EN ESTA PELICULA
SOLÁS HA IDO A LAS ESENCIAS
Jorge
Perugorría | La Habana
Me siento feliz por
mi papel en Miel para Oshún. Hacía tiempo que
no hacía una película que despertara tanta pasión en
la gente. Es un cine imperfecto a propósito, que marca
un nuevo hito dentro del cine cubano. El hecho de que
el
mismo (Solás) haya renunciado prácticamente a todo
este estatus cinematográfico de que gozaba, yendo a la
esencia —como cuando empezó— de la historia de los
personajes, de las circunstancias, haciendo un cine casi
como de infantería... Por eso estoy muy feliz de
trabajar con Humberto, un hombre tan encantador, una
especie de gurú tropical, muy sabio, muy culto, que no
trasluce vanidad por todo ese mundo interior que le
acompaña y cuya intención es estar cada vez más cerca
de la gente, en la esquina de la calle, donde están
ocurriendo las cosas, donde la gente se encuentra,
que es lo más bonito en este proceso de Humberto de
retornar a sus inicios, en un renacer que lo ubica en el
mismo tono de los movimientos europeos de cine joven.
Que él, uno de nuestros maestros, empiece a hacer lo
que están haciendo los jóvenes en otros lugares del
mundo, me parece una lección para la gente que quiere
hacer cine. Humberto nos da esa lección y yo tuve la
suerte de estar cerca de él, más aún con mi confesado
anhelo de querer dirigir, con el antecedente de haber
trabajado con Titón. Ha resultado muy enriquecedor, ha
sido como pasar una escuela dentro del cine que quiero
hacer, que es cine cubano. Acompañar a Humberto es un
lujo que me hace feliz, por el hecho de que la gente del
pueblo, profesionales, obreros, de cualquier lugar, me
transmitan que les gusta la película. Estoy más feliz
por Humberto que por mí, porque sé que la hizo para
esas gentes más que para cualquier análisis crítico
que venga a conceptuar una obra y hacer un artículo
apelando términos por los que uno pueda decir: ¡qué
inteligente es!
(Entrevista de Luis Ernesto Flores,
especial para La Jiribilla)