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LA PATRIA ETERNA
 
Siempre fiel a sus convicciones y a su fe, vencedor de incomprensiones y mezquindades, Cintio Vitier se mantuvo irreductible junto a su pueblo, lo acompañó en sus sueños y desvelos, con él ha estado en cada instante, patriota ejemplar, pensador lúcido, maestro solícito y constante hombre de integridad a toda prueba.


Ricardo Alarcón |
La Habana


Me asalta la angustia que muchos han sufrido ante la página en blanco. La hace más aguda una frase de Abel al transmitirme esta encomienda: que yo la cumpliría según él -o más bien trataría de hacerlo, aclaro yo- con mucho cariño.
Busco amparo en otros textos, en lo que ya se ha dicho. Encuentro, por ejemplo, "Parcelar a Vitier es empequeñecerlo porque hay que decir que es uno de los escritores cubanos más significativos de todos los tiempos".

No intentaré reseñar su labor como poeta, ensayista e investigador. Al final quedaría apenas la certeza del inútil empeño por ceñir lo que navega por la infinitud como la isla bienamada.

Por esa obra mereció el Premio Nacional de Literatura en 1988, y entre otros muchos reconocimientos y distinciones, recibió la Orden Félix Varela de primer grado en atención a su singular, decisiva y permanente contribución a la cultura nacional.

Hoy le será otorgada la Orden Nacional José Martí: la más alta distinción de la República de Cuba. Se sabe que Cintio es uno de los más importantes martianos de todos los tiempos: ha presidido el Centro que estudia y divulga su pensamiento y es autor de textos capitales para la comprensión del Apóstol en su dimensión poética, ética y revolucionaria. No resulta posible acercarse hoy al legado del mártir de Dos Ríos prescindiendo de sus aportes.

A él debemos especialmente los Cuadernos que son resultado de un incansable afán por difundir las ideas y los ideales de Martí, y hacer germinar su vida ejemplar en las nuevas generaciones.

Recibe hoy esa Orden, aunque a ella ha pertenecido toda la vida. Discípulo, siempre leal, Cintio ha sido sobre todas las cosas eso: apóstol del maestro.

Defensor inclaudicable de la cubanía en las adversas condiciones de la República neocolonial, cuando estábamos ante la amenaza de la "desaparición como estado aunque sea en apariencia soberano". Nacido en un país donde no había literatura, donde ser poeta nada significaba, desde muy joven se convirtió en uno de los principales miembros del grupo Orígenes que fue foco de resistencia en tiempos en que éramos "victimas de la más sutilmente corruptora influencia que haya sufrido jamás el mundo occidental", la que nos venía del norte y cuya esencia es "desustanciar desde la raíz los valores y esencias de todo lo que toca".

Entonces advirtió que "fundar algo sobré esta arena movediza, en medio de esta difusa y terrible hambre de frustración que nos rodea, es en verdad improbable faena". Pero identificó también el "reverso de la frustración" en el sacrificio de la juventud que en aquellos días aciagos se alzaba frente al "grosero manotazo de la tiranía" y mantenía viva la interminable brega de nuestro pueblo por la libertad y la independencia. La Habana de diciembre de 1957 no parecía ser sitio ideal para el optimismo. Sin embargo, se le oyó proclamar al joven poeta esta sencilla profecía: "Si somos fieles, podremos llevar a imprevisible plenitud el sacrificio que nos funda".

Sus años de madurez han coincidido con estas cuatro décadas de incesante batalla por realizar el imposible, por llevar adelante y perfeccionar nuestra obra de justicia y creación, por salvarla y defenderla frente a la desenfrenada hostilidad de un enemigo tan poderoso como cruel.

Siempre fiel a sus convicciones y a su fe, vencedor de incomprensiones y mezquindades, Cintio se mantuvo irreductible junto a su pueblo, lo acompañó en sus sueños y desvelos, con él ha estado en cada instante, patriota ejemplar, pensador lúcido, maestro solícito y constante hombre de integridad a toda prueba.

