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NUNCA ME HAN CENSURADO

"Hasta ahora he hecho películas que bordean la realidad con una mirada más reflexiva y no me he encontrado a nadie que me diga esto no va, no lo puedes hacer, debes decirlo de otra manera...", asegura a La Jiribilla Enrique Álvarez, uno de los más controvertidos directores jóvenes de la Isla. 

Nirma Acosta|
La Habana


Esta es, digamos, la película del reencuentro. El reencuentro del público cubano con el joven cineasta Enrique Alvarez, y el reencuentro también de los personajes con ellos mismos, con lo que quisieron y quieren ser. Todo lo que sucede en un día de estas personas y que puede cambiar la vida de Ana, Iván, Jesús y los otros. El destino no está predeterminado ni siquiera por el guión. ¿se puede volver a empezar? ¿Se puede nacer de nuevo? Son preguntas que de una u otra forma intenta resolver la trama del filme. Luego de vivir cuatro años fuera de la Isla, la protagonista, Jacqueline Arenal, regresa a La Habana donde por coincidencia se cruza con Iván (Mijail Mulkay), un fotógrafo que ha decidido quemar toda su obra. Una llamada de la novia, desde Miami, le avisa sobre la visita de una importante galerista norteamericana interesada en exponer sus fotos en los Estados Unidos. Cierra los ojos, frente a un mapa de la ciudad y señala un punto, ese que puede ser el comienzo de mucho otros caminos. A partir de ahí, el azar hace de las suyas.
Miradas, obra escrita por el propio Enrique junto al poeta cubano, Sigfredo Ariel fue premio al mejor guión inédito del XVIII Festival del Nuevo cine Latinoamericano y fue en esta ocasión el pretexto para conversar en La Habana con el director del filme, que asegura estar algo contrariado por la expectativa del estreno el próximo lunes en la capital cubana.

-Ahora mismo tengo sentimientos encontrados porque se acerca la confrontación con el público, me albergan temores... Es una película hermosa que creo funcione bien. Quizás al público cubano pueda resultarle un poco fría, como suele suceder con mi obra. Es más bien fría y reflexiva. Está llena de cosas cotidianas, pero de lo que he hecho hasta ahora es quizás la que más posibilidades de comunicación tiene con la gente. 

-¿Es fácil para un joven realizador cubano llevar la realidad al celuloide? ¿Qué compromisos impone esto?
-No es fácil. En primer lugar, por los recursos, ese es un obstáculo objetivo. Se hacen pocas películas al año y por ello el ciclo de filmación entre una obra y otra se alarga por encima del tiempo deseado. En cuanto a los temas a tratar, no creo que haya dificultad. En mi caso, me he sentido bastante libre a la hora de abordar los asuntos que me interesan y de la manera que quiero hacerlo. Siempre se acusa a sociedades como la nuestra de que la censura ideológica pesa mucho. Quizás el reto de los artistas es saltar por sobre eso. Las instituciones defienden principios y uno como artista defiende una mirada, una subjetividad que no tiene que ser para nada coincidente. He conocido personas que se ofenden frente a un criterio o valor que defiende la institución y que para ellos resulta inaceptable porque es lo que justamente están cuestionando. 

-¿Has sentido el peso de esa censura alguna vez?
-No. Nunca me han censurado. Mi obra cuenta historias de otro tipo, más reflexivas. No acostumbro a tener una mirada crítica sobre situaciones cotidianas directas, circunstanciales, a mí esos temas no me interesan, aunque no me parece mal que se aborden. Hasta ahora he hecho películas que bordean la realidad con una mirada más reflexiva y no me he encontrado a nadie que me diga "esto no va", "no lo puedes hacer", "debes decirlo de otra manera"...
La ola, mi primera película se vio bastante poco y quizás puede haber habido un tipo de prejuicio del público respecto a ella. Fue muy difícil en su tiempo, muy lenta, 70 minutos, pero de un carácter muy experimental. Tuvo una difícil confrontación con la gente. Esperé resultara más interesante, porque en ese momento era una problemática de muchos jóvenes en Cuba, pero resultó ser una película de difícil comunicación. Hoy no la haría así, pero, de cualquier manera, sigo creyendo en ella. Esta que acabo de terminar es un guión que venía arrastrando desde hace cinco años y mientras la estuve filmando, ya me daba la sensación de que era un asunto que ya no me interesaba tanto. La vida cambia muy rápido. Con esta obra tengo como un distanciamiento mayor, quizás es un signo de madurez. (risas)

 



-Se dice que el Festival de La Habana, está inmerso en un proceso renovador y más revolucionario en sí mismo. ¿Qué piensas sobre ello?
-Sí. En el festival se está operando una revolución, no sé si más o menos silenciosa... Antes, era más abierto. Competían 50 o 60 películas, todo el que venía presentaba y competía. Por primera vez hay una competencia cerrada, más selectiva. Solo 21 largometrajes. Lo cual permite un mayor rigor y atención del jurado sobre las distintas obras. Su opinión puede ser ahora más profunda, menos superficial. Separar la categoría de óperas primas también puede ser una experiencia positiva. Me parecen signos de renovación. El Festival de La Habana sigue siendo un evento importante porque permite confrontar la obra con el cine latinoamericano que se está haciendo, pero además se abre como una ventana para que el público pueda disfrutar de las 10 o 15 películas más destacadas del año, filmes que puede ver por única vez. Me parece maravilloso para el público y para los cineastas. Para nosotros implica la oportunidad de establecer un diálogo interesante con un cine que se sale de la retórica paralizante, una propuesta de intercambio con las vanguardias artísticas. Las muestras paralelas por ejemplo, se incluye entre los signos de mayor lucidez dentro del diseño del festival. 

-¿Miradas?
-Miradas es mi segundo largometraje de ficción. Termino un ciclo, pero no sé que va a pasar ni que voy a hacer mañana. Lo más contento que me tiene del filme es que significa un salto en mi manera de ver el cine, de dirigir actores, de contar historias, un salto que puede ser más o menos grande. En Cuba se filma poco, y no hay, digamos, una seguridad de trabajo lineal o sistemático. Esos saltos pueden ser para bien y para mal. Uno no sabe como va a ser la caída. En este momento tengo varios proyectos al nivel de ideas, no de argumentos. Me queda decidir cuál de ellos será el próximo. No quiero arrastrar otro guión por dos o tres años, eso siempre te produce insatisfacciones porque la vida es muy cambiante. Por lo pronto, Miradas está ahí. Es una historia de amor, de amor entre las personas y de amor a Cuba también. Vamos a ver qué dice el público.

Ficha Técnica. Miradas

Direccion:
Enrique Álvarez 
Guión: Sigfredo Ariel, Enrique Álvarez
Dirección de Arte: Pavel Giroud
Fotografía: Raúl Rodríguez
Edición: Miriam Talavera, Marisela Sosa
Sonido: Raul García

Reparto:
Jacqueline Arenal, Mijail Mulkay, Manuel Porto, Miguel Navarro, Alfredo Alonso, Raquel Casado, Paula Alí.

Actuación Especial: Vicente Revuelta.

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