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BAJANDO POR CALLE DEL OBISPO
MEMORIA PUNTUAL DE LA CALLE MÁS HABANERA IMAGINABLE

XI - JOINT RESOLUTION

Reinaldo Montero

Joint Resolution. ¿Joint qué? Que Estados Unidos está con los insurrectos, lo han afirmado y firmado. ¿Con alguien, aparte de consigo mismo, pueden estar los yanquis?

Tú y los tres viejos, frente a la farmacia y droguería Taquechel, con servicio exclusivo y discreto para damas y caballeros, que no por gusto la palabra farmacia viene de fórmula mágica. Y al lado, la repostería El Ángel con especialidad en pastelería francesa y azúcar espolvoreada. Y al lado, la peletería de Bazi con el peletero mejor vestido de El Caribe, descendiente del pintor Giovanni Bazzi. Otra zeta extraviada por escribano. Y al lado, un tintorero boicoteado, casi en quiebra, porque se tiñó a sí mismo al insultar a una comisión del club obrero La Comercial, que lo tiñó con el desprecio mientras él se teñía de rabia. Y enfrente, donde estuvo La Universidad Pontificia, ahora se ve El Instituto De Segunda Enseñanza con una arcada sola, y ahora una casa de inquilinato, y ahora El Ministerio de Educación, que iba a ser terminal de helicópteros, dicen, y ahí persiste la mole ministerial cagando el paisaje.

En este momento la calle tiene adoquines de madera, de quiebrahacha, los han instalado por primera vez aquí, en Calle Del Obispo, a ver si amaina el fragor de los carruajes. Y a la casona de la condesa Josefina, no a Josefina, la asedia cierto caballero. ¿Quién? Un edificio se empina, suplanta la casona. Hotel Ambos Mundos, dice la fachada. ¿Y cuáles serán esos dos mundos?, ¿las dos Américas?, ¿o Yanquilandia y el resto del mundo? La palabra ambos se acerca bastante a joint, ¿o no? Y dentro del hotel está escribiendo un boy-scout que no se hace esas preguntas, ni esa ni ninguna, en realidad escribe en La Habana como escribiría en Singapur. Y dos mundos topan con la entrada de Estados Unidos en la guerra. Cosa que interesa aún menos al boy que será man y hasta old man. Lo que sí le preocupa, aunque solo en la superficie, son cosas como la caza, los boxeadores, y también Pamplona, y concluye en el colmo de la abstracción, the Spanish is different.

Enemigo Rumor asegura, van a bombardear mañana, así que /corre mi china / corre Mercé / que el Montgomery / te va a cogé./ Amigo Rumor comenta, lo único cierto es que La Habana está a oscuras y la retreta sin tocar.

Compre, a quilo rica melcocha, /que en La Habana y Ceiba Mocha / se mata el hambre la gente / comiendo harina caliente / y dulcito de melcocha, / dice una negra idéntica a la que vendía pulpa de tamarindo, que se aleja caminando por la acera, no por la calle.

