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SIMPLEMENTE, PABLO
Hablar de Pablo Milanés, es mencionar a uno de los más
importantes creadores de toda la historia musical
cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su
propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como
un artista imprescindible del movimiento de la Nueva
Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar
caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y
musical.
Elsida González |
La
Habana
Hablar de Pablo Milanés, es mencionar a uno de los más
importantes creadores de toda la historia musical
cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su
propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como
un artista imprescindible del movimiento de la Nueva
Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar
caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y
musical. Sin lugar a dudas es junto a Silvio Rodríguez
la representación más alta de la Nueva Trova Cubana.
La historia de Pablo Milanés, como la de muchos artistas
se puede contar desde su más temprana edad, es por ello
que intentaré resumir y mostrar los aspectos más
significativos de su prolífera vida y obra.
Nació en la ciudad de Bayamo, en la zona oriental de la
República de Cuba el 24 de febrero de 1943. Ciudad
cargada de historias vinculadas con la vida social de
nuestro país, allí se cantó por vez primera nuestro
Himno Nacional y posee también una gran riqueza musical,
cuna del son, la trova y de otras muchas manifestaciones
artísticas de valía.
Cuentan sus hermanos que el talento de Pablo se
desarrolló desde pequeño y de esta manera era centro de
su familia. Su madre, quizás la más previsora dentro de
esta, siempre supo que su hijo iba a ser algo grande
y nunca se cansó de llevarlo a cuanto programa de radio
y televisión o presentación en vivo sirviera para
impulsar a su hijo, ya fuera en Bayamo o en la Habana,
cuando pasaron a vivir a la capital a finales de la
década del 40.
Para conocer un poco de los primeros años de su vida
auxiliándome de su familia, he sabido que Pablo siempre
fue muy alegre. Cuenta su hermano Rafa “Nosotros íbamos
a las fiestas de exhibición de animales, le llamaban
fiesta de granja y Pablo no podía oír la música sin que
empezara a bailar. La gente hacía coro para verlo, él
tendría de 3 a 5 años. Desde pequeño siempre le gustó la
música.
Ya
es conocida por algunos la anécdota de una presentación
de Pablo cuando niño, solo tenía 7 años en uno de los
concursos que se realizaban en las emisoras de radio, en
la CMKX de Bayamo, donde cantó el conocido Juan
Charrasqueado, vestido como un puro charro mexicano y
ahí gana su primer premio. Esa canción estaba de moda y
él la cantaba muy bien.
Tratando de dirigir los pasos de Pablo hacía estudios
académicos de música, a los 12 años lo matriculan en el
conservatorio y comenzó a recibir clases de guitarra.
Estas clases no duraron mucho tiempo, ya que sus
intereses estaban más cercanos a la música popular
cubana, a la trova, al son, que a los clásicos, y no
funcionó.
Pero Pablo desde muy jovencito contó con una muy potente
voz, que a muchos les recordaba al ya famoso cantante
Lucho Gatica (más bien porque lo imitaba) y de cierta
forma esto influyó en que tuviera predilección por este
tipo de canto, muy de moda en Cuba en la década del ’50.
Se conocía su repertorio y cantaba con mucha facilidad
obras que solo tenores de voz educada podrían cantar con
facilidad y con resultados satisfactorios.
En
1957, con 14 años, por su participación en el
programa–concurso de José Antonio Alonso (La corte
suprema del arte) como cantante, obtiene el trofeo por
la calidad de su interpretación. Esto poco a poco, le
permitió adentrarse en el mundo del aprendizaje coral,
con la profesora Isolina Carrillo y también como
solista, a partir de las posibilidades que brindaba este
programa a sus ganadores.
En
resumen, estudios musicales académicos fueron muy pocos,
sin embargo, esta era la época en que en cualquier bar,
todavía se reunían trovadores que se conocían todas las
canciones de los grandes de la Trova y de otros
importantes, y la savia que recogió de la cultura
popular, de estos viejos trovadores que conocían las más
bellas canciones de siempre, fue indispensable para la
formación cultural de Pablo.
