El EMIGRADO CUBANO ES UNA VÍCTIMA DE
LA POLÍTICA NORTEAMERICANA
"La cultura cubana no
se puede mantener por correo; no es el arroz con
frijoles de la Calle 8, en Miami". El abogado
cubanoamericano José Pertierra analiza los problemas
migratorios entre Cuba y Estados Unidos
Hedelberto
López Blanch | La Habana
En 1961 José
Pertierra no sabía nada de política, y mucho menos de
asuntos migratorios. Entonces tenía diez años de edad
y su familia lo llevó a Estados Unidos. Era el caso
típico de una familia adinerada que abandonaba el
país: sus tíos eran dueños del Hipódromo y del
Mountmatre y otros casinos.
Hoy día Pertierra,
que conserva un rostro juvenil y una mirada serena, se
alegra de que lo hayan llevado a Los Ángeles y no a
Miami. Estudió filosofía en la Universidad de Loyola,
en aquella ciudad californiana, y posteriormente hizo el
doctorado de abogacía en la Universidad de Georgetown,
en Washington.
Asegura que su
estancia en Los Ángeles, lejos del "mundillo"
de Miami, le permitió conocer el fuerte movimiento
chicano y a su entonces líder, César Chávez. Su
posterior traslado a Washington, donde aún vive, le
permitió rodearse "de cubanos que pensaban muy
diferente a los de Miami, como Lourdes Casal y
otros".
Especialista en
problemas migratorios, tiene su propia visión sobre el
tema en lo que se refiere a Cuba y Estados Unidos.
-El problema más
grande -explica Pertierra- es que no existe una
situación normal migratoria entre los dos países, lo
cual perjudica al cubano común y corriente, al que se
encuentra en Estados Unidos y quiere viajar a Cuba o
viceversa.
"El solicitante
de una visa, es decir, un turista que desea ir a Estados
Unidos, tiene que probar que regresará a México, El
Salvador, a Cuba o a donde viva. En el caso de los
cubanos -puntualiza-, esto se hace todavía más
difícil porque aparte de una presunción legal de que
el turista se va a quedar allá, existe la Ley de Ajuste
Cubano, que establece que después de un año y un día,
cualquier cubano que pise tierra en Estados Unidos
recibe su residencia y un desfile en Miami. Entonces el
cónsul, conociendo eso, le niega la visa de turista a
cuanto cubano desea ir al norte, salvo en raras
ocasiones. Es una situación muy anormal.
"Desde el otro
punto de vista, del cubano que vive en Estados Unidos y
desea visitar a sus familiares, solo puede venir a Cuba
una vez cada 12 meses, por "razones
humanitarias", debido a la política de embargo o
bloqueo."
Esta situación,
según el abogado de inmigración Pertierra, impide a
los cubanos que viven en el exterior y a los de la Isla,
el flujo natural, que no puede alcanzarse con la misma
facilidad que se da con otros países, pues en esos
casos hay normalidad y no existen leyes norteamericanas,
como las diversas que refuerzan el embargo o bloqueo
Cuba y la de Ajuste Cubano.
"Esta última ley
-asegura Pertierra-, perjudica las relaciones entre los
cubanos porque crea una anormalidad extrema al impedir
que los que verdaderamente desean visitar a familiares
en el exterior, puedan obtener el permiso de Washington.
Es decir, hay un doble rasero, pues por un lado autoriza
que el cubano que pise tierra reciba su carta verde y un
desfile en Miami al año y un día de haber llegado
ilegalmente, pero por otro lado, hace todo lo posible
para impedir que puedan pisar tierra norteamericana en
forma normal.
"Eso sirve como
un imán para fomentar la emigración ilegal, que
resulta sumamente peligrosa a través del estrecho de la
Florida. Cuando a una persona que se le impide obtener
un permiso para visitar Estados Unidos, se lanza al mar
en lancha, porque sabe que el mismo gobierno que le
niega una visa temporal, le da su residencia permanente
si arriesga su vida en el intento de entrar
ilegalmente."
—En la práctica, ¿esa emigración
es un todo homogéno? ¿Dónde se localizan sus
diferencias?
—El fenómeno migratorio cubano en
Estados Unidos hay que verlo desde una perspectiva
generacional. El migrante que se fue en los 60 tiene
generalmente muy poco vínculo con Cuba, y se identifica
más con el ambiente que le rodea. No tiene esos enormes
deseos de venir a la Isla como la gente de mi
generación, que viene y siente cada vez más necesidad
de venir. Los que emigraron muy jóvenes se formaron en
otras culturas; su relación con la Isla la sienten como
algo que tiene que ver con sus raíces, pero no con su
identidad, dos cosas diferentes. Acá se sienten
extranjeros. En cambio, la persona que emigró de
mayorcita recuerda que su primer beso fue en el
Malecón, que tiene vínculos entrañables con su país.
