ENCICLOFERIA
Fragmento de la novela inédita
que aparecerá publicada próximamente por la Editorial
Letras Cubanas.
Luis
Rogelio Nogueras | La Habana
¿La "ruta del exceso conduce al palacio
de la sabiduría"? ¿El calembur puede devenir
calemaburrimiento del lector, lectora, que acaso
prefiera acción, cuenta-cuenta en lugar de divagaciones
de una mente fuera de su fiel? ¿Generalidades de un
género quebradas, crach, como ramas secas, en busca de
otra ruta, ¿¿la del exceso??, que conduzca, tal vez no
al palacio de la sabiduría, pero al menos, si, a una
chozuela un poco más original, ¿¿¿vanidad vacua???
¿El trillo trillado o el libro que cae de las manos
como una hoja seca de un árbol en otoño para luego ser
barrida por el viento?
Hay un trasfondo que falta, pero que al mismo tiempo
(creo) está: una tensión: la puntita de icaberg,
diría el viejo, el milieu, diría el otro viejo un poco
más viejo, o las circunstancias, diría el otro viejo
menos viejo que al segundo viejo pero más viejo que el
primer viejo. [el periódico, la suma de periódicos,
noticias mezcladas con anuncios clasificados, la verdad
de Revolución con la mentira del Diario de la
Marina con las medias tintas de La Calle,
¿revelan en todas su riqueza la época, esa época,
mejor que cualquier novela posible?]
Un alma torturada, una mente un poco desfocada. Un
hombre lleno de prejuicios y autoconmiseración. En la
conversación con Vázquez, subrayar aún más el
complejo de culpa de R. No participó en la lucha
insurreccional más que de un modo esporádico y
marginal. en la conciencia, el recuerdo de Toño I,
modelo. También, de algún modo, Toño II, combatiente
clandestino, herido en un tiroteo con la policía
bastistiana la madrugada del 8 de agosto de 1958.
Asilado en la embajada de México el día 9.
Hombre de alción convertido, por obra y gracia de
las circunstancias, en hombre de acción: veranillo de
san Martín que se vuelve vendaval. No una paradoja,
sino una realidad: una época de definiciones y
esperanzas. Comenzamos con las manos vacías, como dice
Bloch. Comenzamos creyendo que "el sueño y la
esperanza son los dos mejores eléxires" (Hufeland:
Macrobiótica, 1796); pero luego descubrimos que la
verdad no es exactamente lo que querría el pensamiento
desiderativo. Ningún hombre es un país, pero ningún
país es Utopía, Nova Atlantis, Limanora, La Ciudad del
Sol sino es a través de la lucha: una lucha dolorosa.
Convertir Barataria en un lugar de orden y ley. Sodoma y
Gomorra en ciudades donde el amor y el deseo no sean un
sórdido negocio. En sueños, el personaje es un hombre
justo. En sueños, deseó siempre una vida mejor para su
país. Ea conciente del horror y la injusticia ("un
mundo mundo inmundo de hijísimos de grandísimos
podridos en platales y pobrísimos infelicísimos
muriéndose de asco y rencor y desdicha y sarna; un
mundo mundo mundo mundon de el señor jurisconsulto
salió sin dejar mensaje y celebraron sus bodas de oro
el apoderastra caballero de colón y pila don y la muy
reputable y acucillada señora doña mientras al pie, a
lo lejos, un niño sin nombre va evolucionando
satisfactoriamente desde la agonía a la
muerte..."); pero con conciencia falsamente
generalizadora (un mundo), como si no hubiese otras
perspectivas. Del sueño banal y perecedero a la
realidad. De la nostalgia de la esperanza a la certeza
de la esperanza.
Despojarse de la piel. "Colocar la esperanza
sobre el miedo", sobre las pequeñas arrogancias,
los pequeños dolores personales, los pequeños aullidos
nihilistas del lobo del alma.
Nota: es realmente cubana, pero no se llama Marta
Figueroa ni Virginia Bravo: Teresa Xiques. No tiene
veintiún años —aunque los aparenta— sino
veinticinco. Vive en miami, 3038 NW, 45 St. Voló a
Estocolmo, a expensas de la CIA, el 20 de septiembre. Se
alojó en el hotel Grand Hotel, Blasicholmshamnen 8.