Fue significativo también su paulatino contacto con
músicos que cultivaban otros géneros, y lo que escuchaba
en la radio, fundamentalmente temas tradicionales
cubanos en las voces de los grandes María Teresa Vera,
Trío Matamoros, Benny Moré, Miguelito Cuní, entre otros.
Su
juventud se caracteriza por una gran avidez de
conocimientos y cargada de incalculables problemas
económicos; no obstante, la suerte siempre le acompañó y
lo colocó al lado de artistas que reconocían en él su
talento y capacidad creativa para llevar a cabo
proyectos importantes.
Así tiene pasos fugaces en el 1959 por la orquesta
Sensación, una orquesta de tipo charanga, que incluía en
su repertorio conocidas obras de moda, en géneros
bailables como cha cha cha, sones, y también boleros.
Aunque para Pablo no hubiera sido difícil asumir estos
géneros, sus intereses no se correspondían con esta
posibilidad de “trabajo” y muy poco tiempo se mantuvo
aquí.
También formó parte del Trío Ensueño en el que se
cantaban los grandes éxitos del bolero cubano y mexicano
del momento y que hoy conocemos como antológicos, pero
tampoco esto llenaba las expectativas de Pablo.
Su
interés por la música iba in crescendo al igual
que sus capacidades, al punto que se atreve a hacer sus
primeras composiciones en los inicios de la década del
60, apoyado por el maestro Luis Carbonell, que por ese
entonces realizaba el montaje vocal del Cuarteto del
Rey, agrupación que integró Pablo por algún tiempo y que
se reconocían por ser intérpretes fundamentalmente de
negro espiritual.
Luis Carbonell es una de las personalidades más
importantes del mundo de la cultura en nuestro país.
Conocido como el Acuarelista de la poesía antillana
cuenta con un estilo sui géneris de declamar,
conocido tanto en Cuba como en Hispanoamérica por su
genialidad en esta profesión; sin embargo, es también
muy reconocido por su trabajo como repertorista y
maestro de música en general. Sus criterios sobre la
música son respetados por todos los artistas y en
especial por jóvenes que comienzan en el mundo del arte
y se acercan a él buscando orientación, incluso aún hoy.
Pablo fue uno de esos jóvenes, que según cuenta Luis
Carbonell, se interesó mucho en la música que él tocaba
en la espera de los integrantes del Cuarteto del rey
para los ensayos; esta música que interpretaba al piano
Luis no era otra que Suites barrocas. (Más tarde se
observaría cómo marcó este momento la obra de Pablo.)
La
confianza que depositó Luis en Pablo permitió que le
enseñara a este sus primeras canciones y recibiera de él
la orientación que necesitaba. Para Pablo fue muy
importante el haber conocido de joven a Luis, por lo que
hoy mantienen una bella amistad basada en la admiración,
cariño y respeto mutuos.
Podemos hablar entonces a partir de 1963 de Pablo como
compositor e intérprete.
En
estos años aparecen obras importantes, primeras, con un
aliento cargado de filin, movimiento al que guarda
especial respeto:
“Tú mi desengaño”, “Hoy vuelvo a ti”,
“El sol ríe por mí”, “Al borde del final”, “Estás
lejos”, “Llévame contigo muerte”.
El
filin, para aquellos que no sabrían definirlo, es un
estilo musical que se inició en Cuba en la década del 40
e implicaba una nueva manera de afrontar la canción
donde el sentimiento definía la interpretación e
influenciado por las corrientes norteamericanas de la
canción romántica y el jazz. Desde el acompañamiento de
una guitarra como los viejos trovadores, establecían la
mejor de las comunicaciones con el público.
Pablo desde sus inicios muy vinculado a los
protagonistas de este movimiento se ve marcadamente
influenciado por los caracteres de este tipo de música.
Ejemplo de esto lo podríamos ver en sus primeras obras:
“Tú mi desengaño”, reconocida como su primera obra. Aquí
adopta en la melodía y en las armonías elementos propios
del filin; una melodía rebuscada, moldeada por las
modulaciones armónicas, utilizando acordes de 9na, 11na,
con un cromatismo fuerte, de difícil melodía y tratando
un tema amoroso, desde la óptica de historias
desgarradas.
