burguesía el privilegio de la belleza.

VERSION PARA IMPRIMIR

......................................................................................................

PAGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR

NOTAS AL FASCISMO CORRIENTE
Saltan las liebres


Desde que apareció la primera edición de La Jiribilla, muchos son los mensajes enviados para solicitar nuestras actualizaciones. Algunos se ofrecen desde Miami, Madrid y otras partes del mundo como colaboradores voluntarios. Y otros, nos envían su aliento en el proyecto y hasta un poema. Y obviamente, saltan las liebres heridas, expulsan veneno, lloran insultos, muestran su estupor. Un plumífero corrió la voz de que La Jiribilla es una publicación oficial del gobierno cubano. Este señor, aunque lo niegue, sabe bien que en Cuba todos somos gobierno. Es preferible tener gobierno a tener amo. Un amo tan generoso como el yanqui, que se hace el de la vista gorda cuando le paga a la misma gente, ya sea en Radio Martí o en su recién aparecida versión digital. Y algunas cifras son públicas, otras no. El Nuevo Herald admitió sin pudor que solo para esta versión en Internet entregó 250 000 dólares. ¡Oh, Jesús!


© La Jiribilla. La Habana. 2001
Sitio auspiciado por el Periódico Juventud Rebelde
 IE-800X600