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BAJANDO POR CALLE DEL OBISPO
MEMORIA PUNTUAL DE LA CALLE MÁS HABANERA IMAGINABLE

VII- MARCHAS Y CONTRAMARCHAS
Reinaldo Montero

El sol horizontal habanece, vibra. Tú, el habaneante, lo percibes frente a la calle que empieza en La Punta y termina en Desamparados. Calle para las varias punta de lanza que ha sido La Habana, para su perenne desamparo. Calle De La Habana, así se llama. Tautología Habana.

Y en la esquina donde habaneas, reina el famoso Azul Habana, el mejor invento para tamizar sol y resolana. Porque los azules, dicen los que saben, si no están hechos de compuestos orgánicos, tienen una emulsión de cobre y cobalto, pero en el siglo dieciocho habanero se usó un enigmático azul de aluminio y silicato, quizás se diga silicato aluminoso, muy diferente al utilizado por la pintura europea, y que es pariente de los Azules Maya. Y a fines del diecinueve, ese singular azul desapareció de la Paleta Habana. No obstante lo ves, el auténtico azul, el mejor invento también contra la Mugre Habana.

Estimado compatriota, siempre pongo por delante la campaña, nunca el combate, que es episodio fugaz en estas guerras de alfilerazos donde una victoria nada significa, y siempre me obsesiona la sorpresa. Su Señoría, ¿sabe usted cómo ese bandolero llama a nuestros infantes?, pues la cerca de piedra, porque lo paraliza, lo amedrenta. Estimado amigo, nosotros tenemos siempre la iniciativa, a una legua del cuerpo principal del contingente invasor, marcha la extrema vanguardia, y delante van una o dos parejas, y en la retaguardia la disposición es idéntica, y por el lado, a buena distancia, la flancoguardia bien nutrida para que la seguridad sea completa, que a fin de cuentas a uno no le queda más remedio que cargar con heridos, mujeres, niños, reclutas desarmados, reses para alimentar la tropa, caballos de repuesto, y en cuanto suena algún tiro, vamos Maceo y yo con nuestras escoltas y contenemos al enemigo mientras el grueso del contingente tuerce en ángulo lo más llano posible, siempre hacia adelante, a salvo del peligro. Su Excelencia, le aseguro que hemos tomado la iniciativa, hemos dividido nuestras columnas en secciones de quinientos hombres, repartidas por el triángulo ferrocarrilero de Cruces y Cienfuegos, por donde van a pasar los sediciosos. Estimado compatriota, eso que me cuenta es cierto y es un error, porque las pequeñas fuerzas, por su debilidad, van a ser arrolladas. Su Señoría, estimo que ahora debemos concentrar los efectivos en grandes columnas. Estimado amigo, está ocurriendo como usted me ha informado, y es otro error, las grandes columnas son poco movibles, blancos seguro para emboscadas. Su Excelencia, mal rayo parta a estos bandidos.

Enemigo Rumor comenta que los periódicos no pueden creerlo, el Herald dice que el mundo militar debe admitir La Invasión como una de las marchas más atrevidas de que se tenga noticia en el arte de forzar líneas enemigas, y El Times, que la campaña de los españoles puede darse por fracasada, porque contra el pequeño ejército que no excede los cuatro mil hombres, muchos de ellos con cananas vacías o balas contadas, no han podido doscientos mil soldados bien armados y los más de cuarenta generales de academia, y una revista militar de Bruselas, que en marcha triunfal de Oriente a Occidente, Gómez y Maceo separados o juntos, se las arreglan para no experimentar una derrota de consecuencias y trastornar el orden de la guerra moderna, y hasta El Diario De La Marina, censura mediante, que asombra el avance de las fuerzas rebeldes a través de la tupida red de nuestras columnas. Amigo Rumor se burla, porque el general Sickles, oficial que siempre prestó servicios en tierra, que gusta coleccionar grabados de batallas navales y cuyo combate más renombrado tiene que ver con el Central Park de New York, en su columna Crítica Del Arte Militar, interpreta la manía de fuga de los mambises como mérito, ¿por qué aceptar combate en campo elegido por los españoles?, y lo del duque Clearance King no tiene límite, dice que la invasión es el plan militar más audaz de la centuria, y la más completa locura es que The Journal ha regalado al general de negros Máximo Gómez una espada con puño cincelado por Tiffany.

