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PARA EL PATRÓN,
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Consecuente con su vida y con sus oficios. Miliciano de los sesenta y crítico sin concesiones; ilustrador de historias ajenas e inventor de criaturas terribles; creador del caimancito nuestro de cada día y admirador de mulatas inquietantes. Ha muerto, el pasado 25 de enero, José Luis Posada,"El gallego"

Victor Casaus | La Habana

Resulta que el Gallego se nos perdió en el tiempo y en la geografía después de su último viaje a los orígenes: a España, a Asturias. Se fue y nos dejó el número de un móvil donde nunca pudimos localizarlo y un correo electrónico de terceros que tampoco sirvió para saber lo que queríamos: cuándo nos veríamos otra vez en La Habana, específicamente en La Habana Vieja, ya fuera en el Centro Pablo o en su atalaya sobre el restaurante El patio, frente a las torres de la Catedral, donde armaba, ladrillo a ladrillo, su estudio-galería, entre sacos de cemento y cientos, millares de dibujos de todas sus épocas.
Ahora resulta que había vuelto hace sólo unos días y que mañana lo entierran (1) en San Antonio de los Baños, su pueblito querido.
Lo que hay entre esos dos párrafos y antes de ellos, no cabe en esta página ni en otras. Habría que revivir la aventura de la creación del Caimán, desandar las historias felices e infelices de aquellos tiempos, volver a aplaudir la brillantez de sus dibujos, abrir más los ojos ante la agudeza de su mirada de caricaturista, compartir, repartir su mala leche (española y cubana) entre los personajes que lo merezcan, mancos mentales de todas las procedencias y colores, allende y aquende los mares.
Hace poco revivimos algo de eso, juntos, cuando organizamos la exposición Posada: trazos y trozos del Caimán, en la Sala Majadahonda del Centro Pablo. Eso nos acercó otra vez en el tiempo y en la geografía, porque revolvimos los recuerdos y los originales que guarda(ba) en sus archivos interminables y que quedarían organizados, al fin, en su estudio-galería, en su palomar sobre El patio. A la marea de los recuerdos y las búsquedas, se sumó María, y desde entonces escuchábamos de vez en cuando en el teléfono la voz de Posada que preguntaba por el patrón o la patrona, para proponer una exposición futura, para fustigar una miseria pasada, para comentar una indolencia o un hallazgo que estaban ocurriendo ahora mismo.
Un día llamaba y otro se aparecía con el boceto de la litografía que dedicó al Rojo, a Wichy Nogueras, hermanito querido en la memoria de ambos; y otro día llamaba y decía que ya estaba a punto de encontrar aquellos dibujos que había hecho sobre la Guerra Civil Española, a ver cuando organizábamos esa exposición también. Antes o después de la otra, la de los picos de Asturias, donde reuniría estos carboncillos llenos de neblina y de memoria de su infancia, creados hace pocos años, cuando redescubrió su primer terruño: "Siempre me he sentido cubano, mi tierra la perdí cuando la guerra y la volví a encontrar cuando tenía ya sesenta años".
Posada fue un hombre de terruños, como lo fue de iras y de alucinaciones creativas, de rabias y de ganas inmensas de vivir. Y fue un trabajador incansable. Por todo eso lo admiro, lo admiramos, lo queremos mucho.
Porque fue consecuente con su vida y con sus oficios: miliciano de los sesenta y crítico sin concesiones; ilustrador de historias ajenas e inventor de criaturas terribles; creador del caimancito nuestro de cada día y admirador de mulatas inquietantes.
En el primer número de El Caimán Barbudo, donde apareció en contracubierta, saltando desnudo sobre algunas criaturas innombrables, Posada respondió, en el rapid transit de una entrevista:

-¿Contra quién pintas? ¿O dibujas?
-Dibujo contra la violencia, la mediocridad, el esquematismo y los imbéciles.

-¿Y a favor de qué?
-De la vida.

-Para ti, ¿qué es la vida?
-No soy filósofo sino dibujante. Sólo sé que vivo y que la vida es un bonito regalo que me hicieron.

Así sea, así es, así haya sido, querido Gallego. 
Nadie te (nos) quitará lo vivido, lo bailado, lo gozado y lo sufrido. 
Así sea otra vez, al calor y al color de esta frase tuya, nuestra:
Yo creo que todo humorista debe decir lo que piensa, sobre todo si tiene cabeza para pensar y corazón para sentir.

Notas:
1. Escrito el viernes 25 de enero

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