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LA FAMILIA DE LOS POETAS
Presentación del más reciente número de la revista
de poesía La Isla Infinita.
Se
echó a la mar la sexta entrega de la revista de poesía
La Isla Infinita, en una metáfora exquisita de
ese otro lenguaje poético que es la matemática, con sus
ceros y sus límites. La presentación fue
una marejada en el lujo de sus tripulantes y pasajeros,
bajo el timón divino de la palabra de Cintio Vitier.
Tupac Pinilla
| La
Habana
La tarde del jueves se
iluminó en el centro de tantos días de agua. Más allá de
la escampada que nos dio tregua en estas ganas de lluvia
perdida y más acá del empeño de nuestros soles más
reales y morales, la luz vespertina se arrimó desde el
verso rojiverde que no pueden nublar siquiera los
feroces aguaceros de mayo.
Con esa buena brisa se
echó a la mar la sexta entrega de la revista de poesía
La Isla Infinita, número 5, en una metáfora
exquisita de ese otro lenguaje poético que es la
matemática, con sus ceros y sus límites.
La presentación de la revista fue una marejada en el
lujo de sus tripulantes y pasajeros, bajo el timón
divino de la palabra de Cintio Vitier.
“La poesía y la
historia revolucionaria son indisolubles, cualesquiera
sean las apariencias de una y otra”, dijo Cintio,
presintiendo el abrazo en la actitud vital. Un coro
astral daba fe desde sus órbitas propias: Martí, Fina,
Hart, Kipling, Oraá, Alberti, Pablo Armando, Mallarmé,
Abel, Rimbaud... constelación libertaria o, lo mismo,
familia de poetas.
La eternidad insular,
con la dicha habitual, llegó preñada de La Ballena
Codorniz, esa criatura dúplice y paradójica que nada
su pequeña inmensidad y su extrañeza, contra viento y
marea, saboreando la deliciosa levedad del ser. La
contraportada, de tremendísima suerte, vino ensartada en
la lanza-pincel de San Ángel Ramírez, perseguidor de
dragones, posmedieval caribeño.
Otro Vitier, José María,
nos regaló con su piano de palmas y arroyo su
Canción de
Otoño en plena primavera; sinsonte inspirado en
el verso octubrino de aquel “padre de familia” que fue,
que es Rubén Darío.
De las maravillas que
habitan este sublime caballo de Troya
prefiero no aliviarles el hambre.
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