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ADIÓS AL FILIN
Muy
pocas horas después de su muerte, el programa
Retrospectiva de Radio Ciudad de La Habana le dedicó
su habitual espacio a la Elena Burke. El realizador que lo conduce todos los domingos a la
nueve de la noche, conversó con varios amigos de la
cantante cubana.
Bladimir
Zamora
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La
Habana
ÁNGEL DÍAZ
—Toda la gente
amante de la música cubana sabe que usted es una persona
de la mayor importancia para quienes amamos el
cancionero cubano, uno de los compositores emblemáticos
del movimiento filin.
Alrededor de su entorno familiar
se armó gran parte de ese movimiento. Por eso, como no
es un secreto para nadie que Elena Burke es una de las
más connotadas intérpretes del filin, me gustaría
que evocara brevemente cómo le conoce, cómo empieza a
introducirse en aquello que ya venía llamándose los
muchachos del filin.
—Hace muchísimos años
acostumbrábamos a reunirnos aquí en mi casa, en el
callejón de Hamell. Estábamos reunidos y un amigo
nuestro, Hilario Durán, se apareció una noche con una
muchachita jovencita —tendría trece o catorce años—, que
empezó a cantar. Fue para nosotros impresionante como
aquella muchachita cantaba con esa sensibilidad, con esa
fuerza, siendo prácticamente una niña. Desde entonces,
incluso cuando ella o nosotros hemos estado en el
extranjero, hemos mantenido una estrecha relación. Yo
trabajé muchísimo con ella, sobre todo en programas de
televisión, y llevábamos tres o cuatro meses trabajando
juntos en el Café Cantante del Teatro Nacional.
—Cuando se
desarrolla una profesión, y cuando se es popular, a
veces la esencia de la gente cambia un poco. De aquel
carácter de la muchachita que usted conoció, que Durán
le llevó una noche, a la Elena de hoy, ¿se conservaba la
esencia o no?.
—Elena Burke siempre
mantuvo ese carácter afable. Te voy a hacer una
anécdota. Hace muchos años mi hija fue a participar en
los Juegos Nacionales Escolares en Santa Clara. Mi
esposa y yo fuimos con ella, pero al cabo de los tres o
cuatro días se nos acabó el dinero. Estábamos hospedados
en el Santa Clara Libre y tuvimos que irnos a coger el
tren. El tren no pasó. Regresé al hotel y me senté en
lobby sin saber qué hacer y en ese momento llegó Elena.
Me preguntó qué me pasaba, le conté y en un santiamén me
consiguió una habitación y me prestó dinero. Fue un
gesto inolvidable.
TERESA GARCÍA CATURLA
—Pudiera, usted que ha vivido, en el ejercicio de la
música, tan cerca de Elena, brindarnos su testimonio de
ese tiempo en que pudo compartir su vida con ella
¿Cuándo la conociste?
—La conocí cuando ni
pensaba en entrar en el cuarteto Las D’Aida. Una noche,
cuando yo trabajaba en el Johny, estaba cantando y
alguien me dice que había llegado Elena. En mi casa
todos teníamos delirio con Elena Burke. Mi mamá tenía
delirio con ella. Decía que era su cantante preferida.
La seguíamos en todas sus actuaciones, durante y después
del cuarteto. Fui a saludarla y como tú sabes, cuando
uno empieza cree que se está comiendo el mundo, aunque
aún no haya hecho nada. Le pregunté qué le había
parecido. “Muy bonito —me dijo— pero tienes un problema
que tienes que superar. Tienes que pronunciar las eses.”
—Esa anécdota es muy interesante, pues se piensa a veces
que aquellos que llamamos músicos populares carecen de
ciertas facultades por no haberse formado en altos
cursos académicos y Elena Burke, siendo un músico de
extracción popular, con una dicción además muy certera,
va a decirte justamente eso, que te ocuparas de la
dicción.
—Y da la casualidad
que entré en el cuarteto con la misma voz que ella
tenía. Entré por Leonora Rega que a su vez había entrado
por ella. Cuando yo entré en el cuarteto todavía se
cantaban las canciones de Las D’Aida originales ¿y quién
me iba a decir a mí que iba a cantar los mismos números
de Elena? Elena era insuperable. Su voz va a quedar. Yo
la considero la mejor cancionera de todos los tiempos.
