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DEL LADO DE LA CULTURA
Yo
he vivido en los Estados Unidos, he trabajado con esa
gente y sé lo que quieren hacer con este país. Cuando
alguien dice que no recibe dinero directo del enemigo a
mí me molesta mucho porque no es cierto. Ya es bien
sabido que Encuentro recibe dinero de la Ford y otras
fundaciones para sus fines. Quien colabora tiene que
saber que está siendo pagado por los Estados Unidos.
Entrevista exclusiva con Pedro Pérez Sarduy.
Nirma
Acosta|
La
Habana
El poeta, escritor y periodista cubano Pedro Pérez
Sarduy vive en Inglaterra desde 1981. Se inició en la
revista universitaria Alma Mater y fue Premio Casa de
las Américas, 1966 y Julián del Casal, 1967.
Su obra en radio fue conocida a
través de Radio Rebelde y de los años en que fuera
corresponsal de la BBC de Londres. Su interés por
los temas afrocubanos lo llevaron a impartir
conferencias en Universidades de Europa y Estados
Unidos.
Su primera novela, Las criadas de La Habana
fue presentada durante la XI Feria Internacional del
Libro de La Habana.
Tiene inédito Diario en Babilonia, una serie de
reportajes sobre las comunidades afro–caribeñas
en Gran Bretaña. Es coautor de Afro–Cuba:
una antología de escritores cubanos sobre raza, política
y cultura (Editorial
Universidad de Puerto Rico, 1999) y (en inglés),
Voces Afro–Cubanas sobre
Raza e Identidad en Cuba Contemporánea (University
Press of Florida, 2000).
Pérez Sarduy
en su más reciente visita a Cuba y de paso por la
redacción de La Jiribilla compartió algunas
opiniones, a la vez que reconocía en ese volver a la
Isla, “el placer de quien regresa a su tierra verdadera,
a la fuente viva. Uno no puede cambiar –dijo– el olor,
la humedad, el calor, la lluvia, el sonido de los
pájaros, porque todo eso forma parte de la vida. Aunque
yo viva en un país de aire acondicionado rodeado de
otras cosas y otras costumbres, hay algo que tengo aquí
que necesito y es importante mantener, mi relación con
este país, y mantener eso es cultura.
No hay sustituto. Incluso para aquellos que dicen
que Miami es la otra Cuba, no es cierto. Cuba es Cuba”.
–Luego de no pocos
avatares, Pérez Sarduy logró publicar su primera novela,
la historia de una criada en Cuba, antes y después de
1959. A pesar de que la Isla es un tema de interés para
ciertas editoriales, su novela fue confinada al olvido
por varios años. ¿A qué cree que se deba?
–Eso lleva un poco de historia. No voy a
mencionar nombres de las
editoriales, porque sé que el mundo editorial es muy
coyuntural, caprichoso, cambia el jefe y cambia la
política. Ojalá, los editores de Planeta, Tusquest,
Alfaguara se den cuenta de que la literatura cubana debe
y tiene un valor más allá de la política misma, auque
creo que ellos lo saben. Eran momentos en que Zoe Valdés
estaba en boga y era la novelista –por ser mujer y por
el tema erótico– cortejada por los editores. Había
autores como Eliseo Alberto y otros que vivían fuera de
Cuba que vinculaban más su literatura al hecho político.
Independientemente de que mi poesía, mis cuentos, mi
literatura, desde que empecé a escribir allá por los
años 60 en Santa Clara, donde vivía, estaba inmersa en
toda la temática social y política, no estaba supeditada
al hecho en sí. Me recomiendan una
agente literaria, hablo con ella, me dice que le gusta
la novela, pasan los años 94, 95,
96, 97, 98, 99... y nada. Aprovecho un viaje a
Salamanca, y de paso por Madrid, logro hablar con ella y
me dice: “yo no te quería decir nada, pero mira los
informes, todos coinciden en el punto: no estamos
interesados en este tema ahora”.
–¿Fue censurada?
–Al final, las conclusiones verbales fueron: la
novela no es lo suficientemente anticastrista como para
ser publicada ahora. Y al cabo de cinco años es que me
dicen eso. Por eso creo que no se puede ser ingenuo
cuando se habla de estos asuntos de la cultura, hay que
estar informados y saber cuál es la posición que se
tiene respecto a Cuba en algunos lugares y por algunas
personas. No estaban evaluando la obra, sino lo que
políticamente pudiera significar.
–Es lo que
usted ha dicho sobre la relación de
Encuentro con el dinero que sale a través de
fundaciones como la Ford y la
NED desde los Estados
Unidos. Hay quien se niega a aceptar, públicamente,
que es pagado por el enemigo. ¿Qué cree?
