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GUEVARISMO
Fernando Martínez Heredia
| La
Habana
1. Concepción del marxismo expresada en los escritos de
Ernesto Guevara de la Serna (Rosario, Argentina,
14-6-1928 / La Higuera, Bolivia, 9-10-1967). 2. La
posición en la práctica política y en la teoría marxista
que reivindica o es muy influida por la actuación y los
escritos de Guevara.
Ernesto Guevara se graduó de Medicina en 1953. Unido en
1955 al Movimiento 26 de Julio que dirigía Fidel Castro,
fue uno de los líderes militares del período
insurreccional de la Revolución cubana. Desde entonces
hizo célebre el sobrenombre de Che. En 1959-1965 ocupó
muy altos cargos en la dirección política y de la
economía de Cuba, fue un ideólogo muy prominente y
realizó importantes misiones internacionales; también
fue dirigente en la colaboración con revolucionarios de
otros países. En esta última condición partió al frente
de un contingente internacionalista cubano al Congo, en
abril de 1965, dejando una carta renuncia de sus cargos
publicada en Cuba, en octubre. Regresó a Cuba en secreto
en 1966 a preparar otra misión, esta vez a Bolivia,
adonde llegó en noviembre. Los guerrilleros bolivianos,
cubanos y peruanos, dirigidos por el Che, combatieron
durante 1967. El 8 de octubre cayó herido y prisionero;
fue asesinado al día siguiente. Guevara ha sido una de
las personalidades más trascendentes del mundo
contemporáneo.
Hizo
lecturas tempranas de marxismo; al sumarse al movimiento
fidelista se consideraba socialista y marxista. A partir
de 1959 y hasta su muerte estudió sistemáticamente
marxismo y obras de otros teóricos; también economía y
conocimientos variados que estimó necesarios. No
pretendió dedicarse a la teoría de modo profesional. Su
obra se encuentra en multitud de artículos y otros
textos breves, y en grabaciones de su voz. Solo publicó
dos libros: un manual de guerra de guerrillas y uno de
testimonio y reflexiones acerca de la guerra cubana;
otros dos son póstumos: el Diario en Bolivia
(1968) y el libro que escribió sobre la experiencia en
el Congo (1999).
En
los años 60, Fidel Castro y Guevara eran máximos
exponentes de la corriente revolucionaria autónoma
conocida entonces como castrismo o fidelismo, que
reivindicaba el antimperialismo, la vía armada, el
carácter socialista de las revoluciones y el
internacionalismo; era opuesta o diferente de las
posiciones e ideas del campo soviético, mas también
ajena a las de China. El pensamiento de Guevara fue la
principal formulación teórica de la revolución cubana de
los años 60, la primera socialista autóctona triunfante
en Occidente. Guevara no intentó crear una corriente
teórica; pero asumió enfáticamente que sus ideas y
búsquedas expresaban una concepción particular del
marxismo. Aunque no fue enunciada expresamente de manera
filosófica, en esa concepción se basa su elaboración de
criterios en cuestiones tan diversas como el humanismo o
las teorías sobre la sociedad capitalista, las
revoluciones de liberación, la transición socialista y
el comunismo.
Lo
más visible y atrayente del pensamiento de Guevara es la
actitud inquisitiva que no respeta dogmas ni prejuicios,
algo muy inusual en un militante formado, que además era
dirigente. Ese rasgo suyo potenció su independencia de
criterio, y le permitió una crítica y profunda evolución
de sus ideas y sus instrumentos entre 1959 y los
primeros años 60; también lo tornó un agudo conocedor de
la corriente que predominó en el socialismo y el
marxismo durante la mayor parte del siglo XX. Guevara
fue muy lejos: su conducta rigurosamente acorde con sus
ideas, el tipo de relaciones que promovía entre las
prácticas políticas y la actividad teórica y
doctrinaria, el contenido de su pensamiento social, su
concepción del papel de las prácticas al interior de la
producción teórica, resultaron antitéticos al llamado
socialismo real. Son muy notables sus críticas a la
deformación esencial de ese régimen, y su predicción del
probable regreso al capitalismo que acarrearía. Esto lo
marcó como hereje. La muerte interrumpió el pensamiento
maduro que estaba desarrollando Guevara. Esa
circunstancia, el carácter abierto de su posición
teórica y la prolongada postergación que sufrió su
posteridad, han favorecido que sus ideas resulten
atractivas en la crítica etapa actual.