Sin embargo, algo distingue estas obras de las del “puro
filin” y es cierto barroquismo que le imprime, ya sea a
las secuencias armónicas y en la configuración melódica,
que salen de su predilección por este estilo musical,
que lo deslumbró a partir de sus encuentros con el
maestro Luis Carbonell, quien le enseñó de la existencia
de este.
Y
de esos momentos en que Pablo se acercó al barroco
se recogen las huellas que marcarían su obra
posterior. El propio Pablo ha comentado su
especial predilección por este estilo musical, y cómo
disfrutó y disfruta sus audiciones de obras antológicas
de Juan Sebastián Bach.
Estas marcaron en gran medida su creación, al punto que
se advierte de forma clara en algunas obras caracteres
que provienen de este estilo. El uso de sonidos
agregados o como adornos, de forma melismática. El caso
quizás más claro lo es su obra
“Ya ves” de 1965.
Posteriormente también se puede observar en “Cuanto gané
cuanto perdí” (1984), pero en este caso más referido a
la manera de desarrollar los motivos, utilizando
diversos recursos propios del barroco.
Resulta significativo cómo este barroquismo se imbrica
precisamente en lo referente a la conformación melódica,
con caracteres que también habían sido adoptados por la
trova tradicional cubana y que pueden buscarse también
los orígenes allí. (“En el sendero de tu vida triste”,
“Ella y yo”, de Oscar Hernández).
También por esa época en Cuba se estrenaban los filmes
franceses con música de Michel Legrand, dotados también
de un barroquismo en las secuencias armónicas, que
marcaron no solo a Pablo, sino a toda una generación de
músicos cubanos.
Musicalmente hablando sí pienso que existe una
referencia clara salida de ciertas secuencias armónicas
que ocurren en la manera de desarrollar motivos en el
barroco y que .coinciden con la manera de conformar los
famosos tumbaos soneros (Secuencias que van descendiendo
en intervalos que funcionan como tónicas y dominantes).
En
el texto, además de la recurrencia absoluta, en esta
etapa trabaja el tema amoroso, otro elemento que
distingue estos años y es la marcada cita referida a la
muerte, de la que el propio Pablo ha expresado que “es
el resultado de sentimientos propios de la juventud,
donde cada decepción se compara con el final de
cualquier anhelo, pensando que todo está terminado y
solo la muerte nos puede salvar”, en obras como
“Llévame contigo muerte”, “Los años mozos”, se hace
referencia a ella.
Estas son, de forma general, las características de esa
obra primera que se extendió por varios años.
Como intérprete más tarde también se incorporó al
cuarteto Los Bucaneros, en el que se montaron para ese
formato algunas de sus primeras obras. Y es que el
trabajo en cuarteto le interesaba y gustaba, pero en la
medida que su vida artística se intensificó y
diversificó en estos inicios de la década del 60,
también probó suerte como solista, y supo años más tarde
que al final debía tomar su propio camino y así poder
decidir sus propios derroteros.
Su
relación con importantes artista de la época continúa y
se conoce de sus lazos amistosos y profesionales con
Aida Diestro y las integrantes del Cuarteto las D’Aida,
Meme Solís, Luis García Oliva, Martín Rojas, Rey
Montesinos, entre otros, que el propio Pablo ha
denominado que muchos conformaban un grupo de autores
que hacían algo como un neo filin.
En
sentido general eran personas que querían dar un vuelco
a la canción, predominaba entonces el filin y ellos
buscaban algo más, que se imbricara con lo que ya
comenzaban a escuchar de otras partes del mundo (Beatles,
música de Brasil, canción francesa, y por supuesto, la
música tradicional cubana.).
No
es hasta 1965 que los autores han detenido su mirada
para expresar que con la obra “Mis 22 años”, Pablo
arriba a una nueva etapa en la que abre las puertas a la
incorporación de elementos novedosos en su creación, al
punto que se ha dicho por esto que es la obra puente
entre el filin y lo que sería nombrado más tarde Nueva
Trova Cubana.
Esta quizás es la más clara muestra de ese objetivo, la
búsqueda de nuevas fuentes de inspiración tanto
musicales como en lo que se dice, en el texto de la
canción.
