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A PROPÓSITO DE UN NUEVO FESTIVAL
De nada valen las políticas de ayuda al cine continental, o la celebración de reuniones como estas, si nuestros cineastas no se plantean la realización de sus obras con la mirada puesta en los valores artísticos de sus filmes y en la conquista de sus espectadores la mayor parte de ellos jóvenes y adolescentes.
Gustavo Arcos Fernández- Britto |
La
Habana
Dice una conocida canción popular que veinte años no es nada. Optimista idea que todos quisiéramos se cumpliera en la realidad. Más de dos décadas han transcurrido ya desde aquellas fechas a fines de los setenta en las que, modestamente,
daba sus primeros pasos en una sola sala cinematográfica de nuestra ciudad el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Cuanto tiempo ha pasado desde entonces, y cuanto ha cambiado este evento desde aquellos años iniciales, en los que predominaban los filmes documentales de fuerte tono político. Obras que sin tapujos representaban los duros conflictos sociales de la región llevados al lenguaje del cine por sus autores, participantes y víctimas ellos mismos de esos fenómenos.
Hoy el Festival se extiende por todo el país y sólo en la capital más de veinte salas exhiben las películas que llegan de todas partes del mundo, cubriendo una amplia gama de géneros y modos de representación. Homenajes, retrospectivas, presentaciones especiales de filmes y autores, conciertos, seminarios teóricos y exposiciones cargan la agenda del encuentro regional, apoyado de manera impresionante por el público que colma los locales de exhibición. El Festival es hoy más universal ¿significa eso que ha perdido su identidad, su carisma, su razón de
ser?
La interrogante pudiera tener muchas respuestas, según sean las aristas por donde se observe el fenómeno de la creación cinematográfica en el mundo de hoy, concentremos la atención en una de ellas, la que proviene de las propias obras.
No hay que observar con una lupa para toparnos con una enorme cantidad de relatos cuyos autores han privilegiado a ese sujeto marginal de edad adolescente en perpetua deuda existencial, perdido en un universo esquivo que no los toma en cuenta, lo mismo si provienen de una familia acomodada o los rodea la más trágica de las miserias, porque en definitiva a todos por igual los azota una carencia, ética o material, heredada de un mundo que no los tiene en cuenta. Así una película como la mexicana,
Y tu mamá también, esconde bajo su aparente frivolidad y desenfado una aguda reflexión acerca de lo efímero que puede ser la existencia humana. Con eficaz naturalidad y realismo en el tratamiento de las situaciones y los personajes, asistimos a la aventura de unos seres
que, abocados a convertir sus vidas en una broma perpetua, creen así conjurar la devastación social y ética que los rodea. Todo aquí se nos muestra de una precariedad escalofriante, la amistad, el amor, la lealtad, y hasta la propia vida. Otra película,
Taxi para tres, llegaba desde Chile con el aura de un clamoroso éxito local, que no debe desviar nuestra atención hacia lo que nos es de mayor incumbencia, el drama que viven sus ambiciosos personajes, consagrando sus existencias a una suerte de sálvese quién pueda. La historia de un par de atracadores que secuestran a un taxista para que les transporte en sus fechorías no es nueva, sólo que ahora exploramos el lado oscuro y ambiguo que tales acciones desprenden. La lograda aquí humanización de sus personajes no es casual, en un género proclive a la acción y el efectismo. Su director Orlando Lubbert ,quiso contar su historia de traiciones sin que perdamos de vista los conflictos de orden moral que agobian a los sujetos que en ella aparecen, necesitados todos de un asidero salvador.
Ese asidero lo encuentran los personajes de Nueve
Reinas, filme argentino, sobre un audaz robo llevado a cabo por un grupo de rufianes, quienes son capaces de vender su alma al diablo con tal de sobrevivir en la jungla urbana que representa la vida en la capital del país. Dicen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, en este filme todos lo hacen, amparados además por el propio gobierno, el principal ladrón. Con recursos narrativos del mejor cine comercial,
Nueve Reinas, a su manera, también se adentra en las problemáticas que acosan a los habitantes de nuestras regiones mostrando como se puede hacer un cine de amplio alcance popular sin que por ello desaparezca una denuncia al contexto social de la Argentina de nuestros días.
Otros serán los filmes que podrán apreciarse en estas jornadas y en ellos la violencia, el marginalismo, la prostitución, y las ambiciones humanas encontrarán su lugar de residencia. EL cine latinoamericano de hoy no ha renunciado a la denuncia o la representación con voz propia de los acuciosos problemas que persisten en nuestra región, sólo que ahora a diferencia de otros años, nuestros cineastas han superado la nefasta tendencia de cuestionar sus conflictos locales, a través de un lenguaje netamente político , más propio de la propaganda que del arte. Hace veinte años proliferaban las obras cuya pobreza estética resultaba pasmosa, marcadas por un obsesivo ánimo de trascendencia y didactismo que poco tenía que ver con el lenguaje del cine y mucho menos con los espectadores quienes de manera exigua asistían entonces a las salas, todo lo contrario de lo que ha venido observándose a lo largo del presente año en buena parte de los países de la región.
Porque una cosa es cierta, de nada valen las políticas de ayuda al cine continental, o la celebración de reuniones como estas, si nuestros cineastas no se plantean la realización de sus obras con la mirada puesta en los valores artísticos de sus filmes y en la conquista de sus espectadores la mayor parte de ellos jóvenes y adolescentes.
Diciembre, 2001
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