Pero lo triste es que no es ni fu ni fa: ni cubano, ni
americano. De hecho lo cubano-americano es una gran
mentira, porque en la práctica se siente un extraño en
Cuba y tampoco es aceptado en Estados Unidos.
"Alguien ha dicho que el
cubano-americano es más que cubano, más que americano,
y yo creo que es todo lo contrario. Uno es menos, menos
cubano, menos americano, porque no está ni aquí ni
allá. Esta es realmente la tragedia de esta diáspora
que vive la familia cubana. El diferendo político entre
ambos países tiene otra gran víctima: los cubanos que
se fueron, a quienes les resulta muy difícil mantener
los vínculos con sus familias."
—Sin embargo, hay un grupo que se ha
beneficiado enormemente con esta situación.
—Sí, pero en general la mayoría ha
sufrido mucho. El bloqueo es un negocio sólo para un
grupo, pero el punto de vista más común es el de
mantener los vínculos entre ambos países de manera
normal. Para un venezolano, por ejemplo, es lo más
normal del mundo enviar en vacaciones a sus hijos a
Venezuela; esto para un cubano es imposible. El gobierno
norteamericano lo prohibe. Eso ha causado que el cubano
no pueda mantener vínculos normales con su país y que
se hayan difundido aberraciones como que la cultura
cubana está Miami. La cultura cubana no está en la
Calle 8, sino en Cuba. La cultura no es el arroz con
frijoles que sirven dos restaurantes de ese lugar y los
discos de música cubana que se venden en una tienda
próxima, y que cuando yo la descubrí la música cubana
se reducía a unos discos de Olga Guillot.
—Muchos coinciden en que se está
produciendo una fiebre por limpiar la imagen de Miami,
que mostró al mundo su cara más fea e intolerante
durante el suceso Elián.
—En estos momentos es muy difícil
limpiar la imagen. Lo que mostró Miami entonces se
corresponde exactamente con la realidad: es un contexto
extremista, lleno de odio y de rencor hacia la Isla,
expresión de los grupos que manejan la política en
Miami. Esa no es la posición del recién emigrado
cubano, ni de los ciento y pico mil que viajan a Cuba y
no tienen acceso al dinero de ese grupo que ha
manipulado tradicionalmente la imagen de Cuba y de su
propio contexto. No puedes olvidar que la política en
Estados Unidos siempre se ha sostenido sobre la base de
dinero y no de ideas. La Fundación Nacional Cubano
Americana no se ha lanzado como representante real de la
comunidad cubana en el exterior, no puede. Tiene mucho
dinero y con eso se le ocurre sostener una
"embajada" en Washington, cuyo
"embajador" no nació aquí, ni ha pisado
jamás tierra cubana. Todo es una farsa, un asunto de
"imagen": quieren dar la idea de que son
representantes, que tienen "embajada", y como
tienen dinero pueden vender la mentira como realidad, en
función de las reglas del juego de la política
americana.
—¿Cómo defender la cultura cubana
en un contexto tan hostil e invasivo como el
norteamericano?
—La cultura norteamericana es tan
absorbente y poderosa, que logra bombardearte
constantemente, desde cualquier lugar y a cualquier
hora. La tendencia es perder el idioma, el gusto, el
sabor de lo de uno, y adquirir otros totalmente ajenos.
Pero si uno logra darse cuenta de lo que está
ocurriendo, esa cultura no te atrapa, y lo que descubres
es que jamás podrás ser parte de esa cultura. En
realidad tienes dos opciones: o vives una mentira o
defiendes lo tuyo. Pero no puedes mantener la cultura
por correo: es imprescindible normalizar las relaciones,
vivir los gestos de la gente, escuchar los acentos,
venir aquí. Por eso es tan importante que se normalice
la situación política para que se normalicen las
relaciones entre los dos países y se regularice el
consulado, que no es solo el lugar donde se expende una
visa. Para cualquier país del mundo el consulado es el
lugar donde se difunde la cultura, donde el emigrado
puede respirar un pedacito de patria, algo que los
cubanos solo tenemos en Washington, pero que no existe
para uno que esté en los Angeles, y como no tiene ni
eso, se ahoga. De modo que yo diría que son tres los
elementos esenciales para que esta comunicación no se
pierda: la posibilidad de viajar, el consulado y la
magia de este nuevo invento tecnológico que es
Internet: no hay nada como despertar en la mañana y
leer la prensa de tu país. Por ejemplo, yo había
leído la noticia de que Padura había presentado un
nuevo libro de cuentos, y gracias a Internet, tuvo el
libro en un par de días. Aunque claro que esto por sí
solo no es suficiente.
