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ESCENAS PARA EL DIÁLOGO

El crítico Omar Valiño ofrece sus apreciaciones sobre del mundo teatral cubano y confiesa sus impresiones acerca del Festival Internacional del Monólogo de Miami

Manuel González Bello  | La Habana

Omar Valiño es hoy uno de los más activos críticos de teatro del país en estos momentos. Tiene un montón de proyectos en su cabeza, más allá de su labor al frente de la revista Tablas. Al cargo de director de esa publicación llegó después de una década enjuiciando el quehacer teatral en La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo y otras revistas y periódicos, incluida su labor como redactor de la revista Casa de las Américas.

Una prima, allá en su natal Santa Clara, en el centro del país, lo inició en el gusto por el teatro. En los años 70, "que fueron tan difíciles para el teatro cubano en general", coexistían en la región central tres grupos importantes: el Guiñol de Santa Clara, el Centro Experimental y el Grupo Escambray. Ese contexto influyó en las inclinaciones de Valiño.

"Ya en la adolescencia hago teatro como actor aficionado, en la escuela donde estudiaba. Y a los 15 años, ya sabía que lo que quería hacer era teatro, como actor o como crítico, pero metido en el teatro".

Matriculó en Teatrología en el Instituto Superior de Arte en 1986, "en un momento muy favorable porque estaban en pleno apogeo la cultura y el teatro cubano, un momento de renovación, de polémica, de cambio cultural, y el ISA era sin dudas uno de los centros de aquel cambio."

Cuando se graduó en 1991, ya estaba definido que sería crítico profesional.

-¿Cuál es tu filosofía como crítico?

-Siempre he querido ser un crítico no de buró, de biblioteca, sino vinculado directamente al teatro. La crítica es un ejercicio difícil en todas partes, pero por supuesto, me remito a la realidad cubana que es la que más conozco. En primera instancia, aunque es un lugar común, es difícil porque no estamos nunca preparados para la crítica, el movimiento teatral cubano exige demasiados elogios y reacciona mal en general respecto a cualquier señalamiento.

"Existen también, en el peor de los casos, opiniones de que la crítica es una especie de acción parasitaria. Efectivamente, el centro del teatro está en su práctica, pero la crítica es imprescindible como acción creativa, educativa, como formadora de público, como orientadora de los propios creadores en muchos casos. No me gusta darle ningún carácter trascendental a la crítica, que es el primer problema para reaccionar contra ella; tiene que ser un acto cotidiano, como el que ejercemos en la vida, y tampoco me conformo con la idea de que la critica es la verdad última de todas las cosas, simplemente es una opinión, un acto que responde a una determinada subjetividad, a la concepción de un momento y un tiempo histórico determinado, y que hay que verlo como parte del tejido del movimiento teatral y cultural."

Al conversar con Omar Valiño, sería ilógico no conocer sus valoraciones mínimas acerca del actual teatro cubano.

"El teatro cubano ha salido de una década muy difícil. La crisis económica, material, y de alguna manera también de ideas, se ha reflejado en él. Sin embargo, eso no quiere decir que el teatro cubano dejó de aportar un imaginario importante a la cultura cubana de los 90, por supuesto más focalizado en las excepciones que en la enorme masa de proyectos artísticos, pero eso es así en todo proceso cultural".

"No estamos en el 2001 en el mismo sitio de hace cinco años. Creo que los niveles de producción empiezan a crecer, se percibe una animación general en todas las generaciones que participan de la práctica teatral cubana, que felizmente están constituidas por buena parte de los maestros históricos hasta la gente más joven. Creo que hay un apoyo institucional que todavía no suple las carencias acumuladas, pero sin dudas las conoce mucho mejor y trabaja mucho mejor en solucionarlas".

"Al mismo tiempo hay una primera madurez de los proyectos más jóvenes, hay una presencia mayor en la vida cultural sobre todo habanera. Y todo eso redunda en lo que es más importante, en que van creciendo los niveles de público, y que significativamente ese público es cada vez más muy joven. El teatro cubano le está hablando a la gente de sus circunstancias, de los seres humanos de este país y de este planeta, de los conflictos y la crisis; de los cubanos con respecto a su momento, a su historia, a su presente, lo que lo hace un teatro atractivo para el público.

-¿Y cómo se manifiesta eso en lo estético?

-Todo eso no llega desde una sola estética, sino desde disímiles proposiciones de orden artístico, de tendencias diversas, de diferentes maneras de concebir la relación del teatro y el público, el papel del actor, la dramaturgia, el lugar que un grupo elige para privilegiar una u otra experiencia, su saber, su vocación, como le venga en ganas".

"En este momento hay una gran libertad de trabajo en el teatro. Es también un fenómeno universal, cada cual echa mano de lo que quiera. La calidad depende del cumplimiento orgánico de la tareas que cada grupo se ha propuesto respecto a sus objetivos".

"Creo que el desafío del teatro cubano sigue siendo que las excepciones de mayor calidad sigan creciendo, que se produzcan otras, y que todo eso siga contribuyendo a legitimar el teatro frente al público, que es la gran búsqueda histórica del teatro nacional".

