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BAJANDO POR CALLE DEL OBISPO
MEMORIA PUNTUAL DE LA CALLE MÁS HABANERA IMAGINABLE

X - AMIGO, COMPATRIOTA, SEÑORÍA,
EXCELENCIA


Reinaldo Montero
 

Estimado amigo, a mi derredor Weyler ha dispuesto cuarenticinco batallones, cuarenta escuadrones y siete baterías, o sea, un tercio de sus efectivos, y ni siquiera evita que continúe comunicando mis órdenes a los extremos de la isla, por eso tengo la absoluta seguridad de que esta nota llegará a sus manos. Su Señoría, según nuestros cálculos, el Demonio Gómez no sale de un territorio limitado por La Trocha, que ahora sí es infranqueable, y por dos riachuelos, que para confusión ambos se llaman Jatibonico, o sea, se inscribe en un polígono de unas diez o veinte leguas cuadradas, y tiene bajo su mando a unos cuatro mil bandoleros desnutridos, con pocos pertrechos, y ha tenido la insolencia de fundar, al margen de nuestra voluntad soberana, una organización civil con prefectos y obligaciones, y confieso que no sé de qué género de negras artes se las ingenia para adivinar nuestros planes. Estimado compatriota, el general Weyler tiene oficiales portentosos, los Luque, con guerras carlistas y montón de orgullo, y los Gasco, con imaginación en cero y cartillas mal aprendidas, no conocen más que una misma táctica, y hasta dan las mismas órdenes, se lo juro, me aburren a muerte. Su Excelencia, no es nuestra campaña más desastrosa, ni debemos desalentarnos porque un otro salteador, el tal Calixto García, haya conseguido la rendición de Las Tunas, por el contrario, debemos llevar a nuestro espíritu el optimismo, e idear la mejor estrategia para lograr que Gómez vaya a La Habana, ya creo que tengo el sebo, lo morderá. Estimado amigo, si voy a La Habana doy gusto a Weyler, con la reconcentración aquellas comarcas agonizan, en cambio, si me quedo en esta zona obligo a que eche sobre mí más tropas, porque otra cosa no se le ocurrirá, y como no mueve nunca a los que tiene en trochas y líneas inservibles, tendrá que sacarlos de otras comarcas, de modo que nuestras fuerzas en esos territorios saldrán beneficiadas. Su Señoría, por piedad, mande los refuerzos solicitados, dé a ese viejo el martirio de cien mil valientes. Estimado compatriota, sé que no tengo derecho a aventurar en una acción el porvenir de Cuba, confíe, estoy operando con mi arma favorita, la caballería, y sin alharaca ni golpes de efecto voy venciendo a Weyler sin vencerlo. Su Excelencia, tengo la tropa hambreada, y a veces solo encontramos boniato pasado, rabujas que le dicen, o calabazas tiernas, y el hambre ciega, hace que nuestros hombres coman cangrejos de monte ciguatos para morir con atroces sufrimientos, otro ejemplo, ayer unos soldados aislaron las partes comibles de un tumor enorme que tenía en la paleta un jamelgo que amaneció con tétano, no pasmado por la luna como quisieron creer, recuerdo que era un penco con una uña en la cruz del tamaño de un mango mediano, quiero decir de una manzana como las nuestras, y con lastimaduras que le subían por el anca, lo que se llama una bestia deshecha, cubierta de llagas putrefactas, en especial sobre el lomo, donde las pústulas brillaban como ascuas, pero el hambre puede más que los ojos, y los soldados comieron, y a la hora les empezó la fiebre, dos ya han muerto. Estimado amigo, Weyler se empeña en acabar con sus soldados, los hace emprender marchas absurdas, y contra ellos se enfrentan, en este orden, mis generales don Junio, don Julio y don Agosto, y sacando bien la cuenta, en La Trocha, aquí cerca, tengo unos diez mil españoles prisioneros. Su Señoría, cuando los perseguimos en aras de que caiga sobre ellos el peso implacable de la justicia, a los muy villanos les da por tomar caminos pedregosos, sin aguadas, y a la caída de la tarde vemos que nos han conducido a un pantano con horribles plagueros donde es tal la nube de mosquitos y jejenes que enloquecen a las bestias, y en seguida los muy viles pican sus caballos, se alejan de ese infierno, y bien distantes cocinan su rancho y duermen a pierna suelta, que nosotros ni encender hogueras podemos, no solo porque atraería más insectos, sino porque los desalmados apostan francotiradores, y si por un acaso se nos ocurriera ordenar marcha nocturna para salir de la tortura, sería cosa más suicida que temeraria, que ni yo ni mis soldados hemos olvidado los reveses de Palo Seco, La Sacra y Mal Tiempo. Estimado compatriota, en la misma medida en que mi colaborador, el señor Valeriano Weyler, va trayendo a esta zona sus columnas, y a mi cuenta anda por catorce, voy situando de modo permanente pequeños grupos de jinetes con caballos desherrados y de infantes descalzos, que sumen veinticinco o treinta hombres, no más, con la consigna de no alejarse de ciertos límites por ningún motivo, además cubro con parejas montadas los caminos, y en cuanto sale de operaciones una columna española, las parejas la tirotean y me envían informe sobre la dirección que toma, número de efectivos, clase de tropa y cualquier otro dato llamativo, entonces preparo la emboscada en