—¿Por
qué se mantiene la Ley Helms Burton, que refuerza esta
ruptura?
—Es muy difícil
oponerse a ella porque tiene un costo para el político
norteamericano, o por lo menos ellos lo perciben así.
La última elección es un ejemplo. Muchos piensan que
la presidencia de George W. Bush se le debe a los
cubanoamericanos de derecha en Miami porque si no
hubiera sido por los votos en el Condado de Miami-Dade
no gana la Florida. Aunque también hay que valorar que
no contaron todas las boletas oscuras, que impidieron el
sufragio a muchos negros en ese Estado, los que
posiblemente hubieran dado la victoria al candidato
demócrata Albert Gore. Pero, indudablemente, muchos
políticos piensan que el partido Republicano debe el
triunfo electoral a los cubanos. Hay temor entre
políticos demócratas y republicanos de enfrentarse
contra algo que ya perciben como dañino a sus intereses
y que es el caso de la Ley de Ajuste.
"A los que no les
conviene que la pregonada reconciliación familiar
exista es a esos grupos de derecha, pues esas visitas
les abrirían los ojos a muchos, al permitirles observar
los logros en la Isla, y se les caerían sus campañas
difamatorias y las prebendas económicas y políticas
que obtienen."
Durante la batalla que
libró el pueblo cubano por la liberación del niño
Elián González, José Pertierra tuvo una destacada
labor a favor del legítimo derecho del padre, Juan
Miguel González, sobre la patria potestad del menor,
que se encontraba secuestrado por familiares lejanos.
—¿Cómo evalúa los
sucesos del niño Elián dentro del contexto de la
sociedad norteamericana?
—El caso de Elián
para la derecha cubana en Estados Unidos, fue una
especie de Girón político porque fracasó totalmente
ante la opinión pública norteamericana y los
legisladores. Quedó demostrado el extremismo, el
fanatismo, la falta de razón en el debate.
"¿Cómo es
posible que organizaciones en Miami argumenten
seriamente que un padre no tiene el derecho de serlo
simplemente porque vive en Cuba o porque es más pobre
que uno que viva en Miami? La medida para determinar si
una persona es un buen padre nunca ha sido ni será la
nacionalidad del individuo ni el nivel de vida de la
persona. El pobre tiene tanto derecho de ser padre como
el rico. Y al llegar a tantas argucias y extremos para
tratar de retener a Elián y secuestrárselo al padre,
la derecha cubanoamericana se desenmascaró y se mostró
como lo que era: un grupo de personas al que no le
interesaba el niño ni el pueblo cubano, sino solo
promoverse ellos y sus ambiciones.
"De esta forma
-indica- el pueblo norteamericano se dio cuenta de que
el odio feroz contra Cuba domina el debate en
Miami."
Pertierra manifiesta
que esa realidad se observó por la televisión, que al
mostrar las imágenes no perdona, "porque si la
persona se presenta ante las cámaras rencorosa y llena
de veneno, la pantalla lo transmite. Y ese odio el
pueblo norteamericano lo captó y se dio cuenta de que
eran unos fanáticos extremistas, por lo que la derecha
ha perdido un espacio que jamás van a recuperar.
"Tratado de
hacerlo -precisa- durante la celebración de las
últimas elecciones presidenciales, pero eso también le
ha traído un costo político ante la opinión pública,
porque la percepción existente es que esos comicios no
fueron justos; que el voto fue manipulado por el partido
Republicano y ciertos sectores de la comunidad
cubanoamericana en Miami, y por eso le dieron la
victoria fraudulenta y en bandeja de plata a Bush.
"Ellos reciben
ahora algunos favores del partido Republicano, pero no
de la opinión pública del país y creo que en los
próximos años vamos a ver que la política
estadounidense hacia Cuba la manejará Washington y no
Miami como ha sido hasta ahora. Quizás durante la
administración Bush, envuelta en una especie de luna de
miel que se irá desvaneciendo poco a poco, esas
relaciones aún estarán dominadas por ciertos grupos de
Miami, pero en los próximos años eso va a ir
desapareciendo. Y en eso influyó enormemente el caso de
Elián."