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LA CANCIÓN DE LA TROVA
Y UN ROCK AND ROLL ADICIONAL
Atril Ediciones
Musicales publicará próximamente una historia del Rock
en Cuba. Ofrecemos a nuestros lectores un capítulo de
ese libro
Humberto
Manduley | La Habana
Uno de
los capítulos más interesantes y a la vez
controvertidos de toda esta historia ha sido la
relación establecida entre la Nueva Trova y el Rock.
Este es un terreno repleto de símbolos subyacentes,
estrategias más o menos osadas, dicotomías, fusión y
encuentros necesarios aunque no siempre bien
comprendidos. Sin embargo, estos dos movimientos
musicales, cada uno con sus características propias,
han coexistido, si bien cultores de ambos géneros han
negado sistemáticamente cualquier posible vínculo. De
todos modos, lo cierto es que en obras y momentos bien
específicos la hibridación Nueva Trova-Rock ha
representado un indudable enriquecimiento mutuo.
Por los años en que se
gesta lo que después se nombraría Nueva Trova como
propuesta artística (y no como movimiento; eso sería más
adelante) el Rock ya era un código sonoro universal que
había rebasado encasillamientos geográficos, formales y
generacionales. No es casual que una de sus figuras más
descollantes sea el norteamericano Bob Dylan, cuya
influencia musical, de una forma u otra, incidió en
buena parte de lo que se conocía como "canción protesta
norteamericana", y de la cual nuestros trovadores se
mantuvieron muy cerca. Incluso el propio Silvio
Rodríguez declaró: "Por 1969 tuve un momento de relativa
identificación musical con Dylan, aunque la mayoría de
mis canciones de este período no se conocen."1
Pero no solo era Dylan;
estaban también Joan Baez, Donovan, Simon and
Garfunkel, el trío Peter, Paul and Gabriel, y el legado
vívido de Pete Seeger, y otros dentro de una dirección
que emparentó Folk y Rock, para devenir el compacto
círculo de los cantautores, en el que podría incluirse
también a los españoles (Serrat, Aute, Ramon, Llach,
Paco Ibáñez y otros).
Muchas de las más
tempranas conexiones entre el Rock y la Nueva Trova se
manifestaban en la actitud misma de los creadores, con
una carga de irreverencia formal y reflexiva, una
poética incisiva y un discurso sonoro diáfano,
construido alrededor de la guitarra. Con tales
elementos, aquella primera generación de trovadores
jóvenes se encontró, de pronto, en una situación
compleja; por un lado la aceptación de un público
ávido de escuchar canciones que hablaran de su momento,
y por otro lado cierta animadversión por parte de
funcionarios del sector cultural. Sobre esta etapa,
Silvio recuerda:
"Por los años que
comenzamos, parte de la juventud rechazaba lo
tradicional, incluso lo cubano. Hablo de un fenómeno
urbano y de ciertas capas en 1967. No se conocían
jóvenes haciendo música para la juventud. Para
aquellos muchachos la Nueva Trova significó un
reencuentro con su realidad y con su tradición. Esto es
simpático, porque siempre hubo quien nos acusó de
extranjerizantes. Era cierto que Los Beatles estaban en
nuestra información, pero ¿cómo no iban a estar si
eran el fenómeno musical más destacado de la
época?"2
El núcleo inicial de
compositores que conformó lo que pronto empezó a
denominarse Nueva Trova, incluye tres nombres claves de
la canción cubana: Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y
Noel Nicola. Aunque ya cada uno de ellos venía
trabajando en solitario desde años antes, el momento en
que se empiezan a dar a conocer ocurre a mediados de los
años 60, por coincidencia la etapa en que el Rock
alcanza su madurez. Se podría situar como punto
referencial de partida el hoy legendario recital
ofrecido en Casa de las Américas el 18 de febrero de
1968, en que por primera vez se reúnen ante un público
heterogéneo Silvio, Noel y Pablo.
Ninguno de los tres era
ajeno al Rock. Noel Nicola había participado brevemente
en un combo aficionado. Pablo Milanés no solo provenía
del Feelling, sino que había integrado conjuntos vocales
como el Cuarteto del Rey y Los Bucaneros, donde se
integró a formas musicales con reminiscencias del
Gospel, Spirituals, Blues y Rock (su canción-Rock
"Estás lejos" figuró en el LD
Presentamos a Los
Bucaneros en 1963). De Silvio se conoce su afición por
Presley, Beatles y Dylan, así como la anécdota
alrededor de una de sus primeras canciones,
"El rock
de los fantasmas", en 1962. Es decir, que en el
bagaje de información y empatía musical de estos
primeros trovadores, el Rock no estaba ausente.
