|
PLÁSTICA Y SÉPTIMO ARTE
Las tres exhibiciones colectivas de carteles: "Elogio y fascinación del cartel de antaño", "Cine de papel" y "Carteles en concurso" que se hallan en las salas de exposición del ICAIC crean, de cierto modo, un recorrido que permite enlazar diversas lecturas sobre una manifestación de la gráfica que se halla unida al cine desde su origen mismo.
Carina Pino-Santos |
La
Habana
• Carteles del Cine Cubano
La cita más espectacularmente concurrida y también la más comentada por el público cubano, nuestro Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano ha incluido en esta su 23 edición, un programa de muestras que este año se ha extendido más allá de la habitual exposición de los carteles de filmes en concurso y de esos afiches que inevitablemente el espectador halla en su ansioso deambular por los vestíbulos de las salas de cine y galerías de la capital.
Las tres exhibiciones colectivas de carteles: "Elogio y fascinación del cartel de antaño", "Cine de papel" y "Carteles en concurso" que se hallan en las salas de exposición del ICAIC crean, de cierto modo, un recorrido que permite enlazar diversas lecturas sobre una manifestación de la gráfica que se halla unida al cine desde su origen mismo, cuando un día de invierno de 1895 un cartel de Auzolle anunció la primera muestra cinematográfica de un filme en el Boulevard des Capucines de París.
En la galería 23 y 10 se muestra en síntesis un itinerario por los anuncios publicitarios del cine en Cuba durante la primera mitad del siglo. "Elogio y fascinación del cartel de antaño" se erige cual llamada irrevocable a la nostalgia, en especial para aquellos espectadores que nacieran en las primeras décadas que se acordarán cuando, muy jóvenes, solían detenerse a la entrada de las salas a ver aquellos anuncios que, a la distancia, hallamos rebosantes de candor y de un sublimado kitsch, allí están las fotos iluminadas de los protagonistas, a veces incluso encerradas en el dibujo de un rutilante corazón. Por cierto, que pudieran pensarse muy alejadas, mas no lo están, al menos en su concepto, de estas que hoy los espectadores visitan entre filme y filme en el vestíbulo del céntrico cine Chaplin, en el "Concurso de Carteles". Transcurrido el tiempo, ello ya no significa nacimiento y desarrollo, sino la decadencia o crisis de una concepción publicitaria -luego de medio siglo de historia del diseño y nuevas tecnologías mediante-, pues la mayoría de los afiches que allí compiten pueden apreciarse como la variante más reductiva de la publicidad, léase aquella asentada en la literal descripción, en el fotograma llamativo cual mera ilustración al filme. Con sus excepciones, claro está, como en los diseños gráficos para los filmes Los rostros del almirante o Texas Hotel, o los ejemplos del cartel pictórico -que halla su antecedente en el cartel artístico de los fundadores de la manifestación, los franceses Tolousse Lautrec y Pierre Bonnard-, como en el que anuncia esta edición 23, basado en la obra Al alba ... del joven artista plástico Rancaño.
Pero más allá del cartel desde su funcionalidad vital de anuncio de filmes, se hallan otras interpretaciones curatoriales, no tan usuales."Cine de papel" relacionó a 123 ilustradores, artistas plásticos relevantes en el diseño gráfico, e igual cantidad autores de textos: creadores todos cuya pasión esencial ha sido y será el cine, quienes fueran convocados por el Consorcio de Museos, la Asociación Profesional de Ilustradores Valencianos y Bancaja de Valencia para producir una exposición y libro-catálogo que nos llevan a un recuento no planeado a propósito de la historia del cine español. Cada artista seleccionó el título del filme sobre el cual diseñar y en base a ellos, los escritores también eligieron para realizar su comentario autoral. De ahí la suma variada que abarca e integra en el diseño gráfico -con mayor o, en algunos casos, con débil eficacia dado el desbordamiento literal de la ilustración misma-, el empleo de la caricatura, el pop art, el fotocollage, la personalidad tipográfica, y muchas otras tendencias procedentes de la plástica, lo que ha constituido un verdadero proceso de reciclaje de las artes. El cartel de Paco Bascuñan, por ejemplo, sobre el filme Las Hurdes de Luis Buñuel (1932) es intensa y delicadamente expresivo del entorno recio y ascético en que el prestigioso director ubicó el tema. El diseñador ubicó a esa única abeja que sobrevuela en el gran espacio en blanco, tan ascético como la comarca de la película, a la vez que encuentra una sugerente tipografía afín al ambiente buñueliano para el título. "Cine de papel" tuvo entre sus propósitos convertirse en un juego de azares y en una conjunción de voluntades creativas. Su mérito mayor es la muy especial confluencia de los más diversos géneros, estilos, así como la interrelación más o menos eficiente de manifestaciones diferentes, aunque vinculadas entre sí, como la ilustración, la gráfica y el cine mismo.
Además de la inclusión de esta trilogía de la gráfica se halla una muestra de pintura, que se conforma, según afirmaron sus organizadores, como el "tributo a un gran sueño que despertó una mañana de diciembre en San Antonio de los Baños", esa quimera que se hizo realidad hace 15 años con la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. "EICTV: Toma 15. Pintura Cubana: ¡Acción!" parte, como en "Cine de papel", de la cinematografía como motivación esencial. Esta vez son los cortos, filmes y documentales de una generación de egresados de esa muy especial academia cinematográfica, obras que constituyen el punto de partida para la creación individual de un grupo sumamente heterogéneo de 26 artistas de diversas generaciones, creadores bien reconocidos dentro de la pintura cubana. En la sala de exposiciones frente al ICAIC, se hallan obras de Kcho, Mendive, Manuel López Oliva, Eduardo Abela Torras, Pedro Pablo Oliva, Salvador Corratgé, Sandra Ramos, Agustín Bejarano, entre otros. La exposición permite reflexionar sobre la creación en sí, pues así como no siempre corresponde al mejor afiche el más enjundioso filme y viceversa, también sucede lo mismo con la pintura. Luego de reconocer el esfuerzo de sus curadores y de los actores participantes que han logrado, de forma bien específica su homenaje, desde el acto mismo de la producción artística, sería más interesante aún para futuros festivales favorecer un diálogo entre cineastas quienes también produzcan tomando referentes plásticos, y de artistas de otras manifestaciones plásticas, no únicamente de pintores, dadas las analogías entre cine-pintura por ejemplo en cuanto a la bidimensionalidad, esto establecerían nuevas y extensivas interconexiones.
En realidad, lo anterior no sería tan difícil, pues ya desde este encuentro 23, se observan varias propuestas diferentes, y como bien se sabe, son tan diversos los puentes que relacionan al cine y las artes visuales que pueden constituirse en fuente inagotable para la creación de las más diversas curadurías, y quién sabe si en un futuro, hasta también en una saludable competitividad entre éstas que promueva cada vez a campos más expansivos de reflexión y estímulo a la creación que, finalmente, constituye el origen de todo arte.
|