POLVO
ROJO (SEGUNDA ENTREGA)
J.D.
CONTRA EL PUENTE: GENTE DISOLUTA Y NEGATIVA
Edición:
Pedro de la Hoz
| La Habana
Pues sí, Jesús Díaz, por los
días en que gozaba la fama de haber obtenido el Premio
Casa de las Américas en el género de cuento, fue
convocado por La Gaceta de Cuba, de la UNEAC (número
marzo–abril 1966) a opinar sobre los problemas
generacionales en la creación artística y literaria
justo cuando la revolución en el poder entraba en su
segundo lustro.
La publicación remitió
un cuestionario a varias figuras intelectuales de
diversas generaciones. Encabezaban la lista Félix Pita
Rodríguez y José Antonio Portuondo y se le pedían
criterios a gente muy joven pero que habían dado
muestras de gran talento, como Miguel Barnet, Nicolás
Dorr, Guillermo Rodríguez Rivera y el propio Jesús,
cuyos cuentos habían impresionado a
la crítica y a los
lectores.
El J.D. de entonces,
haciendo gala de un temprano ímpetu, se cuestionó, en
primer lugar, el concepto generacional:
Los términos son
demasiado ambiguos. Es preciso decir que una generación
nunca es un todo homogéneo, y que existen, sobre todo
en Cuba ahora, problemáticas y campos de confrontación
más fuertes que las líneas generacionales, las
ideológicas, por ejemplo. Estos dos hechos determinan
confrontaciones suprageneracionales, donde miembros de
muy diferentes edades se hacen solidarios alrededor de
posiciones comunes. Asumiendo el término en toda su
esquematicidad, podría decir sin embargo que la
confrontación se produce, y se produce en dos niveles:
el nivel teórico, que engloba la crítica, la práctica
artística y la teoría propiamente dicha; y el nivel
práctico, el que corresponde a la organización y
control de las revistas, editoriales, espectáculos; en
unas palabras, la organización de la cultura a través
de la cual se expresan los criterios de la generación
actuante.
La Revolución ha seguido
una correcta política en el tratamiento de los
problemas culturales, no ha intentado resolver por vía
administrativa problemas de tipo ideológico. La
lucha en este campo debe ser afrontada por los
intelectuales revolucionarios; no lo ha hecho en la
medida necesaria. Esto ha repercutido negativamente
sobre el movimiento intelectual en general, lleno de
miserias morales, y como expondré más adelante sobre
mi generación.. (N. Del
Editor: este subrayado, y los siguientes, son nuestros,
puesto que vale la pena volver sobre esta y otras
afirmaciones de J.D) Creo que una de las mayores
responsabilidades de las generaciones actuales ha sido
su tremenda incapacidad crítica, no sólo en el
sentido ideológico, sino en el sentido estético. No
han cedido ante el populismo, pero sí ante
actitudes liberaloides, falsas ante el
arte y la vida. Se
impone una lucha por el equilibrio. El empuje de la
generación que avanza ayudará a crear una
nuclearización suprageneracional que enfoque
correctamente estos problemas.
A J.D. le preguntan cómo
definiría su generación:
Simplemente no
la definiría. No está estructurada. Desde luego,
tampoco ha comenzado a perfilarse de forma homogénea. Su
primera manifestación fue la editorial
El Puente,
empollada por la fracción más disoluta y negativa de
la generación actuante. Fue un fenómeno erróneo
política y estéticamente. Hay que recalcar esto
último, en general eran malos como artistas.
Ahora
se perfila otro grupo al que se le pueden señalar las
siguientes características: se manifiesta dentro de la
Revolución; no es dogmático, asume la tarea artística
como un trabajo, con las técnicas más avanzadas; no
practica la política de "bombos mutuos"; se
preocupa, déficit evidente en las generaciones
anteriores, del trabajo teórico.