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EL OTRO Y EL MISMO
Manuel
González Bello | La Habana
Un "experto"
en la Nueva Trova cubana hospedado en Miami y pagado
desde Madrid, Washington o el propio Miami, arremetió
hace unos días contra la principal figura de ese
movimiento musical, Silvio Rodríguez.
Sería tonto que yo asumiera la defensa de Silvio —lo
más seguro es que ni el propio trovador lo haría—,
pues en todo caso para eso estarían sus canciones —música
incluida— y una vida coherente y consecuente. Si me
refiero al tema es para hacer algunas aclaraciones
acerca de imprecisiones que aparecen en el texto y que
pudieran confundir a los presuntos lectores, y para
calificar como merece un juicio animal del subalterno de
Jesús Díaz.
Dice el malinformado: "Es bueno aclarar que dos de
los cimientos sobre los que se estableció el Movimiento
de la Nueva Trova o Canción Protesta fueron falsos
hasta la médula: ni fue protesta ni fue esencialmente
cubana. En la Isla la canción protesta nació de la
necesidad de asimilar, pálidamente, una corriente
internacional de la que se beneficiaba el régimen, pero
de la cual logró mantener alejados a los
jóvenes."
Es bueno aclarar, para quienes desconocen la historia,
que el autor es impreciso cuando escribe
"Movimiento de la Nueva Trova o Canción
Protesta". Daría la impresión, por el uso de la
conjunción o, que se trata de lo mismo.
En realidad son dos movimientos musicales diferentes,
aunque tuvieran algunos puntos de contacto artísticos y
extrartísticos. Efectivamente, los cimientos no fueron
de protesta, y solo lo verían así quienes pretenden,
desde un dogma político-cultural, extrapolar contextos.
Alguien desconocedor podría intuir que la Nueva Trova
nació como consecuencia de la Canción Protesta, y no
como lo que fue: una expresión musical surgida de una
época determinada, en un país concreto y con un modo
propio de entender la composición y el canto.
La primera vez que Silvio, Noel Nicola y Pablo Milanés
se presentaron juntos en público, lo hicieron en el
Centro de la Canción Protesta de Casa de las Américas.
Ese hecho llevó a algunos a confusiones inocentes, y a
otros a manipulaciones malintencionadas, como hace ahora
el crítico de Miami. Lo cierto es que aquellos jóvenes
hacían canciones sobre la vida en todos sus ámbitos y
en febrero de 1968 la temática sociopolítica era
excepcional en sus canciones. No eran, ni entonces ni
después, cantores de protesta. Ni podían serlo, pues
eran —y son— artistas involucrados en el proyecto
social cubano.
Cuando alguien se esfuerza en hacer creer que Silvio en
sus inicios fue un cantante contestatario, que después
optó por una canción con una poesía rebuscada, hay
que estar sordo para no escuchar. El Silvio de los
inicios y el actual es el mismo: un compositor que le
canta a la vida, con sus alegrías y frustraciones,
inmerso en la historia nacional, conmovido por el
presente y convencido de que "cualquier tiempo
futuro será mejor". Enfrentó en sus canciones el
dogmatismo, la estrechez mental y otras malas hierbas.
Quien diga lo contrario no ha escuchado esas canciones.
Y continúa haciéndolo; la realidad, la vida y el amor
siguen siendo la brújula de su creación. Obvio, tal
vez algunos quieran que haga canciones en contra del
socialismo. "Me vienen a convidar a tanta
mierda", cantaría Silvio. Si hay otro Silvio, es
un Silvio más maduro, más culto, más músico. Pero
esencialmente sigue siendo el mismo, como puede
esperarse de alguien que no es un cambia casaca
político, para remitirnos solo a esa arista de su
personalidad.
Dónde estarían sus críticos en los años 70. Sospecho
que no escuchan ni han escuchado las canciones de la
Nueva Trova. Me permito reproducir este extenso
párrafo: "Paradójicamente, y sobre todo a partir
de que logró el amparo de ciertas instituciones
culturales del Gobierno, el movimiento comenzó a
incorporar factores ajenos al quehacer musical. Se
formó entonces una curiosa amalgama que se extendió
con fuerza durante la década del 70: elementos del
cancionero y el folclor de Chile, Argentina y Uruguay se
unieron a la nova cançó catalana, los ritmos
brasileños y la canción protesta norteamericana
y francesa. Instrumentos ajenos a nuestra tradición
(como la quena y el tambor) aparecieron en los grupos
musicales, mientras se desechó la batería y, a veces,
hasta las pailas. Al mismo tiempo, se bautizó al
movimiento como Nueva Trova: un regreso al
tradicionalismo en la canción, que dejaba a un lado los
avances del bolero; un regreso al campo y a la provincia
para negar a la ciudad (fuente de pecado); un abandono
del solar habanero en favor de las trincheras y los
campamentos de trabajo voluntario. Si algo caracterizó
a la Nueva Trova fue su carácter reaccionario, musical
y políticamente hablando, y Silvio fue, en buena parte,
responsable de ello. En la primera parte del texto, el fulano pretende negar
y maldecir que los trovadores tuvieran lazos con sus
similares en otras partes del mundo. Su dogmatismo lo
lleva a rechazar la presencia en Cuba de la música
brasileña, catalana o argentina. Debían nuestros
trovadores encerrarse en una urna, taparse los oídos
para no contaminarse. Por cierto, en su río de
imprecisiones y contrasentidos olvidó mencionar la
influencia de Los Beatles y precisar que también la
Nueva Canción Latinoamericana se acercó en sus
creaciones, de cierto modo, al quehacer de los cubanos.
