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Carta abierta de La Jiribilla a Carlos Monsiváis

30 de junio de 2001

Estimado señor Monsiváis,

Somos un grupo de jóvenes escritores y periodistas que vivimos, trabajamos y soñamos en Cuba y, desde aquí, hacemos la revista digital La Jiribilla

A usted, Monsiváis, lo hemos ido conociendo un poco a través de sus libros y de sus trabajos periodísticos y otro poco a través de sus muchos amigos cubanos, y así hemos aprendido a admirar su ingenio, su espíritu independiente y su apego a la verdad y a las causas más nobles. Es por eso, porque respetamos su obra y su personalidad, que al leer las últimas noticias que nos llegan del DF, nos hemos decidido a dirigirle la presente.

El hecho es que nos resulta verdaderamente paradójico e incomprensible que usted participe en la presentación en México de Encuentro y que legitime ese proyecto político con su presencia y su palabra.

Algunos de sus viejos y buenos amigos cubanos, Monsiváis, nos dicen que la imagen de Cuba que usted mantiene se encuentra marcada todavía por antiguos problemas y contradicciones vividos hace años en nuestra sociedad. Pensamos que está usted desactualizado, mal informado, mal aconsejado y honestamente equivocado con respecto a la realidad y a la cultura de nuestro país, sobre nuestro presente. Sólo así puede explicarse que un intelectual de su entereza respalde un proyecto y una revista como Encuentro, presentada esta semana en el Palacio de Bellas Artes, en el DF.

Encuentro no es una revista que aspira al diálogo ni se interesa realmente por comunicar a los artistas y escritores cubanos emigrados con sus colegas de la Isla. Hace, justamente, lo contrario. Se trata de una publicación esencialmente política al servicio de los intereses de los Estados Unidos y del núcleo anexionista cubano-americano de Miami.

La National Endowment for Democracy, que es, como se sabe, un instrumento oficial del gobierno de los Estados Unidos para asignar financiamiento a proyectos políticos desestabilizadores contra otros Estados, le concedió 80 mil dólares a Encuentro en 1998, según la información de El Nuevo Herald de Miami. Desde esa fecha, no le ha faltado un sistemático y generoso financiamiento de fuentes similares. También es públicamente conocido que una fundación norteamericana entregó a Encuentro un aporte de 250 mil dólares para realizar su versión digital, la cual ha sido mucho más grosera y burda en sus ataques a Cuba y a cuanto movimiento exista en América Latina que pueda preocupar a los Estados Unidos. 

También nos resulta contradictorio, Monsiváis, que usted, con su prestigio y ganado respeto en todo el mundo, apoye a una persona como el director de Encuentro.

Jesús Díaz carece de la más mínima autoridad moral para promover "diálogos" o "encuentros". Su vergonzoso itinerario político descalifica su pasado y su presente. Fue un perseguidor de homosexuales en los años sesenta, como bien lo saben los fundadores de Ediciones El Puente; se sumó a la campaña contra Paradiso en nombre de la "moral revolucionaria"; y fue un detractor de la persona y la obra de Reynaldo Arenas. En los difíciles años setenta, durante el llamado "quinquenio gris" no estuvo de parte de sus dignos amigos cubanos, Monsiváis, sino que se convirtió en un activo cineasta-funcionario dedicado a los viajes oficiales y a fabricar, casi en solitario, "realismo socialista". Durante los 90, en los momentos más difíciles para nuestro país, cambió de traje y de ideología para ser, primero, mientras lo financió la socialdemocracia europea, un socialdemócrata moderado, y después, un repetidor culto de las consignas de Miami, un renegado, un servidor de sus antiguos enemigos: el clásico judío converso que degollaría si pudiera a sus antiguos hermanos de raza y de fe. Un hombre así no debería sentarse junto a un intelectual como usted. 

Creemos que el verdadero encuentro y diálogo cultural entre todos los cubanos lo estamos propiciando en y desde Cuba con nuestros artistas y en nuestras instituciones. Y también con nuestras publicaciones. Ojalá tenga usted tiempo para leer La Gaceta o UNIÓN, revistas de la UNEAC, o Temas, o Casa de las Américas, o Revolución y Cultura, o el portal Cubaliteraria o la propia Jiribilla, y conocer cómo debatimos nuestros problemas y con qué coherencia y real interés cultural estamos llevando adelante el intercambio con la emigración. 

Quisiéramos que usted, estimado Monsiváis, conociera y escuchara otras valoraciones más objetivas y menos simplificadoras sobre Cuba. Ojalá pudiera evaluar con toda la información necesaria lo que seguimos fundando en esta Isla día a día en medio de dificultades enormes. Y ojalá se decida a visitarnos alguna vez para ver, oír y enterarse por sí mismo, sin intermediarios, de nuestra realidad y de nuestros sueños. 

Cordialmente,

Redacción de La Jiribilla. 

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J.D. en México: Vivir para ver

J.D. contra El Puente: gente disoluta y negativa
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