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HOY
Omar Valiño
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La Habana
En el presente, la escena cubana se tensa entre los fardos de un pasado reciente y los actuales impulsos por revertir tal situación. Espero que mi columna anterior haya ubicado, al menos de una manera general, las coordenadas en las cuales se ha desenvuelto el teatro insular de los últimos quince años, a partir de un espectáculo como Historia de un
caba-yo, el más importante de la última temporada, todavía vivo. Ahora, si nos atenemos a la cartelera capitalina de estos días, pareciera que, efectivamente, se comienza a dejar atrás la crisis padecida por el teatro cubano de fin de siglo, mezcla de desorientación creativa e incapacidad institucional.
Aunque el teatro nacional fue siempre capaz de excepciones que resultan insoslayables para entender la producción artística de los 90 y su relación con el contexto social, no es menos cierto que tales hechos se produjeron de forma relativamente aislada, asistemática y muchas veces con escasa repercusión pública.
Ahora se trata, para grupos e instituciones, de acortar la distancia entre el habitual momento de excepción y la cotidianidad de lo programado. Es decir, que el espectador pueda encontrar una vida llamativa y diversa sobre los escenarios. Hacer del teatro un suceso por su presencia, promoción, crítica e impacto cultural, parece la clave del derrotero de hoy.
Para los teatristas, el desafío es alejarse de todo aquello que entorpezca la creación: nimiedades, miserias, bizantinas discusiones, problemas no esenciales... Y por supuesto, centrarse en la materia misma del teatro, de tal manera que ideas y lenguajes respondan, sin presiones ni modas, a las exigencias del espectador del presente.
En tanto, a la institución corresponde fomentar un clima donde esto último discurra sin obstáculos, para lo cual necesita revertir la acumulación de carencias materiales, contractuales y de relación del período más reciente.
A la crítica toca el siempre difícil papel, acentuado en una etapa como esta, de devolver, desde una perspectiva también creadora, una valoración aguda sobre todos los ámbitos de la vida escénica del país.
Como el momento es interesante, rico en estrenos y acontecimientos, contradictorio en los insterticios creativos, tenso en resoluciones y caminos, esta columna surge, también como un desafío para su autor, en el instante y sitio precisos, para dar a conocer con una visión crítica, desde aquí y en proscenio, es decir, frente a usted, los avatares de una escena –no sólo teatral- en movimiento.
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