Sin embargo, el Rock
como manifestación sonora está más asociado a la
tecnología, las guitarras eléctricas. Recordar que en
1965 el guía de los cantautores estadounidenses, Bob
Dylan, ya se había hecho respaldar en conciertos y
grabaciones por grupos de instrumentistas, destacando el
órgano eléctrico de Al Kooper en su canción
"Like a
Rolling Stones". Más que un intento de
comercialización, o una supuesta traición a las
tradiciones puristas del Folk, este paso significó una
revolución mucho más completa: unir la fuerza de los
textos a la intensidad de la instrumentación
electrónica. La cara del Rock cambió definitivamente a
partir de ahí.
En Cuba, las cosas
transcurrían mucho más despacio, pero la intención
era similar. Los compositores como Silvio, Pablo y Noel
trabajaban por separado o vinculándose eventualmente a
combos. Pero el gran impacto vendría un poco después,
en 1969, a través de la iniciativa de Alfredo Guevara,
entonces presidente del Instituto Cubano del Arte y la
Industria Cinematográficos (ICAIC). Se abrió así un
capítulo de singular importancia no solo para el Rock
de producción local, sino también para la música
cubana en su más amplia acepción: el Grupo de
Experimentación Sonora.
Detrás habían quedado
años de búsqueda, incomprensiones, proyectos fallidos.
Se podría hablar de la experiencia de Sonorama Seis
(donde figuraban Eduardo Ramos, Carlos Fernández
Averhoff y Martín Rojas, entre otros, y con quienes
Silvio laboró una temporada), o de Pablito respaldado
por el grupo de Armandito Zequeiras, en 1965. Fueron
intentos efímeros, y que de alguna forma servirían
para anticipar el trabajo posterior del GES.
El Grupo de
Experimentación Sonora del ICAIC no fue una banda
propiamente de Rock. Su obra marcó con un sello de
calidad una heterogeneidad de direcciones musicales. Con
toda seguridad el GES fue el más importante taller de
creación colectiva que se ha generado en nuestro país.
Los ingredientes musicales eran tan dispares como la
procedencia misma de los integrantes del grupo: Bossa
Nova, Son, música campesina, Rock, Jazz, elementos
aleatorios y de la llamada música culta, Samba, ritmos
afrocubanos... Sin embargo, cuando pienso en el GES y su
labor con y para los trovadores, prefiero decir que, en
buena medida, el Grupo "electrificó" a la
Nueva Trova. Si hasta ese momento creadores como Silvio,
Pablo y Noel eran asociados a sus atávicas guitarras,
en una proyección no solamente individual sino también
acústica, ahora esa percepción varió radicalmente con
la propuesta del GES.
En la discografía de
Grupo, que abarca seis títulos, se encuentran ejemplos
del tratamiento que se le daba a los elementos del Rock
conformadores del discurso sonoro de cada pieza. En
"Comienzo
el día" (guajira-beat de Noel),
"Éramos"
(texto martiano musicalizado por Pablo),
"La oveja
negra" (de Silvio),
"Canción de la Columna Juvenil
del Centenario" (escrita a cuatro manos entre Silvio
y Pablo) y el instrumental "Grifo" (del guitarrista
Pablo Menéndez), los sonidos del Rock se pueden
rastrear en los arreglos, las orquestaciones o la
expresividad de algún instrumento solista.
Pero tal vez la
canción emblemática del Grupo y que cuenta con una
presencia del Rock más evidente, sea "Cuba va",
verdadero hito de la música cubana. "Fue una pieza
solicitada al grupo por el cineasta inglés Felix Green,
como tema para un documental del mismo nombre. Silvio,
Pablo y yo nos pusimos de acuerdo en la casa de Sergio
Vitier en una tonalidad, en un ritmo beat cubano y en
hacer cada uno de nosotros una estrofa además de un
posible estribillo. A los tres días ya estaba hecha la
canción. La estrofa de Pablo tenía más bien un carácter
de introducción, la mía de cuerpo central, y la de
Silvio conclusiva. El único instrumento de verdad era la
guitarra eléctrica de Pablo Menéndez, el bajo de Eduardo
era de palo con cordones de teléfonos como cuerdas, la
batería de Leoginaldo parecía un compuesto casi químico
con piezas de otras baterías, y la guitarra base fue una
guitarra cubana de concierto que yo toqué... Así fue que
se hizo "Cuba va"."3
No hay que perder de
vista que Experimentación Sonora estaba haciendo esos
trabajos en un momento en que otros creadores vinculados
a la Nueva Trova proponían direcciones que nada tenían
que ver con la asimilación desprejuiciada del lenguaje
del Rock. Eran los años de la solidaridad
latinoamericana, y mientras el charango, la quena y el
bombo indígena eran aceptados como instrumentos
representativos de una forma de canción comprometida,
la guitarra eléctrica y el órgano no tenían la misma
suerte.