Lógico intercambio artístico que se pretende condenar.
Tampoco es exacto decir que los trovadores olvidaron la
batería. ¿Acaso se ignora que existió un Grupo de
Experimentación Sonora?
Pero donde sí se muestra una ignorancia enciclopédica,
es en la afirmación de que los trovadores dejaron a un
lado los avances del bolero y se fueron al campo y a la
provincia para negar a la ciudad. Qué texto tan
contradictorio. Noel Nicola, que debe conocer mejor el
tema por ser uno de los protagonistas principales, ha
dicho: "A mí me preocupó durante mucho tiempo que
no apareciera un trabajo dirigido hacia la música
campesina."
Hay que ser melodramático para enunciar este otro
disparate: "Una de las mayores traiciones de Silvio
fue apostar al futuro y posponer, para un tiempo
indefinido, las metas esenciales de vida. Mientras los
jóvenes en todo el mundo gritaban Now is the time, él
nos decía: "Te conmino a creerme cuando digo
futuro". Realmente es "convido"; no sé
si el autor de la diatriba se equivocó o cambió el
verbo con alguna intención subliminal. Si no fuera por
la rabia que provoca, movería a risa la reflexión del
periodista de Miami. Silvio le cantó y le canta al
presente, pero con el alma puesta en el futuro, como el
poeta peruano César Vallejo. No solo nos convida a
creer en el futuro, sino a acudir corriendo para que no
se caiga el porvenir, y nos lo está advirtiendo desde
un presente; Now is the time, nos dice cuando asegura
que la "Era está pariendo un corazón".
En su enfermizo afán de arremeter contra Silvio, no sé
si por inspiración o por mandato del director de la
orquesta, el crítico da la impresión de pertenecer a
la galería visible de lo peor de Miami: "Silvio
representó una pequeña posibilidad contestataria
dentro del sistema y, lo que es más importante, de
individualidad creadora. Más que un rebelde y un
verdadero creador, siempre ha sido un débil. Guevara,
que es un malvado inteligente, se dio cuenta de ello.
Haydée, que era una mujer bruta, insensible y
pueblerina, debió encontrar algo atractivo en
ampararlo: quizá una forma de reafirmar sus poderes o
un nuevo intento de compensar su incultura. No se puede
negar que sabe pagar sus cuentas: a los funcionarios,
con obediencia; a su público con un puñado de
composiciones agradables."
No voy a referirme a los débiles y malvados
calificativos que emplea el autor contra el propio
Silvio y contra Alfredo Guevara. Pero uno se pregunta de
qué sentina salió este tipo para descender a tanta
bajeza al describir a Haydée Santamaría. Su decencia
debe ser mínima. Hablar así de una mujer, con tanto
odio, aunque sea una enemiga ideológica y política,
refleja, además de odio, el desbordamiento de su
pobreza espiritual. De la sensibilidad y la inteligencia
de Haydée dan prueba su propia vida, su obra al frente
de Casa de las Américas, su respaldo a la cultura
latinoamericana. De ellos son testigos cientos de
creadores de América Latina.
"Silvio es el autor de una melodía única que se
repite en letras variadas." Para el eminente
politico-musicólogo miamense, es lo mismo "De la
ausencia y de ti" que "Flores nocturnas",
"El Mayor" que "Canción en
harapos". Tal vez el odio afecte los oídos.
Si he abordado lo dicho en "El otro Silvio", es solo para
aclararle a los lectores algunos puntos que tienden a la
confusión. En cualquier historia seria que se escriba
sobre la música cubana en el futuro —ese del que el
autor no quiere oír hablar—, aparecerá el nombre de
Silvio Rodríguez. El nombre del crítico podrá leerse,
si acaso, en un diccionario de la infamia.
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