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IV Salón de Arte
Digital
IMÁGENES
TRANSGRESORAS
El arte digital ha
comenzado a abrirse paso por derroteros inéditos y son
cada vez más los creadores que cambian pinceles por
mouse, lienzo por pantalla y pinturas por
bytes.
Idania
Trujillo|
La
Habana
Desde que el osado Da Vinci comenzó a tentar los caminos
heréticos del arte hasta hoy mucha agua y no pocas
nueces han caído. Lograr la imagen perfecta valiéndose
de disímiles herramientas y técnicas sigue siendo un
perpetuo desafío.
La revolución
científica y tecnológica de la era moderna ha hecho
posible que miles de imágenes generadas por computadora
invadan territorios tan disímiles como el de los libros
y revistas, la televisión, los cines y las galerías
virtuales de Internet. Sin embargo, no son pocos los
expertos que aseguran que sus más originales resultados
se encuentran hoy en el campo del arte.
En poco más de una
década la tan ansiada posibilidad de dibujar, elaborar
imágenes tanto lineales como volumétricas, en
claroscuro, empleando los más variados tonos, colores y
texturas ha permitido saltar de la tradición a la
experimentación digital.
El arte ha comenzado
a abrirse paso por derroteros inéditos y son cada vez
más los creadores que cambian pinceles por mouse, lienzo
por pantalla y pinturas por bytes.
El riesgo está, precisamente, en atrapar esa zona de
invención y rescate, de avizoramiento y asombro que toda
creación artística supone.
Luego de algunos
tanteos novedosos desarrollados en Cuba a fines de la
década de los 80 por profesores y alumnos del Instituto
Superior de Arte, ha vuelto a germinar la semilla
gracias a la existencia de los Salones de Arte Digital,
auspiciados por el Centro Cultural Pablo de la Torriente
Brau que han develado a la cultura visual del país las
infinitas posibilidades de imaginación y belleza
propuestas por las nuevas tecnologías. Y algo más, la
existencia de un número de artistas en ascenso con
probada vocación y talento para expresarse por este
medio.
Sorprende apreciar la
variedad de poéticas que distingue a la creación digital
cubana, la originalidad y autenticidad de sus propuestas
visuales así como el dominio técnico capaz de refrendar
los conceptos estéticos esgrimidos por pintores,
diseñadores gráficos, grabadores; la inmensa mayoría
jóvenes provenientes de las escuelas de enseñanza
artística del país.
El festín provoca y
seduce, pues, cada pieza de arte digital es expresión de
una nueva realidad; cada imagen reinventada desde el
diseño hasta las mayores sutilezas en la reproducción de
efectos realistas supone una aventura, un juego, un
divertimento: desde los collages más increíbles de todo
tipo de imagen, escaneada o dibujada; el uso combinado
de innumerables tipos de filtros transformadores que
facilitan la elaboración de formas visuales
desconocidas; la estructuración de composiciones
tipográficas de formas hiperclásicas o surrealistas
hasta la búsqueda de perspectivas espaciales novedosas,
cuyo único límite es la expresión y concepción
individual del artista frente a una voluntad expedita de
experimentación.
Una atenta ojeada
permite apreciar los matices del acto creativo en el que
la computadora solo interviene como soporte
-herramienta tecnológica- a través de la cual el artista
revela sus cosmogonías y visiones de la realidad soñada
o reinventada.
Por otra parte, el
rápido y progresivo despegue tecnológico en la
informática ha permitido que los sistemas de
representación digital ya no constituyan dominio
exclusivo de programadores o ingenieros en softwares.
Por esa razón el arte generado en la computadora está
emergiendo cada vez con más fuerza en diversos espacios
expositivos tradicionales y también en galerías
virtuales. El propósito de este tipo de manifestación no
es reproducir la realidad sino despertar nuestra
capacidad de emoción a través de texturas, formas,
movimientos, sonidos generados por el lenguaje de la
computadora, bien en forma de cuadros al estilo
tradicional, bien en video-arte, instalaciones y
performances.
Con este saber
comienza a identificarse el arte digital cubano y su
capacidad de entrar en relación con el mundo, pues de
cualquier modo, el vínculo artista-computadora es ya
parte indisoluble de la estructura de pensamiento que
genera la sociedad moderna. El hombre no puede escapar
de su memoria, como tampoco de la aventura de imaginar
sueños posibles.
Eduardo Moltó y Abel
Milanés, ganadores del II y III Salón de Arte Digital,
respectivamente opinan sobre uno de los rasgos que
distingue las muestras de obras digitales cubanas: su
irreverente juventud.
Eduardo Moltó:
No creo que esta tendencia artística sea exclusiva de
los jóvenes; pero lo cierto es que bien sea por su
novedad, bien por sus posibilidades creativas muchos
artistas han comenzado a inclinarse por esta
manifestación. Esto lo han demostrado los cuatro Salones
auspiciados por el Centro Cultural Pablo de la Torriente
Brau donde la mayoría de los participantes son jóvenes,
incluso, muchos estudiantes del Instituto Superior de
Arte y de San Alejandro. Eso es un buen síntoma.
Abel Milanés:
Todo lo que ha pasado con los Salones de Arte Digital ha
sido grandioso, pues ha posibilitado crear un espacio
para los artistas que venían trabajando con medios
digitales y que, en la mayoría de los casos, no contaban
con un sitio de encuentro no solo para exhibir sus
obras, sino para intercambiar experiencias creativas. A
partir de esta iniciativa nos hemos dado a conocer y eso
hay que agradecérselo al Centro Pablo y a la labor
promotora que hace constantemente con la obra de los más
jóvenes. En lo personal me siento muy complacido y, al
propio tiempo, comprometido, pues mostrar mi obra en
esos Salones me ha desarrollado artísticamente y me
estimula a seguir trabajando, que es lo principal para
un artista, sobre todo, joven como yo.
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