Y
no es menos cierto que esta obra con su inicial casi
recitativo que irrumpe con un singular ritmo de guajira
- son incorporado hacia el final, crea una expectativa
nueva dentro de la canción que se hacía en esos momentos
en Cuba. Sobre esta obra el propio Pablo ha dicho:
“En
“Mis 22 años” hay un hecho concreto de planteamientos
y creación seria. Ahora, yo creo que si yo hubiera
tenido conciencia, la del 67, del trabajo de la
creación, la hubiera hecho de otra manera. Me detuve en
aspectos puramente humanos porque no tenía la conciencia
de lo que debía ser un artista pleno en aquel momento,
como la tuve posteriormente. Creo que me detuve ahí
naturalmente, lo que yo hice, de hacer ese recorrido por
los distintos géneros que yo había absorbido durante
años, lo que hice al final irrumpir con una guajira sin
proponérmelo, el texto que le pongo a la canción son
rompimientos. Ahora yo estoy seguro, que si hubiera
tenido la conciencia que tuve en el 67 hubiera
profundizado y ese rompimiento hubiera sido más
absoluto…el compromiso con la gente”.
Lo
cierto es que “Mis 22 años”, sobresale dentro de su
catálogo como una joya a estudiar y tomar en cuenta, ya
no solo por la connotación que tiene para él como
artista, sino para la música cubana en general.
En
lo que concierne a su trabajo como intérprete, su
participación en cuartetos no termina y hasta 1966 se
mantiene en Los Bucaneros cuando entra en el Servicio
Militar.
En
1967 en el Servicio Militar Obligatorio ocurre la más
significativa de las transformaciones en Pablo. Aparece
una obra, de pasajes modales y con un tema que nunca
antes había sido abordado en su obra donde se cuestiona
la guerra en Viet Nam desde la óptica humanista de por
qué tienen que ocurrir hechos tan injustos y absurdos.
Esta mirada a un asunto de interés colectivo, esa toma
de partido hacia las causas nobles, resulta un punto
importante en su obra y sobre todo, en el nacimiento de
la preocupación por quien lo escucha.
Esta obra “Yo vi la sangre de un niño brotar” aparece
paralela al movimiento que en todo el mundo se detenía a
cuestionar esa guerra asesina. Sobre esta, Pablo ha
dicho: “me permitió el vínculo con lo que luego sería
la Nueva Trova. Tuvieron noticias de esta canción que
surgió a partir de una información que tuve sobre el
Festival de la Canción Protesta y me llamaron a integrar
un grupo de compañeros que trabajaban esa temática
política.”
Y
es que sin lugar a dudas se produce una toma de
conciencia, a partir del conocimiento que tiene más
cerca de la realidad que le circunda. Esto provocó que a
partir de entonces comenzaran a aparecer obras que
siguen esta línea. Su más clara declaración de
principios aparece más tarde en “Pobre del cantor”, de
1968.
Pobre del cantor de nuestros días
Que no arriesgue su cuerda
Por no arriesgar su vida.
********
Pobre del cantor que un día la historia
Lo
borre sin la gloria
De
haber tocado espinas
Pero este rompimiento no se queda en la intimidad de su
creación, sino que estuvo ligado a hechos significativos
que ocurrieron en su vida. En 1967 conoce a Silvio
Rodríguez, presentados por la gran Omara Portuondo que
supo que esa unión era indispensable para ambos. Así
comienza una bella relación profesional donde cada
minuto de encuentro era una descarga de ideas tanto
filosóficas como musicales.
Conoce a Haydée Santamaría y a Alfredo Guevara, figuras
imprescindibles dentro de la cultura cubana y sobre todo
de esos años finales de los 60 e inicios de los 70.
Conoce entonces que sus ideas no son aisladas, que hay
otros creadores con los mismos intereses y esto hace
posible que se consolide su obra y la coherente
dirección que toma la misma.
En
marzo de 1968 dan el primer concierto en Casa de las
Américas Silvio, Pablo y Noel. Este sería la más clara
muestra de lo que fue más tarde, en 1972, el Movimiento
de la Nueva Trova Cubana.