Solo nos falta que permitan a los negros no solo caminar por las aceras, sino hasta sentarse en la misma mesa de uno. Maceo se hospedó en el Inglaterra. Jamás se sentó en mesa ocupada por blancos. Los blancos disputaban el honor de sentarse a su mesa. Vergüenza de país, el otro día un negro quiso usar la biblioteca de nuestra Sociedad Económica, y en el café Europa, un camarero blanco, por su-puesto, antes de que yo abriera la boca, me advierte, porque fue una advertencia, que solo se sirve un panecillo por café, y que la combinación puedo solicitarla no más de seis veces, así que le dije, usted es un muerto de hambre, se ve por encima de la ropa, y en eso no hay ofensa porque ha sido su destino, pero no juzgue por el rasero de su condición a los hombres íntegros. Son tiempos de hambre. No justifique lo injustificable. Los quintos no comen más que arroz con tocino y agua de borra. Una cosa es sentir hambre, y otra es ser un envilecido ad nativitatis. Nos estamos muriendo de hambre, aunque no hayamos nacido hambrientos, y el remedio es la caldera rebosante del dios Dagde. No delire. El delirio es la única ventaja de la inanición. El Fígaro regala un lote de víveres al suscriptor cuyo número coincida con el premio gordo de la lotería. Lote de vulgaridades, no leeré más ese periódico que insulta a sus suscriptores. Falta harina, carne, leche, huevos, carbón, petróleo, fósforos, y además moneda. En este país se traga más aguardiente que un demonio, eso sí no falta, y con algo lo compran. A veces lo consiguen, no lo compran. Sí, es pueblo de ladrones, me olvidaba. He visto a intoxicados por comer mango verde o yuca agria. Raro que no asalten los pocos almacenes que quedan. ¿Querían Joint Resolution?, cojan miseria por juntarse con Unos Sin Vergüenzas, así llaman a los United States Volunteers, Virgen Santa, el ultimátum de McKinley todavía me duele, porque cuando a ellos les vino el antojo, hubo que abrogar la re-concentración, una vergüenza. La reconcentración era la vergüenza. Mí vergüenza y la vergüenza de España estaban comprometidas a no ceder, y se cedió, y por gusto, ahora, después de bloqueo, hundimiento de la flota de Cervera y rendición, nos queda solo la certeza de haber hecho el ridículo. No solo hay españoles en ridículo. Sí, es una guerra sucia y extraña. Muchos mambises se enteraron tarde de la entrada en la guerra de los norteamericanos, solo en las ciudades era cosa sabida. Es nuestra derrota, y no es el triunfo de los bandoleros, y a estos USV, les empezaré a llamar Unos Sacos Vacíos. Creo que ayudarán a este país, como Cuba contribuyó a la emancipación de las trece colonias abasteciendo la escuadra del Comodoro Alexander Gillon, y fletando un ejército expedicionario a la Florida bajo el mando del general Cagigal. Que ingenuo es usted, mire, esas aventuras quedan lejos, en lo que se llama olvido, y Juan Manuel Cagigal nació en Cuba, pero fue general español y hasta Capitán General de esta isla demencial, por tanto no tiene nada que ver con la Cuba separatista, Virgen Santa, que no haya un anarquista que le meta un tiro al tal McKinley.

Estimado compatriota, siempre pensé que ésta iba a ser La Guerra De Las Tres Secas, guerra enérgica y magnánima, y la predicción se iba cumpliendo, el propio mando español dijo que en el Departamento Central solo se mantenía bajo su dominio la ciudad de Puerto Príncipe, que la mayor parte de los poblados andaban desguarnecidos o habían sido entregados a las llamas, mientras que nosotros cultivábamos, teníamos hospitales, fábricas de cápsulas, en fin, la guerra se veía perdida, quiero decir, ganada, por eso me complacen los documentos del Ministro de Ultramar Antonio Maura que ahora salen a la luz, porque Maura fue la última esperanza de España, y en esos papeles queda claro que La Autonomía, la autonosuya, la que se apresuraron a conceder poco antes del final, siempre fue un fracaso, y aunque muchos se presentaron cuando la proclamación del Gobierno Autonómico, más que cuando la muerte de Maceo, ya España tocaba fondo, pero la soberbia hizo que las cañoneras yanquis fueran el mejor recurso para no firmar la paz con nosotros, los forajidos que no podían vencer. Estimado amigo, indigna el ultraje después de la toma de Santiago, y que los plenipotenciarios españoles y norteamericanos nos hayan ignorado en el armisticio firmado en Washington y en el tratado de París, indigna que ahora tengamos un enemigo más fuerte en casa, y sin intenciones de irse.

Un hombre se detiene ante los tres que conversan, y abre la boca de un jolongo.