Había sido instruida, durante dos semanas, sobre el
papel que debía representar. Un estudio a fondo de las
relaciones de Roque Bazán, en USA, en el período
1938-58 permitió determinar que, hacia 1953, Roque
Bazán había hecho amistad con el cubano, radicado en
Miami, llamado Oscar Figueroa Bravo, quien había
colaborado con el FBI a partir de 1957, informando sobre
la compra de armas que realizaba en USA el M-26-7, al
cual pertenecía. A mediados de agosto de 1960 la CIA
contactó a Figueroa Brito para conocer sus relaciones
con R... Figueroa Brito dijo que no sabía de R. desde
1955, lo cual permitió urdir la coartada de que Teresa
Xiques era sobrina de Figueroa. A partir de ese
presupuesto, se le construyó la leyenda.
Estilo duro, Hammett en esa parte: "lanzó una
carcajada", "descubrió los dientes como un
lobo y preguntó", "una luz maliciosa bailaba
en sus ojos verdes". "Siéntate, cierra la
boca, pórtate bien y durarás más tiempo."
René miró el hombre calvo, de gafas negras y
poblado bigote que estaba de pie junto al buró
metálico, con los brazos cruzados sobre el pecho, la
cabeza ligeramente ladeada y algo que quería ser una
sonrisa cortés estirándole los labios pálidos y
resecos. Luego desvió la vista hacia el otro, el tal
Miller, que continuaba en silencio, con el entrecejo
fruncido, y un helado brillo de curiosidad y desprecio
en los ojos.
—¿Quiere tomar algo? —repitió el que decía
llamarse
Roberto Pillsbury.
"¿Con quién coño me confunden?", pensó
René una vez más. Sentía miedo, pero trataba de no
dejárselo saber a aquellos tipos. "Calma, calma.
Ganar tiempo. Ver por dónde vienen."
—Sí —dije—. ¿Uísqui o algo parecido?
—Uísqui —dijo el de los bigotes.
Cruzó la habitación, abrió la puerta y dijo algo
que René no oyó.
"Los gorilas dejarán sus platanitos y correrán
a buscar una botella de uísqui a cualquier parte. Ganar
tiempo."
OTOÑALES
Los tres autos negros se detuvieron en la esquina de
Nybrogatan y Birgerjarlgatan.. Eran las cuatro y veinte
de la tarde.
—Puede quitarse los espejuelos, señor roque —dijo
Shapiro.
René se quitó los espejuelos oscuros y miró, a
través del parabrisas empañado, los arbolitos
iluminados de Birgerjarlgatan.
—Estamos cerca. Dentro de diez minutos bajará
usted, y echará a caminar despacio hasta ese cafetín;
se llama Skansen: tres cuadras y media, aproximadamente.
Ponga esto en el bolsillo supeior de su saco...
Shapiro le entregó a René un walkie-talkie del
tamaño de una cajetilla de cigarros. René lo miró un
instante; luego tomó el pequeño transmisor y se lo
guardó en el bolsillo que Shapiro le había indicado.
—Diga algo, cualquier cosa. Mi nombre es... Diga su
nombre.
—René Roque Bazán...
Shapiro se inclinó hacia el hombro de Miller en el
asiento delantero:
—¿Cómo recibes? —preguntó.
Una voz salió de alguna parte de la pizarra del
auto: una voz metálica y carrasposa:
—Perfecto.
—Okey —dijo Shapiro.
Se echó de nuevo hacia atrás; miró a René.
—Bien, todo claro, supongo...
—Sí, todo claro.
—La esperará los diez minutos convenidos. Si no
acude a la cita, usted regresará por Birgerjarlgatan a
este auto. No mire hacia el carropanel; nunca mire hacia
allí. ¿Comprendido?
—Comprendido.
Shapiro miró su reloj.
—Ahora todo depende de su buena voluntad y de su
talento, señor Roque. Confiamos en que no haga ninguna
tontería; usted es una persona muy lista: ¿es listo
usted, señor Roque?
—Soy listo, sí.
—Pero no va a pasarse de listo con nosotros,
¿verdad?
—No, señor Shapiro. Un fusil apuntándome a la
nuca todo el tiempo es, entre otras, buena razón para
no intentar pasarme de listo.