Por algo se llamaba la Señora Sentimiento, porque era
sentimiento de pies a cabeza.
JOSEFINA BARRETO
—Usted que es la hermana de Barreto, la viuda de Piloto
y la madre de Pilotico, el de Climax. Usted que está
rodeada de música y de músicos desde hace muchas
décadas. Quisiera que me comentara el ambiente en que
conoció a Elena.
—La conocí gracias a
mi hermano, cuando era parte integrante del cuarteto de
Orlando de la Rosa. Desde los primeros momentos sentí su
entrañable amistad, su tremenda modestia que repercutió
en todos nosotros en la forma en que nos quería, en la
forma en que nos hablaba. Después, participando en las
descargas que se realizaban en diferentes lugares: en
casa de Lázaro Peña, en casa de Ángel Díaz, de Ñico
Rojas, Frank Emilio, oyendo esa tremenda voz, que no se
va a acabar nunca. Podremos decir de ella que cada día
canta mejor, como se habla de una Libertad Lamarque, de
una Edith Piaff, de una Billy Hollyday y de Ella
Fitzgerald. Podremos decir con certeza que aquí en Cuba
cada día seguirá cantando más Elena Burke, seguirá
cantando mejor.
OLGA NAVARRO
—Olga Navarro es una figura importante de la cultura
cubana desde los años 50. Es además una persona
especialmente vinculada a Elena Burke por razones que
ella misma puede explicar. Yo quisiera que usted
explicara sus sentimientos ante esta noticia definitiva
de la muerte de Elena.
—Elena ha muerto
físicamente pero nada más. Ella sigue de pie como mi
canción, para todos los cubanos y para todos los que la
quisimos. Fue amiga mía desde que ella empezaba como
bailarina y yo de modelo. Fue la primera que cantó mis
números “Yo me llevé aquello”, “Te voy a liberar”,
“Algo” y “!Aquí de pie” que hizo clásico, durante 30
años lo cantó y se convirtió en un himno. Esa amistad
nos unió hasta ahora mismo. El día 28 de febrero de este
año celebré su cumpleaños con ella en el Gato Tuerto y
le dije un poema que le había hecho a ella hace como 15
años. Te lo voy a decir:
Señora del sentimiento, Elena Burke,
volcán
Rayo, fuego, diva, diana
Agua quieta y cristalina presta en torrente a brotar
Mas también podrían llamarte señora de la amistad
No te opacaran tropiezos ni te alcanzará maldad
Te aclamará en bocas hambrientas de tu cantar
Tu voz, espada guerrera, los confines cruzará
Miles de generaciones contigo cabalgarán
En un brioso caballo blanco como tu verdad
Como guardianas del trono que tu ocupas, majestad.
CODA:
Varias horas después
vino el tiempo de la funeraria. Ahí está el cuerpo de
Elena, pero esa no es enteramente Elena. Salí del
programa y no estaba seguro de que yo tendría que ir
allí. Pero fui. El salón estaba lleno del pueblo. No es
una frase demagógica. Guagüeros,
viejitas con pelucas, antiguos bailarines...y en medio
de ellos su única hija, Malena. La vi saludar, aceptar
pésames y lo más impresionante, preguntarle a los que
reconoció como viejos amigos de su madre, por algunas
facetas, que para ella eran desconocidas.
Poco después de las
ocho de la mañana me fui con unos amigos al Cementerio
de Colón, para esperar el cortejo fúnebre. Pasadas las
nueve llegó bajo una llovizna, que no perturbaba a
nadie. Un viejo me dijo: “Esta lluvia también es de
ella. Esto es bueno”. La entraron a la capilla católica
y de allí salió con una lluvia aún más fuerte. Fuimos
hasta el sitio donde depositaron sus restos. Momento
grave, ya se sabe. Me aturdí un poco, la verdad. Me hizo
salir del pasmo una mujer madura, pidiendo que le
ayudáramos a cantar "Para Vivir",
porque a Elena le gustaba mucho. “Muchas veces te dije
que antes de hacerlo, había que pensarlo muy bien. Este
amor de nosotros... “Y sobre ese fondo de amor, sonaban
voces diciendo: “Adiós al sentimiento, adiós a la
canción, adiós al filin”.
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