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PALABRAS DEL DIRECTOR DE 
LETRAS CUBANAS

Daniel García | La Habana


Llegar al vigésimo quinto aniversario, y recibir la Medalla Alejo Carpentier -autor cuya presencia permanente en el catálogo y en las acciones culturales de Letras Cubanas es un reto de universalidad para nuestro esfuerzo por promover la cultura nacional- alumbran el tramo del camino en que de pronto, casi sin percatarnos de ello, medimos de un vistazo el trayecto recorrido y avistamos el futuro. Este es uno de esos momentos privilegiados en que la razón de nuestra existencia: el trabajo, se erige en su cabal dimensión: la obra que se va levantando, que se perfila, que traza su relieve por la voluntad colectiva de todos los que han coincidido en un mismo empeño. 
Por eso el presente se percibe con mirada nueva, se afina el juicio crítico con respecto a los resultados, se divisa la perspectiva, y confluyen los recuerdos.
Después del punto crítico que significó el período especial, que no dejó de ser también un momento de cambio y replanteos para la labor editorial, Letras Cubanas ha ido reajustándose a una gradual recuperación y a nuevas formas de trabajo, en correspondencia con las que experimenta la industria del libro en el país. Esto ha posibilitado que vuelva a ser una institución que marcha junto a los creadores cubanos y asume el reto maravilloso de llevar el libro a toda la población, tensando su capacidad colectiva y los recursos de que dispone. ¿Lo logra efectivamente? ¿Hasta qué punto el criterio de selección construye con justeza lo que después la crítica y los lectores considerarán como "literatura cubana"? ¿Hasta dónde se le reconoce como vehículo válido de la cultura cubana?
Las respuestas a estas preguntas dependerán de la apreciación y de la vivencia de aquellos que son motivo de nuestra atención cotidiana (los escritores y artistas), de la visualidad de nuestro deseo (el libro), del grado con que nuestros destinatarios sientan satisfechas sus necesidades del conocimiento y del espíritu, y de la implacable sentencia de la posteridad. Esta es aún una difusa claridad en el horizonte; hacia ella vamos inevitablemente, defendiendo el legado siempre enriquecido que han dejado y continúan dejando todos los que invierten sus energías en una obra de tamaña responsabilidad y tan imprescindible para la vida espiritual y la memoria de la nación. Porque de hecho existe esa herencia y porque es testimonio de una vocación de servicio, se agradece este reconocimiento, sobre todo en nombre de los editores y profesionales que, de una vez, emergen así del anonimato. 
La historia es conocida: la Editorial fue fundada en enero de 1977, como necesidad del propio crecimiento de la creación literaria y artística, y del auge de un público lector que demandaba el conocimiento de esa creación, en medio de un proceso de dialéctica interrelación entre los diversos componentes del sistema de la cultura, recreado y potenciado hasta niveles sin precedentes por la Revolución Cubana. Esta Editorial se encargó de convertir en libro, que es decir en medio de comunicación y de memoria, lo más relevante de la cultura cubana. En esta labor han estampado su huella, en ella se han formado, y a ella se consagran editores, escritores, especialistas, profesionales, diseñadores, personal administrativo y dirigentes que han dejado sus sedimentos en las bases de una institución que aporta incesantemente saber y cultura a la sociedad. Sin sus esfuerzos, sin su dedicación, no se concebiría el aniversario que celebramos hoy. Algunos no están con nosotros en esta Sala por razones de tiempo y de espacio, pero de cierta manera sí lo están, fijados en un catálogo de publicaciones, que ostenta ya casi 2000 títulos, y que constituye referencia obligada para conocer la cultura nacional. Gracias a esas aportaciones, es que se afirma en pedestal seguro una obra como esta, fruto además de la que ha sido la obra cultural por excelencia: la Revolución Cubana, acción genitora que desencadenó las potencialidades de la cultura ya forjada, la cultura fundadora, y procreó las condiciones para el incremento infinito de la creación, en cuyo devenir se inserta una institución como la nuestra. 
Con todos marchamos hacia el futuro, porque de todos, e incluso de aquellos que aún no conocemos, es esta obra. 
Escribió Carpentier, en 1953, en una de sus crónicas de El Nacional:

El libro tiene una energía propia, más poderosa que las barreras levantadas por la cantidad o los "lanzamientos" de mucho estrépito.

Esa fuerza, esa energía, es nuestra convicción de futuro, la luz que espejea en el horizonte.

Muchas gracias a nombre de la Editorial Letras Cubanas por la Medalla Alejo Carpentier, y muchas felicidades para nuestro colectivo en estos 25 años de fundado.

Quisiéramos mencionar los nombres de antiguos trabajadores de Letras Cubanas, algunos de los cuales están aquí presentes, y cuya contribución deben sentir reconocida en esta ceremonia: Miriam Martínez, Silvana Garriga, Esther Acosta, Alberto Garrandés, Rosario Parodi, Dulce Ma. Sotolongo, Juliana Venero, Eladio Rivadulla, José Luis Rodríguez, Dania Pérez Barquín, Isidro Pineda, Ivón Domínguez, Rosa Ma. Hernández, Moraima Bello, Manuel Tomás González, Pedro García Albela, Marilyn Bobes, Francisco López Sacha, Waldo Leyva, Mayra Monsivaís, Elízabeth Díaz, Malavé Matienzo, Antonio Armenteros, Nury Martín. Julio César Guanche.
Además, siéntanse igualmente reconocidos los directores que por Letras Cubanas han pasado, y cuya consagración ha sido fundamental para llegar a este día: Pablo Pacheco, Abel Prieto, Pedro Juan Rodríguez, Juan Nicolás Padrón, Armando Cristóbal Pérez. 
Y como constancia de la realidad de esta herencia, de la continuidad del trabajo de Letras Cubanas, y en representación de los mencionados, de los que no están aquí pero se presienten y de los trabajadores actuales, queremos distinguir de manera especial a los Fundadores de Letras Cubanas: algunos se han jubilado en nuestro colectivo, después de una vida entregada al desarrollo de esta institución; otros, aunque pasaron a desempeñar nuevas funciones, en general estas son proyección o complemento del servicio a la cultura cubana que ya hacían desde la Editorial; otros prosiguen con nosotros, y honran nuestro sello con su entrega cotidiana. Estos Fundadores son -y les ruego pasen adelante: 

Pablo Pacheco López
Ana María Muñoz Bachs
Eduardo Heras León
Ada Rosa Le Riverend 
Maritza González
Rosario Esteva
Radamés Giro
Juana Hernández
Eliana Dávila
Sonia Carreras
Roberto Medina
Raúl Luis Castillo
Imeldo Alvarez
Dulcila Cañizares
Ana Victoria Fon
Virgilio López Lemus
Régulo Cabrera.

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