Guevara se opuso resueltamente al desprecio pragmático
por la teoría, y a la vez al seguidismo intelectual de
las líneas políticas. Tuvo una clara comprensión del
lugar histórico desde el cual actuaba, y de la situación
en que se encontraba el marxismo en los años 60. Su
concepción relaciona íntimamente los ámbitos y problemas
de: a) las luchas por el poder político con los de los
regímenes de transición socialista; b) el desarrollo de
los individuos con el de las relaciones sociales y las
instituciones, desde el inicio de las luchas y en toda
la transición socialista; c) las escalas nacional,
internacional y mundial. Trabajó entonces con una gran
diversidad de aspectos y con una firme tendencia a
integrarlos en totalidades de conocimiento o formular
problemas y sugerencias, siempre incluidos los juicios
del autor. Guevara produjo una interpretación de las
cuestiones fundamentales del mundo de su tiempo, desde
una posición anticapitalista y anticolonialista
latinoamericana, y concibió una visión de las
conductas, acciones, cambios y objetivos necesarios para
la liberación de las personas y las sociedades, desde
una posición comunista.
La
concepción filosófica de Guevara privilegia el papel de
la acción consciente y organizada como creadora de
realidades sociales y humanas. Esta filosofía de la
praxis recupera el papel central de la dialéctica en el
marxismo. Sin desconocer realidades existentes y su
funcionamiento discernible
¾y
leyes atinentes a lo que esas realidades ‘pueden dar de
sí ´¾,
estima que el nivel de conciencia alcanzado a escala
mundial permite que en cualquier lugar se organicen
vanguardias revolucionarias, influidas por la ideología
marxista, que prevean hasta cierto punto cómo actuar, y
violenten las relaciones con lo posible a través de las
acciones colectivas que susciten, al menos, dentro de
ciertos límites.
Esa
posición marxista es ajena al determinismo social y al
dilema materialismo o idealismo, exigidos por las
corrientes que han sido dominantes en el marxismo. Para
ella la conciencia no es la antítesis de la economía o
de ‘la materia’, es el instrumento principal para lograr
que las fuerzas productivas y las relaciones de
producción dejen de ser medios para perpetuar las
dominaciones. La conciencia es una fuerza potencial real
para la praxis revolucionaria, que tiende a
desarrollarse y crecer si el trabajo intencionado es
eficaz, por lo que urge encontrar y aplicar reglas que
lo propicien. Una dialéctica de las formas de
organización y de autoeducación marca el proceso
unificante de creación de nuevas realidades en los
individuos y la sociedad. Guevara considera que el
factor subjetivo debe ser dominante durante los procesos
de cambios revolucionarios.
Guevara defiende el valor permanente del humanismo
filosófico del joven Marx, y expone el suyo, que parte
de la experiencia vivida y del conjunto de la teoría
marxista. Relaciones de producción y luchas de clases
tienden a ocultar "el hecho objetivo de que (...) el
hombre es el actor consciente de la historia. Sin esta
conciencia, que engloba la de su ser social, no
puede haber comunismo". El de Guevara no es un humanismo
a secas: requiere una acción humana organizada que
revolucione las condiciones de existencia y la
reproducción ‘normal’ de la vida social, palanca eficaz
para transformar las realidades conocidas en otras
realidades, conquistadas o nuevas, creadas. Es en esos
sentidos que ‘lo objetivo’ puede ser transformado y
superado por el factor subjetivo. Para Guevara, la lucha
de clases es central en la teoría y en la historia, y el
individuo es expresión viviente de las luchas de clases.
"Para cambiar de manera de pensar hay que sufrir
profundos cambios interiores y asistir a profundos
cambios exteriores, sobre todo sociales".
En
los textos dedicados a la transición socialista
¾la
masa más profunda y mayor de sus reflexiones teóricas¾
aparece la idea de un hombre nuevo, "liberado de su
enajenación". Este "hombre del siglo XXI es el que
debemos crear, aunque todavía es una aspiración
subjetiva y no sistematizada." Su creación, por métodos
nuevos, debe estar en el centro de las prácticas y los
análisis; nunca será consumada, porque las relaciones
sociales estarán cambiando siempre. El poder sobre la
economía, la política y la ideología es necesario frente
al complejo cultural capitalista que debe ser vencido,
las fuertes combinaciones de mercantilización y
subdesarrollo y las nuevas realidades a crear. La
relativa falta de desarrollo de la conciencia social
hace necesaria la vanguardia, organización basada en la
ejemplaridad que debe lograr los difíciles objetivos de
dirigir, guiar, educar, prefigurar los futuros sucesivos
de la transición socialista, a la vez que ser sensible y
aprender de las bases, y que estas participen cada vez
más en el poder real. Guevara no deja lugar para el mito
del partido como falange infalible, la sustitución de la
clase revolucionaria por un grupo de poder, ni
ideologías de dominación en nombre del socialismo.