Incluso se produjeron
casos como el del grupo chileno Quilapayún, que en una
de sus visitas a Cuba se pronunció en contra del
instrumental electrónico del GES. Lo importante a
señalar aquí es la postura del Grupo de
Experimentación Sonora del ICAIC respecto al Rock. Es
cierto que no lo asumió con la ortodoxia del género,
pero es que eso tampoco estaba dentro de los parámetros
de creación que se proponía. El Rock fue un
ingrediente más en esa verdadera fusión que
representó la música escrita y ejecutada por la
agrupación. No obstante, incluir al Rock en un contexto
altamente politizado y de genuina canción
revolucionaria fue un paso valiente y que, a largo
plazo, contribuyó a desmitificar la supuesta carga
ideológica negativa que se le achacaba al Rock.
Finalmente, antes de
concluir los comentarios relacionados con el GES,
quisiera llamar la atención sobre algunos de sus
componentes. Ya cité a Pablo, Noel y Silvio como la
tríada fundamental de compositores agrupados en esta
aventura artística que floreció en la primera mitad de
los 70. Pero también hubo otros integrantes para
quienes el Rock había tenido o conservaba aún
determinada importancia. Uno de los miembros, por
ejemplo, el saxofonista Leonardo Acosta, no solo era un
entusiasta del Jazz y ex integrante de la Banda Gigante
de Benny Moré, sino que también había formado parte
en 1957 de Los Hot Rockers, uno de los primeros
conjuntos nacionales de Rock and Roll. Sergio Vitier
(guitarrista) había militado en el grupo de Felipe
Dulzaides, donde la música Rock tenía presencia;
mientras, Emiliano Salvador (piano) y Leovigildo
Pimentel (batería) eran asiduos a las descargas de
combos capitalinos como Los Kents y Los Jets. Por su
parte, Pablo Menéndez (guitarra eléctrica), hijo de la
reconocida folksinger Bárbara Dane, había nacido en
California y llegó a Cuba en 1966 par estudiar música,
y trajo consigo un bagaje nada despreciable de
influencias de Blues, Country y Rock. A todos ellos hay
que sumar la figura de Leo Brouwer, director general del
grupo, guitarrista-concertista y compositor de relieve
internacional, y cuya labor didáctica influyó mucho en
la nueva percepción que se le otorgó al Rock en el
seno de ese colectivo.
Tras la ruptura del
Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, en 1978,
cada uno de sus componentes tomó su propio derrotero.
Silvio ha seguido utilizando el Rock ocasionalmente, en
canciones como "Yo soy como soy",
"El tren
blindado", "Sueño con serpientes",
"Y yo te
di una flor" (en la versión con el grupo Diákara),
"Mariposas"
y "Sueño de una noche de verano", entre otras. Ya
sea en el vehemente rasgueo de la guitarra, o en
arreglos orquestales apropiados para recrear determinada
sonoridad, el Rock ha seguido vivo en la música de
Silvio.
Por su parte, Pablo
Menéndez trabajó con diversas agrupaciones (Síntesis,
Sonido Contemporáneo) hasta formar Mezcla, en su
intento de echar adelante su combinación de elementos
del Rock y el Blues con música tradicional cubana.
Salvo estos dos casos,
y la vinculación de trabajo de Noel Nicola con el grupo
Arte Vivo en los años 80, nada ha vuelto a relacionar a
la hornada de músicos que integró Experimentación Sonora
con el vocabulario del Rock. También dentro de la Nueva
Trova existieron otros creadores que en algún momento
mostraron inclinaciones por la música Rock. Desde Mike
Pourcell (que despuntó con Los Dada en los 60) hasta
Manolo Sabín (con una trayectoria que lo vinculó a
grupos de Rock como Los Átomos, 6L6 y el embrión de
Secciones Ocultas), varios han sido los trovadores que
han trabajado con ensembles de Rock más o menos
estables. Vicente Feliú tuvo una época con Atlantys;
Amaury Pérez Vidal junto a Síntesis y su propia banda de
música donde militaba el tecladista Ricardo Eddy
Martínez, notable arreglista y ex integrante de Almas
Vertiginosas, y hasta Pedro Luis Ferrer, reconoció que
en sus inicios como músico gustaba de imitar a Luis
Bravo, el primer ídolo del Rock hecho en Cuba.5
Sin embargo, hay un
detalle coyuntural que es imprescindible subrayar, a fin
de entender mejor la incidencia de la Nueva Trova en el
segmento de los jóvenes aficionados al Rock. Ya hemos
visto, al hablar de los 60, como estos,
mayoritariamente, se dedicaban a reproducir una música
ajena, copiando hits de moda en Estados Unidos o
Inglaterra. Esta pérdida absoluta de personalidad
creadora influyó en su marginación, pues se esgrimía
como razón para no promoverlo ni apoyarlo el mimetismo
(justificado o no) de los rockeros. Además, el público
que asistía a las fiestas podía elogiar la habilidad
de un guitarrista, la "pista" de un cantante,
o el acople del colectivo, pero no podía llevarse ni
una frase propia al final de la jornada. Los pocos que
se atrevían a hacer textos propios en la mayor parte de
las ocasiones estaban más interesados en combinar
cantar, amar y bailar que en proponer algo más
sustancial.