Omar Valiño asistió recientemente al Primer Festival Internacional del Monólogo de Miami, lo que indudablemente resultó una interesante experiencia profesional y humana. El tema no le era ajeno. Ya había publicado en forma de libro "Viajo siempre con la Isla en peso", una entrevista a Alberto Sarraín residente en Miami, unos de los organizadores de la cita miamense. Ahora, pasados los días, emite serenamente sus experiencias.

"El Festival fue un éxito, básicamente por el encuentro o la presencia del teatro cubano que se hace en la Isla en esa ciudad. Hubo participación de otros países, pero sin dudas el centro fue la delegación cubana que estuvo allá".

"Fue muy importante no solo en términos teatrales, sino culturales en general, porque pudimos mostrar al público de Miami parte de eso que antes te decía, esa diversidad fue visible. Fue un acierto que los organizadores del Festival tuvieran en cuenta que la presencia de Cuba no respondiera a una sola tendencia estética, sino que estuvieran representados los distintos modos de hacer en la práctica teatral de la Isla".

"Y por supuesto, fue importante para nosotros encontrarnos allí con muchos teatristas cubanos que viven en esa ciudad, ver lo que están haciendo, los proyectos que tienen, las condiciones en las cuales trabajan y la persistencia por también hacer un teatro cubano allá".

"El ambiente que reinó en los días del Festival deshizo cualquier preocupación de nuestra parte o de la otra parte sobre qué no podíamos encontrarnos o podía haber cualquier tipo de problema. El público fue masivo, inteligente y cálido respecto a las propuestas cubanas. Creo que la sintió como suyas y esa misma actitud se tradujo fuera del escenario en una gran atención para todos nosotros. La prensa atendió de una manera muy visible al Festival, de un modo muy positivo. Muchos allí consideraron el Festival incluso un hecho que marcaba definitivamente un antes y un después en la relación de la cultura cubana de la Isla con la cultura de Miami, y creo que esto es lo más importante".

"Se demostró que el teatro y la cultura son vehículos imprescindibles, esenciales, en ese diálogo que se debe sostener entre todos aquellos que pensamos que efectivamente la cultura es la identidad más profunda de la nación".

"Todo esto resultado de que Miami no es ya solo la ciudad que aparentemente conocemos por una sola de sus aristas. Es una ciudad donde el cambio que han traído sobre todo las nuevas migraciones cubanas y latinoamericanas, se ha traducido en una exigencia cultural y hay efectivamente un público para el teatro y para la cultura, y distintas iniciativas, proyectos, con más o menos apoyo privado o público, están interesados en darle a la ciudad un rostro cultural".

"A las puestas asistía un público que manifestaba ante todo sus reacciones durante los espectáculos, mostraban la comprensión de las distintas aristas críticas, conflictuales, existenciales, humanas del teatro que se le propusieron".

"Yo tenía información de lo que estaba pasando, pero una información parcial y que no es comparable con lo que uno puede aquilatar en el terreno. En Miami hay varios grupos que trabajan  como escuela, como entidad formadora de actores o por lo menos como formadoras de público, de gente interesada en el teatro".

"Hay un festival internacional de teatro hispano que se inició el viernes pasado, y al que valdría la pena que en los próximos años también pudieran participar con propuestas de Cuba".

-Cuéntame cómo es el teatro de Miami.

-Es un teatro que se desarrolla en condiciones difíciles, puesto que la mayoría de los actores no pueden dedicarse a tiempo completo a la actividad profesional, y tampoco hay grandes apoyos para la actividad teatral. Lo más interesante es que a pesar de esto, hay un grupo de gente que ya no es pequeño, que confía en el papel del teatro y se sacrifica por hacerlo.

"Están el teatro Prometeo, que dirige Tersa María Rojas; el teatro Avante, que dirige Mario Ernesto Sánchez; La Ma Teodora, de Alberto Sarraín, entre otros".

"Allá, por las referencias que tengo, hay un teatro diverso. Vi a la gente, vi los proyectos en que están. Es también un teatro con distintos paradigmas estéticos. Creo que es muy importante que nosotros vayamos recibiendo aquí esas propuestas; es decir, que el verdadero diálogo que se produjo no se manifieste sólo en un sentido, ni se reduzca a la realización anual del Festival del Monólogo, sino que se vaya produciendo con regularidad un intercambio entre ambas partes."

-¿Y ves como cierta esa posibilidad?

-Creo que eso es perfectamente posible, y de hecho nosotros allí le cursamos invitaciones a personas y a experiencias teatrales para que participen en el Festival de Teatro de La Habana en septiembre. La acogida ha sido total. Ellos están muy interesados en presentarse aquí, en mostrar lo que están haciendo, en ver mucho más teatro cubano aquí, en seguir el camino que de alguna manera ya abrió un grupo neoyorquino, Repertorio español, que no es únicamente cubano, pero el centro del grupo sí lo es, y que se presentó aquí en una gira por buena parte de la Isla hace unos tres años. Es el mismo grupo con que Abelardo Estorino ha trabajado en Nueva York.

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