Conocer a Haydée Santamaría en Casa de las Américas,
figura política, intelectual y de brillantes ideas y
perspectivas de la vida –contradictoriamente–, le dio la
posibilidad de beber de la historia misma y conocer lo
máximo de la ética de un revolucionario en el sentido
más amplio de la palabra. Ella asume lo que es el
principio de la gestación de la Nueva Trova, así ha
comentado Pablo. “el movimiento hubiera sido de todas
formas, pero Haydée lo precipitó, lo violentó”.
La
Casa de las Américas hizo posible el vínculo de estos
jóvenes cubanos con los que en otras partes del mundo
iban por su mismo camino; así fueron conociendo de los
cantautores de Uruguay, de Brasil, de EE.UU., Chile como
Violeta Parra, Daniel Viglietti, Chico Buarque, Vinicius
de Moraes, Milton de Nascimento, Víctor Jara, Peter
Seeger, y los españoles Pi de la Serra, Luis Pastor,
Juan Carlos Senantes, entre muchos otros. A través de
esta relación pudieron conocer otras realidades y
establecer analogías con su propio trabajo.
Con Alfredo Guevara, al frente del ICAIC, participaron
de su interés de llevar una nueva creación musical al
nuevo cine cubano. De ahí surge el GESICAIC, del que
Pablo, junto a Silvio, Noel Nicola, Eduardo Ramos y
muchos otros creadores, bajo la batuta de Leo Brower,
fueron fundadores. Magnífico taller donde todos
aprendieron de manos de los mejores profesores de música
sobre la historia de la música, la armonía, la
orquestación, el contrapunto, la composición y muchísimo
más.
La
filmografía cubana se vestía de lujo para recibir a
estos inquietos jóvenes que desarrollaron su obra
vinculados al cine y sacaron de cada acción la más
grande experiencia para su propia obra.
El
GESICAIC tuvo una significación importante dentro del
ámbito cubano de los 70, ya que resulta sumamente
interesante como en tan temprana época, y atendiendo a
lo que en Cuba se reconocía en aquel entonces como lo
actual, –lo que más se escuchaba no se correspondía con
las aspiraciones del GESICAIC–, podría sobrevivir un
grupo que se propusiera la experimentación, sin
prejuicios estéticos ni musicales, con una ferviente
necesidad de conocer y de ser consecuentes con su época.
Resultaba atrevido, increíblemente, asumir sonoridades
del rock, del beat, del country music.
De
estos años en el GESICAIC que se extendieron desde 1969
hasta mediados de los 70, en el catálogo de Pablo
aparecen obras determinantes: “Yo no te pido”, “Los años
mozos”, “Cuba va” (escrita junto a Silvio y Noel), “Hoy
la vi”,
“Yolanda”, “No me pidas”, la musicalizaron del
poema de César Vallejo: “Masa”, “Los caminos”, “Hombre
que vas creciendo”, “Yo pisaré las calles nuevamente”,
“A Salvador Allende en su combate por la vida”, “La vida
no vale nada” y un trabajo significativo con la poesía y
la prosa de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, del que
sale su primer disco Versos de Martí cantados por
Pablo Milanés musicalización que hizo a instancias
de Casa de las Américas, hecho solo a guitarra y voz.
Y
un aparte especial merece
“Yolanda”, que es quizás la
canción cubana de los últimos 30 años que más ha
recorrido el mundo, y la más popular dentro de la obra
de Pablo. Fue hecha en 1970 y la propia Yolanda, ex
compañera del autor es la que se expresa ahora:
“No
te puedes imaginar los lugares del mundo en que yo he
estado y que me he encontrado con esa canción... Yolanda
es una magia, Pablo la hizo cuando mi hija Lym tenía 10
días de nacida...Ese día Pablo me canta “No me
pidas”, “Quiero poner la tierra a mis pies” y “Yolanda”...
la niña estaba majadera, yo dándole el pecho y casi no
lo oí. Por la noche cuando todos se habían acostado le
pedí que las cantara... imagínate lo que significó para
mí, una mujer acabada de parir, y que se aparezca ese
hombre, que era lo más importante para mí con una
canción como esa que a mí me dejó paralizada... Los
primeros años no tuvo la repercusión que tiene ahora. Él
me ha dicho que ha tratado de quitarla del repertorio
porque tiene cosas nuevas y la gente no lo ha dejado…él
trasmitió a través de una canción tan sencilla todas las
cosas que nosotros teníamos en ese momento… toda la
canción son códigos que nos atañen a nosotros…lo del
credo, la ventana”.