La
fraternidad, la entrega a la causa y demás valores
morales del revolucionario van adelantando la creación
de personas nuevas a través de las prácticas, la
organización, la creatividad y el internacionalismo.
Estos factores pueden y deben regir la vida
revolucionaria en toda circunstancia; pero cuando se
tiene el poder, el trabajo humano emerge como un
instrumento y un reto más generales de transformación. A
pesar de los cambios profundos, el trabajo continúa
vinculado a presiones sociales, a retribuciones y a la
misma condición especial de trabajador. Guevara reconoce
esa realidad limitadora, sin supeditar a ella la
política socialista; al contrario, la enfrenta con su
exigencia de que exista un manejo consciente y
organizado de todo el poder de que se dispone, en busca
de que a escala de la sociedad el trabajo se vaya
convirtiendo en un deber social, una actitud y un hábito
nuevos, hasta llegar a ser un "reflejo condicionado de
naturaleza social", "engranaje consciente" y "la
completa recreación individual ante su propia obra".
Durante la transición socialista, la sociedad debe
convertirse en una gigantesca escuela, en la que
funcione un continuo que vaya desde la coerción estatal
y social hasta la autoeducación; todos sus miembros
recibirán en cada momento diferentes impactos de ese
continuo, de acuerdo a la acción múltiple de las nuevas
relaciones y los procesos educativos, y a sus avances,
dificultades y retrocesos. La economía debe ser dirigida
conscientemente. Para Guevara, el plan es un producto de
la conciencia organizada, que tiene poder y conoce a un
grado determinado los límites de la voluntad, los datos
de la realidad y las fuerzas que operan a favor y en
contra. El plan no es un diagnóstico de la economía y
una previsión de su comportamiento futuro: "para eso no
es necesario el pueblo". El plan será socialista si a
través de él las masas tienen "la posibilidad de dirigir
sus destinos".
Los
avances del nuevo modo de vivir diferente y opuesto al
del capitalismo irán creando un cambio cultural radical
que abarque desde la organización y las relaciones
económicas hasta cambios muy íntimos del individuo y sus
relaciones interpersonales que sean relevantes para la
transición. El régimen debe ser capaz de trabajar
cotidiana y eficazmente en esa dirección, con arreglo a
un plan y con el rigor técnico que sea posible; también
debe combatir con todo rigor sus propias tendencias
contrarias a la liberación; y debe medir los avances y
vigilar y declarar con valentía los retrocesos.
Guevara planteó de nuevo la utopía del comunismo
marxista, desde América Latina y en los años 60, sin
ingenuidad ni paternalismo; lo ayudaron mucho sus
prácticas, especialmente dirigir durante varios años una
parte muy importante de la economía cubana. Su
experimento del Sistema Presupuestario de Financiamiento
funcionó bien, con participación de doscientas mil
personas, y fue mucho más allá que la gestión, la
producción y el control económicos. Fue un combate
diario por la opción comunista. Combinó en la práctica a
individuos, masa, dirigentes, conciencia, trabajo,
política, producción, educación, estimulaciones,
subdesarrollo, coerción social, relaciones mercantiles,
poder estatal, macroeconomía, relaciones
internacionales. Fue desde esos materiales que Guevara
tejió su trabajo teórico; pero fue más allá de ellos, en
el modo mismo de abordarlo, en sus puntos de partida
intelectuales, en la formación de un sistema conceptual
propio
¾que
incluye en ciertas definiciones lo que debe llegar a ser¾,
y en desarrollos temáticos parciales, pero vigorosamente
articulados. Hizo explícito su tipo de ortodoxia
marxista y refirió a ella su creatividad. Sus prácticas
y sus ideas resultaron sumamente polémicas. Guevara las
debatió públicamente, y las defendió activamente como
parte de una lucha política e ideológica.