–No se puede ser ingenuo o hacerse el ingenuo
con eso. Con esta coyuntura por la que está pasando Cuba
me parece que no es momento de ingenuidad. Se puede
discrepar, pero no se puede pecar de hacerse el que no se
sabe de dónde salen las cosas. Yo he vivido en Estados
Unidos, he trabajado con esa gente y sé lo que quieren
hacer con este país. Cuando alguien dice que no recibe
dinero directo del enemigo a mí me molesta mucho porque
no es cierto. Ya es bien sabido
que Encuentro recibe dinero de la Ford y otras
fundaciones para sus fines. Quien colaborara tiene que
saber que está siendo pagado por
los Estados Unidos. Yo se lo dije directamente a Jesús y
se lo dije a Pío Serrano; fuimos compañeros de la
Universidad. Pío se separa de
Jesús Díaz por la línea
que estaba tomando la revista, después de tener una
serie de divergencias. Pío sigue colaborando con Radio
Martí, pero creo que ya se está arrepintiendo también de
su política.
Toda la generación de intelectuales que compartimos esos
años en Cuba, sufrió la bota estalinista y racista de
Jesús Díaz, que era implacable. Él fue mi profesor de
Marxismo. No creo que haya vivido en este país, en ese
período de tiempo, un individuo que haya sido tan
extremista como él. Era un tipo extremadamente
antihomosexual. Era el tipo que achuchaba aquella
política. Era el ideólogo de aquel mundo.
–¿Publicó en Encuentro alguna vez?
–Lo que yo publiqué en la revista
Encuentro
fue un artículo que salió en el número dos que se llama:
Y qué quieren los negros en Cuba, que lo escribí
a raíz de la visita mía previa a la visita del
Papa.
Después no colaboré más.
–¿Por qué?
–Eso se lo dije personalmente a Jesús. Cuando me
encontré con su hijo, también tuvimos un debate sobre el
asunto. No me gustó el camino que fue tomando la
revista. Yo no soy exiliado ni nada de eso, no me
interesa ningún tipo de complicidad de ellos para
conmigo, solo quisiera que pudiéramos burlar ciertas
divergencias y buscar la forma de llegar a un diálogo.
En ese tipo de conciliación con los Estados Unidos, que
es lo que él quiso buscar, yo no entro.
Afuera, hay gente muy buena, y gente muy negativa. Ese
dinero que le pusieron a
Encuentro estaba
precisamente para eso y no es que lo diga yo, eso está
escrito. En un país tan libre y democrático entre
comillas, como es Estados Unidos, un país de mucho
dinero, todo tiene que estar escrito. Se puede buscar en
Internet el programa de dónde sale el dinero. Se ve el
cambio que hace la revista de los primeros números a los
que le sucedieron. Nos seguíamos saludando cuando nos
encontrábamos en los eventos, pero de ahí a tomarnos un
trago, no. Hay cuestiones de principios que para mí son
innegociables. Los cubanos que viven afuera, o los que
viven aquí, no pueden ser ingenuos con esto.
–¿Cree que La Jiribilla es un espacio para
aquellos que están a favor de la cultura
cubana toda, sin importar dónde se viva o tiene alguna
otra opinión sobre la revista?
–Yo se los mandé a decir cuando leí el primer número
de ustedes que fue el dedicado a
La política sexual
de Reinaldo Arenas. Me pareció sólido, bien
documentado. Lamentablemente no existe una Jiribilla
escrita, pero sé que algunas cosas se están haciendo
para eso. La Jiribilla ha logrado aclararle a
gente que pueden estar en Alemania, en Francia, en Rusia
o en Japón, cuestiones que no aparecen en ninguna otra
publicación sobre la cultura cubana. Si lograran en el
futuro la divulgación de ese tipo de materiales, muchos
cubanos y muchos jóvenes que en este momento están
equivocados, pudieran tener otra actitud de conocimiento
ante la vida del país. Ustedes hicieron, por ejemplo, un
resumen sobre la raza que me gustó mucho.
La necesidad de enfrentarse a las dificultades crea un
mecanismo de defensa, sobre todo en un país de gente tan
ingeniosa como es Cuba. La necesidad obliga a los
cubanos a estar constantemente creando. La imaginería
del cubano ha logrado que en cuestiones de Internet, con
limitaciones y todo, hayan logrado una revista como
La Jiribilla, profunda, creativa, dinámica. Para
nada aburrida en comparación con cualquier página del
mundo. Tiene además un diseño sencillo, armonioso, con
colores suaves. Los textos son serios, profundos. Creo,
a pesar de los incrédulos, que tienen muchas
posibilidades, que están haciendo muy bien su papel, a
favor de la cultura.
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