Ahora que nuestro sistema político es atacado con la arrogancia fatua de incurables ignorantes, permítanme dar testimonio de la callada y muy fructífera labor que rindiera el diputado Vitier. Lo recuerdan con respeto y gratitud sus electores bayameses que no pocas veces lo encontraron junto a Fina, su compañera en la vida y la virtud, en calles y plazas donde perdura la leyenda fundadora, los obreros y campesinos que con él compartieron la tribuna y la mesa, los ciudadanos que a él se acercaron con el reclamo justo y atendido, sus compañeros de la comisión parlamentaria donde diseñó los planes, hoy en marcha, para incorporar el pensamiento martiano a la formación de niños y jóvenes. Poco pueden saber de democracia quienes nunca han visto practicarla juntos, en perfecta comunión, al poeta excelente y al humilde, aunque sabio, trabajador de comunales. Cintio sí lo sabe y deja a su paso por el Parlamento una estela de trabajo que aun nos inspira y enriquece.

Tiene razón el compañero Armando Hart al afirmar en mensaje enviado para esta ocasión: "Ese vínculo indisoluble entre ética, cultura y política que Cintio representa, constituye el corazón mismo de la mejor historia espiritual cubana y la que nos conduce a la cultura general integral que nos ha planteado Fidel".

Acerca de ese vínculo como sustrato de la cubanía, nos dejó Cintio "Ese sol del mundo moral", texto imprescindible para conocernos a nosotros mismos, y comprender nuestra historia como lo que es: la de la búsqueda incesante de la realización de la justicia, de "toda la justicia" como diría el Apóstol antes de marchar hacia su inmolación.

A ese ideal, Cintio Vitier consagró su vida. Lo ha hecho con el silencioso heroísmo de los verdaderos héroes, con la integridad, la modestia y la honestidad del auténtico maestro, con la fidelidad a toda prueba del patriota incuestionable.

Ejemplo insuperable de intelectual y de cubano, su vida y su obra tienen una dimensión universal y perdurable. Cuando en el mundo tratan de imponerse el egoísmo y la codicia, cuando el más vulgar materialismo busca arrancar del corazón de los hombres la idea de la justicia, cuando el talento de muchos se convierte en mercancía o se procura aplastarlo, Cuba se alza como alternativa que sigue abriendo cause a la esperanza. Asumimos ese desafío porque la patria para nosotros es el cumplimiento del anhelo sustancial de la justicia" y ese anhelo pertenece a toda la humanidad al que no renunciará jamás. Nuestra fuerza se funda en "una eticidad que es el nervio de la soberanía y el vínculo unitivo de los trabajadores manuales e intelectuales. Una eticidad revolucionaria, en suma, basada en el sacrificio, el ‘amor a la humanidad viviente’ y la transformación espiritual del hombre, que tuvo su máxima expresión contemporánea, fraguada por la Revolución cubana y proyectada hacia el futuro americano, en Ernesto Che Guevara".

Cuba vencerá porque cuenta con un pueblo admirable y heroico y con intelectuales como Cintio con los que ese pueblo se identifica y reconoce como parte inseparable.

Mantienen intacta su vigencia las palabras del Maestro: "quien se levanta hay con Cuba se levanta para todos los tiempos".

La Patria, finalmente conquistada, vivirá eternamente. Con ella perdurará para todos los tiempos la obra y la conducta de este hombre que honra a la República al recibir el homenaje que hoy le ofrecen todos los cubanos.

El Consejo de Estado a propuesta del ministro de Cultura adoptó el Acuerdo número 3307 que en su parte sustancial dice: “Otorgar la Orden ‘José Martí’ al destacado escritor, investigador y ensayista compañero Cintio Vitier Bolaños en reconocimiento a sus inapreciables aportes a la cultura nacional y al significativo valor que para las nuevas generaciones de cubanos representa la enseñanza de su fecunda obra literaria". Lo firma Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado a quien le solicito que proceda a darle cumplimiento.

PALABRAS DEL COMPAÑERO RICARDO ALARCÓN EN EL ACTO DE CONDECORACIÓN CON LA ORDEN "JOSÉ MARTÍ" AL POETA CINTIO VITIER BOLAÑOS. CONSEJO DE ESTADO, 30 DE MAYO 2002.

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