Cuando el Rock
internacional estaba presentando letristas de
incuestionable valor (Lennon, Morrison, Hammill,
Sinfield, Simon, Dylan y otros) que devendrían
clásicos de un estilo de canción, en Cuba estábamos
en pañales. Las escasas composiciones propias de la
época de los combos, apenas pueden mostrar luz de las
capacidades creativas de sus autores. En ese sentido la
Nueva Trova ha asumido el rol que en otros países se
atribuyó al Rock como sonido representativo de una
época determinada. "Fusil contra fusil",
"Yolanda",
"Créeme""Canción para una imaginaria María del Carmen",
resultan hoy emblemáticas de un tiempo ubicado entre
fines de los 60 e inicios de los 70, y activan los
resortes de la memoria y de la nostalgia, de la misma
forma que se recuerda "Sugar Sugar";
"Oh, darling";
"San Francisco" o
"Hey Jude" en sus versiones
tropicales por parte de los combos de barrio.
LOS TOPOS SE REÚNEN
"Fue en el 80, por
si se olvida...", como cantaría Santiago Feliú,
cuando un puñado de jóvenes cantautores saltó a la
luz pública con canciones que marcarían pautas en la
producción del momento. Hablo de Donato Poveda
("Buscando ciudades donde amar"), Santiago Feliú ("Para
Bárbara") y Alberto Tosca ("Paria"),
que serían algo así como la punta visible de un iceberg
que avanzaba más deprisa de lo que algunos suponían, y
que en poco tiempo darían forma a lo que se llamó
indistintamente "segunda promoción de la Nueva Trova",
la "Novísima Trova" o la "generación de los topos"4.
Una de las
características más importantes fue el desenfado con
el cual esos y otros creadores se acercaron a las
sonoridades del Rock. Al inicio tal vez los elementos se
hallaban un tanto diluidos en el contexto sonoro, pues
lo fundamental parecía recaer en el discurso poético.
No obstante, ya algunos modos de guitarrear, de
proyectar la voz, de concebir las armonías, mostraban
inclinaciones hacia el Rock. Por otro lado, la
información musical era mucho mayor que en años
anteriores. Al listado de influencias se sumaban los
nombres de Cat Stevens, el trío Crosby, Stills and
Nash, Neil Young y, por supuesto, paulatinamente,
argentinos como Luis Alberto Spinetta, Charly García y
León Gieco.
Los primeros nombres
que destacan entre los "novísimos" son Donato
Poveda, Santiago Feliú, Alberto Tosca, Xiomara Laugart
y Anabel López; los tres primeros como cantautores y
las dos muchachas como intérpretes. A esta nómina se
integrarían luego Frank Delgado, Gerardo Alfonso,
Carlos Varela y Adrián Morales, entre muchos más.
Sin embargo, cito
especialmente a estas figuras porque cada una ha
expresado a su forma su parentesco con el Rock, aunque
con líneas bien personales (que no antagónicas).
De los
"novísimos" originales, Santiago Feliú y
Donato Poveda fueron los que más énfasis hicieron en
combinar Rock y Nueva Trova. Donato, si bien se expresó
en contra de su encasillamiento como rockero, trabajó
durante una buena etapa con sonoridades deudoras de ese
género. Su labor más sobresaliente en dicha faceta tal
vez sea el disco Encuentro cercano, concebido y grabado
en una fructífera asociación con el grupo Monte de
Espuma en 1981. Las presentaciones junto a la banda que
capitaneaba el guitarrista Mario Daly hicieron de Donato
un intérprete muy próximo al desenvolvimiento y
lenguaje rockeros, aunque esta colaboración no fue más
allá del acercamiento momentáneo. Pero con canciones
como "El eslabón perdido",
"Almanaque", y aun
"Como una
campana", Donato se inscribe entre los creadores que han
incursionado en el Rock con buenos resultados.
