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EXCESO DE DAIQUIRÍ
En medio de una atmósfera circense una reducida
parte de la comunidad cubana de Miami celebró la
pasada semana el centenario del protectorado que le
impuso Estados Unidos a la Isla en 1902.
Quizás, para estar a tono con el lugar, a alguien se
le ocurrió entre otras festivas celebraciones,
rememorar una caballería mambisa. La cabalgata
devino climax de la payasada sobre todo por la
indumentaria de sus escasos jinetes: sombrero de
cowboy, camisa con flecos; en fin: puros pistoleros
del lejano oeste escapados de una que otra escena
de aquellas pulcras películas de Hollywood de los
años cuarenta.
El inspirador de dicho acto debió de ser
probablemente el autor del discurso pronunciado por
el presidente George W. Bush en la Casa Blanca a
propósito de la fecha.
“La Independencia de Cuba alcanzada hace hoy un
siglo fue inspirada por grandes personajes, tales
como Félix Varela —aseguró el
mandatario en su complaciente papel de
ventrílocuo—. Fue el resultado de la determinación y
el talento de grandes estadistas, tales como José
Martí, y de grandes soldados, como Antonio Maceo y
Máximo Gómez. Por encima de todo, la Independencia
de Cuba fue el producto de la gran valentía y
sacrificio del pueblo cubano”.
Sólo a un total ignorante de la historia de la Isla
podría ocurrírsele celebrar con similar desfile el
centenario de una República inventada por aquellos
que le negaron en el 98 la entrada a los mambises en
Santiago de Cuba luego de consumada la derrota de
España. Un ejército harapiento despojado de sus
armas por las tropas yanquis de la intervención.
Sin dudas, algún sabio fanático del anexionismo
debió confundir las huestes del general cubano
Calixto García con los rough rider
encabezados por el imperialista Teddy Rooselvelt. |