—Así se habla —dijo Shapiro, ladeando la cabeza
a la derecha y sonriendo—. Y bueno, ahora vaya, vaya a
cumplir con su dama. Camine despacio, por favor.
Shapiro abrió la puerta y se bajó. René bajó y
Shapiro le dio una palmadita en el hombro.
—Todo está en sus manos. Señor Roque.
—No pasarme de listo —repitió René—;
cincuenta mil dólares o un balazo en la cabeza. No hay
que meditar un año para escoger...
—Así se habla —dijo Shapiro—. Vaya, vaya a lo
suyo. Y que Dios lo acompañe.
René echó a caminar.
Ganar tiempo. No dejar que ellos sepan que yo sé que
ellos saben que debo estar asustado. Cabeza revolú,
despéjate. Cerebro, arría tus velas: al pairo,
quietecito. Piensapiensapiensa despacillo sin prisa ni
tropezones tromposos. Déjalos hablar. Oye primero,
primo carnero. En el principio fue el verbo de este
calvo hijo de puta bigotudo mandón de gavilla de
gorilas secuestradores, que noenseña los ojos, y el
otro: piel color mierda de mono al cuadrado y canas de
cagarme en su alma y mirada fría de rana puaf. Cabeza
revolú, nananina de revoltijos. Claridad despejada.
Beber despacio ese oporto y dejar que el calvo cadáver
diga su jugada: peón cuarto mal oliente. Espero, para
ver por dónde vienes. ¿Dí? Sorbos de oporto y mirarlo
a los calobares para ver que vea bien que hay
desconcierto pero no miedo en mis ojos, aunque él sabe
que yo sé que el sabe que debo estar asustado. Mata
Hari de cabaré, hedionda, negra por dentro, vaso infame
de la traición al que tasca sus tinieblas, al que
ambula taciturno. Almadébil de mala muerte que te
parió. La maldad hecha sabrosa a tu paladar, la mentira
bajo tu lengua, que se convertirá dentro del vientre en
hiel de áspides. Pero les advierto: peguen duro, duro
siempre duro mismo porque soy de los que nunca nunca en
seco nunca siempre nunca mismo nunca nunca se podrán
regenerar. ¿Almafuerte? veremos. Dí, cabrón.
El bigotudo posa sus flacas nalgas en la esquina del
buró, él también con un caso de oporto en la mano.
—Tenemos mucho de qué hablar, y tiempo de sobra,
señor Roque.
—Mi inglés no bueno —le digo.
el mío inglés not bueno, calva. ¿Saber español la
tuya? ¿Qué ñáñiga secreta lengua hablas, abacuál?
—Su inglés es perfecto —sigue hablando inglés—.
Lo sabemos. Por favor, haga un esfuerzo. Yo no hablo
español, y mi amigo tampoco.
¿Cerrarme en mi inglés no comprende yo bobolao
tonto solitario?
Levanta el vaso y bebe un sorbo. Sonríe
asquerosamente, y siempre con la cabeza ladeada.
¿Tortículis? Tortículis ignatus semper filio de cula
... Se pone de pie, abre una gaveta del buró y saca una
carpeta plástica negra y la coloca sobre la mesa y la
abre y apoya una mano sobre la mesa y bebe un trago y
luego, lee.
Y ¡coño! lee René Roque Bazán cuarenta y...
estudió... en USA de mil nove... instrucción
superior... hijo de... bana, Cuba... compañía
privada... cincuenta y cinco a... Panamérican ear la...
trícula aviación civil USA número... residente USA
años... sucesivammente en 565 W 2 Av Hlb... 43 St...
tía por línea materna llama... vorciado... tatura
cinco pies y... libras... Durante quince minutos
boquiabiertos parte de mi vida, calles, fechas, nombres,
horas, años, boquiabierta escucha asombrada, personas,
teléfonos, estupefacción absoluta, y clap cierra
teatralmente la carpeta y me mira burlón-ladeado y:
—Como ve, sabemos mucho. Entonces mejor jugamos con
las cartas bocarriba. Usted entiende y habla
perfectamente inglés. ¿Estamos?
Casi veo verderojoazul y las venas del cuello
placapún placapún como un tambor, qué ñoñajo es
esto. ¿veintiuna?
