|
SE MUESTRA AHORA
EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA
Ángel de la jiribilla, ruega por
nosotros. Y sonríe. Obliga a que suceda. Enseña una de
tus alas, lee: Realízate, cúmplete, sé anterior a la
muerte. Repite: Lo imposible al actuar sobre lo posible,
engendra un posible en la infinidad. Ya la imagen ha
creado una causalidad, es el alba de la era poética
entre nosotros. Ahora ya sabemos que la única certeza se
engendra en lo que nos rebasa.
José Lezama
Lima
|

|
|
El ángel de La
Jiribilla
José Luis Fariñas |
Asoma ahora el ángel
nuestro, el llamado para la invocación final ángel de la
Jiribilla. Igual, por lo menos, al ángel de Bética;
superior a la lucha entre el ángel y el duende, en que
este riega con niebla y con espíritu de lo errante las
alas intermedias.
Ángel nuestro de la
jiribilla, de topacio de diciembre, verde de hoja en su
amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey,
azul de casa pinareña, olorosa a columna de hojas de
tabaco.
Ángel de la jiribilla,
en el asombro, en el perplejo suave. No asombro
mofletudo del Eolo. No perplejo en cariátide entre la
guayaba amorosa y los reflejos de la bandeja de plata en
la frente. Asombro que encuentra el círculo del cocuyo
para exorcizar la medianoche. Perplejo que enarca la
cola del gallo, para no confundirse en la manera
cegadora. Perplejo que encuentra a la pluma verde del
gallo.
Jiribilla del
paroxismo, de la hondura del frenesí frente a la muerte.
Jiribilla que asusta a la muerte y la obliga a la
arrecida de la hoja del barbero clásico. Que le hace un
cuento a la muerte, que le saca los dientes de ajo para
su secuestro en caballo ligero. Rapto de la muerte en
caballo pequeño sobre un tambor que llora, que rota en
sentido contrario al de las agujas de un reloj.
Ligereza, llamas,
ángel de la jiribilla. Mostramos la mayor cantidad de
luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la
tierra. Luz que lleva en si misma su vitral y su
harnero. Luz que encuentra siempre su ojo de buey, para
descomponerse en la potencia silenciosa de la resaca
lunar.
Jiribilla, diablillo
de la ubicuidad. Simultaneidad en las estaciones, que
unen el oro y el gris, como dos brazos. Como dos brazos
que alzan la libertad en el espacio medio en los
cuadrados de color y en el tiempo del sueño. Jiribilla
inmóvil, la de la tortuga nuestra, que cuando se
encoleriza le arranca un jarrete al toro. Tan venerable
la tortuga Pei Hei, en el Pabellón de la armonía
suprema, en el palacio imperial de Pekín, cuyo rostro
esboza un gesto amenazador y terrible, a pesar de que
aspira a la longevidad. Lección que aprendemos de la
helénica luz, que la tortuga llega al mismo tiempo que
Aquiles, el de los pies veloces. Pero hay que tener los
pies veloces como la luz.
Jiribilla, hociquillo
simpático. Simpatía de raíz estoica. Fabulosa
resistencia de la familia cubana. Arca de nuestra
resistencia en el tiempo, cinta de la luz en el colibrí,
que asciende y desciende, a la medida del hombre, como
un templo, como la luz instrumentada por Anfión, del
linaje de Orfeo.
Sal de la salamandra,
agujereando el fuego, incansable, caída al mar de la en
la bahía de los hielos. Ángel de la jiribilla, que
cambias la salamandra en la iguana del taino, de lengua
con los colores de la llama larga como un brazo, que
lleva su braza a los tinajones, donde de noche se guarda
el sol.
Ángel de la jiribilla,
ruega por nosotros. Y sonríe. Obliga a que suceda.
Enseña una de tus alas, lee: Realízate, cúmplete, se
anterior a la muerte. Vigila las cenizas que retornan.
Sé el guardián del etrusco potens, de la
posibilidad infinita. Repite: Lo imposible al actuar
sobre lo posible engendra un posible en la infinidad. Ya
la imagen ha creado una causalidad, es le alba de la era
poética entre nosotros. Ahora podemos penetrar, ángel de
la jiribilla, en la sentencia de los Evangelios;
Llevamos un tesoro en un vaso de barro. Ahora ya
sabemos que la única certeza se engendra en lo que nos
rebasa. Y que el icárico intento de lo imposible es la
única seguridad que se puede alcanzar, donde tú tienes
que estar ahora, ángel de la jiribilla.
Fragmento del ensayo “Lectura” leído en Operación
cultura. Universidad de La Habana, 1959.
Tomado de José Lezama Lima,
Imagen y posibilidad.
|