Y Calle Del Obispo se esmera, hace surgir una negra vendedora que se acerca contoneante. Pulpa, rica pulpa de tamarindo. Llevas años sin probar un tamarindo. La vendedora se detiene frente a un niño de sombrero de paja con dos cintas, camisa de piqué, medias altas y blancas, boticas de charol sin gota de fango. Y el niño de postal decimonónica está comiendo la galleta más grande que has visto, casi una pandereta, ¿de la panadería El Negrito?, y le habla a la negra azabache vestida con trapos terrosos, hasta que una mano blanca atrapa el bracito blanco, y entre revuelo de falda blanca y destellos de encajes blancos, desaparecen niño y manejadora. Porque tuvo que ser una niñera. La pulpera sigue tranquila su camino y contoneo y cantao, rica pulpa de tamarindo, hasta que desaparece frente a la entrada de unos almacenes que se transforman en Compañía Importadora De Trabajadores Libres, chinos, y en Oficinas De Ferrocarriles De Caibarién Y Sagua. Y al lado de la puerta, un puesto de tabaco fileteado en Azul Habana que exhibe cajetillas de colores apagados, seguro que brillantes para una época premichaeljakseana. Sílfide Chilena, dice una cajetilla frente a montañas enormes. Designio, dice otra por entre dedos delgados. Obsequio, se adivina entre lazos y cintas. Flor Del Alma, susurra una mujer bajo cielo triste. Flor Extrafina, dicen dos novios que se van de viaje. Fata Morgana, y debajo dos rocas, ¿el estrecho de Messina? United Service, claro, han llegado hasta aquí, y es la única cajetilla que solo tiene letras.

Y a tu espalda, Luis Mendoza & Cía., tienda de amplias vidrieras, que luego será encerrada en muros, y adoptará el enigmático nombre de EAVAF, palabra de resonancia pestífera. Atiende. /Para Una Conciencia Bélica / Primer Premio,/ dice un tableau vivant en la tienda transparente de Luis Mendoza & Cía. La vidrie-ra muestra una habitación ambientada con mobiliario de la casa Cernuda, radio de la casa Philips, pequeña biblioteca donada por La Moderna Poesía, lámpara de Manuel Bedoya Importador, botella de cerveza Polar traída de la fonda El Buen Gusto y colocada sobre bandeja de plata de la joyería Marino & Hnos., y en medio del espacio, un hombre con bata de baño color vino, que puede adquirirse en La Ilusión, hojeando funny papers, porque así han llamado a los muñequitos cedidos por los almacenistas de azúcar y café al por mayor Hams Inc., y al fondo, un grabado donado por La Casa Ristori con La Ristori representando a Lady Macbeth en el lavatorio de manos, y en el piso se lee, El Indiferente Hace Más Daño Que El Enemigo. Y al lado, otra vidriera dice algo. /Para Una Conciencia Bélica / Segundo Premio./ Con menos pompa, el personaje don Liborio modorrea recostado al único cocotero de una isla minúscula rodeada de submarinos enormes, si se comparan con los barcos Santiago De Cuba y Manzanillo, par de acorazados que tiene la marina de guerra de Cuba, o que tenían, porque se ven zozobrando.
Regresa al siglo diecinueve, observa la puerta de madera labrada del conde de la Real Proclamación, ¿aquí mismo? No, lo que se ve es la entrada del Colegio Hispano-cubano, y una tienda para arreglar barómetros, y las oficinas del Tesorero de la Real Casa De Beneficencia. Solo queda algo del antiguo esplendor, la corona condal labrada en mármol sobre la puerta abierta. La observan también los tres hombres algo avejentados que conversan.