—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren?
El calvocadáver y centrinorana se miran y luego
vuelven a mirarme.
—Vamos por parte, señor Roque, por partes.
Ahora empieza a dar tópico paseíto de razonante
discursivo ejecutivo enusodelapalabra:
—...en realidad. sabemos de usted mucho y al mismo
tiempo, poco. Es decir, sabemos que usted es la persona
cuya biografía acabo de leer, y sabemos además para
qué está aquí en Suecia. ¿Tengo que ser más
explícito en este punto? bien: usted no está aquí en
Suecia para todo ese tinglado tan bien hecho y montado,
pero en el fondo barato, de negocios de carga postal. Es
evidente que de paso sí, cierto, tenía usted citas con
gerentes de SAS y todos sus papeles, que hemos revisado
cuidadosamente, son auténticos: contratos, listas de
precios... todo muy bien armadito, una linda tapadera de
plata bruñida, a prueba de miradas curiosas. Pero usted
vino en realidad a algo que no tiene que ver con bultos
y paquetes. ¿Me va siguiendo?
¿A dónde recoño de tu pésimo padre te puedo ir
siguiendo? ¿Qué lío es ese lío, mierda. Más
boquiabierto todavía.
—No sé de qué me está hablando. Yo trabajo en...
—Por favor, por favor— lo ha dicho casi con
tristeza, con pena—. Seamos serios. Estamos entre
profesionales, ¿eh?
—Le aseguro que no sé de qué me está hablando.
Yo vine a firmar un contrato commercial con SAS. Y si
saben tanto sabrían que estoy diciendo la verdad.
—Una parte de la verdad. Una parte pequeñita de la
verdad. Muy cierto: un contrato con SAS. Coartada
comprobada.
La sonrisa se borra de sus labios; bueno, si
podíamos llamar sonrisa a aquella mueca.
—Yo creo haberle dicho ya que nos sobra el tiempo.
Tenemos horas, días, semanas, hasta meses enteros para
oír completa su historia. Y sí que usted la va a
contar completa; sí que la va a contar... Señor Roque,
señor Roque, somos del oficio también. No nos
subestime de ese modo, ¿correcto? Empecemos bien y
acabaremos bien.
¿Tú eres piloto, zopilote?
—Repito que no entiendo lo que usted parece
insinuar, o decir claramente. Yo vine a firmar un
contrato comercial con SAS. Eso es todo. Y el que les
dijo otra cosa les mintió, quien fuese el que lo
dijo...
Coloca el vaso sobre el buró. Parece abatido. Menea
la cabeza de babor a estribor, un lento cachumbambé.
Camina hacia mí.
—¿Me permite? —me dice, quitándome el vaso de
uísqui. coloca mi vaso junto al suyo, sobre el buró.
Huele a old spy y también a sudor rancio. ¿Hedor de
cadáver caminador preguntón? Pasa junto a mí. No me
vuelvo pero yo sé que ha abierto la puerta. Y sé que
la ha hecho una seña a los gorilas. No hay que ser un
genio para saberlo. Lo estoy leyendo en los ojos del
cetrino cretino.
Un portazo. En fin, no exactamente un portazo, pero
han cerrado la puerta con fuerza. Ahora sí me vuelvo.
El muerto viviente no está. Sólo los dos gorilas. Uno,
recostado a la pared (el de la guía turística): el
otro, a dos pasos de mí (el que no puede más de deseos
de abrirme un juraco en la nuca). Entonces piel de rana
cetrina canosa se pone de pie. Y por fin oigo su voz
derretida goteante hasta la náusea:
—Voy a chuparte el corazón, hijoputa.
—¡Más hijoputa serás tú!
Voz quebrada de sorpresa y odio y miedo, tratando
incorporarme, pero ya los dos gorilas me sujetan al
sillón, uno por cada brazo y un brazo por delante de mi
gargante y otro hundiéndome los dedos de hierro en la
clavícula izquierda.
Rana cetrina pegaba malo. Puñetazos sin prisa en mi
pecho y mmi estómago. Haciá uggggggggg con cada golpe,
un ugggggg que se mezclaba con mi jadeo tos y mis gritos
sinaire jo e puta jo puta uta alaridos. Y él pegaba.