El caso de Santiago
Feliú es todavía más representativo de la fusión
Nueva Trova-Rock. En su primer LD, Vida, de 1985, en las
notas de la contraportada Noel Nicola señalaba la
presencia de elementos del Rock sinfónico y la música
Country en sus canciones. Un clásico como
"Para
Bárbara", dentro de su lirismo, conecta con el lado
folky de ciertas modalidades del Rock, por el uso de la
armónica y la guitarra acústica. Más adelante, ya con
una banda estable de respaldo, Santiago ha dejado que el
sello del Rock aparezca intermitentemente en su obra.
Ejemplos hay muchos, pero pudieran citarse
"Si mi voz
escapa", "Metamorfosis",
"Aunque la vida",
"Buenos Aires",
muerte del 92"; "Sedante",
"El roncanrolito de Fulanito y
Menganito" y "Mikey y Mallory".
En las antes citadas
canciones, el trabajo de los instrumentistas refuerza la
sonoridad, y en ese sentido la labor del grupo Estado de
Ánimo, que desde 1990 acompaña a Santiago en giras y
grabaciones, ha resultado impresionante. Sin embargo,
este creador tampoco se alista en la producción más
pura del Rock, sino que compone sin ceñirse a un
estilo, con un pie en la Trova y otro en el Rock and
Roll. Ajeno al vértigo de las nomenclaturas, Santiago
Feliú es, quizás, la síntesis más coherente de
trovador y rockero.
Gerardo Alfonso es otro
caso interesante de compositor afiliado al Rock a partir
de la Nueva Trova. Sobre todo desde los años 90 su
música ha ido incorporando ingredientes tradicionales
cubanos (Rumba, Guaguancó, Son) y caribeños (Calypso,
Regaee) dentro de una atmósfera de incuestionables
intenciones rockeras. Como él mismo canta: "hago
rocanroles, rumba y hago más... "6
Muchos de sus temas son
una mezcla de Rap, Rumba, Funk, Regaee, Bolero y Rock,
algo inusual en el contexto de los trovadores. Incluso,
su propia obra y la sistematicidad de sus presentaciones
a mediados de la década de los 90, hicieron de Gerardo
un músico a seguir por parte de los consumidores de
Rock.
Todo eso mientras los
"especialistas" se debaten entre
terminologías: ¿es Pop latino, o Guayasón
alternativo? Parafraseando a Dylan: "la respuesta
está en el tiempo".
En las notas al
programa de mano para el concierto "Dos para un show", que
reunió el 4 de junio de 1994 en un parque capitalino a
Gerardo Alfonso y Carlos Varela, un estudioso del tema
del fenómeno de la "novísima trova", Arsenio
Rodríguez Quintana, al referirse a los protagonistas
del evento decía:
"Quizás lo más
curioso de todo este proyecto autoral es que ellos
comenzaron este mismo lenguaje con solo guitarra y voz,
y pasado el tiempo su estrategia musical se convirtió
en bandas de Rock que acentúan una estética musical
que les permite verter su búsqueda con nuevos elementos
tímbricos."
Esto nos lleva a hablar
directamente de otro representante de la segunda
generación de trovadores: Carlos Varela.
Al igual que Santiago,
Frank, Donato y Gerardo, Carlos Varela se inició
pulsando una guitarra acústica y cantado creaciones
suyas y de su hermano, el teatrista Víctor Varela. Con
una poética concisa y urbana, su conversión a un
formato musical más cercano al Rock resultaba
predecible; muchos de sus textos pedían a gritos una
instrumentación mucho más enérgica. Al vincularse al
grupo Señal en el Asfalto, Carlos propició un viraje
que lo ha ido alejando paulatinamente de su original
faceta de trovador:
"Quizás la hora
del músico solitario ya pasó. Casi todo el mundo se
busca una banda detrás para
expresarse en un formato musical más amplio."6
Estrategias aparte,
Carlos Varela ha incorporado la intensidad del Rock a su
entrega artística. Ya no se trata solamente de una
guitarra eléctrica o un macizo sostén rítmico, sino
que sus mismos temas aluden de forma directa a toda la
mitología del Rock. Desde su confesión de
"íbamos a ver Los Almas cuando yo tenía el pelo
como tú" (de la canción "Rayas blancas")
hasta esos "lobos de Jim Morrison" que
aparecen en el blues "Grettel", el Rock está inmerso en
buena parte de la producción de este "novísimo
gnomo". Su obra parece ser la que más se ha
adentrado en el mundo sonoro del Rock, y es sintomático
que durante los años 90 Carlos Varela actuara casi
exclusivamente con su grupo, alejado de su otrora
inseparable guitarra acústica.
