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11 DE SEPTIEMBRE:
CÓMO HACER CINE EN UN PAÍS DEVASTADO
Planteada esta situación nueva, donde los ciudadanos han aceptado perder derechos civiles por su miedo al terrorismo, y donde un aparato de represión
ha comenzado a volcar sospechas sobre su diversidad étnica y sus no-ciudadanos, ¿Cuáles son los parámetros de los cineastas latinos para continuar y evolucionar su propia
práctica cinematográfica?
Jorge Ruffinelli |
Uruguay
Los aviones se acercaron con estrépito, y el daño fue devastador. El terror cundió, y el espanto, la rabia, el dolor, la frustración y la muerte, tanto de las victimas como de los sobrevivientes. El 11 de septiembre fue sellado con una gran tragedia y no pudo pensarse luego en explicación alguna que justificara a los agresores. Me estoy refiriendo al 11 de septiembre de 1973, en Santiago de Chile, y al acto de terrorismo militar contra su presidente y el pueblo chileno. Casi tres décadas mas tardes, otros terroristas destruyeron las torres Torres Gemelas de Nueva York y parte del Pentágono, usando ya no aviones de la Fuerza Aérea sino comerciales. Todavía estamos viviendo todo el espasmo de ese día. Ahora quisiera reflexionar sobre la situación que ambos 11 de septiembre produjeron en sus pueblos y las posibles lecciones a extraer en este caso, para los modos de producción del cine latino en los Estados Unidos. A este tema así como a aspectos fundamentales que lo acompañan -identidad, nuevas
tecnologías- voy a referirme en los próximos minutos.
El golpe de estado de 1973 en Chile canceló de un golpe la posibilidad de una vida y un desarrollo normales en el cine. La misma garra que suspendió los derechos humanos y civiles de los ciudadanos impidió que la sociedad y sus individuos más creativos ejercieran la hermosa función del cine de mostrarse a
sí mismos, o de soñar con quienes ansiaban ser. El cine -como tantas otras expresiones-fue obliterado. Como por reglas de Talibán, el cine de opinión e imaginación quedó prohibido. Y pasó a la clandestinidad y al exilio.
Uno de los ejemplos es hoy muy conocido. Aunque sufrió personalmente la prisión en el estadio nacional de Chile, Patricio Guzmán tuvo por otro lado la fortuna de contar con diversas ayudas para sacar a Chile, en secreto, los materiales que finalmente compondrían
La batalla de Chile. Tuvo también la suerte de encontrarse en
París con Alfredo Guevara, quien con una generosidad que hoy es un hito histórico, le ofreció montar en Cuba su película
aún inexistente. Solo así pudo lograrse
La batalla de Chile.
Hubo también un cine clandestino en Chile, ante todo en los
80s. Películas anónimas que salían clandestinamente del país después de haber registrado escenas de represión y resistencia, y que en Europa se "completaban", se mostraban, y servían como disparadores de la denuncia y también como memoria. La primera fue
Recado de Chile (1978), y otras la siguieron: Chile,
no invoco tu nombre en vano (1983), Memorias de una guerra cotidiana (1986). Sentaron una honrosa tradición y ayudaron, en su propia medida, a volver al país a los caminos de la libertad.
Cuando los terroristas se inmolaron secuestrando aviones y arrojándolos como bombas contra las torres de Nueva York, la televisión norteamericana recogió en vivo las terribles imágenes que, sin negar el horror, magnetizaron a los espectadores como uno más de aquellos efectos especiales a que el cine de Hollywood nos había acostumbrado. La diferencia entre las películas de Hollywood y las escenas del 11 de septiembre fue la que hay entre la ficción y la realidad, que muchas veces se confunden. Lo real era que aquellas imágenes no habían sido preparadas por un director, un productor y los técnicos en efectos especiales. Lo real conmovió a Hollywood a toda la industria de cine y un nuevo
ethos cinematográfico apareció en el horizonte como no se hubiera podido sospechar hasta ese momento. Las polémicas sobre la incidencia de la violencia del cine sobre la realidad quedaron postergadas. No solo Hollywood abandonó la actitud defensiva que lo había caracterizado en esa "Guerra Cultural" sino que
pasó a la ejecutiva auto-censura contra sus propias prácticas y una ley obvia de mercado que los había orientado hasta entonces: darle al público lo que este ansía. En un principio, los estudios determinaron que pondrían en marcha su
"fábrica de sueños" para producir comedias de diversión e historias que subrayasen los valores familiares. Hollywood dejó de parecerse a Hollywood.
El 11 de noviembre dos meses después del ataque del ataque terrorista a NY, Hollywood entero se puso a las órdenes del gobierno. Como señaló Jack Valenti, fue "la primera vez, en sus 35 años [al servicio] del negocio del cine, en que vio representantes de todos los estudios principales, cadenas de televisión unidos en una causa
común" 1. Noventa altos ejecutivos reunidos de George W. Bush, Karl Rove, trasmitieron al gobierno los planes que ya habían estado discutiendo entre ellos: hacer películas en que se favorecieran los puntos de vista oficiales de la guerra contra el terrorismo,
"para divulgar el mensaje pro-Norteamericano en el exterior", realizar cortos de propaganda, y enrolar a estrellas del cine y la televisión "para
entretener a las tropas estacionadas en el extranjero y a sus familias en las bases del territorio nacional". Karl Rove, en nombre de Bush, sugirió hacer películas en la que se dejara en claro la posición del gobierno -su política contra el terrorismo y no contra el Islam-con el propósito de promover el "llamado al servicio a todos los
norteamericanos".
