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MONCADA: DOS GENERACIONES
DE BUENA MÚSICA
Durante
tres décadas Moncada ha cantado al amor, al amigo, a la
patria, a los niños, al obrero, al deportista, al mártir
y al héroe cotidiano.
Hoy
puede hablarse de una “sonoridad Moncada”, que consiste
precisamente en
una
suma de todo, pero donde subyace una raíz profundamente
cubana.
César Gómez Chacón |
La
Habana
Una de las salas más visitadas, y sobre todo, más
animada del Cubadiscos 2002 es sin dudas la del Centro
Nacional de la Música Popular, en esta ocasión total y
justamente dedicada al Grupo Moncada, cuyo 30
aniversario se celebra el próximo octubre.
Son ya dos generaciones (padres e hijos) las que siguen
cantado, bailando y haciendo suya la música de la –tal
vez- más emblemática banda de la Nueva Trova cubana
actual. Moncada no solo ha resistido el paso del tiempo,
sino también los avatares de los gustos, las modas, los
criterios de difusión y hasta los cantos de sirena.
Mezcla de ritmos e influencias musicales, de
instrumentos que a primera vista pudieran parecer tan
lejanos entre sí, como un charango de un bajo eléctrico,
o un sintetizador de un bongó, lo cierto es que hoy
puede hablarse de una “sonoridad Moncada”, que consiste
precisamente en esa suma de todo, pero donde subyace una
raíz profundamente cubana.
Súmese a lo anterior esa otra arista distintiva de lo
mejor del Movimiento de la Nueva Trova, del que Moncada
es fundador: el cuidado meticuloso de los textos, algo
que el grupo logra aún en los ritmos más movidos y
bailables, tal y como lo afirman en una de esas
canciones con las que hacen brincar hasta el delirio a
cientos de espectadores a la vez: “Cantándole a la
vida vamos a bailar/ sin dejar de renunciar/ a
pensar...”
Durante tres décadas Moncada ha cantado al amor, al
amigo, a la patria, a los niños, al obrero, al
deportista, al mártir y al héroe cotidiano; o
simplemente a la joven que se deja atraer por la
tentación del dinero fácil, como la antológica Vestida
de negro.
Tal vez, el secreto de la permanencia del grupo en el
gusto popular cubano consiste en su constante afán de
renovación, pero sin abandonar los criterios estéticos y
filosóficos que le dieron origen en las aulas
universitarias aquel 7 de octubre de 1972.
Otro pudiera ser esa manera desenfadada de hacer su
música, con recursos que muy poco tienen que ver con el
academicismo, y donde prima un concepto de conjunto, que
rebasa con creces cualquier virtuosismo personal.
Moncada no es ni ha sido nunca una sola persona, sino un
colectivo donde cada uno es cada quien, pero todos a la
vez son una sola cosa: el grupo.
Moncada fue el primer grupo cubano nacido después de
1959 que actuó en los Estados Unidos, en fecha tan
lejana como 1978. De ese viaje conservan excelentes
recuerdos de la reacción del público, y dentro de él de
muchos cubanos emigrados.
Recuerdan también anécdotas increíbles como las amenazas
de bombas, y, en contraposición, la decisión voluntaria
de amigos solidarios con Cuba y su revolución de
servirles de guardaespaldas.
Día inolvidable aquel cuando les “desaparecieron” los
instrumentos, para evitar que tocasen en un concierto
que coincidía en fecha con la derrota mercenaria en
Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961.
Cuenta Jorge Gómez, el director fundador del grupo, que
fue precisamente gracias a la solidaridad de compañeros
latinoamericanos y cubanos residentes en EEUU, quienes
pusieron sus propios instrumentos personales y hasta
alquilaron otros, que pudieron actuar esa noche.
“De esa gira quedaron relaciones que todavía hoy
perduran y compromisos de un regreso que nunca ha sido
posible concretar, como resultado, en lo fundamental, de
la hostilidad de aquellos que no admiten nada que huela
a Revolución cubana”, afirmó en exclusiva a La
Jiribilla Gómez, quien acaba de ser condecorado con
la Distinción por la Cultura Nacional.
Moncada ha actuado en los escenarios más disímiles del
mundo, lo mismo en la Etiopía en guerra que en París o
Sao Pablo. Pero, sin duda, la plaza extranjera más
exitosa para el grupo en estos treinta años ha sido
Italia, donde ya perdieron la cuenta de viajes y
conciertos.
De ellos sobresalen los tres años seguidos en el
prestigioso Festival de San Remo donde compartieron
escenario con figuras de la talla del español Joan
Manuel Serrat, la italiana Ana Oxa, los ingleses Carl
Palmer y Phil Manzanera, con este último luego grabaron
un disco e hicieron varias actuaciones en Cuba.
De su amplísima producción discográfica, premios y
éxitos internacionales dan cuenta las paredes del stand
del Cubadisco y sobre todo una nueva antología, que
recién sale en coincidencia con el festival, donde en
tres discos compactos se resumen las tres décadas de
trabajo, a razón de diez años en cada disco, lo que
coincide más o menos con los tres cantantes principales
de la historia del grupo: Alberto Faya, Augusto Enríquez
y el actual Alexis Morejón.
Un último secreto del porqué tres décadas en el gusto
popular los “moncadas” siguen siendo los mismos
trabajadores incansables de siempre: lo mismo tocan una
noche en una escuela en lo más apartado de la geografía
cubana, que se enfrentan a nuevos proyectos de gran
valor cultural como los “Conciertos con la Muralla
Abierta”, que recientemente acaban de inaugurar en la
Fortaleza de La Cabaña, y que ya comienzan a ser un
suceso en las noches habaneras.
A treinta años de su debut en la Universidad de La
Habana, Moncada parece rejuvenecer cada día. Sin
proponérselo, es ya historia; es canto a la vida, sin
dejar de renunciar...
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