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MÁS
ALLÁ DE LA RISA
Más allá de los sistemas
políticos creo que el humorista debe de apelar al
pensamiento porque lo otro es ir a revolver la
mediocridad y darle al público lo que ya sabe. Eso es
humor de esquina, no de escenario.
Estrella Díaz
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La
Habana
En los últimos tiempos he escuchado decir, con reiterada
frecuencia y por reconocidas gargantas del mundo de la
cultura, que los pequeños espacios poseen una magia
singular. Al parecer por sus propias características
–entiéndase espacio físico–real y no por los proyectos
que auspicia– de Centro Cultural Pablo de la Torriente
Brau ha apostado muy en serio por promover ese contacto
bis a bis entre los creadores y el público.
Recientemente
se efectuó en la Sala Majadahonda del Centro Pablo un
recital de textos humorísticos del actor Joel Sánchez
quien como “anfitrión” tuvo la feliz idea de invitar al
trovador Fernando Bécquer y a dos jóvenes universitarios
que integran el proyecto Habana Humor Con Gris (en
franca alusión a la materia de igual color responsable,
por demás, del pensamiento).
El recital comenzó con una breve presentación del
reconocido compositor, guitarrista y cantante Pedro Luis
Ferrer quien afirmó que “el humor hay que verlo como una
forma importante de pensamiento más allá de la risa,
algo que debe contribuir a que lo cubano trascienda a un
plano universal”.
Tras casi hora y media de risa–reflexión Joel Sánchez
accedió a conversar en exclusiva para la Jiribilla.
“Naufragos es un espectáculo que nació de una inquietud
personal. Cuando salgo de Cuba me hacen siempre las
mismas preguntas, la gente no entiende muchas cosas de
nuestra realidad y el mundo gira la dirección
globalizadora a uno le toca explicar con detalles lo que
sucede en Cuba. Me cansaban con las mismas preguntas
organicé una serie de respuestas y monté un espectáculo
con un poco de humor, de ironía y con la máxima de que
uno se ríe de sus problemas para enfrentarlos y salir
adelante. En los últimos tres años y medio he ido
poniendo este espectáculo fuera de Cuba y en otros
espacios de la Habana y Holguín.
Acá lo hacemos un poco al revés, es decir explicándole
al público cubano cómo vemos el mundo, cómo nosotros
–jóvenes formados en las universidades y criados en el
sistema cubano–, vemos el mundo, con qué chocamos y qué
golpes nos damos, cómo chocamos con otra realidad a
veces muy cruel cuando estamos fuera de la Isla.
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¿Textos?
– “Los textos son míos, pero están muy permeados de
influencias con un nivel de búsqueda y propuestas
estéticas–literarias. Me siento muy influido por uno de
los grandes humoristas de la lengua española Macedonio
Fernández, un argentino de mediados de siglo XX, muy
amigo de Jorge Luis Borges. Hay influencia de los
venezolanos Aquiles y Aníbal Nazoa, también del maestro
Facundo Cabral.
Estos textos están respaldados por muchos años de
historia, no me gusta que el humor se quede en la
inmediatez. Zumbado, ese destacado humorista, habló por
más de treinta años de la croqueta, de las colas, eso me
parece muy bien, sobre todo porque lo hizo en una época
en que eso jugaba su rol, pero creo que en un país en
que estamos inmersos en esta batalla de ideas, el humor
también tiene que ser una cuestión de ideas y siempre
apelo a la frase de Martí: “de pensamiento es la guerra
mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. Más
allá de los sistemas políticos creo que el humorista
debe de apelar al pensamiento porque lo otro es ir a
revolver la mediocridad y darle al público lo que ya
sabe. Eso es humor de esquina, no de escenario”.
– ¿Crisis en el humor cubano?
– Ante todo lo que hay es un problema de mala selección
y de enfoque.
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