Por
su vida ejemplar, tajante honestidad y concordancia
total entre dichos y hechos, Guevara es muy asociado a
la palabra ética. Esa valoración es muy justa,
pero opino que lo político es el centro de su actividad
y el articulador de su pensamiento. Guevara pretende
profundas transformaciones de lo político, y propone una
gigantesca elevación del contenido y los objetivos del
movimiento histórico de liberación humana. Ese es el
marco de frases como "el socialismo económico sin la
moral comunista no me interesa. Luchamos contra la
miseria, pero al mismo tiempo contra la alienación (...)
si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede
ser un método de repartición, pero deja de ser una moral
revolucionaria." O "...el revolucionario verdadero está
guiado por grandes sentimientos de amor". Y de ideas
como estas: desde el inicio mismo del socialismo hay que
trabajar en la realización práctica del proyecto
comunista; el socialismo debe ir constituyendo una nueva
cultura y un polo de atracción para los pueblos frente a
la cultura del capitalismo mundial, y no un opositor
insuficientemente diferente y un cómplice de la
explotación a través del mercado mundial; es necesario
utilizar todo logro obtenido en los países capitalistas
que sea conveniente y factible; se debe combinar
centralización con inciativa, progresiva
descentralización, participación masiva en la dirección
y acción política organizada y concretada contra el
burocratismo.
Aunque el pensamiento político de Guevara está
condicionado por sus prácticas y la política cubana en
que milita, forma un cuerpo de ideas coherente con su
concepción general y posee sus tesis y criterios, su
modo de argumentar y una gran fuerza expresiva y de
convicciones. Su asunto central es la revolución mundial
contra el capitalismo y por el socialismo, desde el
mundo neocolonial y colonial. La lucha armada es un tema
principal, pero incluso sus narraciones testimoniales
siempre trasmiten experiencias e incluyen reflexiones de
más o menos alcance. Su primer libro (1960) plantea tres
tesis que no abandonará: las fuerzas populares pueden
ganar una guerra contra el ejército; el foco
insurreccional puede crear las ‘condiciones’ que otros,
erróneamente, esperan a que ‘estén dadas’ para iniciar
una revolución; en América subdesarrollada el terreno
fundamental de lucha es el campo. El libro del Congo
(1966) es analítico y muestra su madurez; expone la
práctica de internacionalización de la lucha y sus
órganos y métodos, tesis derivada de su comprensión
general del mundo y de las luchas de clases y de
liberación nacional.
La
idea de Guevara y Fidel Castro del poder acumulativo y
desencadenante de la guerra irregular en las fases
tempranas de una revolución resultó sumamente polémica y
tergiversada. Guevara insistió siempre en que la
guerrilla es una forma de lucha de masas, negando la
antinomia entre ambas; planteó siempre que la
insurrección debe ser guiada por un proyecto político y
social, postuló el requisito de crisis de la hegemonía
de los dominantes y otras condicionantes para que pueda
llegar la hora de la violencia revolucionaria, y también
la subordinación de las formas de lucha a las exigencias
tácticas y la estrategia de cada proceso. Esas ideas son
constantes en sus análisis de los procesos en que
participó, y rigen en general su práctica política. Sin
embargo, la expresión ‘foquismo’ fue la clave de una
crítica al pensamiento político de Guevara que en
ciertos casos llegó hasta descalificarlo a él y a la
experiencia cubana. En esa crítica influyeron: a) la
impreparación mental para la lucha por el poder que
afectaba a la mayoría de la izquierda, y el abandono de
los temas insurreccionales sufrido por la teoría; b) la
búsqueda de eficacia insurreccional y de movilización
social por parte de militantes activos, enfrentados
críticamente a las graves insuficiencias y errores de
muchos esfuerzos guerrilleros. No incluyo aquí las
sistemáticas campañas de descrédito realizadas por los
enemigos de su causa.
El
antimperialismo es para Guevara una estrategia básica de
la acción revolucionaria y un elemento central en el
desarrollo de sus militantes, es a la vez la respuesta
obligada a la universalización del capitalismo. Ser o no
antimperialista define a los que se llaman socialistas y
a los políticos del mundo ‘subdesarrollado’, y es la
base de la unidad entre los revolucionarios que luchan y
piensan en contextos tan diversos. Toda estrategia debe
tener en cuenta las oposiciones entre capitalistas, y de
estos con Estados o movimientos del Tercer Mundo, pero
los procesos que pretendan la liberación verdadera y
viable tendrán que ser socialistas. El etapismo –que ha
sido tan fuerte en la tradición marxista y tan
manipulado por el reformismo de izquierda y por la razón
de Estado de países ‘socialistas’ —está siendo superado;
para América Latina su dictamen es tajante: "O
revolución socialista o caricatura de revolución". El
llamado Tercer Mundo es la parte neocolonial y colonial
de un conjunto, el sistema mundial capitalista, y esa es
la causa de su subdesarrollo; para ese mundo ‘tercero’,
el desarrollo sin liberación nacional y social es una
ilusión; el socialismo será la condición del desarrollo,
y no lo contrario.