Más allá de lo que puede significar esta canción para su
inspiradora, es una canción de una bella poesía, –pero
sin rebuscamientos de imágenes–, sincera, donde explora
elementos de son dentro de la canción, y es sin lugar a
dudas la obra que representa a Pablo en muchos
escenarios del mundo.
Esta etapa constituye un momento muy prolífero de Pablo,
de obras muy significativas, donde cada una fue
anunciando lo que sería la conformación de su estilo:
–su declaración de principios (“Pobre del cantor” y en
alguna medida “Los años mozos”, hasta “La vida no vale
nada”),
–el amor desde una óptica nueva:
“Yolanda”, “Llegaste a
mi cuerpo abierto”, “Amor”, etc;
–una preocupación por lo social, desde “Yo vi la sangre
de un niño brotar”, “Yo pisare las calles nuevamente”
hasta “Vuelve a sacudirse el continente”;
–utilización de elementos de la música tradicional
cubana y en especial del son y la trova tradicional:
desde “Si el poeta eres tú”, hasta “Los caminos”,
un guaguancó.
Hacia 1979, ya disuelto el GESICAIC, Pablo decide
continuar su trabajo y se hace acompañar entonces
también por un grupo, siguiendo la apertura que se había
iniciado con ese taller, de oír a los trovadores no solo
con su guitarra, sino buscando nuevas sonoridades que
enriquecieran sus obras.
Se
une a compañeros de la vieja guardia del GESICAIC, con
una afinidad especial y crea su propio grupo. Comienza
con Eduardo Ramos (bajo), Emiliano Salvador (piano),
Frank Bejerano (drums), y hacia finales de los 80 es
ampliado y renovado con teclados y saxo, con Orlando
Sánchez (sustituido más tarde por Dagoberto González en
el violín y teclados), Eugenio Arango en la percusión
cubana, Miguel Núñez en el piano, Osmany Sánchez en el
drums, Germán Velazco en saxo y en el bajo Luis Ángel
Sánchez.
Con este puede llevar a cabo sus ideas creativas hasta
sus últimas consecuencias y todo lo que se aventuró en
el GESICAIC, ahora estaría en función de su obra.
De
la primera etapa del grupo resulta significativo
destacar la labor del pianista Emiliano Salvador,
eminente jazzista y músico muy completo, que dio de
alguna manera empaque a lo que en estos inicios querían
hacer estos artistas. No se concebía al grupo como un
simple acompañante, sino que cada uno podía desarrollar
sus propias aspiraciones como solista. (Es significativo
que de esta época datan las primeras improvisaciones
soneras que hace Pablo en su participación en el disco
de Emiliano “A puerto Padre”.)
Todas las propuestas que se hicieron estos cantautores
estaban en el tapete, más de 10 años separan a Pablo de
aquellos inicios en que quisieron rescatar la tradición
musical y transformar la imagen de la canción cubana.
Todos aportaron sus canciones y se habló entonces de lo
cotidiano, del amor en los nuevos tiempos, de la guerra,
de la paz, de la solidaridad, del hombre nuevo y seguían
siendo punto de mira para Pablo todos estos temas.
En
el plano del texto de las obras de Pablo podríamos
resumir que los temas fundamentales que sigue abordando
a lo largo de su carrera son: el amor y la patria como
ha trascendido desde los primeros trovadores cubanos,
siempre vista a través de sus concepciones
ético–morales, de su posición partidista, de su
humanismo, de sus criterios de ruptura con lo ya
establecido.
Muchas serían las obras por nombrar que significan
dentro de su obra caminos para seguir y muestras de
elevada búsqueda.
La
etapa que se inicia en los ’80 se caracteriza entonces
por:
–una riqueza y amplitud en la asimilación de elementos
de los más diversos géneros que se aprecian ya sea en su
obra, como los que son incorporados en el trabajo de
arreglos.
