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IMPUNIDAD
duraderA
“Nos dijeron específicamente que si había mujeres y
niños los matáramos”
Asesinatos y Cía.
Chris
Floyd
Mientras los pesados gigantes de los
medios de comunicación estadounidenses hacen sus torpes
reverencias, mostrando su sumisión ante el tesorero
presidencial que repleta sus bolsas corporativas con
golosinas tributarias y aceite para masajear fusiones,
unos fragmentitos de verdades no adulteradas procedentes
del mundo real siguen apareciendo en los descarnados y
famélicos periódicos provinciales.
La semana pasada, el
Savannah Morning News, desenterró un intento de
bombazo terrorista de un soldado de EE.UU. en la ciénaga
moral de la Florida de Jeb Bush. Esta semana, fue el
Ithaca Journal en el Norte del estado de Nueva York,
con noticias del enfoque del Gran Hermano Georgie hacia
la guerra: Ordenar que los soldados que maten a mujeres
y niños.
Esta revelación –de
la que los untuosos lores del Cuarto Poder no tomaron
nota alguna– provino de una acogedora reseña para el
joven soldado raso del Ejército, Matt Guckenheimer, que
acababa de volver al seno de su familia después de
servir en Afganistán. Mientras vendía al detalle algunas
de sus experiencias durante la tan cacareada "Operación
Anaconda," Guckenheimer dejó entrever ingenuamente lo
que con seguridad debe haber sido una orden secreta de
sus superiores.
"Nos dijeron que no
había fuerzas amigas," dijo Guckenheimer. "Si hay
alguien por ahí, son enemigos. Nos dijeron
específicamente que si había mujeres y niños, los
matáramos."
Hay que darse cuenta:
Soldados estadounidenses a los que se ordenó que mataran
a mujeres y niños. "Específicamente." Matar a un niño.
Meter una bala en el cerebro, digamos, de una niña de
dos años. Sujetar el cañón de un fusil contra sus
pequeñas sienes y apretar el gatillo. Contemplar
mientras su tierno cráneo, los delicados huesos de su
cara, sus grandes y brillantes ojos inquisitivos, todo
aniquilado en una explosión de niebla roja. "Nos dijeron
específicamente que los matáramos." "Mujeres y niños."
"Que los matáramos."
Así que éste es el
tipo de guerra librada por esos notorios cobardes,
George W. Bush y Dick Cheney. Cuando su propia
generación estaba en la línea de fuego, en Vietnam,
ambos apoyaron ardientemente la guerra –pero no se
dignaron combatir en ella. Por su parte, Cheney estaba
demasiado ocupado chupando medias para llegar al poder.
"Tenía otras prioridades," ha proclamado altivamente.
Mientras tanto, el
papacito de Bush le consiguió a su muchachito confundido
por la bebida un cómodo lecho estatal en la Guardia
Nacional de Texas –pero ya en aquel entonces, el Hijo no
pudo aguantarlo. Evitó su deber durante todo un año
–deserción en tiempo de guerra, una ofensa castigada con
la pena de muerte, si no se es rico y no se tiene buenas
conexiones. Por suerte, los registros de su servicio en
ese período fueron "lavados" por el General Daniel
James, antiguo jefe de la Guardia Nacional de Texas, que
ahora es jefe de la Guardia Nacional Aérea de toda la
nación –por cortesía de un agradecido George W. Bush.
Ahora, esos dos
guerreros de poltrona, Bush y Cheney, seguramente
refugiados tras la mayor falange de protección personal
vista en la historia, están enviando a una nueva
generación de jóvenes a matar y a morir. Como sus
predecesores en la Guerra de Vietnam, están
tergiversando la fe y el idealismo de jóvenes soldados
patriotas y convirtiéndolos en herramientas para el
asesinato.
¿Y para qué?
Ciertamente no para "llevar a los perpetradores del 11
de septiembre ante la justicia," el propósito ostensible
de la guerra. Esos perpetradores siguen deambulando
libremente –y son más peligrosos que nunca, según el
propio Cheney. No, la razón principal por la que ordenan
al soldado Guckenheimer y a sus compañeros que maten a
las mujeres y a los niños que encuentren, se halla en un
titular enterrado en otra oscura provincia del imperio
de EE.UU. –una breve noticia comercial de la BBC: "Dan
luz verde al oleoducto afgano."
Y habrá más de lo
mismo: mucho, mucho más. Porque incluso mientras el
soldado Guckenheimer estaba haciendo sus serenas
revelaciones, el Comandante en Jefe proclamó sonoramente
una novísima doctrina militar de EE.UU.
Ataques por sorpresa
– como Pearl Harbour, como el 11 de septiembre.
Hablando en una
academia militar en West Point, Bush comenzó elogiando a
los soldados en Afganistán "que han combatido siguiendo
mis héroes." (***"Nos dijeron específicamente que si
había mujeres y niños, los matáramos."***) Luego pasó a
anunciar que en el futuro, Estados Unidos "impondrá la
fuerza militar unilateral preventiva donde y cuándo
decida hacerlo," según The Washington Post.
Por primera vez en la
historia, EE.UU. se compromete abiertamente a la
agresión militar ofensiva contra toda presunta amenaza
que sea determinada por sus dirigentes, declaró a los
cadetes un ocupante no-elegido de la Casa Blanca. Bush
dijo que "60 o más naciones" han sido elegidas
actualmente bajo este espantoso edicto –todas objetivos
potenciales de sus órdenes de "matar a las mujeres y los
niños".
Lo que es más, Bush
dijo que esta nueva belicosidad militar será acompañada
por una agresiva diplomacia orientada a obligar a otras
naciones a adoptar los valores estadounidenses –es decir
el "capitalismo de compadreo" impuesto a EE.UU. por una
elite corrupta y sus agentes viajeros políticos. Bush
dijo que este sistema purulento –que ahora está
supurando ante nuestros propios ojos, al sorprenderse a
corporación tras corporación, incluyendo a Halliburton
de Cheney, falsificando sus libros– "es el último modelo
superviviente del progreso humano."
Y ahí los tenemos.
Igual que bin Laden –otro dirigente no elegido que
pretende tener la sanción divina para sus acciones– Bush
enviará sus fuerzas a atacar sin advertencia previa a
quienquiera que considere su enemigo. Igual que bin
Laden. Bush considera que mujeres y niños son objetivos
legítimos de su santa cólera. Igual que bin Laden, trata
de imponer su propia visión limitada y bárbara a otros
naciones, a favor de su propio poder y beneficio.
¿Qué cuadrante del
infierno quema lo suficiente para semejantes individuos?
Traducido para Rebelión por Germán
Leyens
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