A
través del análisis de la coyuntura mundial en
Mensaje a los pueblos del mundo... (sept. 1966),
Guevara expone sus tesis políticas y convoca a un
combate frontal mundial antimperialista. Este debe ser
ofensivo más que defensivo, casi siempre por la vía
armada, internacionalizarse, atacar las bases de
sustentación neocoloniales del sistema y multiplicar sus
teatros, para golpearlo fuera de sus centros y
debilitarlo. Será una lucha muy cruel y muy larga; no
hay otra opción para lograr la liberación real de los
pueblos. Pide respeto para las tácticas diversas de
aquellos que luchen, pero reclama persistir con
abnegación en la estrategia acertada. Exalta el ejemplo
de Viet Nam, y denuncia como las dos potencias del
socialismo lo han dejado solo; juzga con profundidad las
divergencias soviético-chinas que habían dividido a
partidos e ideas de la izquierda a escala mundial, y lo
hace desde "nosotros, los desposeídos". Una vez más
plantea la obligatoriedad del encuentro de los rebeldes
con las clases oprimidas y con la cultura de rebeldía
popular acumulada, encuentro en que se plasma la
oportunidad de las revoluciones. Y como siempre, confía
en el crecimiento de las capacidades de las personas y
las colectividades mediante la actividad revolucionaria.
2.
Advierto en la denominación guevarismo varios
significados:
a)
posiciones e ideas de revolucionarios latinoamericanos
de los años 70 y siguientes que mantuvieron los
principios y estrategias característicos de Guevara en
los años 60, frente al predominio de dictaduras en
muchos países, y de influencias reformistas en la
izquierda;
b)
una actitud ante las prácticas políticas y sociales y
ante la teoría marxista, que se reclama guevarista al
criticar el dogmatismo, el reformismo, la simplificación
de los actores y las contradicciones sociales, y los
graves errores, males y degeneraciones cometidos en
nombre del socialismo. Esa actitud fue creciendo en los
años 80, y sobre todo en los 90, frente a la gran crisis
de los regímenes de Europa oriental, y de la idea misma
del socialismo. Constituye una fuerza moral afirmativa,
más que un pensamiento estructurado;
c)
una de las formas actuales de resistencia cultural
frente al capitalismo contemporáneo, y de recuperación
de ideales, posiciones y pensamiento anticapitalista y
socialista.
Los
debates en torno al guevarismo fueron muy fuertes en los
años 60 y 70, sobre todo en cuanto a lucha armada,
estrategias y organizaciones políticas, clases sociales
y carácter de la revolución. Después se estableció el
olvido. Los debates recientes se refieren más a la
personalidad y los hechos de Guevara, y a la vigencia de
su actitud y su ejemplo. Su imagen volvió con gran
impacto en los últimos años, se ha publicado gran
cantidad de datos sobre su vida y actos y, en menor
número, textos suyos inéditos o raros. La bibliografía
actual sobre Guevara es muy abundante, en
investigaciones, biografías y divulgaciones.
Lo
principal del guevarismo actual es Guevara como símbolo:
a) el
individuo virtuoso, ejemplar, pero un revolucionario
activo contra los males actuales. Rompe el consenso o la
resignación ante el orden vigente, es intransigente;
b) restablece
la propuesta socialista anticapitalista en una situación
de profunda crisis;
c) no
es identificable con el pasado del socialismo, y sí con
sus profecías y con sus jornadas heroicas;
d) propone
valores sobre todo (ética, entusiasmo, rebeldía,
consecuencia), y no cánones, por lo que exige a todos
actitudes sin descalificar a priori a nadie. Si
avanzan la necesidad de recuperación del socialismo y la
teoría marxista, a través de una lucha cultural
anticapitalista, el pensamiento de Ernesto Che Guevara
será asumido en su valor intrínseco, y podrá brindar una
ayuda muy valiosa.
Este texto fue escrito en marzo de 2001, con destino
a un diccionario enciclopédico que no lo publicó. No
lo acribillé con notas al pie, para mantener su aire
de pequeño ensayo, por demás reforzado por el
énfasis con que expongo aquí las ideas del Che;
todas las frases que aparecen entre comillas son de
textos del Che. Por otra parte, las palabras
marcadas con una sola comilla son mías, un recurso
habitual para denotar que las tomo de un lenguaje
que no comparto, asignarle un sentido determinado, o
expresar duda del que suele recibir.
Creo que puede tener algún valor para
suscitar o reforzar el interés en el estudio y el
debate del pensamiento del Che.
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