–también distingue su obra la, reflexión sobre el paso
del tiempo y las lógicas transformaciones que esto trae
consigo, que siempre fue una preocupación de Pablo,
reflejada en su obra, temas como “El tiempo el
implacable el que paso”, de 1974, “Años”, de 1975, y
ahora vemos una curva que retoma el tema con “Mírame
bien”, de 1982, “Cuanto gané, cuanto perdí”, del 83, “Ya
se va aquella edad”, del 84.
–en el plano musical existe un refuerzo del tratamiento
del son, (desde “Ho Chi Minh” o “Su nombre puede ponerse
en verso”, del 69, se vislumbraba su interés por este
género).
Y
es que el son es una de las principales
influencias que se aprecian en la obra de Pablo y aunque
muchos afirman que Pablo es un buen sonero, no ha
dedicado su tiempo a definirse solo por este género; sin
embargo, lo que sí está bien cierto es que caracteres
del son aparecen en su obra siempre de las mas diversas
maneras.
–desde el punto de vista formal, se observa en la
aparición de un estribillo que alterna siempre con
coplas, típico del son oriental está presente en obras
como: “No vivo en una sociedad perfecta”, “Te quiero
porque te quiero” y “Amo esta isla”.
–también desde el punto de vista formal se aprecia la
utilización de una –a veces– larga exposición (momento
en que se mezcla con caracteres de la canción) y da paso
mas tarde a un estribillo que alternara con las coplas
correspondientes. Esto nos acerca más a las posteriores
evoluciones del son. Obras como “Nicaragua” (1984),
“Buenos días América” (1985), “Son para despertar a una
negrita” (1988).
Existen otras maneras, quizás más sutiles en que el son
aparece en la obra de Pablo.
–la utilización del clásico bajo anticipado en el
acompañamiento armónico, así como la utilización del
contratiempo en la melodía en obras que formalmente no
nos remiten al son. Tal es el caso de “El recital va
terminando” (1982), “A veces cuando el sol” (1984), “Ya
se va aquella edad” (1985), “No ha sido fácil” (1984),
“Nicaragua” (1984), “El guerrero”, “Cuanto gané cuanto
perdí”.
–la insistencia en interpretar la melodía a contratiempo
como es usual en el fraseo sonero se observa hasta en
las canciones más líricas. Por ejemplo “El breve espacio
en que no está”, “Cuanto gané, cuanto perdí”, etc.
Todo esto es lo referido al son.
Ahora me gustaría comentarle cierta curiosidad que se
presenta en la obra de Pablo y específicamente en 1984
con su obra
“Blas”, hecha por encargo para la película
del mismo nombre (que finalmente no se hizo) y es la
presencia del danzón. Aquí, por supuesto, la utilización
de este género, baile nacional de Cuba simbolizaba en el
momento de escrita la manera de reflejar la vida de un
hombre de gran significación para la vida política del
país, como lo fue Blas Roca Calderío.
En
este danzón Pablo traslada a su melodía pasajes que
recuerdan los hechos por la flauta para este género,
donde abundan los adornos, intervalos difíciles, algunos
con carácter improvisatorio. Teniendo en cuenta que en
este caso se cantarían estos pasajes resulta
bastante complicada la interpretación por el virtuosismo
vocal que se requiere. También escucharan un aliento a
tango.
En
esta etapa se observa un acercamiento mayor al tema
juvenil, a las preocupaciones de los jóvenes (no se
puede olvidar que en estos momentos Pablo cuenta con
hijas que arriban a esta etapa de la vida y que el
público que le escucha es mayoritariamente joven).
“Sábado corto” es la más clara muestra.
A
casi 20 años de creación artística Pablo reafirma sus
propias concepciones ético–morales, ya sean en el plano
social –“Yo me quedo”, “No vivo en una sociedad
perfecta”, “Amo esta isla”, “Creo en ti”– impulsado por
acontecimientos sociales que se desataron en Cuba en el
año 80 (sucesos de la embajada del Perú).