Esta causa común entre el gobierno de los Estados Unidos y la empresa privada hollywoodense puso un freno a la llamada
"guerra cultural" que, hasta el 11 de septiembre habría venido librándose en diversas escaramuzas en el Congreso y Hollywood. Súbitamente, todos aquellos problemas nacionales y sociales relacionados con el alto índice de embarazo adolescente, la violencia de las pandillas, los atentados masivos en las escuelas -que habían sido atribuidos a la influencia nociva del cine de Hollywood--, acabó neutralizado de un plumazo en un acto de conciliación. Criticar a Hollywood pasó a ser un acto si no antipatriótico, casi antipatriótico. Al punto de que Robert Altman fue criticado por haber dicho que, en efecto, " Hollywood merecía alguna culpa por producir ese tipo de películas de violencia gratuita que pudo haber inspirado los ataques".
Claro que la nueva asociación entre Hollywood y el gobierno no va a tener fórmulas fáciles ni estas van a ser cómodamente aceptadas. Clyde Haberman escribió en el NYTimes, con cierto humor,
"que no va ser fácil encontrar a un moderno Frank
Capra. [Ni] a un Ernie Pyle, el gran cronista de la vida militar de la Segunda Guerra Mundial, para el siglo
XXI. Una razón es que los Estados Unidos tiene poquísimas tropas en Afganistán. Y otra es que "el Pentágono
está tomando todas las precauciones para que los periodistas no tengan virtualmente ningún acceso a información independiente sobre la guerra". 2
"Las guerras culturales han sido completamente redefinidas por el 11 de septiembre",
señaló Robert J. Thomson, profesor de la Universidad de Syracuse. Y añadió: "Para mi, esta ha sido una de las consecuencias menos advertidas y discutidas de septiembre 11".
Pero en consecuencia ha comenzado a discutirse. Baz Luhrmann, el director de
Moulin Rouge, ha visto con claridad dos consecuencias de esta situación
post 11 de septiembre: la cultura ha sido marginada y
los cineastas se han quedado sin contexto. "Creo que lo que ha sucedido -dice Luhrmann-es que la cultura misma ha sido desplazada temporariamente [...] El problema, para los cineastas y demás artistas, es que no hay contexto.
Sí, existe en la gente lo del
show debe continuar, pero incluso ellos solo están haciendo cosas en el
vacío, sin saber cuál va a ser el eventual contexto cultural". 3
Planteada esta situación nueva, y hasta cierto punto inédita, donde los ciudadanos han aceptado perder derechos civiles por su miedo al terrorismo, donde hay cada vez menos tolerancia por las opiniones divergentes del gobierno, donde se ha intentado redefinir lo "norteamericano", y donde un aparato de represión a comenzado a volcar sospechas sobre su diversidad étnica y sus no-ciudadanos, ¿Cuáles son los parámetros de los cineastas latinos para continuar y evolucionar su propia
práctica cinematográfica? ¿Cuál es su contexto? ¿Acaso su contexto es "Acta Patriótica", o las banderas norteamericanas colgadas en los automóviles y las casas? ¿O son la realidad y las proyecciones futuras que emergieron del censo nacional del año 2000?
Las cifras son claras y elocuentes, pero no lo dicen todo. De acuerdo con el Censo 2000 la población Hispana o Latina compone un 12.5 de la población. Es la mayoría mas grande del país, frente a la segunda de los
Negros o Afro-americanos (12.3). Setenta millones de personas ya no se definen a
sí mismos como "Blancos", y componen en cambio las grandes minorías étnicas que han cambiado la faz de los Estados Unidos. Sin
embargo, ese enorme potencial latino no ha sido explorado a fondo, es como una gran fuerza (para
muchos es solo un "mercado" hispano) y probablemente no tiene una conciencia absoluta de su poder.
[...]
Baz Luhrmann decía, correctamente, que los cineastas se han quedado momentáneamente sin contexto. La situación es difícil, no hay duda. Es cierto han disminuido las condiciones para un cine de lucha social y de ideas, y sin embargo si hay alguien que tiene el contexto en los Estados Unidos, es el cineasta latino. Los latinos y negros han sido durante décadas la conciencia del país. Los avances sociales en la legislación y la práctica cotidiana están necesariamente imbricados con las luchas sociales. Y al mismo tiempo ellas han mostrado que latinos y negros pueden cumplir la función de rescatar a los Estados Unidos de su terrible pasado (y de su presente) de desigualdades sociales, económicas y culturales, y de los prejuicios raciales que han marcado su historia.
Ese es el contexto que no se ha perdido. Muchas cosas cambiaron el 11 de septiembre, pero lo que no cambió es la condición social. Los cineastas deberán encontrar - y están
encontrando- sus temas y estilos. Si en el extremo sur del continente, hace treinta años los anónimos cineastas chilenos pudieron sobrevivir a las peores condiciones de una dictadura, por qué no pensar en un cine posible en este nuevo milenio, en ese país también "nuevo" ya que los actos terroristas en su propio territorio le hicieron descubrir el azote de la violencia humana, el mismo o parecido al que tantos otros pueblos hemos estado sufriendo a lo largo de nuestra historia.
Diciembre, 2001
(Fragmento de la intervención de Jorge Ruffinelli en el Seminario de
Reflexión sobre medios audiovisuales, diversidad
cultural e identidad ante el reto de las nuevas
tecnologías, celebrado el 6 y 7 de diciembre como
parte de las actividades del XXIII Festival
Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.)
1 Rick Lyman: "Hollywood Discusses Role in War
Effort", NYT, Noviembre 12, 2001.
2 Clyde Haberman: "Bush's Exhortation at U.N., an
Firing Up the Hollywood Canteen".
3. Citado por Lyman, art. cit.
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