Se ha perdido el coraje, por eso nos van a pasar a cuchillo cuando lleguen. Ya no vienen, no pueden franquear nuestras columnas, regresan a Oriente abatidos. ¿Y si es una contramarcha para despistar? Qué ideas más peregrinas tiene nuestro amigo extranjero. Hay contramarcha, y las columnas vuelan para cerrarles el paso. ¿Y el terreno que hay entre ellos y La Habana?, ¿y si regresan destruyendo ferrocarriles, puentes? Qué imaginación. Regresan, ahora sí vienen. Virgen Santa, nuestros soldados han quedado del otro lado. La contramarcha fue un éxito, pasaron por Matanzas casi en parada militar y entraron al sur de esta provincia como quien llega al patio de su casa. Virgen Santa, Gómez a las puertas de la ciudad. ¿De dónde sacará España tanto inepto? Weyler apretará el puño. A ver si nuestros cuellos quedan dentro de ese puño. Me han dicho que Gómez dijo al mulato Maceo, yo cuido la puerta, siga usted hasta el punto más occidental y concluya, y Maceo siguió y ha puesto fin a La Invasión, ahora da guerra por allá. Pero a Gómez lo tenemos a tiro de piedra, yendo y viniendo, como si fuera dueño y señor, hasta cuándo. Es una campaña que me gustaría llamar de lanzadera, por la lanzadera de los telares, ah, Gómez es un pícaro. ¿El Mal puede engendrar también ingenio? Fíjense, Gómez va marchando en línea recta, nota que le siguen una o dos columnas españolas, y de pronto hace un giro en U y contramarcha por una línea paralela a la anterior, a pocas leguas de los enemigos, que siguen de largo, y la táctica no es nueva, la usó en la guerra del sesentiocho por Sancti Sp
íritus. No puedo creer que con esa sencillez vuelva locos a los jefes dolicocéfalos de ocho cuerpos de ejército. ¿Y cómo usted puede saber la estrategia enemiga? Él no sabe nada, quienes saben son los rumores. ¿Y cómo a mí no me llegan rumores de esa naturaleza? Dicen que después del combate de Mi Rosa, Gómez dio un giro rápido, y tomó Bejucal. Virgen Santa, lo tenemos aquí mismo, a veinte kilómetros, no puedo ni imaginarlo.

Y vadeas, con los tres que conversan, a un capitán español rodeado por ocho jóvenes que estorban el trasiego de la calle. Tal parece que han coincidido en un mismo ruedo ante un mismo toro, y la plaza pide, no más pases, que le hagan bajar el testuz de una vez, que entren a matar y maten.

Estuve en la guerra de Marruecos, y en Marruecos se pelea así, acá España y allí el moro, y tiro va y tiro viene, pero en Cuba no, aquí en cuanto oyen un estampido, los mambises se nos echan encima. No tanto. Maceo embiste y Gómez torea. Tampoco lo creo. Dentro de unos días no tendrá necesidad de creer, terminará la lidia, al viejo bandido le van a reconocer el grado de Mariscal De Campo con los honorarios correspondientes, más diez mil pesos de recompensa. ¿Y cómo ese general de negros no viene volando? Fusiló a un subordinado suyo, que no merece recordación, porque el anciano creía que le iba a estorbar el negocio, y cuando llegaron las aclaraciones, su compinche andaba picado por las auras. Un asesino. Un asesino caro. Si no acepta el cargo de Mariscal De Campo, le darán dos mil onzas de oro para que se marche a su país, o a donde pluguiere, y Santa Paz. Aceptará el ofrecimiento de grado, sueldo y recompensa, no me sorprendería si mañana lo veo entrar por esa puerta. Entrando ese canalla y yo… Tranquilo, aún no viene bajando por Calle Del Obispo.

Y los nueve ríen.

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