Lata de carne de Chicago, conserva de la buena, y nada de rebatiña, disciplina, /Que el que quiera Pan de Arbola / tiene que hacer la cola,/ y si no alcanzan, no se muevan de aquí, que siempre se puede más.

Contrabando. Es un especulador. ¿A cuánto?

A precio honrado, pero ustedes se van a quedar con la boca abierta, así me ofrezcan un Potosí.

Y el hombre del jolongo da dos zancadas, se detiene, enseña la mercancía a otros transeúntes. Los tres que conversan siguen bajando. Sigues bajando.

El estado de guerra se mantiene, los superiores de los mambises emiten circulares y más circulares, quieren eternizar el bandolerismo y pasársela de festín en festín. Con lo que gusta el baile, es lógico que en cuanto las tropas españolas evacuan un poblado se arme la grande. Los tiempos no son color de rosa para esos hombres, me han dicho que solo reciben seis mazorcas de maíz por día para el sustento, como si fueran cerdos. Yo también he sufrido en estos tiempos comida de puercos, no otra cosa es esa carne enlatada, cuando puedes comprarla. ¿Y habrá República por fin? Siguen llegando yanquis, y persiguen el toreo más que a la fiebre amarilla, y lo que es República, no se ve por ninguna parte. Estoy convencido, la habrá, aunque muchos de esos bandoleros, como usted los llama, hayan queda-do con el alma deshecha. ¿Alma?, ¿cuándo se ha visto rufián con alma? Me han dicho que incluso la fraternidad que unió a oficiales y soldados, a ricos y pobres, está desapareciendo. Cuentos, nunca ha habido ni habrá unión en la canalla, sepan que entre los mambises existía El Silencio, una hermandad con ritos, especie de masonería, y el iniciado prometía no separarse jamás de un compañero herido, aunque cayera en medio de las filas enemigas, y quizás tal herejía sirvió para amainar las leyes de lo mío y lo vuestro, tan arraigadas en la gentuza, y además, se sabe, siempre hubo mucha compraventa entre ellos, y un bandolero podía comer y el de al lado pasar hambre por falta de dinero. Los vi, vi cuando entraron, las campanas de las iglesias tocaban a muerto…, /Mambises venid, / mambises llegad, / y vean la virgen / que española va./ ,…eran soldados en derrota, inermes, mal indumentados, sin el esplendor militar que excita a la gente, si acaso alguien gritó algún viva con voz decolorida o con lástima. ¿Qué otra cosa se iba a esperar bajo campaneo lúgubre? Los vi derramados en grupos, como pordioseros, como si fueran sobras de la muerte. No es mala imagen. Tienen orgullo, nos llaman pacíficos, les gusta distinguirse de nosotros. ¿De mí? No, usted es español. Españolísimo. Quieren diferenciarse de mí. Para diferenciarse de usted, esos bandidos no tienen que hacer el menor esfuerzo, ¿o usted es el que ahora quiere confundirse con la morralla?, ¿sabe cómo los bandoleros llaman al que se suma después de la intervención?, pues arrempujado, rabiquemado, girasol. Fui un autonomista convencido, y soy un caballero que sabe responder cualquier ofensa. Señores. ¿Señor extranjero, en realidad quién es usted?, usted que tiene labios de austriaco, nariz chata como los indios, barbilla de bávaro, ojos bizcos como los judíos. Yo soy el que soy.

Estimado compatriota, en cuanto a la decisión inconsulta de Tomás Estrada Palma de disolver el partido fundado por Martí, mi respuesta es la proclama que dirigí al pueblo en Jimaguayú, porque Cuba aún no es ni libre ni independiente, y hoy agrego que la situación es cada vez más angustiosa. Estimado amigo, este viejo quiere ver concluida la obra a que ha consagrado su vida, ansío que la intervención norteamericana dure el plazo más breve posible, porque tendrá que tener término, y para entonces, los yanquis no van a llevarse de esta isla ni un adarme de simpatía.

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