Para concluir con esta
hornada de trovadores que empezaban a sacudirse la
dependencia excesiva de sus antecesores, citaré a
Adrián Morales, otro eslabón de relevancia cuyo
aporte, de tan fugaz, ha sido subvalorado. Adrián
despunta también en la segunda mitad de los 80, con
canciones sulfúricas y un manejo muy original de la
guitarra (en ocasiones distorsionaba el sonido
utilizando diversos pedales y artilugios electrónicos).
De trovador solista pasó a laborar con varios
instrumentistas ocasionales (Dagoberto Pedraja, Pucho
López), hasta fungir por una lamentablemente efímera
temporada como vocalista del grupo Teatro del Sonido.
Composiciones suyas como "Historia común",
"Descubriéndote",
"Juventud derrotada" y
"Autohistoria"
evidenciaron un talento singular para hacer
confluir Rock y
Canción. Sin embargo, al radicarse en Barcelona
(España) en 1991, su impacto en el movimiento del Rock
nacional disminuyó de modo notable aunque sin
desaparecer del todo.
Con estos cinco nombres
(Donato, Santiago, Gerardo, Carlos y Adrián) estoy
resumiendo una tendencia de mayor envergadura que, por
suerte, no los incluyó solo a ellos. Los esfuerzos,
conscientes o no, por aunar Rock y Nueva Trova empezaban
a dar frutos, si bien esto no contaba c
on el total beneplácito institucional. En una
fecha como 1988, Silvio Rodríguez se hacía eco de la
situación por la que atravesaban los "novísimos", cuando
declaró: "Hay una cosa que no sé si actúa negativamente,
pero algunos de ellos, quizá los más destacados, se han
identificado mucho con el Rock, y hay muchos problemas
con el Rock."7
Estos "novísimos
topos" demostraron, entre otras cosas, que la Nueva
Trova y el Rock no eran lenguajes opuestos, sino
susceptibles de integrarse. Sus contribuciones, al
margen de los reconocidos aciertos en la producción
creadora, han apuntado hacia el hecho de ayudar a
derrumbar esquemas ideológicos en torno a la música
Rock, concibiendo ésta más como una actitud que como
un lenguaje lineal.
Por otro lado, el
trovador, como ente individual, juglar de nuevos tiempos
con su inseparable guitarra a remolque, empezaba a
desaparecer. La urgencia de decir iba pareja con la
necesidad de expresarse con las armas contemporáneas.
Algo tan difícil en Cuba como formar un grupo se
convirtió en la obsesión de muchos. Otra etapa
despuntaba, y serían los más jóvenes quienes darían
un vuelco a la fusión que no ocupa.
LA INSOPORTABLE LEVEDAD
DE SER TROVADOR
La tendencia ya estaba
en el aire: los trovadores preferían unir fuerzas con
instrumentistas, a fin de dinamizar sus propuestas.
Parece obvio precisar que no siempre el vocabulario
sonoro elegido tenía que ver con el Rock, y el ejemplo
más fehaciente sería Frank Delgado con su forma tan
original de recrear sones y guarachas. Pero el afán de
colectivización ponía la tónica novedosa en el
entorno.
Al arribar a los años
90, una buena cifra de trovadores sacó a relucir
influencias rockeras que hasta el momento habían
dormitado en sus canciones, y se dedicaron a fundar
grupos para asumir otra dimensión musical. Como rasgo
atípico de esta promoción de cantautores habría que
mencionar la renuncia, muchas veces, al protagonismo
nominal. Hasta esa fecha, si exceptuamos la aventura
artística que dignificó el Grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC, los trovadores habían mantenido su
condición de solistas, ya fuera que se acompañaran de
agrupaciones instrumentales o de una sencilla guitarra.
En los 90, la concepción varió, y los nombres
individuales dieron paso a denominaciones colectivas.