Cinco, seisa, siete, alguien oír abajo los gritos
alguien ocho, nueve, alaridos, diez, ugggggggg con
esfuerzo, jadeantes ambos, once, el brazo
estrangulándome los garfios ardiendo en la carne,
tratar de patearlo, agárrale los pies, once, doce. Mijo
de puta trece golpes de black jack dolor cenital en el
quinto demonio desencarnador de sangre en los quince
nudillos hilos de baba perder no más apodr day promo
mmome mo mo mmmmmm mmm mmmmmmmmmm m m m m m m m m m m m
—nobo obo obo mobobobodono moo
—summme sumaamm umme uma umeme um
—doba daba ayayaba?
—ilabiendo ada...
—¿oroque? ¿oroque? ¿moye?
—bale bas. Lebádalo.
—or oque? ¿ñor roque? ¿eye?
ruidos zumbabdis como moscas zumbando vueltas
alrededor de mi cerebro zummbbandoruidos palabras que
van haciéndose más claras.
—ñor Roque... ¿señor Roque? ¿Me oye?:
Dolor largo ancho profundo extenso ardor tragar cobre
hinchada lengua bulto áspero en la boca. Abro los ojos;
fusa borrada luz sucia y siluetas temblorosas. Y luego
una cara que va y viene, se va allá lejísimos puntico
en humo negro y luego vuelve a acercarse grande y se va
y vuelve. ¿Señorita Lechuga? Que mal sueño he tenido.
Si supieras. Te cuento, ¿sí? Feos golpes en la
barriga. Ponme la mano en la frente. Fría mano suave en
la frente, anda. Te cuento más. Te cuento sueño malo
más, pero a ver tu mano. Cierro los ojos y los abro.
Una cara larga y blanca. Y otra cara blanca y ovalada.
Esa sí la he visto. Bigotes como manchón de tinta.
Olor a muerto vivo.
—Déjennos solos.
La cara larga y blanca desaparece.
Levanto un poco la cabeza. Estoy acostado. Sin ropa.
Nada de ropa. Tengo frío. Como si aún me apretaran la
garganta; trago áspero: sangre, Cadáver está sentado
en la borda de la cama y me mira. Quitarle de un
manotazo los espejuelos negros y hundirle los ojos.
Trato. Manos amarradas a ambos lados de la cama. Pies
amarrados. Escupirlo. Sangre en su cara muerta. Pero
él, zombi, lee mi pensamiento:
—No hagas más tonterías, señor Roque. Ya vé
cómo lo ha puesto ese bruto de Miller. Relájese,
relajése.
Dejo caer la cabeza.
Voz confesión-terciopelo-cura-susurrante:
—Detesto la violencia, señor Roque. Lamento verlo
así. Sinceramente lo lamento. Está en buenas manos. Lo
ha visto un médico. Algunas magulladuras que sanarán.
Duerma un poco. Después hablaremos.
Abro los ojos y ya no está. Techo blanco. Vuelvo con
esfuerzo la cabeza. Cuello traqueteante adolorido. Una
pared blanca. Una ventana tapiada con papeles de
periódico. Al otro lado. Lentamente. Dolor alfileres en
la columna. Una pared blanca. Una puerta cerrada. Se ha
ido. Todos se han ido dejándome solo.
Luis Rogelio Nogueras (La Habana,
1944-1985), graduado en la Universidad de La Habana en
Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas. En
1967 recibió el Premio David de la UNEAC con el libro
de poesía Cabeza de zanahoria. En 1976 obtuvo el
premio de novela del MININT, con el Cuarto círculo,
escrita en colaboración con Guillermo Rodríguez
Rivera. En 1977 recibió el premio novela Cirilo
Villaverde de la UNEAC con Y si muero mañana. En
1981 obtiene premio en la Casa de las Américas, con el
poemario Imitación de la vida. También en 1981
publicó la novela Nosotros los sobrevivientes.
Fue fundador del semanario cultural Caimán Barbudo,
donde ocupaba la jefatura de la redacción Escribió
guiones para cine entre ellos El Brigadista, y trabajó
hasta su muerte en el ICAIC, en la Revista de Cine
Cubano, como jefe de redacción.