EL CARTEL DEL
CINE CUBANO
El cine y el cartel,
en tanto manifestaciones de la cultura urbana de la
modernidad, eran hijos de la ciudad y de la calle. Si
para el proyecto social resultaba imprescindible un
nuevo cine cubano, igualmente novedoso tenía que ser el
cartel que asumiera la representatividad visual de ese
cine. La participación de pintores y diseñadores gráficos
de nombre, las colaboraciones, los concursos de carteles
y las soluciones gráficas experimentales encaminadas a salvar las
escaseces, que obligó, en ocasiones, a utilizar papel
cartucho (craft)
o de periódico con resultados expresivos notables.
Estos factores hablan por sí solos a favor de estas búsquedas
en aras de un nuevo cartel, del interés
institucional
en él y de los resultados obtenidos a corto plazo. Por
eso a fines de 1963, cuando el cartel político aún se
debatía entre el realismo socialista y una línea de
expresión más renovadora, anticipada por la acción gráfica
de los días de la Crisis de Octubre, el cartel del
ICAIC ya se encontraba en un proceso gráfico
sintetizador de todas las experiencias técnicas y
logros estético-expresivos experimentados por el medio
en la promoción de los filmes nacionales y extranjeros
desde el bienio anterior. Los carteles de los filmes El
almirante Najimov (Raúl Oliva), Amante
a la medida, Bara la bruja, La quimera del oro (Muñoz
Bach), Hamlet, La
fuente de la virgen ( René Azcuy) y Los
malos duermen bien (Antonio Reboiro), entre otros,
todos realizados entre 1963 y 1964, señalan una
estetización de la imagen sobre la base de una reducida
área de impresión (el 50% del área total del cartel).
(Tomado de Jorge R. Bermúdez.
La imagen constante: el cartel cubano del siglo XX,
Editorial Letras Cubanas, 2000)