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LA
SOCIEDAD ANTE EL
ESPEJO
Los
discursos de la música
A la música cubana popular y contemporánea como espejo del complejo entramado social, a sus cambios de signo, propósito y destinatario se dedicaron las reflexiones de El último jueves, el espacio de debate cultural creado por la revista
Temas
Saulo Jordán |
La
Habana
Como celebrar, periodísticamente, la apertura de un nuevo espacio para la reflexión y el debate conlleva la promesa tácita de cubrirlo cada vez que acontezca, no faltamos a la segunda edición de Último Jueves, el recinto para la discusión de temas culturales inaugurado por la revista
Temas el pasado febrero, y que en marzo se consagró a la Música popular cubana como espejo social: los discursos de la salsa, el son, la trova, el rap, el rock y la música campesina, que convocó las reflexiones del musicólogo Danilo Orozco, el poeta Waldo Leyva, el crítico musical Joaquín Borges Triana, el escritor y ensayista Roberto Zurbano y la profesora del Instituto Superior de Arte, Margarita Mateo.
A la provocación, más que pregunta, sobre si ha cambiado, después de 1990, el tema y los enfoques sociales de la música popular cubana, argumentó Margarita Mateo que, particularmente en la canción de matriz trovadoresca se percibe un abrupto cambio en el punto de vista de los compositores. Aparece la desilusión y el desencanto referidos sobre todo a las aristas más idílicas de la utopía. La ensayista citó canciones como
La ilusión, de Santiago Feliú, el disco Trovatur, de Frank Delgado,
Como los peces, de Carlos Varela, todo los cuales comunican una sensación de desamparo ante la difícil situación económica, y espiritual, al tiempo que se alude metafóricamente a la soledad de la Isla, y a su destino traumático, durante los últimos tres lustros. También aparecen, con inusitada fuerza, las prostitutas y los emigrantes como personajes, pues cuando la crisis social y de valores se ha puesto en música, es frecuente que vaya acompañada por giros costumbristas y recorrida por alusiones a la marginalidad, la delincuencia, la homosexualidad, el machismo sobreviviente y la acentuación de ciertas desigualdades sociales. "En la canción de origen trovadoresco existe un nuevo discurso conceptual, emparentado con la necesidad de reflejar angustias, desencantos y desasosiegos muy propios de estos tiempos".
Joaquín Borges estuvo de acuerdo parcialmente con tales opiniones, pero subrayó que entre los trovadores se percibía una renuncia a la vocación sociológica de otros tiempos, una especie de "vaciamiento de eticidad" perceptible en la coartada de refugiarse en lo metafórico-intimista y en temas más universales, en lo que no dejan de incidir los requerimientos del mercado y la creciente internacionalización de nuestra música. Borges Triana aseguró que el reflejo fidedigno de estos tiempos había pasado más bien al rap, las mezclas de trova y rock, y a otros géneros de la música pop.
Precisión importante aportó Danilo Orozco cuando acotó que no debe confundirse desencanto con lirismo, y que la eficacia cultural de la música contemporánea cubana puede medirse de acuerdo a la autenticidad con que expresa el contexto social que la origina. Orozco aclaró que cada obra posee determinadas funciones y medios idóneos de difusión, y alterar esos canales conduce a errores de apreciación y a sembrar prejuicios. El estudioso manifestó su desacuerdo con la "santificación" de figuras como El Benny, Corona o María Teresa Vera, mientras son satanizados músicos contemporáneos en nombre de una supuesta chabacanería o vulgaridad, que también aparece en la obra de los grandes mencionados, pero que no fueron nunca radiadas ni grabadas en disco. Por último, se refirió a que en los años noventa existe una fuerte interrelación de nuestra música popular con las llamadas zonas oscuras de nuestro entramado social, y simultáneamente se registran fenómenos como Buena Vista Social Club, que demostrara, por un lado, la cierta pereza e incapacidad de ciertas instituciones para generar fenómenos como esto, y por otro, demuestra el profundo interés mundial por nuestros músicos.
Según Roberto Zurbano, tanto el mercado como la política son forceps que coartan la autenticidad de la música popular contemporánea cubana, pues -de acuerdo con su criterio- tal autenticidad no existe si no expresa su procedencia etnosocial. Zurbano aseguró que existe entre ciertas esferas intelectuales, e institucionales, un cierto rechazo, o desdén, a la música popular, particularmente a la salsa o el rap, géneros que expresaron crudamente algunas aristas nada gloriosas de la realidad cubana. También apuntó al creciente intercambio e internacionalización de nuestras sonoridades, lo cual ha propiciado el éxito, fuera y dentro de Cuba, de artistas como David Torrens, Amaury Gutiérrez, Habana Abierta o los Orishas.
Por su parte, Waldo Leyva apuntó que el desencanto inherente a los años noventa no es un fenómeno típico en exclusiva de la música, ni mucho menos se trata de una atmósfera espiritual reducible a nuestras fronteras, pues la desilusión vende bien y el mercado lo aprovecha. Leyva apuntó que para valorar la eficacia cultural de la música contemporánea cubana debía primar el equilibrio que eluda las poses elitistas y también las populistas, pues no se puede justificar en nombre de Lo Popular la insulsez antiartística, ni deben despreciarse géneros y temas aportadores a nuestra música en nombre de moralinas y prejuicios. Respecto al consabido prejuicio respecto a los sonidos y géneros provenientes del extranjero, aseguró el poeta y decimista que "todas las culturas son el resultado de entrecruzamientos permanentes, y después sobreviene la decantación histórica. Nuestra música popular, la cultura cubana, ha demostrado mil veces su capacidad para redefinir su propia identidad, para asumir todo lo que venga de afuera y transformarlo en algo profundamente nacional".
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