En
el tema amoroso donde se asumen nuevos criterios y
maneras de verlo, novedosas dentro de la canción cubana,
con temas controvertidos aún dentro de la sociedad
cubana: “El breve espacio en que no está”. También
podría mencionar en este caso la canción “Mírame bien”,
donde se reflexiona sobre las diferencias de edad entre
los integrantes de una pareja.
Pero en estos años el trabajo de Pablo no se limita solo
a grabar su obra, sino que además lleva a acetato la
musicalización que realiza de la obra de Nicolás
Guillén, el Poeta Nacional de Cuba; y también interpreta
las canciones de Marta Valdés (estilo filin) en un lindo
homenaje que se le hiciera a esa compositora cubana.
Como intérprete realiza otros importantes discos donde,
en deuda con sus orígenes, realza la obra de los
clásicos trovadores cubanos en una serie de discos:
Años I, II y III. Verdaderas obras de arte
cada uno de ellos, donde para interpretar la trova
recurre a los protagonistas que estaban un poco
olvidados como Luis Peña “El Albino”, Cotán y Francisco
Repilado “Compay Segundo”.
Con el filin también salda su deuda con
una muestra de lo adentrado que se mantiene en este
estilo. La excelencia del trabajo realizado, demostrado
en la propia selección de los temas –ya sean los
cubanos, como los boleros mexicanos incluido en los
volúmenes IV y V– así como en la auténtica
interpretación, donde procuró ceñirse a los recursos más
originales desde la manera de interpretar la guitarra
para lo que buscó a dos maestros Eduardo Ramos y Martín
Rojas.
Un
disco significativo, muy relacionado con Hispanoamérica
lo fue el álbum Querido Pablo, grabado por
Pablo con múltiples invitados, colegas todos del mundo
de la Nueva Canción, brillante idea y merecido homenaje.
Significativas en aquel disco las intervenciones para
hacer dúo con Pablo de importantes cantautores como:
Víctor Manuel y Ana Belén, Luis Eduardo Aute, Mercedes
Sosa, entre muchos otros.
Otros discos posteriores han reflejado su obra, pero
también los cambios que en algún momento se propuso en
la concepción de acompañamiento y arreglos. El más
significativo resulta el disco Proposiciones, de
1988, cuando se incorporan jóvenes músicos que algunos
aún se mantienen y, poco a poco, se han ido adentrando
en nuevas sonoridades, se han realizado nuevos arreglos
a temas viejos en aras de estar acordes a los nuevos
tiempos.
Le
suceden discos como Identidad, Canto de la abuela,
Con ciertos amigos, Orígenes, Plegarias, Días de gloria,
hasta llegar a su nueva producción del 2001 Pablo
querido, título de la que sería la segunda parte del
Querido Pablo, casi 20 años después, que ahora se
repite con la presencia de otros artistas. Muestra del
calor con que se recibe a nuestro cantautor en todas
partes del mundo siempre.
Aquí participan otros intérpretes, todos de
Hispanoamérica, pero con la singularidad de que ahora es
mayor la amplitud de selección, se incorporan
cantautores; pero también algún que otro cantante de pop
no afiliado a lo que conocemos como Nueva Canción (como
pasó casi en su mayoría en el Querido Pablo) como
es el caso de Fher, cantante del grupo Maná de México y
otros artistas reconocidos en otras esferas como Marco
Antonio Muñiz, Armando Manzanero, etc.
A
la vuelta de más de 40 años de creación artística
podríamos resumir que Pablo ha sido consecuente con sus
principios sobre la creación, bien definido desde
temprana fecha y se ha mantenido bebiendo de fuentes muy
auténticas de la música cubana e internacional, sin
olvidar jamás la modernidad. Y como comencé
Hablar de Pablo Milanés, es mencionar a uno de los más
importantes creadores de toda la historia musical
cubana, un cantautor que se dimensiona más allá de su
propio quehacer en Cuba, para extenderse al mundo como
un artista imprescindible del movimiento de la Nueva
Canción Hispanoamericana, hombre capaz de señalar
caminos y defenderlos a través de toda su obra humana y
musical. Sin lugar a dudas es junto a Silvio Rodríguez
la representación más alta de la Nueva Trova Cubana. |