lugar propicio mientras envío jinetes bien montados para que vayan hostigando de cuando en vez y conduciéndolos a la trampa, y si no caen, me limito a acompañarlos hasta que llegue la hora de acampar, que en eso los generales de mi ayudante Weyler son metódicos, así que me conformo con esperar en el sitio que sé, y al rato de armar el campamento, cuando más confiados los veo, rompo el fuego con piquetes de tiradores que avanzan y se retiran para ser sustituidos por otros, y también hay días en que prefiero aparecerme en persona con el grueso de mis medios, si es posible a la hora de la diana, y a la retreta de ellos respondo con la retreta mambisa, y acto seguido emprendo la marcha para que me sigan, y es muy raro que no lo hagan, cómo lamento no tener banda de música para irles tocando un pasodoble. Su Señoría, no es el primer guerrillero de América, ni el émulo del carlista Zumalacárregui, ni el único general que pisa esta isla, es un cabecilla de salvajes, y tiene de aliados el vómito negro, el paludismo, la disentería, más la fiebre del demonio denominada amarilla, ¿o no es un hecho que tenemos treinticinco mil soldados hospitalizados?, y juro que al notar que el bandolero marcha casi pegado a la retaguardia, cuando creíamos estarlo persiguiendo, experimento exasperación, desprecio, y a la vez una angustia inexplicable se hace dueña de mi corazón. Estimado amigo, cuando quiero, los españoles solo divisan la cabeza de un jinete que los tienta, a ver si las escasas fuerzas montadas de la columna se atreven y se desgajan del grueso, que entonces caigo sobre ellos como el rayo. Su Excelencia, la tropa se pone con los nervios de punta cuando hay que ordenar marcha cautelosa, o detenerse para reconocer una ceja de monte, sin contar que la vegetación alta de las espigas de las gramíneas, o de las hierbas del parral o de guinea, pueden tapar a un hombre montado, que la naturaleza de esta isla es un constante estorbo. Estimado compatriota, no sé si la culpa es del sentimiento de impotencia, lo que sí sé es que son unos bárbaros que violan prisioneras y después les arrean latigazos, que no por gusto hay memoria de la andaluza Mariana Pineda y su gran falta a los ojos de los opresores, y como esa es historia sabida, pondré ejemplos de horrores por conocer. Infundios, Su Excelencia, el soldado español es un caballero, los bestias son ellos que cuando van montados tiene que andar en grupos de a cuatro y bien armados para que su propia infantería no asalte y les mate entre las piernas al caballo para comerlo crudo, por eso ardo en deseos de que acaben de arribar los veintidós batallones que están cruzando el mar, con ese refuerzo de caballerosos soldados españoles, juro por Santiago Apóstol que exterminaremos a los salvajes, que arranca-remos de raíz El Mal, y de no ser suficiente lo esperado, que vengan más, ¿o no estamos dispuesto a invertir el último hombre y la última peseta? Estimado amigo, claro que pueden traer los soldados que quieran, tienen una población de dieciocho millones y las facilidades de un Estado constituido, hasta un bote cubano sería considerado pirata por cualquiera de las naciones que se declaran protectoras de la libertad, y además, el ejército de Cuba En Armas no es susceptible de aumento, ¿para qué sirven soldados desarmados?, el heroico espectáculo de hombres luchando hasta la muerte con palos y cuchillos conquista la admiración, por ineficaz, recuerdo que en Jiguaní se armó la gente con varas de puntas aguzadas, y con esas lanzas fueron a contener el avance del enemigo en el paso del río Salado, y el combate fue tan trágico como inútil, porque la valentía es poca cosa, el insurgente no supera al soldado regular, mentira, la actitud batalladora no es innata en el hombre, y al sublevado hay que convertirlo en conscripto y darle armas, solo entonces es útil. Su Señoría, el dominicano Gómez no presenta batalla frontal porque yace moribundo a consecuencia de unos cólicos tan espantosos como las faltas ortográficas de la papelería que le hemos encautado. Estimado compatriota, no miente quien dijo que Armando André me propuso en El Galeón el plan para consumar un atentado a Valeriano Weyler, y más cierto es que por poco lo paso por las armas, si el mejor subalterno que tengo para acabar con el poder de España es don Valeriano, cómo lamentaría perderlo. Su Excelencia, me devora la impaciencia, no podemos perder un minuto. Estimado amigo, sigo de operaciones, enfrascado en una campaña de desgaste, sin impaciencia, la victoria es cuestión de tiempo, de muy poco tiempo.

Caminas sin impaciencia. Te detienes.

Amigo Rumor trae que los yanquis van a intervenir en la guerra. Enemigo Rumor asegura que Maceo dijo poco antes de morir, no hay necesidad, que manden veinticinco mil rifles con un millón de tiros y ya. Amigo Rumor asegura que Cuba, por fuerza de las circunstancias, llegará a ser una estrella más de la bandera norteamericana. Enemigo Rumor comenta que Maceo respondió, será el único caso en que estuviera del lado de los españoles.

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