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YO
SOY LA CARIDAD DEL COBRE
...surgió, sobre las olas de la preciosa e incomparable bahía de Nipe, a la vista de los afortunados Juan Indio, Juan Hoyo y Juan Esclavo...
Samuel Feijóo
Tenía Doña María de la Luz, la obsesión de ir en peregrinación al santuario de la villa del Cobre, allá, en las montañas de Oriente, donde se venera a la Virgen de la Caridad y Remedios, y, venciendo diversos obstáculos, emprendió el viaje la ciega, para cumplir su promesa, mantenida con singular anhelo desde hacía muchos años.
Una mañana de mayo, en que la Naturaleza toda entonaba un himno en loor de Dios, y las montañas de la Sierra Maestra ostentaban la suprema majestad de su grandeza, y el Cauto corría murmurador y bravío por su cauce bordado de silvestres flores, sintiendo la nostalgia de las piraguas cargadas de indios, y el sol esplendoroso, besando aquellas piedras, aquellos árboles y aquella tierra de tragedia sublimes y augustas redenciones, derramaba su luz maravillosa sobre el grandioso
panorama, ante la humilde puerta del modesto santuario que, en la cima de una montaña, levantaba su cruz y era albergue amoroso de la fe, del consuelo y de la esperanza del creyente, ávido de perdón para sus pecados y de remedio para sus males, hizo alto
la comitiva que acompañaba en su viaje a Doña María de la Luz y Rodríguez de
Arciniegas, y penetraron todos en aquella ermita donde convergen y convergerán siempre, en todos los tiempos, las súplicas de todos los devotos apasionados de la Santísima Virgen, de aquella que surgió, sobre las olas de la preciosa e incomparable bahía de Nipe, a la vista de los afortunados Juan Indio, Juan Hoyo y Juan Esclavo, quienes, desde su bote, la contemplaron flotando sobre una tabla, en la que había este letrero:
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¡YO SOY LA VIRGEN DE LA CARIDAD! |
Nota:
fragmento tomado de Mitología cubana de
Samuel Feijóo
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