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DETRÁS
DE LA VOZ DEL TROVADOR
Víctor
Casaus |
La Habana
Detrás
de la voz del trovador estamos nosotros, disfrutando,
sufriendo, rehaciendo, compartiendo, acompañando sus
canciones. Estamos en sus canciones porque ellas nos
revelan certezas e interrogaciones, amores y conflictos,
júbilos y tristezas. Somos también en sus
canciones porque hemos compartido sueños y percances,
aciertos y errores, riesgos y reafirmaciones.
Hace unos días volví a conversar sobre este tema con
un grupo de amigos, en medio de una tertulia o
presentación en la que se hablaba de la trova, sus
raíces y sus proyecciones. Es un tema que tiene muchas
ramas entrecruzadas en la memoria y en la pequeña
historia y en la otra Historia.
Tiene
que ver, en primer término quizás, con la magia de la
perennidad y sus explicaciones. ¿Por qué una canción
conserva, renueva o potencializa su capacidad de
comunicación a través del tiempo? ¿Cómo los
integrantes de una nueva generación, creados y criados
en nuevos contextos, con diversos entornos culturales,
pueden disfrutar o reflexionar, o ambas cosas a la vez,
con una canción concebida tres generaciones atrás por
este trovador impenitente? ¿Qué magia explica esa
maravilla?
Tengo
explicaciones pero muy puntuales. Se refieren a la
manera en que las canciones de Silvio me han acompañado
a lo largo del tiempo para muchas cosas: para dialogar y
para preguntar(me) y para entender(me, también). Para
encontrar una resonancia familiar. Para acercar,
comparar, redescubrir la maravilla del amor en el perfil
de una metáfora, en el giro de una mariposa (existente
o imaginada, pero indestructiblemente frágil). Para
decir. Para estar y para ser.
Creo
que en mi caso (como en el de otros amigos comunes) este
tema pasa por las coincidencias geográficas y
temporales. Iniciarse en el periodismo y en la
historieta gráfica a principios de la década del 60,
no solamente en la misma atmósfera del país de
entonces, sino en la misma publicación –la revista Mella-
desde donde nos empezábamos a asomar al mundo mientras
jugábamos ping pong, leíamos todo lo que éramos
capaces de leer y vivíamos, sin saberlo, el tiempo de
la formación personal, humana, artística, en medio de
una época que exigía y daba mucho, como seguramente
debía ser.
Después
hubo otras coincidencias que me gusta recordar, porque
tienen que ver con las búsquedas, los inicios, los
reencuentros. Anecdóticamente podíamos tomar aquel
día de julio del año 67 (1967, siglo pasado: por
suerte, en este momento, prácticamente todos
somos gente del siglo pasado) cuando organizamos el
recital Teresita y nosotros en la pequeña sala
del Museo de Bellas Artes. Teresita era Teresita
Fernández, tierna trovadora que rondábamos
semanalmente en el pequeño espacio semi iluminado de El
Cóctel, para encontrar la poesía de la Mistral y la de
ella misma en canciones que tienen también hoy la
hermosa virtud de la persistencia. El nombre de Silvio
no aparecía en el título del recital porque era parte
del nosotros, y nosotros éramos los poetas de El
Caimán Barbudo, que queríamos acompañar nuestra
poesía de guitarras y de imágenes.
Silvio
acababa de terminar su servicio militar y aquella era su
primera presentación pública, camisa blanca y guitarra
en mano, pálido y flaco y compartidor de sueños
soñados y por soñar en esas canciones tan extrañas y
tan nuestras. Tan nuestras que terminarían siendo de
todos.
Lo que
estábamos poniendo en el aire de Bellas Artes —como
otras veces lo hacíamos en la sala de una casa, en la
intemperie de un parque, en los rituales cotidianos de
una heladería— eran nuestras coincidencias, como lo
comprendimos mejor mucho después. Nuestra poética
estaba recorriendo, ahora lo sabemos mejor, el camino de
aquella otra poesía que se acompañaba con guitarra.
Juntos creíamos que "toda palabra cabe en la
poesía, ya sea carajo o corazón". Juntos
aprendíamos a decir, a compartir y a criticar. Juntos
en el nosotros del recital y en el tiempo y
territorio de eso que, para entendernos, llamamos vida.
De esas
coincidencias salieron después canciones, poemas,
libros y documentales. Pequeñas historias personales
que podrían dar seguramente inicio a otra crónica
nocturna como ésta que ahora termina continuándose en
el poema que la sigue. El poema tiene el mismo título y
cuenta a su manera estas confluencias felices que la
crónica trató de rescatar ahora desde la memoria y
para la memoria. La dedicatoria del poema vale también
para la crónica. Y, de paso, para la vida que está
entre ambos, como debe ser.
DETRAS DE LA VOZ
DEL TROVADOR
Para Silvio, hermano
Detrás
de la voz del trovador
de su guitarra enamorada
de
la vida
pasan (mientras pasa el disco veloz bajo la aguja)
pasan digo los amores que acompañan esos acordes
las pequeñas tragedias y las enormes comedias
que nos han ocurrido en estos años
(¿o será que nosotros les hemos ocurrido a ellas?)
Desfilan
rostros dibujados o borrosos enormes ojos
que
nos miran desde el sueño
y algún que otro rostro que ya nos mira desde
la
muerte
El trovador dice "mariposas" y lo que vuela
no son insectos de variados y rítmicos colores:
pasa una muchacha que ya no cabe
en
nuestro sueño
Pregunta por ejemplo el trovador en un verso barroco
o
medieval
que si aquí alguien "juguetea con la
alquimia"
y llega parte de la vida jugueteando en ese verso
Acusa el trovador a esa mujer que no propone otra cosa
sino que él "salte y se estrelle" sobre el
muro del amor
o
el de la rabia
y ya está el salto que nos correspondía
en
nuestro turno
y está la voz que coreaba esa canción
desafinada
imprecisa
esponjosa
la voz que una vez fue la voz mismísima del amor
qué duda cabe
¿Pero
cómo iba a ser de otra manera?
¿De
qué forma íbamos a escuchar esos magníficos
aullidos del amor aquellos
himnos?
Si el trovador ha andado siempre ahí junto a nosotros
y nosotros junto al trovador
escribiendo canciones
cantando versos
amando al amor a diestra y a siniestra y a mansalva
y a veces a sálvese quien pueda
¿Cómo iba a ser
que no fuera así salvaje
y sabiamente
como nosotros mismos hemos sido
somos
y
por algún tiempo parece que seremos?
¿Cómo
si no pasaría que detrás de la voz del trovador
de su guitarra enamorada de la vida
pase la sombra de algún que otro buen amor
que nos perteneció
que
nos supo a esa canción
a esos versos con que el trovador a su vez
nos retrataba?
Claro
que nacimos por la misma época
vivimos semejantes historias
parecidos sueños
e idénticas muertes nos esperan
Pero así y todo
ahora que suena esa voz en las bocinas estereofónicas
esa voz doble y la misma
única y partida
por el rayo del amor y el de la técnica
a lo mejor es necesario decir lo que sabemos:
que antes o después
nuestras pequeñas tragedias
nuestras
enormes comedias
han andado rondando y ardiendo en esos versos
con que ahora el trovador nos agrede amablemente
desde
el disco
Que somos parecidos y los mismos
Que somos los unos
y los otros
pero iguales
Y
que particularmente
ahora en este instante
me arden en el mismísimo amor sus mariposas
y la mariposa en especial que no cabe en este sueño
las alquimias
la mujer que propone:
mis historias
Víctor Casaus
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