POLVO ROJO (TERCERA ENTREGA)
LA LUCHA DE CLASES EN CUBA ES UNA
LUCHA DE VIDA O MUERTE
Pedro
de la Hoz
El éxito del libro de cuentos inicial
de Jesús Díaz (Premio Casa de las Américas 1966) tuvo
repercusión no sólo en los medios estrictamente
literarios sino también en otros ámbitos artísticos.
Tal fue el caso de las artes
escénicas. En el propio 1966, una destacada actriz
cubana, que se revelaba entonces como directora, Lilliam
Llerena, pensó que los cuentos de que se referían al
enfrentamiento contra las bandas contrarrevolucionas
merecían una puesta en escena.
Y para ello habló con Jesús. Lilliam,
que a la sazón formaba parte del elenco del Taller
Dramático, dirigido por Gilda Hernández, animó al
escritor a que se decidiera a incursionar en la
dramaturgia, sobre la base de aquellos cuentos. J.D. no
estaba al principio muy convencido de dar un salto hacia
la escena, pero después, junto con la actriz y
directora, fue perfilando lo que sería una de las obras
más impactantes de aquellos tiempos: Unos hombres y
otros.
La pieza se estrenó en la sala El
Sótano, en el Vedado y poco después recibió su
bautismo internacional durante la realización del VI
Festival de teatro Latinoamericano, que organizó en La
Habana la Casa de las Américas.
Dos años después, la irradiación
social de Unos hombres y otros alcanzó un nuevo
clímax con su puesta en escena por el grupo Teatro
Escambray, formado por teatristas que abandonaron las
salas de la capital para instalarse de modo permanente
en medio del macizo montañoso de la región central de
la isla para desarrollar un proyecto artístico en
contacto directo con los pobladores —gente que nunca
había visto teatro— y con las radicales
transformaciones que se operaban en el lugar.
Unos hombres y otros,
en el contexto escambradeño, alcanzaba una dimensión
mucho mayor puesto que los espectadores habían sido
participantes o, al menos, testigos de la lucha contra
las bandas.
Sería bueno recordar las motivaciones
de J.D. para escribir la pieza, según lo contó a un
crítico en los años 70:
Yo estuve en las milicias desde su
fundación, pero en la Lucha contra Bandidos no tomé
parte. Tenía, sí, amigos que habían participado en la
Limpia del Escambray y en varias ocasiones hablamos del
asunto. O sea, se trata de una experiencia indirecta.
Desde luego, la LCB es uno de los episodios más
intensos de la lucha de clases en nuestro país, y uno
se sensibilizó con ella. Asesinatos como los de Manuel
Ascunce y Pedro Lantigua marcaron una etapa de la
Revolución, y uno llevaba eso por dentro. Pero debo
confesarte que tenía un temor, incluso después del
éxito inicial de la primera puesta: ¿resistiría la
obra un montaje en el Escambray, centro de aquellos
acontecimientos? La respuesta que ha obtenido el Grupo
Teatro Escambray con
Unos hombres y otros
es una
de las mayores alegrías que me ha proporcionado este
trabajo.
El crítico le preguntó por las escenas
bélicas y en la respuesta de J.D. hay, evidentemente,
un elemento doctrinal. Porque J.D. entonces pensaba que:
...me interesaba propiciar la
dinámica de choque entre ambos grupos y las
consecuencias de ellos en particular: la tropa LCB y los
bandidos, es decir, la Revolución y la
contrarrevolución. Este es el objetivo del único
encuentro bélico de la obra y, en general, del trabajo
en su conjunto: obtener un ángulo de la lucha de
clases en Cuba, como se sabe una lucha de vida o muerte,
y ver cómo se desarrollan en ella los protagonistas en
concreto.
Ante el J.D. épico del 66, ¿qué
dirá el J.D. de hoy?