Ya existían los casos
de creadores vinculados directa o indirectamente al
Movimiento de la Nueva Trova que en algún momento se
habían incorporado a grupos ya establecidos: Manuel
Camejo (Arkamar, Arte Vivo), David Torrens
(Distensión). Pero entre finales de los 80 y principios
de los 90 esta modalidad cobró bríos, fundamentalmente
en la propuesta del Rock Acústico. Esto puede guardar
relación con un movimiento de similar nombre gestado en
Argentina en la mitad inicial de los 70, y que solo
ahora se escuchaba en Cuba, a través de las canciones
de Sui Géneris y León Gieco. Estas influencias,
asimiladas de forma diversa y desde una perspectiva
netamente cubana, se haría audible en propuestas como
las de Arcángel (¿Alguien recuerda Oh, Jerusalén?),
Hobby y Superávit. Toda vez que Arcángel (proyecto de
Fernando Rodríguez) funcionó por muy poco tiempo, me
detendré en los otros dos colectivos citados.
En ambos casos se
trató de duetos (Pepe del Valle-Carlos Santos, Raúl
Ciro-Alejandro Frómeta), cuyas intenciones se
inclinaban hacia una canción intimista y
contemporánea, cambiando las imprescindibles guitarras
con parcos aportes instrumentales, pero sin perder de
vista la predilección por las sonoridades acústicas.
En lo que concierne a
Hobby, tras la grabación de una maqueta con 12 temas,
titulada "Renversé", en 1994 detuvo sus actividades, y
cada uno de ellos retornó a la línea de solista (más
adelante, Carlos Santana se uniría a Superávit). En
cuanto a Ciro y Frómeta, su estilo de canción fue
evolucionando hacia formas más ambiciosas en el
tratamiento orquestal, pasando luego a convertirse en un
grupo tras la jugosa etapa como dúo. En una tónica
más o menos parecida se movieron otros proyectos, como
Skimny Legs, de Sancti Spíritus; Iceberg, de Matanzas,
y el dueto de Michel Peraza y María Victoria Calero,
entre otros.
Por lo general, la
intención acústica resultaba primordial, pero además
la misma construcción de las canciones los asociaba, en
alguna medida, a la Nueva Trova. Otros elementos
característicos del Rock acústico fueron: acercamiento
al Blues y Country en la búsqueda tímbrica y armónica
(sobre todo mediante la utilización de la guitarra con
cuerdas de acero), uso ocasional de acordes
electrónicos mínimos, y ciertas inflexiones vocales
propias del género.
A esta tendencia del
llamado Rock Acústico también se sumaron músicos
procedentes del Rock y no solo de la Nueva Trova.
Quizás en ese acápite podríamos incluir las
propuestas iniciales de equipos como Van Gogh, de Miguel
D'Oca; Proyecto HO-LA, y con más consistencia Extraño
Corazón, sin descartar lo realizado por Señales de
Humo (Iván Leyva y otro fugitivo de la Trova, Osmany
Castillo). En estos casos el elemento Rock se hace mucho
más evidente, dada la extracción misma de los
integrantes.
Otra de las variantes,
que parte también de la Nueva Trova para insertarse en
el Rock, es la que involucra agrupaciones formadas
alrededor de un trovador solista, pero donde la
denominación grupal pasa al frente. En muchos casos los
resultados no han logrado ser tan convincentes como las
intenciones, y después de algún tiempo los
experimentos han pasado a hibernación. Se trata de que
para el trovador los grupos no han dejado de funcionar y
sonar como acompañantes. En un gran porciento esto se
debe a las fuentes de información personales previas de
los asociados: los instrumentistas escuchan Rock en sus
múltiples variantes (Grunge, Heavy Metal, Jazz-Rock,
Rock Sinfónico), mientras el compositor, relacionado
más con su origen de trovador, se inclina hacia los
cantautores (desde Joaquín Sabina hasta Tracy Chapman,
pasando por Fito Páez y Sting). De ahí, tal vez, la
falta de alquimia en la elaboración de un producto con
un denominador común.
También muchas veces
ese afán de colectivización está avalado por una
necesidad comercial, de expresarse en un idioma sonoro
más actual. Aquí cabría apuntar otra de las paradojas
que se suelen dar en nuestro país: cuando las
transnacionales televisivas comenzaban a imponer la moda
del "desconectado" (unplugged) en la escena
internacional, aquí atravesábamos la etapa inversa.
MTV proponía sets acústicos, sencillos, para rescatar
lo elemental de la interpretación, sin el rebuscamiento
de la pirotecnia y los malabarismos instrumentales, al
tiempo que se revalorizaba el solista; entretanto,
nosotros continuábamos al descompás del reloj,
fomentando grupos y más grupos.
Nombres como Lucha
Almada (Vanito y Alejandro Gutiérrez), Debajo (Boris
Larramendi), Bolsa Negra (Luis de la Cruz), Cuatro gatos
(Kelvis Ochoa), Goma Loca (José Luis Medina) y Cetros
(Miguel Ulises González), entre otros, representan lo
más descollante de esta producción, a pesar de la
brevedad de algunos. También agregaría, en una
posición cercana, a proyectos como Andamio y Testigos
Mudos. Lo destacable es que detrás de esos colectivos
se ha movido un trovador que, sin embargo, ha preferido
el anonimato voluntario.
De todos modos, cuando
se habla de grupos formales con un trovador como figura
central, hay que mencionar irremediablemente a Havana,
como la experiencia más coherente, y cuyo sonido
entronca con lo más ortodoxo del Rock, manteniendo el
vínculo "trovero" por medio de los textos.
Con Iván Latour como responsable, Havana ha adquirido
un reconocimiento incluso a nivel internacional. Su caso
se me antoja atípico dentro de las vertientes
"trovarocanrolera", toda vez que la sonoridad
está absolutamente imbricada en las modernas
coordenadas del Grunge, y el mismo desempeño vocal de
Latour recuerda más el "desgarramiento"
común en el Rock que la proyección controlada de los
trovadores. Con un disco ya grabado, "Puertas que se
abrirán" (1996), Havana ha jugado hábilmente con los
recursos a su favor, escalando una posición que los
sitúa, de lleno, en cualquier historia del
Rock hecho en casa.
Aparte de los ejemplos
ya citados de trovadores que han laborado con ensambles
de Rock, podría mencionar también a Juan Carlos Pérez
y su estancia como miembro activo de Paisaje con Río,
Carlos "Polito" Ibáñez en su brevísima
unión al grupo Perfume de Mujer, la contribución de
Silvio Rodríguez en el disco "El hombre extraño" de
Síntesis, Lázaro García con Panorama, Luis de la Cruz
con Rhodas y Manolo Sabín con Sonido X. Uniones que por
lo general han sido episódicas, pero demostraron el
interés por combinarse.
Otra faceta interesante
es la que ha aproximado a los rockeros a la Nueva Trova.
Tal vez el caso más conocido sea el de Los Gens,
quienes entre 1982 y 1983 facturaron un extenso
repertorio con arreglos rockeros a más de 30 canciones
de Silvio Rodríguez; mientras se recuerda a Jorge Conde
queriendo ensayar "La era está pariendo un corazón", de
Silvio, con su grupo Los Kents a fines de los 60; a
Skippy Armada, de Venus, planeando un cover a
"Vida", de
Santiago Feliú. Se trata de fusionar el impactante
sonido del Rock con la lírica de la Trova, y si los
resultados no siempre han funcionado, al menos puede
decirse que los intentos no han faltado. Trabajos
coherentes, no obstante, han demostrado que en los más
de 30 años de vida de la Nueva Trova, una parte de su
historia ha ido de la mano del Rock.
Finalmente, me parece
oportuno subrayar que la Nueva Trova, más que una
propuesta musical, ha sido un movimiento estético que
insertó una poética diferente a nuestro entorno
musical contemporáneo. Por su parte, el Rock ha
influido muchísimo en otros géneros que se cultivan en
el país. De ahí que siendo dos fenómenos artísticos
de relevancia, no hayan podido ignorarse mutuamente. El
público, ese crítico mordaz, anónimo y colectivo, ha
preferido abrazar la causa común sin detenerse ante
barreras artificiales. En un concierto de Silvio se
pueden ver más camisetas de Metálica y Sepultura que
del propio protagonista del evento; en una tocada de
Rock and Roll coinciden diletantes de la Trova con las
canciones de Pablo rondando en sus cabezas: "No
vivo en una sociedad perfecta... " Tampoco la
simbiosis lo ha sido, pero se puede decir que entre la
Trova y el Rock ha existido siempre un puente de
comunicación con vías en ambas direcciones. ¿Alguien
pidió más?
NOTAS
1.- Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras. Que levante
la mano la guitarra, Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 1984, p 215.
2.- Ibidem, p 215.
3.- Guillermo Vilar. GES (II). El Caimán Barbudo, enero
de 1989, p 14
(citando a Noel Nicola).
4.- Se le llamó "generación de los topos" a
la segunda promoción de jóvenes trovadores, también
conocidos como "los novísimos". Tal nombre
fue acuñado por Joaquín Borges Triana en un artículo
de igual título publicado en Juventud Rebelde el 28 de
agosto de 1988, p 9.
5 Frase de la canción Lo hago por ti, de Gerardo
Alfonso.
6.- Mayra Beatriz. A sombrero quitado. Somos Jóvenes,
abril de 1990, p 21 (citando a Carlos Varela).
7.- Enrique Núñez. El que da primero... Opina,
noviembre de 1980, p 5 (citando a Silvio Rodríguez).
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